Capítulo V: La Semilla de Oro (1)
–¿Cómo crees que sea Marlina? – pregunta Amsiret.
–Vaya pregunta papanatas–responde Arac–. No lo sé, muy bella quizás. ¿Te parece?
–Hablo de cómo es su alma, su mente–continúa el hombre–.Que intenciones tiene en el corazón, que le guste y que no. Que le haga sonreír, o que la haga triste. Es decir, ¿cómo puede ser la personalidad de alguien que lleva cien rimerianos* esperando para esto?
–Pues no lo sé, tampoco–dice el hombre–. Eso no me preocupa. Ella solamente quiere un hombre que actúe como un rey, y después de tanto tiempo, sus ojos caerán rendidos rápidamente cuando vea uno. Sobre todo, uno con la actitud como la mía. ¡Solo mírame! De seguro quedará atónita con estos músculos.
–Si pareces que no comes hace días– dice Amsiret entre risas–. ¿Qué tal si le preguntamos a Elgoneth? El conoce bien a su hermana.
–Eres un cobarde–continua el ser–. Un verdadero hombre no tiene necesidad de prepararse. Un verdadero hombre está listo para improvisar. Me avergüenzas cada día más, ¡ya no somos mortales! ¡Entiéndelo!
–¡Y a ti tu ego no te deja ni respirar! –responde Amsiret–. ¡Solo piensas en ti! ¿Crees que con esa actitud eres digno para levantar el nuevo reino?
–Ay ya duérmete–exclama Arac–. Estas, como de costumbre, demasiado nervioso. Pero bien, mejor para mí. Faltan cuarenta días para llegar a la isla, ¡y ya sabemos quién es el ganador!
–¡Cállate ingrato! – responde Amsiret–. ¡Ese trono jamás será tuyo!
–Lo que digas hermanito–responde Arac bostezando–. Me das pena.
Amsiret, enfurecido, le lanzo un hechizo que tumbo de la cama a su hermano. Se volteó, y se dirigió a las afueras de la exclusiva Asamblea, donde estaban resguardados los elegidos mientras se aproximaba el día de la inculcación.
Esta noche, era una noche silenciosa. Como lo eran usualmente estas noches en la hermosa, pero vacía Asamblea. Muchos cuartos, muchas cámaras, varios comedores, algunos de ellos con sillas hechas a base de bronce y plata, y sin embargo en el lugar solo se encontraban los hermanos y Elgoneth, el Arquitecto de la Creación.
Al caer la media noche, Amsiret se dirigió a uno de los balcones de la beatífica asamblea, uno de los puntos más altos de esta. Vislumbro el gran horizonte del nocturno entre los cielos, pues ella estaba suspendida en lo más alto del firmamento. Y en el borde de este, dándole la espalda, se encontraba el dios de la vida. La mente de Ïnmaeh*, y Amsiret, decidió aprovechar la situación para conversar con el semidiós.
–¿No puedes dormir, Amsiret? –pregunta la deidad, antes de que este último pudiese decir una palabra.
–Pues no, señor–exclama el dios del aire–. Es decir, estoy delirando en el gran día. Debo confesarle, no puedo dejar de pensar en ello.
–Ninguna cantidad de ansiedad puede cambiar el futuro, hijo mío–responde el ser.
–Lo sé señor–responde el hombre–. Es solo que, me pesa en la conciencia. Ya sabe, ser el mejor hombre para ella. Pero esto a veces me hace sufrir, sobre todo con Arac, pues no entiendo porque la vida me ha puesto a competir contra alguien tan ególatra.
–Tienes un corazón noble Amsiret–responde el dios, con su rostro perfilado–. Tienes buenas intenciones, por eso sufres. Este mundo no conoce misericordia por las intenciones. Este mundo solo se preocupa por tu capacidad de sobrevivir, de adaptarte, de saber qué tan fuerte eres realmente. Tómalo o déjalo
El dios de los aires se entristeció, pues no podía creer que su buena voluntad no fuese reconocida, y no lo sería nunca. Elgoneth entonces, percibió este bajón energético, y continuó hablando con el cabizbajo elegido.
–Escúchame, estaba reservando esto para el triunfante de ambos–dice el semidiós–. Pero ya sé quién de los dos es el que va a triunfar.
–Toma–exclama Elgoneth–. Es una semilla de oro. Es el brote más sagrado de Egmeon, el dios de la tierra, pues yo mismo se lo he pedido como el inicio del Venerable Árbol Sagrado,el primero en su generación. Símbolo de victoria de la nueva nación de Adnia. Los dioses y los humanos podrán convivir en él, gracias a la armonía que se encuentra en esta semilla, y que brotará de los frutos de ella.
–Es perfecta–responde Amsiret–. ¿Cómo se cuándo debo sembrarla?
–Debes ser paciente–exclama el dios–. Pues ella no debe sembrarse después del tiempo, y definitivamente no debe sembrarse antes. Pues el día que se siembre esta semilla, no debe ser el día que se vislumbren sus frutos. Cuando llegue el momento, lo sabrás. Pero ten cuidado, pues ella tiene una consciencia por ella misma. Y es muy probable que sea escurridiza contigo. No eres el único destinado a erigir con ella.
–Espera, ¿eso es todo? – pregunta Emérita.
–Así es– dice Arac, viéndose en el espejo– El resto es, y seguirá siendo historia.
–¿Cuál historia? –exclama la mujer confundida–. ¿Cómo llegó la semilla a ese cofre?
–Se la robé al lento de mi hermano–dice el hombre–. No merecía tanto poder.
–¡¿Qué?!¡¿De qué hablas?!–pregunta la mujer–. ¡¿Por qué hiciste eso?!
–¡Porque yo soy el ganador amada mía! –responde Arac–. ¿Qué no lo ves? Soy mucho más poderoso que Amsiret, y esta semilla victoriosa es demasiado para él. No sabe cómo manejar esta energía, pues él no está ni cerca de ser como yo. Y porque soy un rey bueno, le daré un puesto de general en mi reino.
Además, me da lástima el pobre hombre. Aún no entiende cómo funciona este juego, ni siquiera como dios.
–No fue lo que te pregunte–dice Emérita–. Esa semilla estaba asignada para tu hermano, ¡¿Cómo te quedaste tú con esa semilla?!
–Esa semilla me empezó buscar a mí, desde que Elgoneth se la entregó anticipadamente a mi hermano–continua–. El hecho de que haya roto sus propias reglas, es lo que me convirtió instantáneamente como el triunfador. Sin rencores con el Arquitecto, pero pueden oler la derrota en el aire. Está escrito, Emérita. Y tienes la fortuna de ser el primer ser en presenciar el inicio de la gran Nación de Aravir; el nuevo imperio de Solari. El cual empezará formalmente desde el día de mañana, cuando plante esa semilla, y brote milagrosamente en ese mágico árbol. Y verás como el día 15 de Fierr, ella culminará su creación. Y desde ese día, su impetuosa energía brotará en toda la isla, y me coronaré en seguida como el nuevo rey. Desposaré a la reina de los ríos, y formaremos esta nueva nación.
–Pero no llores mi amor–dice el hombre–. Tu reinarás conmigo desde este palacio, pues lo he construido solo para ti. Eres una mortal, y sabes que no podemos estar juntos. Pero creo en ti Emérita. Veo potencial en ti, y alguna vez, yo también fui un mortal. Por ello te comprendo perfectamente. Es injusto que te quedes por fuera, y quédate tranquila, pues serás la reina de todos los mortales y la eterna líder de esta nueva raza terrestre, la cual la iniciaremos juntos. Pues no te dejaré sola.
–Aquí formaremos los cimientos de los nuevos hechiceros y hechiceras–continúa–. Aquí empezará tu reino, nuestro reino. Y luego yo me encargaré de propagarlos por toda la nación, unidos hacia una sola causa. Y serán todos mis hijos, los cuales lo guiaré para que trabajen juntos a esta nueva causa. Permanecerás aquí, protegida para siempre. Y adquirirás todos los poderes de este palacio. Pues no sé cómo Marlina tome esto, pero estas son mis condiciones, pues no voy a permitir que se te haga ningún daño. Esta nueva raza terrestre será muy poderosa, y estos hechiceros lo juntaré con los nuevos dioses, hijos míos igualmente. Estaba desde antes de haber nacido, está en piedra, y por haber sido la primera en haber creído en mí, llevaré tu nombre hacia lo más alto. Y tu energía será respetada por todos, empezando por La Diosa de la Luz. Aunque le duela, aunque le cueste. Pues tú serás para siempre, la primera fundadora legendaria de Solari.
La mujer no lo pensó dos veces, y besó al inspirado elegido, pues el atrevimiento de este, y la firmeza con la que veía su futuro, llamaba su corazón a gritos. Y en lo más alto del impresionante palacio de cristal, el apasionante amor, único en su clase, fue vivamente consumado.