Chapter 24

. Solo… felicidad.

Estuve ansiosa toda esa tarde, deseando que pasarán rápido esas horas para poder verlo, moría de ansiedad al tener que esperar tantas horas, solo quería verlo con todas mis fuerzas, tanto que me distraje mientras terminaba las cosas de la escuela y más de llamar a tanta gente, planear un viaje así es más complicado de lo que creí. Solo irían cuatro docentes, Gabriela, Lucila, no estoy segura si irá el profesor Daniel o si irá Julien, y lógicamente yo. Creo que será Julien porque Daniel tiene una pierna fracturada y un viaje así sería muy complicado para él. Noté que Julien es muy agradable, lógicamente tiene costumbres y cosas poco usuales por la diferencia cultural, pero es del tipo de personas con las que te sientes bien por algún motivo. Creo que podría ser mi amigo.

Más tarde salí a correr y al regresar, tomé una ducha y luego hice la cena. Empecé a arreglarme en mi habitación cuando sentí que se abrió la puerta de la sala. Salí rápidamente y vi a Roman, él se sonrojó al verme. Sonreí y corrí hacia él, me le aventé encima. El, aun estando sorprendido, no me dejó caer y por el contrario, me alzó por mi cintura y yo envolví mis brazos en su cuello y mis piernas en su cintura. Lo besé y el de inmediato correspondió, abrió sus labios e introdujo su lengua cálida en mi boca, haciéndome inhalar intensamente. Nuestros labios se movían de una forma abrumadora, que me quitaba el aliento y me hacía perderme en todo, en sus brazos que me sujetaban con firmeza y que me habían hecho posarme sobre el viejo mueble de la sala y él, tembloroso, se posó sobre mí y retomó el fuerte beso, que fue descendiendo lentamente por mi cuello, por mi clavícula, dejando rastros húmedos que me hacían perder el aliento.

-¿Puedo…? –Preguntó dudoso al agarrar la parte inferior de mi falda de flores.

-Haz lo que quieras hacer. –Sonreí. –No debes preguntarme.

-Podría molestarte.

-Roman. –Me miró a los ojos, tenía la respiración entrecortada. –Lo deseo tanto como tú lo deseas. –Asintió. Volvió a besarme con determinación y sujeté su nuca, Roman sudaba, ardía y temblaba, yo también lo hacía, pero no en la misma intensidad en que él o no lo sé, estaba tan perdida en sus labios que no pensaba en nada, solo en que por dios, no quería que esto se detuviera. Sentí su mano deslizarse por mi pierna de una forma tímida, pero no tardó en apretar mis muslos muy fuerte, haciéndome jadear y de un solo movimiento, se deshizo de mi falda y empezó a besar la línea de mi abdomen a través de la blusa, subiendo hasta detenerse en el bulto de uno de mis pechos. Los apretó con sus manos y luego, sin previo aviso, me quitó la blusa y deslizó sus dedos debajo de mi sostén. Yo misma me lo quité por no poder soportar más, necesitaba más, más, más. Los observó por un momento mientras sus dedos se movían en círculos justo en la punta de ellos, haciéndome morder mis labios para evitar gemir, pero no pude resistirlo más cuando sentí su lengua cálida recorrerlos. Dios, dios, dios. Esto está sucediendo. Mientras jugaba con ellos, sentí sus manos deslizarse por mi abdomen, hasta detenerse justo por encima de mi ropa interior. Cerré los ojos. Me quitó todo lo que me quedaba puesto.

Empezó a mover sus dedos de arriba hacia abajo haciéndome humedecer por completo, como nunca lo había hecho en toda mi vida. Primero lo hizo de forma lenta y tortuosa, haciéndome desear más y más, pero luego, deslizó sus dedos en mi ropa interior. Sentí vergüenza, yo estaba… mal, totalmente caliente y no sabía que podía sentir él a tener sus dedos impregnados de mi humedad, pero al parecer le gustaba muchísimo porque empezó a moverlos rápidamente, dejándome sin aire. No sé cómo sabía dónde justamente era que me gustaba, pero pareció encontrar el lugar de inmediato y al escuchar por mis jadeos que me gustó, no se detuvo y, por el contrario, empezó a moverlos en círculos tan rápido que no tardé más y tuve que morder mis labios mientras me corría. Quedé sin respiración, agitada y él se acercó y me besó de una forma tierna. Luego me miró sonriente.

-Qué ruidosa eres. –Comentó divertido y fruncí el ceño.

-Oye… me avergüenzas.

-Me gusta que lo seas. –Lamió mi oreja y reí. –Ven. –Me alzó y cargó hasta mi habitación. Me hizo acostarme bocarriba en la cama. –Ya vuelvo.

-¿A dónde vas? –Regresó solo un par de segundos después.

-Por esto. –Me mostró sonriente unos preservativos y me sonrojé de par en par. Dios, en verdad esto iba a suceder. Me arrodillé sobre la cama y besé yo esta vez su cuello y pensé… ¿por qué no? Lo mordí y lo escuché jadear. Me separé un poco y le quité su suéter, lo arrojé lejos y mientras abría la hebilla de su correa, pude ver que le quedó una pequeña marca roja en su cuello, eso quiere decir que marqué bien mi territorio, lo malo es cuando se dé cuenta, pero no pensé mucho en ello y me deshice de la correa, de sus jeans, de todo. Lo miré atónita y tuve que respirar rápidamente al ver su erección. Lo sujeté con mi mano y empecé a estimularlo, dios, quise hacer tantas cosas al ver su miembro erecto y caliente justo en frente de mí, quise abrir mi boca y…

-Urania, no aguanto más. –Agarró uno de los preservativos y vi que intentó abrirlo, pero no sabía cómo hacerlo.

-Yo lo haré. –Lo agarré y de inmediato lo abrí. Se lo puse torpemente por los nervios que me embargaban, pero eso poco importó porque Roman de inmediato sujetó mis muslos haciéndome alzarlos y… entró lentamente. Cerró los ojos, pude escuchar que exhaló fuertemente y posterior a eso, empezó a jadear y juro que amaba verlo así, ver su rostro enrojecido, sus manos cálidas en mis hombros que con cada embestida profunda, me sujetaban más y más fuerte, que el sudor de su frente se mezclaba con su cabello dándole un aspecto esplendoroso que se movía al compás de su cuerpo. Puse mi mano en su pecho y de un solo movimiento, entró completamente, dejándome paralizada y sin aliento, intenté morder mis labios para no gemir pero fue inútil, lo hice fuertemente y él me miró. Tenía los ojos cristalizados y tenía los labios abiertos con una respiración forzada.

-Acuéstate. –Le ordené y de inmediato lo hizo. Me subí sobre sus caderas y tomé el control yo esta vez. Empecé a moverme rápido, Roman acariciaba mis piernas y me miraba completamente extasiado, escucharlo jadear con cada embestida me encendía de una forma que no creí que fuera posible. Esto se sentía increíble, no quería parar, quería que esto fuera eterno, dios, dios. No sé cuánto duró esto, pero cuando vi que cerró los ojos, me moví más y más rápido y escuché un último gemido ahogado, esto me enloqueció tanto de ver que no tardé más y llegué al clímax también.

Me bajé lentamente y me hice a un costado, mis piernas temblaban y me costaba mucho respirar. Roman acercó su rostro al mío, puso su mano a un costado y lo miré, él sonrió, lo hice también. No había palabras para describir lo que sentí en ese momento, decir que me sentía feliz era poco, era como si volara, como si estuviera fuera de mí y estuviese flotando en otro lugar distante. Mi corazón latía muy rápido, tanto que era doloroso, nunca me sentí tan feliz que incluso doliera esa felicidad. Era justo esto lo que sentía, dolía quererlo tanto, dolía la forma en que ahora sabía que me poseía por completo, porque justo en ese momento me perdí a mi misma, ahora era completamente suya y no podría hacer nada más.

-No podré dormir hoy. –Confesó.

-¿Por qué?

-Creo que repetiré esto que sucedió una y otra vez en mi cabeza. –Me sonrojé, aunque no sabía si podía sonrojarme aún más de lo que estaba en ese momento. –Este es sin duda el mejor momento de mi vida entera.

-Roman… -Escondí mi rostro con mis manos y escuché su risa.

-Mírame. –Ordenó dulcemente, lo hice. Tomó mi barbilla. –Prometo hacerte muy feliz desde hoy.

-¿Por qué desde hoy?

-No lo sé, tal vez porque justo ahora estoy consciente de cuánto te adoro. –Sentí mi rostro arder y el rió con ganas al verme así de sonrojada.

-También te adoro Roman. –Besó mi nariz, luego mis mejillas. –Seamos felices.

-Sí, seamos felices.