EXISTENCIA SINCERA
Sus labios eran fríos, como todo lo que existía en Sacra, pero a la vez se sentían extrañamente cálidos y dulces. Cerré los ojos, un globo se hinchó dentro de mí, sentí que flotaba y me elevaba al cielo. Cada parte de mi cobró vida, la increíble sensación envió una gratificante descarga eléctrica a cada miembro y célula de mi cuerpo. Mis terminaciones tomaron el mando y enterré los dedos en su cabello, me pegué todavía más a él, deseosa de tenerlo más cerca. El beso duró un instante, hasta que saboreé el oxidado sabor de la sangre.
Entonces abrí los ojos de golpe, separé mis labios de los suyos y le di un brusco empujón para que me soltara. Ambos nos tambaleamos hacia atrás como borrachos, mirándonos el uno al otro con los rostros sonrojados. Jadeante me apoyé en el árbol más cercano.
«Idiota» me reñí. «Que estupidez acabas de hacer».
Cam por su parte se quedó parado y sin decir nada, mirándome fijamente.
«Alan» ese nombre no se hizo esperar, me mordí el labio para acallar un gemido. Le había fallado, acababa de traicionarlo de la peor manera posible, un grueso nudo subió de mi estómago hasta la garganta; la culpa tenía un sabor ácido.
—Carol, escúchame, yo… —empezó Cam, lleno de arrepentimiento.
Tiré de los músculos de la cara y forcé una sonrisa.
—Olvidemos esta parte, ¿vale? —dije con calma, mientras por dentro me hallaba más confundida que nunca.
Me sentía culpable, pero a diferencia de la última vez que también estuvimos a punto de besarnos, esta vez no llegaban el arrepentimiento y remordimiento. Pero, aun así, pasé por alto su expresión dolida y continué.
—Ha sido incorrecto, no sé qué pasa con nosotros, ahora estamos discutiendo y al minuto siguiente… —dejé que mi voz se apagara y me encogí de hombros.
—Olvídate de él —dijo de repente, con voz firme—. Por favor.
«¿Dejas atrás a Alan sin más? No, no ha menos que existiera una poderosa razón».
—¿Por qué debería hacerlo? —Inquirí algo avergonzada, esperando únicamente dos palabras—. Cam, dame un motivo, si es que lo tienes.
—¿Todavía lo amas? —su pregunta me sorprendió de verdad, y provocó que enrojeciera hasta la raíz del cabello, aunque también me decepcionó un poco—. Carol, ha pasado mucho tiempo, y sabes que en Sacra el tiempo no transcurre a la misma velocidad que en…
—Eso lo sé muy bien —lo interrumpí, no necesitaba que me lo recordara.
Yo también contaba cada día, cada hora y cada maldito minuto, como seguro hacía Alan en casa:
—Y sé que probablemente en casa ya hayan pasado años desde que desaparecí, pero no quiero pensar en eso. En cuanto a Alan… fue mi amigo y me enamoré de él, pero ahora estoy muy confundida —lo señalé con un movimiento vago, volviendo a enrojecer.
Besarlo había dado un giro brusco a mis sentimientos, en comparación a como solía sentirme al lado de Alan, con Cam cada contacto era electrizante y más que agradable
—Y todo es por tu culpa, Cam. ¿Ya estás contento? ¿Nos vamos?
Para mi sorpresa, esbozó una torcida sonrisa.
—Carol, dime si tú…
—Yo no sé qué siento —lo atajé de nuevo, más roja que nunca—, no preguntes ahora. Y por favor, no vuelvas a besarme, al menos... no por el momento.
Esperé hasta que asintió para caminar hacia él, tomar su mano y tirar de ella, nos pusimos nuevamente en camino. Cam no habló y yo lo agradecí, ambos teníamos historia con alguien más, mejor marcar bien nuestras líneas por el momento. Mientras caminábamos evité dejar que notara lo incómoda que me sentía, tocarlo no hacía más que recordarme quién era él, o, mejor dicho, qué era él, además también me recordaba al beso, entonces volvía a enrojecerme hasta la raíz del cabello.
Tuvimos que detenernos poco después, dado que la noche había caído y la oscuridad de nos impedía seguir. Me costó convencerlo para trepar un árbol y pasar la noche ahí, pero al final accedió. En cuanto me acomodé en un grueso brazo, caí dormida. El día había resultado ser una sorpresa tras otra, y estaba agotada.
Limpié la sangre de mis uñas, ya había hecho un buen trabajo con mi cara y por fin me sentía bien. Lo único que perturbaba el pacífico silencio eran los gruñidos de Cam, él estaba sentado a unos metros de mí limpiándose las heridas, no quería ayudarlo, temía ver que tan mal se encontraba.
El agua transparente se tiñó de rojo por un momento, luego desapareció río abajo. Me mordí el labio, pensativa, e hice una mueca; en ese momento mi cara no lucía nada bien: tenía un enorme moretón en un pómulo y el labio hinchado, sin contar los múltiples golpes y rasguños esparcidos por todo mi cuerpo. Pero viendo el lado positivo, mis daños no eran nada en comparación con los de Cam. Ya no podía llamarlo amigo, me era imposible verlo igual que antes, durante la noche dejó de ser mi amigo y ahora pensaba en él como mi presagio, él chico que avecinó mi caída y mis miserias, y que en ese momento soltaba una maldición entre dientes, lo miré de reojo y volví a hacer una mueca. Su espalda estaba cubierta de profundos cortes, en su mayoría un tono morado, los músculos se contrajeron y lanzó un gruñido. Aparté la mirada rápidamente al tiempo que enrojecía. A cada instante volvía ese desafortunado recuerdo, no habíamos vuelto a hablar del beso, pero ambos lo recordábamos a cada momento, cuando Cam me miraba, enrojecía y desviaba la mirada con rapidez.
Volví a concentrarme en lo mío y a fingir que todo era como antes. Hasta el momento no le había hecho ninguna pregunta respecto a su…«condición especial» pero rabiaba por indagar al respecto, y él lo sabía, solo era cuestión de tiempo para abordar el tema. Durante el tiempo que estuvimos separados gracias al Cazador, había pensado todos los días en cómo me sentiría cuando lo encontrará, me imaginaba feliz, eufórica, rebosante de alegría... Pues no me sentía para nada de esa manera, ahora no pasaba de la incomodidad, y si no fuera por las circunstancias de nuestro reencuentro, nuevamente desafortunado, hubiera preferido no encontrarlo.
Por la tarde me cansé del irritante silencio entre los dos, estaba harta de caminar todo el día oyendo nada más una que otra palabra suya, así que decidí entablar conversación.
—¿Cuánto crees que falta? —me pareció un buen principio, aunque hablarle me supo extraño, se sentía como hablar con una extraño.
Frunció la frente y miró un punto lejano.
—Ya casi estamos.
Seguí su mirada, pero no vi nada extraordinario.
—Eso mismo dijiste la primera vez que te pregunté —repliqué refunfuñando.
Cam desvió la vista, y ese gesto evasivo aclaró muchas cosas. No lo podía creer. Lo obligué a detenerse tomándolo del brazo.
—Lo hiciste a propósito —Por lo menos tuvo la decencia de parecer avergonzado —, todo fue a tu conveniencia, ¿verdad? Desde el principio no me estabas llevando a la Comunidad Roja.
La ira estalló y le apunté con un dedo, estaba furiosa. Y lo peor de todo es que no parecía nada arrepentido, quizá incluso satisfecho.
—¡Nada fue real! ¡El que estuvieses perdido, la casualidad de nuestro encuentro!
Me dirigió una mirada significativa arqueando una perfecta ceja, tragué saliva.
—Cuando te encontré cerca de mi cabaña —Mí voz se convirtió en un débil sonido—, pensé... pensé que había sido casualidad. Pero nunca te perdiste, ¿verdad? Ahora entiendo, siempre lo sospeché, pero nunca...
Me tambaleé y tuve que sujetarme de las ramas de un pino para no caer. Me había equivocado cuando dije que Cam no podría sorprenderme más.
—Conozco este bosque mejor que nadie —cité sus palabras mientras mi mente lanzaba un dato tras otro, impidiendo que asimilara todo aquello—. Parecías conocer la ubicación exacta de mi cabaña, sabías a qué distancia se encontraba del Bosque Putrefacto, tú mismo lo dijiste, me buscabas.
Apretó los labios, lo tomé como un sí. Entonces abrí la boca para preguntarle el porqué, pero la volví a cerrar enseguida, no tenía caso, ya sabía la razón. El Cristal, el Speculum, por esa maldita reliquia me había buscado por todo Sacra. Pero…
«¿Desde cuándo?».
También conocía la respuesta, recordé el primer encuentro, poco después de mi llegada a Sacra; Cam se había puesto tras mis pasos desde que desaparecí frente a sus lobunos ojos, desde entonces sabía exactamente quién era yo en realidad, lo había sabido desde el principio.
—Necesitaba conocerte y estar seguro que tú eras una Custodes, no podía llevarte a la Comunidad Roja sin saberlo con certeza —se justificó.
Me había mantenido dando vueltas solo para cerciorarse de que yo era la persona correcta, evaluándome y estudiándome, probándome. Me sujeté el puente de la nariz e hice varias respiraciones para calmarme, igual, ya nada de eso importaba mucho. Por fin íbamos en la dirección correcta, además, yo tenía otras dudas.
—Cuando te vi, la primera vez fue extraño —hice una pausa, las distintas expresiones de ese entonces aún las tenía grabadas con viveza. Ese día Cam me había mirado desde el cuerpo de un lobo, pero con los ojos de un humano—. Primero vi perplejidad.
Fruncí la frente, tratando de recordar bien cada detalle.
—Después sorpresa —dijo de repente.
Lo mire asombrada, él parecía un tanto cohibido y con las mejillas teñidas de un rojo intenso.
—Exacto, parecías… parecías muy sorprendido —También me puse roja—. Pero era esa clase de sorpresa que sientes cuando ves a un conocido de repente, era una mirada de reconocimiento.
Callé, sintiéndome de lo más idiota.
—Te reconocí —confesó sinceramente—, y si no me equivoco, también tú a mí.
Estaba atónita.
—Pero, ¿cómo lo...?
Negó con la cabeza.
—Ahora no, Carol —me atajó con un tono que no admitía réplicas—. Cuando lleguemos a la Comunidad Roja discutiremos todo lo que desees, aclararemos dudas y confusiones, pero hoy tenemos que continuar.
Lo miré con la mandíbula fuertemente cerrada y una mirada llameante, tenía tantas cosas que saber, no podría soportar quedarme en ascuas. Pero al final me limité a resoplar, me envolví con mi capa, di media vuelta y caminé dando largas zancadas; un segundo después lo escuché viniendo detrás de mí.