Chapter 51.
Días horribles
Parte 2
Últimamente las cosas con Mateo han estado muy complicadas, en varios sentidos. Por un lado, cuando estuvimos en su consulta médica, el doctor me llamó aparte y me dijo que estaría varias semanas mal por el tratamiento que estaba recibiendo, lo cual conllevaba malestares generales, dolores, fuertes fiebres e incluso, cambios de humor. Eso me tenía bastante estresada, saber que él la iba a pasar mal por tanto tiempo, por lo cual, el medico le dijo que permaneciera en casa, pero no ha hecho caso, ha ido a trabajar los últimos días y me habla muy poco o como si estuviera molesto. No le he preguntado al respecto, supuse esto se debía a los cambios de humor por el tratamiento, él no es de los que anda enojado por todo o que explota, por el contrario, el siempre ha sido muy cariñoso, desde siempre, pero sé que no está pasando por un buen momento ahora y no debo reprocharle, sino entenderlo y cuidarlo, estar ahí ahora cuando más me necesita, pero no es sólo eso. Sé que el tumor cancerígeno que es el Duval, lo ha tenido incómodo mucho tiempo, no precisamente porque me lo diga, pero a veces noto que me mira fijamente cuando uso mi teléfono o incluso, las miradas nada amistosas que le da cuando va a recogerme en el estudio. No quería que esta situación se prolongara más, quería que estuviera bien, que nada lo preocupara, por lo que decidí hablar hace unos días con Erik, darle un ultimátum a sus insinuaciones.
Esta vez utilicé una diferente táctica, decidí reemplazar los usuales gritos e insultos, por una conversación calmada y amena esta vez. Le hablé de buena manera, le hice entender que tenía una relación, que tenía una familia con Mateo que no iba a cambiar por nada, incluso le hice entender porqué era importante, todo lo que me costó tener lo que tengo ahora junto a él y para mi sorpresa, lo entendió y prometió dejarme en paz, creo que pensaba que lo que teníamos no era nada serio, el muy tarado creía que era mi amante, de cuando estaba con Johann. Entonces eso había finalizado, dejó de molestarme, todo era meramente profesional, pero no le había hablado a Mateo sobre eso. Siempre que llegaba a casa, lo veía molesto, con malestares y demás, entonces no me atrevía a molestarlo con nada, pero hoy, por su tono de voz, sabía que estaba enojadísimo y no sabía porqué era. Eso me ponía muy nerviosa.
Pasé toda esa tarde en bancos, haciendo diligencias y cosas muy aburridas. No me concentré bien en nada porque pensaba en todo lo que había hecho anoche y esta mañana antes de salir, en qué pude haber hecho que lo haya hecho molestar de esa manera y por más que pensaba, no encontraba algo que pudiera haberlo hecho enojar de la forma en que estaba.
Entonces regresé a casa, a eso de las 19h. Por inercia, fui a la habitación de Helena, esperando verla con mamá, pero no estaba. Había olvidado que se había ido al campamento con mi tía. Me lamenté y entonces, busqué a Mateo, pero tampoco estaba. Así que tomé una ducha, me vestí de nuevo porque Mateo llegaría en cualquier momento e hice la cena. Servía los platos cuando lo vi entrar. Llevaba la camisa blanca, me gusta mucho cuando la usa, se ve tan precioso…
Caminé hacia él y lo abracé, le di un corto beso, pero de inmediato, me sentí nerviosa al ver cómo me miraba. Jamás lo había visto mirarme de esa manera, con tanto enojo en sus ojos.
-Mmm, ¿qué hice?-Pregunté temerosa y lo vi fruncir el ceño. No respondió y lo vi acercarse a la mesa, dejó unas carpetas que traía junto a los platos de comida. Decidió ignorarme.-Mateo… ¿qué hice? Necesito saber qué hice para poder disculparme.
-¿En verdad crees que soy imbécil Ari?-Me quedé perpleja, sin saber qué responder.-¿Qué no me daría cuenta?
-Yo… no sé…
Resopló.-Eres increíble.-Lo vi caminar hacia la habitación, pero agarré su brazo. Se detuvo y me soltó. Estaba tan enojado que me aterraba. Incluso yo temblaba de los nervios.
-Mateo… no sé qué hice, pero lo siento. No volveré a hacer lo que sea que te haya molestado.
-Ari… es que, en verdad, ¿no piensas decirlo?
-Mateo… no entiendo…
-El martes, ¿qué estabas haciendo?
-Mmm.-Lo pensé un par de segundos.-Llevé a Helena a la escuela, luego fui a la filmación y regresé a casa en la noche.
-Es una puta mentira y lo sabes.-Dios, el nunca me había hablado de esa manera…-Quiero que te vayas.
-Mmm, bueno, me voy al cuarto si no quieres verme.
-¡No Ari! Quiero que te vayas de mi casa.
No respondí, los nervios que sentía que se transformaron en enojo, no podía creer que estuviese haciendo esto. El hecho de que me botara de su casa me resultaba horriblemente ofensivo porque no es la primera vez que me sucede, ya una vez papá me botó de la casa a los diecisiete cuando le dije que no estudiaría, que me iría de gira unas semanas y desde ahí me lo prometí a mi misma, nunca más me sucedería, nadie nunca más podría echarme de un lugar porque sería mío propio, por eso antes, aún cuando peleaba con los chicos, ninguno botaba a nadie porque la casa la habíamos pagado todos, así mismo fue con Johann y si accedí a venir a vivir aquí en casa de Mateo, fue meramente porque él me insistió muchísimo y pensaba que él nunca me haría eso, pero que ahora que lo estaba haciendo, me ofendía tanto que jamás se me ocurriría siquiera insistirle en lo contrario.
-Mmm.-Acomodé mi cabello.-Si eso quieres.
Caminé hacia la habitación y saqué mi par de maletas de debajo de la cama, saqué toda mi ropa y zapatos del armario y empecé a acomodar todo. Estaba tan ofendida, que quería irme lo antes posible, en verdad era increíble que esto me estuviera sucediendo cuando tanto lo evité y lo peor no es eso, es que sé que Mateo en unos diez minutos estará sacándome excusas para que no me vaya, lo conozco, sé que me ama y que dice estas cosas por impulso, enojo o simplemente por el tratamiento ese, pero para mí, que me boten, es sumamente ofensivo y no me sucederá de nuevo.
Tardé solo diez minutos en empacar porque tenía toda mi ropa doblada y guardé los zapatos de último. Me di la vuelta al terminar y me asusté enormemente al ver a Mateo mirarme fijamente desde la entrada de la habitación. Lo conozco tanto, esa mirada, sé que se muere por disculparse por lo que acaba de decirme, pero no tolero eso. Por eso no soporto vivir en un lugar por el cuál no pagué, porque estas cosas pueden suceder en cualquier discusión y es ofensivo y humillante.
-¿Te vas ya?-Preguntó en voz baja, sólo me limité a asentir.-¿Ni me preguntarás porqué estoy molesto?
Lo fulminé con la mirada. Saqué las maletas de la habitación y las dejé en la entrada, me senté sobre una de ellas y busqué mi teléfono. Empecé a buscar hoteles en mi teléfono por un par de minutos, pero todos estaban ocupados y los únicos vacíos, eran carísimos y no soy Trump para tirar el dinero. Debe ser por los días, en carnavales están todos los hoteles de Barranquilla llenísimos de extranjeros. Exhalé fuertemente, sentía su mirada. Estaba de pie cerca y no había dejado de mirarme.
Me puse de pie.
-Tendré que irme por la mañana, no hay hoteles libres. Tampoco puedo aparecerme donde mis padres tan tarde, papá me mataría.-Asintió de inmediato con una leve sonrisa.-Bueno, espero no te incomoden mis maletas en tú sala. Las recojo en la mañana, me voy.
Caminé hacia la entrada y él, se atravesó en la puerta y me miró nervioso.
-Oye… no tienes que irte enseguida.-Lo miré fijamente.-Puedes irte en una semana, un mes o un año o dos.-Exhalé fuertemente.
-Eres increíble.
-O tres, o cinco.
-Vete al diablo.-Salí y empecé a caminar, pero al notar que estaba siguiéndome, me detuve.-Si empiezas a seguirme, te dejaré inválido.
-Ari…
-Regresa a la casa, dejaste la puerta abierta.
Desvió la mirada y lo vi regresarse rápidamente, sé que planeaba seguirme, pero eso no iba a ocurrir. Me desvié rápidamente por una pequeña calle y caminé sin detenerme. Estaba echando humos, no sé hace cuánto no me molestaba de esa manera, era increíble. Me detuve unos veinte minutos después cuando llegué a un parque y había muchísima gente, aunque no por la parte en que me ubiqué, no quería tener gente tan cerca, podrían reconocerme y son muchos, no es seguro.
Dios, necesitaba respirar y calmarme un poco, sé que debo intentar comprenderlo, Mateo no está pasando por un buen momento, pero aún así, no debió decir eso, no es como cualquier cosa. No es como que seamos novios que apenas se están quedando juntos, no. Nosotros tenemos una familia y que el diga esas cosas es horrible, es como si no le importara. No puede decir cosas como esas tan a la ligera, me hace dudar, me hace no querer ni siquiera considerar la opción de tener más hijos o algo en el futuro, cuando no sé si volverá a hacer esto de nuevo.
Exhalé y vi un grupo de chicos acercarse, genial. Justo lo que menos quería. Eran unos seis chicos que estaban algo tomados, de unos veintitantos, incluso dos de ellos estaban llenos de Maizena, típico de los carnavales. Me rodearon sonrientes y noté que uno de ellos no dejaba de sacarme fotografías.
-Hola.-Dijo el castaño sonriente, tal vez demasiado. Me sentía francamente incómoda, no los conocía de nada, me intimidaba estar rodeada así de hombres y más, estando tomados.
-Eres más preciosa de frente, por lejos.-Dijo el pelinegro y sentí que mis manos comenzaban a sudar.
-Estoy esperando a alguien.-Mentí.
-¿Aquí? ¿tú sola? ¿tan tarde?-Respondió y mordí mis labios, estaba entrando en pánico.
-Sí.
-Somos fans de tu grupo, nos gusta mucho. Es increíble encontrarte aquí y más, tú sola.-Dijo otro de los chicos, el de camisa de rayas y en ese momento, decidí mantener la compostura, no huir despavorida como se me ocurrió en un principio.
-Me llamo Roberto. Planeábamos ir aquí cerca, a mi casa, a seguir bebiendo un rato. Sería genial que fueras con nosotros.-Comentó el chico pálido y no sabía francamente qué hacer.
-Lo siento, no puedo.
-¿Por qué? Si te pone nerviosa estar con hombres tú sola, allá estarán mis hermanas y planeábamos llamar a más gente. Si les decimos que estás, será toda una sensación.
-No los conozco, lo siento. Si quieren una foto o algo así está bien, pero me gustaría que me dejaran sola.
-Eso jamás, podría sucederte algo por estar aquí tú sola y tan tarde. Creéme, es imposible que pases desapercibida.-Respondió y exhalé, me los gané. Genial.
Pasó el rato y me limité a escucharlos hablar, de inmediato se me quitó el pánico. Me di cuenta de dos cosas: eran inofensivos, totalmente y eran algo… tontos. Se limitaron a hablar de videojuegos, internet y de youtubers. Eran unos niños grandes y algo lamentables no se puede negar, porque el menor de ellos tenía veintiséis años y su mamá no había dejado de llamarlo y gritaba tan fuerte que incluso podía escucharla, eso es muy vergonzoso, más a esa edad.
Pasó el rato, prácticamente no hablé, estaba distraída y luego vi mi reloj. Vaya que era tardísimo, eran pasadas las 4am, pero no lo había notado porque el lugar seguía lleno, se escuchaba música fuerte proviniendo de varios lugares distintos. Vi a un vendedor a lo lejos, de esos callejeros que venden camarones. Al mirarlo por más de cinco segundos noté que tenía muchísima hambre, no alcancé a comer lo que preparé por el “episodio” con Mateo.
Me puse de pie.
-¿Te vas?-Preguntó uno de ellos, el pelinegro, evidentemente aterrado de que me fuera.
-Mmm, tengo hambre. Quería comprarle algo al señor ese que va por allá.
-¿Segura que quieres comer eso? Podría conseguirte otra cosa, pizza, hot dogs, lo que sea.
-Eso está bien.-Iba a caminar, pero se me atravesó en frente, impidiéndome avanzar.
-Yo te alimentaré.-Lo vi correr hacia el vendedor y me senté de nuevo. Escuchaba las risas de los chicos y no sabía qué expresión poner. Eso había sonado muy extraño. Regresó un par de minutos después y me entregó el vasito, así sirven aquí los cocteles de camarones.
-Pruébalo tú primero.-Le dije y me miró desconcertado.
-¿Por qué lo dices?
-No sé si le hayas echado escopolamina o alguna porquería de esas.-Escuché de nuevo las risas de esos chicos y él, de inmediato lo probó.
Una hora más tarde, empecé ya a sentirme harta de ellos. No me fui antes porque me distraje pensando cosas, pero tenía sueño y, sobre todo, cansancio. Llevaba muchas horas despierta y francamente, quería ver a Mateo, pero estaba muy molesta aún y sabía que no iba a dormir en su casa. Sólo iría a recoger mis maletas aprovechando que ya era otro día y me iría a cualquier hotel, independiente de lo que cueste.
Iba a levantarme, pero sentí que me dolía fuertemente el estómago. Hace un rato lo venía sintiendo, pero lo ignoré, pensé que se me pasaría, a veces me suele suceder, pero desde hace unos minutos empezó a incrementar. Decidí esperar unos minutos a que se me pasara, entonces pasaron unos quince o veinte minutos, pero incrementó tanto que se hacía insoportable.
Miré al pelinegro y tenía tremenda cara de tragedia, incluso sudaba. Es una maldición.
-¿Qué tenía ese cóctel?-Le pregunté y todos me miraron fijamente.
-Pues camarones.-Respondió y exhalé.-Me duele todo mi bello estómago.
-Siento que me desvanezco.-Añadí.
-Cada vez que, como esas cosas en la calle, debo estar tres días en el baño.-Dijo otro de los chicos y me lamenté.
Yo sentía era náuseas, pero eran horribles y sentía un fuerte dolor en el estómago. Me puse de pie y les dije que me iba. Lógicamente insistieron en que me quedara otro rato y al ver que me negué, me dijeron que me acompañaban a mi casa y eso no lo podía permitir, así sabrían donde vivía y sé que estarían yendo a verme, lo cual no lo puedo permitir.
Así que tuve que tomar un taxi, a pesar de que la casa de Mateo era muy cerca, pero así pude fingir vivir lejos y que no me siguieran.