XII

Se despertó muy sobresaltada por el irritante sonido que la había despertado, luego de unos segundos de confusión, recordó que ese era el tono de llamada de su teléfono, miró el reloj en su mesa de noche... 3:42 am eso solo puede significar malas noticias. Se levantó rápidamente y comenzó a buscar el origen del insistente ruido que la había despertado, aún somnolienta no podía recordar dónde lo había dejado hasta que logró divisar el brillo de la pantalla opacado por el bolsillo de su pantalón en el piso. Lo tomó con ansiedad para confirmar sus peores temores cuando vio el remitente en la pantalla.

- ¿Ho-hola? -dijo con voz temblorosa-.

- Amber... -suspiró una voz agonizante- estoy... mal...

- ¿Qué está pasando? dime ¿Qué necesitas? ¿Llamo una ambulancia?

- No... No, solo es una crisis -dijo entre toces-.

- Voy para allá ¿de acuerdo?

- Solo... acompáñame por favor.

- Quiero estar contigo, voy saliendo, no vayas a colgar ¿me oíste?

Se escuchó un suspiro del otro lado del teléfono.

- ¿Heather? ¿Estás ahí? ¿Me escuchaste? voy para allá - dijo Amber mientras se colocaba un pantalón al azar, con la luz aún apagada y tomaba las llaves para salir de la casa.

- ¿Heather? por favor respóndeme.

No hubo respuesta aparte de un sonido de respiración lenta y forzosa, Amber no sabía dónde vivía exactamente Heather, pero ya se había montado en su bicicleta mientras se le ocurría revisar si la localización estaba activa en el contacto de Heather... como era de esperarse de un paciente sí la tenía. Pedaleó muy fuerte unas 7 cuadras con el corazón muy acelerado, sin saber qué pasaba o qué debía hacer y gritándole al teléfono de vez en cuando que ya estaba muy cerca, que resistiera, estaba a punto de llegar.

Cuando Amber llegó la puerta estaba cerrada y después de tocar muy fuerte comenzó a buscar alguna llave entre las plantas o escondida entre los marcos de la puerta, la encontró, abrió con las manos temblorosas y subió corriendo un poco desorientada hacia donde intuía estaban las habitaciones.

Pronto encontró a Heather en la cama dormida, con el teléfono en la mano, la tomó por los hombros para incorporarla, estaba muy sudada y con una fiebre terriblemente alta. Comenzó a llamarla muy angustiada y se alarmó mucho más al ver que la nariz de Heather comenzaba a sangrar y el cuerpo le temblaba.

- ¿Heather? Heather, estoy aquí, soy yo Amber... voy a llamar una ambulancia -dijo tomando su mano mientras sus ojos se nublaban-.

Heather apretó un poco de Amber y comenzó a negar con la cabeza.

- Por favor Heather, estás mal, no sé qué hacer -dijo con un hilo de voz-.

Esta vez no hubo respuesta. Amber tomó su teléfono y le marcó a emergencias y comenzó a explicar la situación.

- Muy bien señorita, la ayuda llegará en cuanto sea posible.

- ¿A qué se refiere? -dijo muy alterada Amber-.

- Seré honesto con usted, ha ocurrido un accidente y la mayoría de nuestras unidades están cubriéndolo -dijo el teleoperador-.

- ¿QUE? ¿Pero se desocupan pronto?

- Yo estimo que en unos 40 minutos ya estarían de regreso.

- ¿De regreso? ¡Mi amiga esta inconsciente! no puedo esperar tanto.

- Hacemos todo lo posible señorita.

- ¿Dónde está el hospital más cercano a mi localización actual?

- Un momento, ya le indico... a unas 5 cuadras al norte.

- Gracias por nada -colgó Amber-.

Heather comenzaba a temblar cada vez más, así que Amber intentó cargarla en sus brazos, logró avanzar hasta las escaleras cuando sus brazos no resistieron más, la colocó en el piso mientras pensaba. Fue de nuevo a la habitación y tomó una de las sábanas, arrastró con cuidado a Heather por las escaleras y justo antes de llegar al piso de abajo tomó la sábana y la pasó por la espalda de Heather de tal manera que las esquinas quedaran hacia el frente, para poder atársela y fijar a su amiga a su espalda, con los brazos cargaba de sus piernas y su torso estaba asegurado con la sábana a la espalda de Heather, así, pudo llevarla cargada hasta la entrada.

Comenzó a caminar lo más rápido que pudo, ningún taxi, ni un carro pasaba, así que se propuso llegar a la calle principal para pedir ayuda. Sentía que su columna estaba a punto de reventar, que tenía prensado el vientre y que las rodillas estaban a punto de ceder.

Cuando llegó a la calle principal había un pequeño taxi estacionado y algunas personas en un viejo bar.

- ¡Ayuda! por favor -exclamó para obtener la atención del taxista-.

Este se acercó muy preocupado, era un hombre mayor, muy amable, con una chaqueta enorme por el frío. Estiró sus brazos para cargar a Heather pero los nudos estaban fuertemente atados a Amber. Como el señor no estaba muy seguro de qué hacer Amber no pudo mantener el peso de pie y cayó de rodillas sin soltar un segundo a su amiga. El sudor de Heather se escurría por la espalda de Amber, podía sentir el calor apremiante que expedía su fiebre y a la vez escuchaba sus silenciosas y pausadas respiraciones en su nuca, como un secreto, como una llama tímida amenazando con extinguirse en cualquier instante, como una advertencia.

El taxista, sin perder un segundo acercó su auto lo más posible a la acera donde estaba tumbada Amber con Heather encima, la ayudó a levantarse y a entrar al carro.

Una vez dentro, Amber le indicó hacia dónde dirigirse y comenzó a desatar los nudos.

- ¿Qué le pasó a tu amiga? -preguntó el taxista-.

- Me llamó, estaba teniendo una crisis... ella tiene leucemia -dijo Heather mientras la miraba temblar, inconsciente-.

- Entiendo... pobrecilla... y tú ¿vives cerca de ella?

- La verdad no, vivo a 7 cuadras de su casa, vine en bicicleta.

- Has tenido una muestra de amor para con tu amiga impresionante y no importa lo que pase, nunca quedará en duda ni se olvidará todo lo que estuviste dispuesta a hacer.

Amber sintió un profundo temor en el pecho.

- Usted cree que ella... -no pudo completar la frase-.

- Niña, la vida no es más que instantes, momentos efímeros, no importa si estás o no enfermo, así que atesora estos valiosos instantes -dijo el taxista mirando un collar que colgaba del retrovisor con una foto de su esposa- ¿Por qué no llamaste una ambulancia?

- Me dijeron que tardarían en llegar, cubrían un accidente.

- Ya llegamos mi niña.

- Muchas gracias... yo... al parecer dejé mi cartera -dijo apenada mientras revisaba sus bolsillos-.

- No te preocupes, no planeaba cobrar.

Llegaron los paramédicos con una camilla y colocaron a Heather, le preguntaron a Amber que había pasado, todo fue muy rápido, Heather desapareció de su vista y no le permitían verla hasta estabilizarla. Amber fue a la sala de espera, ya pasaban las 5 am y habían unas cuantas personas recostadas de las paredes, adormitadas. Decidió hacer lo mismo.

De nuevo se despertó exaltada por una llamada;

- Amber ¿Dónde estás? ya casi vamos a comenzar ¿todo bien? sabes que una falta afecta tu progreso.

- Orientadora... yo ehh... -trató de concentrarse para recordar del todo lo que había pasado, de pronto vino a su mente como un balde de agua helada- ¡Heather!

Corrió hacia el pasillo por donde había visto que se llevaban a su amiga y le preguntó a la primera enfermera con la que se cruzó;

- Heather, mi amiga, anoche yo, una crisis, la traje, la llevaron, me dormí, no sé dónde... -balbuceó Amber-.

- Calma, calma jovencita ¿a quién buscas? -dijo la enfermera-.

- Heather, anoche vinimos de emergencia -trató de explicarse-.

- ¿Por qué vinieron?

- Ella tiene, es decir, tuvo una crisis por leucemia...

- Ya sé a quién te refieres... ¿Eres familiar de la paciente?

- Yo... la traje anoche por favor déjeme verla ¿está bien?

- Está estable pero no puedes... no debería pero te doy 15 minutos, habitación 8 -dijo ante la mirada desesperada de Amber-.

Corrió y entró en la habitación, Heather estaba dormida, con varios aparatos conectados a ella, oxígeno, presión y pulsaciones, suero. Sintió alivio por un momento y se escuchó un agudo y lejano "¿estás allí?" y confirmó al ver su teléfono en la mano que no había concluido su conversación con la orientadora.

- ¿Hola?

- ¿Dónde estás Amber? estoy preocupada.

- Estoy en el hospital con una amiga que anoche tuvo una emergencia.

- ¿Una amiga? -dijo extrañada- ¿Está bien?

- Heather... acabo de verla y está estable.

- Lo lamento mucho... ¿quieres que hablemos después?

- Sí, yo le aviso.

Amber colgó y se acercó a Heather, vio que estaba despertando.

- Te dije que no llamaras a una ambulancia -alcanzó a decir con dificultad-.

- Ja,ja,ja pues no lo hice, te traje yo misma hasta acá ¿Cómo te sientes?

- Mejor...

-Buenos días, señoritas -dijo el doctor entrando en la habitación-.

- Hola doc -dijo Heather-.

- ¿Cómo está ella doctor? -preguntó preocupada Amber-.

- Acompañada esta vez señorita Heather... me parece bueno, a ver si así por lo menos alguien escucha lo que digo.

- ¡Pero doc! -protestó Heather-.

- Nada de peros Heath, ya lo habíamos conversado, tienes que descansar, no debes esforzarte tanto, sientes cansancio, debilidad, mareos, estás anémica... estoy seguro de que sigues llevando las cosas como siempre, necesito que por favor sigas la dieta y el reposo que te receté hace ya un tiempo.

- Pero no quiero hacer nada mientras solo espero que se acabe -dijo Heather con voz melancólica-.

- No es que te quedes acostada sin hacer nada, se trata de que te cuides lo más que puedas y reducir al máximo estas crisis. Mira, voy a ser honesto contigo, la fiebre, los sudores nocturnos y los escalofríos, todo lo que sentiste anoche, va a repetirse, no sé cuántas veces, ni cuando, eso depende en parte de ti ¿Cómo vas con la comida? -preguntó mientras palpaba con sus manos heladas a Heather en el cuello y las axilas-.

- Me lleno muy rápido.

- Lo sé y ya lo hablamos, porciones pequeñas y varias veces al día, ya sabes que algunos órganos se están expandiendo. Se te hincharon los ganglios de nuevo.

Hubo un silencio mientras el doctor colocaba el estetoscopio en el pecho de Heather, lo devolvió a su lugar y dijo;

- Ya sé que no te gusta la idea, pero si yo lo decido, te trasladarían a una habitación aquí los próximos...

- Dos meses -completó Heather-.

- Pasa tan rápido... y no quiero tener que hacerlo porque tú ya tienes tu ideal de cómo va a ser, pero necesito que me digas que vas a cuidarte más.

- Está bien, doc.

- Eso fue lo que dijiste la vez pasada... convénceme de que cumplirás tu palabra.

- Si me permite... podría cuidarla -dijo Amber tímidamente-.

- ¡Excelente idea! podrías mudarte con ella y ver que cumpla lo que te voy a imprimir en un momento ¿Qué te parece Heather?

- ¿Estás segura? va a ser una molestia -dijo apenada Heather-.

- Oh vamos, te trajo cargada en su espalda en la madrugada, ¿crees que le va a molestar ver que comas bien y no te esfuerces de más? -preguntó el doctor-

- ¿Tu hiciste qué?

- ¿Cómo lo sabe? -se sorprendió Amber-.

- Allá afuera estaba un señor, nos contó toda la historia y dijo que las esperaría para llevarlas de nuevo a casa.

- ¿Quién es? -preguntó Heather-.

- Es el taxista que nos encontró y nos trajo -respondió Amber con un nudo en el pecho-.

Heather se incorporó un poco y vio las rodillas de Amber, con el pantalón rasgado y sangre seca, raspones en sus brazos y un encorvamiento por un obvio dolor en la columna. No pudo evitar sentir admiración y agradecimiento con el gesto de su amiga. Extendió sus brazos para abrazarla y Amber se acercó.

- Estas son las recomendaciones que debe seguir -interrumpió el doctor extendiéndole una hoja de papel caliente por la recién impresión-

- Gracias doctor -dijo Amber-.

- Ahora por favor, atiende las visitas mientras determino cuándo dar el alta.

Amber se dirigió de nuevo al lugar donde había pasado la noche, notó que no había reparado en el olor a hospital y el frío sintético sino hasta ese momento. Se sentía muy orgullosa, era primera vez en su vida que había realizado una labor tan abnegada, también, era primera vez que sentía afecto y apego hacia una persona de tal forma que se sentía impulsada a hacer cualquier cosa para su bien. Recordó las numerosas tardes de lectura donde habían compartido sus ideas, sus pensamientos, opiniones y secretos. Y pensó "así es como se construye una amistad, por fin puedo sentirlo".

Llegó a la sala de espera y su mirada se encontró con la del señor taxista, que tenía en sus manos una bolsa de papel con un desayuno y un café para Amber.

- Un gusto verla, señorita -dijo el señor-.

- El gusto es mío señor...

- Etan, para servir, aquí está tu desayuno -dijo el taxista-.

- Muchísimas gracias, no tenía por qué, y por cierto, soy Amber -se presentó mientras recibía el paquete con su desayuno-.

Conversó un largo rato con él hasta que llegó Steven tomado de la mano con Shana.

- Me alegra que estén aquí, Steven, Shana.

- A mí me alegra que Heather, haya encontrado una amiga que la ayude como tú lo haces -expresó Shana-.

- También me alegra que tú lo hicieras -dijo Amber mientras veía las manos entrelazadas de Steven y Shana-.

- ¿Cómo está ella? -preguntó Etan-.

- Estable, ahorita conversamos con el doctor y él está decidiendo si darle el alta.

- En todo caso, me quedaré por si necesitan que las lleve.

- Muchas gracias señor Etan, ha sido muy amable y generoso.

- Es lo menos que puedo hacer, sabes, me recuerda a una anécdota con mi mejor amigo. Para resumirles, estábamos en la segunda guerra y nos estaban atacando, muchos soldados caían a nuestro alrededor y me hirieron en la rodilla, yo también caí, pero mi amigo no me dejó allí, el arriesgó su vida, volvió y me cargó en su espalda, tal como hiciste tú con tu amiga, caminó seis horas hasta llegar a la base de heridos y me dejó allí, a salvo.

- Que impresionante historia -dijo Amber maravillada-.

- Nosotros teníamos planeado salir, así que avísanos si le dan el alta y pasamos por casa de Heather o si volvemos acá -dijo Steven-.

- No hay problema, chicos, yo me quedaré conversando con el señor Etan mientras -se despidió Amber-.