XI
Steven se sentía un poco mareado aún, había llegado a casa gracias a que Shana pagó un taxi, le dolía el estómago y sentía que había experimentado más cosas de las que había planeado. Aseguró la puerta de la pequeña casa donde vivía alquilado y aventó la chaqueta al suelo sin preocupación, fue directo al cuarto y se quitó la franela manga larga salpicada de vómito, se dispuso a bañarse pero justo cuando se estaba quitando el reloj no pudo evitar verlas, ahí estaban para atormentarlo de nuevo, para recordarle quién había sido, que estarían allí por el resto de su existencia. Ese hilo de pensamiento lo llevó a darse cuenta de algo mucho más importante, le había confesado sus sentimientos a Shana y se podría decir que ella le había correspondido, era obvio que ella quería estar con el, pero ¿ponerse en sus manos así sin más? todo lo que había pasado con sus padres lo llevó a ser muy desconfiado además ¿de verdad ella lo elegiría? no conocía sus demonios, ni él los suyos, pero hoy había aprendido dos cosas; primero que Shana si lo tomaba en serio y segundo... que su corazón ya se había involucrado, en el instante que sintió que la perdería para siempre, también sintió que se perdería a sí mismo, de nuevo.
Y eso lo aterraba. Y eso lo enloquecía. Eso hacía que su corazón diera un vuelco, de tal manera que no sabía si estaba demasiado vivo o estaba a punto de morir. Y qué sería enamorarse sino sentir que te entregas, que estás ante la presencia de una ambivalencia antagónica que parte de un mismo sentimiento.
De pronto recordó una fotografía que había visto en un libro, de una famosa fotógrafa que quiso hacer una representación sobre estar en una relación, ella se recostó en el cuerpo de madera de un arco mientras que su esposo tiraba de la cuerda con una flecha en su mano, si alguno de los dos se movía, la flecha se dispararía y ambos perderían a su pareja por siempre y ambos serían responsables de esa tragedia, ambos serían culpables, ambos sufrirían por siempre "...y aun así uno está a la expectativa de qué podría pasar... ¡Que perfecta descripción!" -dijo en voz alta.
Se percató de que no había parado de acariciar su antebrazo, sacudió la cabeza y fue a ducharse. Se colocó la pijama y se disponía a comer algo, quizá una fruta dada su condición estomacal y mientras sus largos mechones escurrían sobre su cara gotas de agua, su teléfono vibró.
-Seguro es otra notifica... ¿mensaje de Shana?
- ¿Llegaste bien a casa?
- Sí, estoy un poco mejor, gracias por el taxi ¿Cuánto te debo? -escribió él-.
Le dio una mordida a la manzana que había dejado en la mesa de la cocina cuando vibró de nuevo.
- Obvio que nada, solo quería asegurarme de que estés bien.
- Muchas gracias, eres muy amable ¿Cómo estás tú?
- La verdad, me duele el brazo, pero no puedo evitar pensar que si no me doliera, lo más probable es que estuviera muerta -respondió Shana-.
- Fue algo muy traumático, me asusté muchísimo.
- Yo también, toda mi vida había temido morir de cáncer, no recordaba que existen otras maneras de morir.
¿Qué le respondes a eso? -pensó Steven mientras llegaba otro mensaje de Shana-.
- ¿También pensabas que ibas a morir?
- Si un poco.
- Y eso te asustó muchísimo ¿verdad?
- No tanto como pensar en perderte -respondió Steven sin pensar-.
- No sé qué decir... no sabía que te importaba tanto.
- Claro que me importabas, pero no sabía cuánto hasta hoy.
Steven tenía el corazón acelerado, no sabía que iba a pasar y sintió que estaba en el cuerpo del arco, y al mismo tiempo tirando de la cuerda.
De pronto la pantalla de su teléfono parpadeó un poco, como si estuviese haciendo interferencia. Lo tomó y lo observó con cuidado pero a los 5 segundos estaba como si nada.
Mensaje de Shana
- Disculpa que me tardara en contestar, es que mi teléfono se puso muy raro.
- ¿De veras? el mío también -contestó Steven-.
- ¿Cómo haciendo interferencia?
- Si, precisamente.
- Mmm bueno, quizá la plataforma de mensajería tuvo un fallo.
- Es lo más probable.
- Oye Stev, tengo una pregunta que hacerte.
- ¿Cuál será?
- ¿Te gustó besarte conmigo?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Claro que sí! me encantó, ¿por qué lo dices?
- Es que te veías tan dudoso...
- Lo que pasa es que estaban Amber y Heather, además de que yo pensaba que querías que fuese más... especial no sé si me explico.
- Si, te entiendo, solo que me ha quedado eso de vivir y hacer cosas sin pensar.
- Lo sé, y a partir de ahora quiero ser más así también. No me hubiese gustado que ese fuera nuestro único beso.
- 😳
- ¿Te gustaría salir mañana conmigo?
- Claro que sí ¿A dónde vamos?
- Es una sorpresa...
- ¡Que emoción!
- Bueno, ya es tarde, deberíamos dormir.
- ¡No había visto la hora!
- Hablando de hora, mañana a las 11 am.
- Seguro, mañana a las 11 en punto.
- Descansa Shana.
- Descansa Steven.
Steven se colocó el teléfono en su pecho, mientras miraba por la ventana y pensó "ya no hay vuelta atrás". Leyó el chat una vez más, apagó el teléfono y desvió un poco la mirada, ahí estaban otra vez, como burlándose de él, irritantes, para atormentarlo de nuevo, enojado tomó un suéter y se lo colocó, porque no permitiría que ganaran esta vez, porque eran la cara del recuerdo, sus cicatrices.