Chapter 53
Días horribles
Parte 3
Llegué solo un par de minutos después y vi a Mateo sentado en las escaleras de la entrada. Se puso de pie de inmediato me vio bajarme del taxi y se acercó. No se veía nada feliz.
-Ari, ¿dónde estabas? He estado buscándote por horas, recorrí cada calle, incluso todos los vecindarios cercanos y no te vi, ¿cómo te desapareciste así de rápido?
-Mmm.-No respondí, tenía tanto malestar que no me apetecía ni hablar. Me dolía demasiado el estómago, es más que lógico que me intoxiqué con los camarones. No sé ni cómo fui tan tonta de comer eso y más a esa hora, ya alguna vez había visto a Simón intoxicarse con eso antes.
Entré a la casa y de inmediato agarré las maletas, pero Mateo se atravesó en frente y me miró fijamente, confundido.
-¿Por qué la prisa por irte?
-Necesito encontrar un hotel rápido, incluso ya es tarde.
-Pero…¿por qué la urgencia?
-Necesito un baño.-Sé que dijo algo, pero no le alcancé a responder porque no soporté más. Corrí hacia el baño de la habitación, cerré la puerta y de inmediato vomité tanto hasta que me sentí cansada. Incluso sudaba. Al ver que ya no podía vomitar más, suspiré. Pensé que el dolor se iría, ya había sacado esa bomba atómica de mi estómago, pero al parecer, el dolor seguiría martirizándome por un buen rato más.
Me puse de pie, cepillé mis dientes y tomé una corta ducha. Salí de la habitación y me senté en la cama. Me sentía débil e incluso, me sentía peor ahora que antes de vomitar, era horrible. Miré de reojo a Mateo sentarse a mi lado en la cama, me miró fijamente.
-¿Estás ebria?-Preguntó y sabía que estaba enojado e imaginándose lo peor.
-¿Acaso sientes que huelo a alcohol?
-Mmm, ¿o vomitaste será…porque estás embarazada?-Lo vi sonreír, apretó mi mejilla y lo fulminé con la mirada.
-¿Ah? ¡tú estás embarazado!
-¿Qué?-No respondí, me sentía como la mierda. Estaba viendo la luz al final del túnel, creo que había llegado mi fin.-¿Dónde estuviste? No tienes idea de lo preocupado que estaba. Incluso desperté a todos, llamé a tus amigos, a tus padres, a tu amiga, a tus compañeros de trabajo…
Exhalé.-Simplemente planeaba pasar el rato en el parque cercano, en lo que amanecía y podía irme a buscar algún hotel.
-¿De verdad? ¿estuviste ahí tú sola?
-No exactamente.-Me miró confundido.-Unos muchachos, un grupo de tontos se autoinvitaron a pasar el rato conmigo. Luego comí camarones y al parecer, me cayeron peor que frijoles a medianoche.
-Mmm, ¿estuviste todo el rato con un grupo de hombres?-Asentí y me miró desconcertado.-¿Y lo dices así como si nada?
-Eran fans, siempre me pasa. Me rodean en todos lados.
-Mmm.-Guardó silencio unos segundos, se veía muy triste y no entendía por qué.-Sinceramente Ari, ¿no te arrepientes a veces de haberme elegido?
-Pero…¿por qué preguntas eso?
-No sé, hace tiempo vengo pensando muchas cosas sobre ti, sobre mí.-Mordió sus labios.-Siento que, al ser yo el primero en tu vida, te privaste de muchas cosas, conocer personas, yo que sé, experiencias y por eso tal vez sentiste que siempre debías elegirme. Fui el primero en tu vida, el primero del que te enamoraste, tu primer novio, y no conforme a eso, el papá de tu hija. Pienso que tú podrías tener absolutamente lo que quisieras, salir en verdad con el que quieras, quién sea. Cualquier tipo, modelo, actor, empresario, gigoló, lo que sea. Podrías salir con cualquier tipo que parezca inalcanzable para cualquier persona del común y aún así, me elegiste a mí, que no soy nadie. Lo hiciste porque me atravesé “literalmente” en tu vida. Siempre fui una carga para ti, en cada momento. Te hice sufrir, te causé mucho daño, te abandoné y no conforme a eso, tienes que lidiar ahora con mi enfermedad también, siempre soy un problema para ti. Tal vez por eso… hiciste lo que hiciste con Duval…
-¿Ah?-Me puse de pie, alterada.-¿De qué carajos estás hablándome?
-Ya no es necesario hablar de eso, ya te perdoné.
-¿Ah?
-No quiero ni decirlo, ya no es necesario.
-Mateo Duarte Ibarra, tienes que decirme de inmediato de qué carajos estás hablándome.
-Ari, no entiendo porqué lo niegas. Lo sé todo.-Me quedé en blanco y exhaló.-El otro día, mandé a uno de los mensajeros de la empresa, a que te llevara un desayuno especial que pedí, porque sabía que te habías ido sin comer ese día y cuando llegó al estacionamiento, me dijo que te vio ingresar al asiento trasero de una camioneta roja, junto a Duval y que tú específicamente te fijaste de que no hubiese nadie cerca mirando. Tardaron más de treinta minutos ahí Ari…
-Ah.-Exhalé.-En verdad es que quieres quedarte sin novia hoy, ¿verdad?
-Eso ya no importa, lo olvidaré. Sólo espero que no vuelva a suceder, no quiero quedar como un imbécil.
-¡Ah! ¡no te rompo la cabeza porque estás enfermo! ¿qué carajos Mateo? ¿cómo se te ocurre siquiera pensar en esa posibilidad? ¿crees que arriesgaría perderte, con todo lo que me costó estar contigo?-Me miró confundido y sentía que me estaba dando un infarto, pensar siquiera en la posibilidad… de hacer esas cochinadas… con Erik…¡no! ¡me da escalofríos de solo pensarlo! Puedo ser todo, pero puerca no soy.
-Ari…
-Ese día, bajé a hablar con él allí, porque el set de grabación estaba completamente lleno y ya necesitaba sacármelo de encima, me tenía harta y decidí cambiar de estrategia. Decidí dejar a un lado la violencia y hablarle calmada. Le conté sobre nosotros, sobre lo mucho que tuve que esperar para estar contigo, lo difícil que fue y para mi sorpresa, entendió, utilizó sus únicas neuronas y comprendió y decidió hacerse a un lado. No volvió a molestarme desde ese día e incluso, se disculpó por entrometerse entre nosotros.
-Ari…
-Debes preguntar las cosas antes de sacar juicios apresurados. No puedo creer que en verdad hayas pensado que me puse a hacer esas cochinadas con él y por Dios, en un estacionamiento público en que cualquiera nos podría ver. Incluso hay cámaras de vigilancia, es estúpido por donde lo mires.
-Lo siento.-Se acercó y me abrazó.-Perdón por decirte que te fueras, lo dije por impulso. Me muero si te vas.
-Me ofendió mucho que pensaras en botarme.-Se separó un poco y me miró a los ojos, avergonzado.-Por eso no me gusta vivir de esta manera, en un lugar que no sea mío. Ahora cada vez que peleemos, me dirás que me vaya y podrás sacármelo siempre en cara, lo cual es muy humillante.
-Ari…
-A la mierda Mateo, me largo.
-Oye, no. No te irás.-Dijo firme y lo incendié con la mirada.
-¿Cómo demonios piensas impedirlo?-Lo vi caminar hacia la puerta de la entrada principal y cerrarla con llave. Sonrió victorioso. En verdad eres más tonto de lo que creí.
-Tengo llaves.-Se las enseñé, su sonrisa de inmediato se esfumó, entonces se acercó rápidamente y me las arrebató.
-Tenías.
-¡Ah! ¿es que piensas que me quede aquí en contra de mi voluntad?
-Mmm no en contra.-Se acercó y me abrazó por mi cintura.-No te vayas, ¿me perdonas?
-Me siento mal, sólo quiero ir a dormir.
-Duerme en nuestra cama.
-Sí claro, me voy a un hotel.
-Mmm, sólo duerme un rato aquí, ¿está bien? Luego te dejaré hacer lo que quieras.
Caminé hacia la habitación. Iba a buscar algo más cómodo para dormir, pero todo estaba empacado y no tenía ganas de desarmar la maleta justo ahora, ya estaba amaneciendo. Entonces me quité la ropa que traía, sólo me quedé con la ropa interior y me tiré en la cama, me cubrí con las sabanas. Minutos después, vi a Mateo acostarse a mi lado y de inmediato me senté. Lo fulminé con la mirada.
-¿Puedes dormir en otro lado? ¿al menos hoy? Igual ahorita me voy.
-No, no puedo.
-Me hubieses dicho y de inmediato me acostaba en la sala.-Intenté levantarme, pero me sujetó fuertemente, por mi cintura.
-Estoy triste.-Confesó y me di la vuelta un poco, lo miré a los ojos.-Me siento muy inseguro últimamente o bueno… en realidad desde que regresamos. Temo en cada momento que decidas irte, dejarme por alguien más, alguien mejor.
-Mateo…
-Olvida lo que dije ahorita, ¿sí? Ari, creo que no alcanzas a imaginar cuánto te amo, te amo en verdad y todo lo que tengo, lo que tendré, incluso yo mismo, mi cuerpo, mi alma, todo te pertenece. Siempre he sido tuyo, desde que te conocí, en cada momento e incluso ahora más que antes.-Lo miré conmovida y sujetó mis manos.-Eres el amor de mi vida Ari.
Lo abracé, fuertemente y me abrazó también. Tonto Mateo, de haber sabido que tenías todas inseguridades en la cabeza, habría actuado diferente, hace mucho. No sólo me habría preocupado por tu salud o esas cosas, también por esos pensamientos tontos e innecesarios que no tenía idea que te atormentaban. En verdad jamás podría alejarme de ti.