POR SOBRE MÍ
Resignada a enfrentar todo lo que acarrearán mis actos, concentré mi valor para pelear hasta morir; en mi esperanza por escapar ilesa, y mi fe en la salvación de Cam. E igual que antes, ese hormigueo característico fue viajando despacio desde mi hombro hasta mi brazo, y fue bajando por los tendones y músculos, descendiendo por los huesos y arterias. Todos los hombres miraban con atención, llenos de curiosidad, no dispuestos a atacar antes de terminar mi truco. Sentía la fuerza siendo drenada de cada molécula que me componía, gotas de sudor cubrieron mi frente y mi corazón se aceleró, me sentía desfallecer. Y poco después vi aparecer la afilada hoja de una espada azula, el filo cortó el aire y los árboles más próximos se mecieron levemente, era un arma tan magnífica como la anterior.
Los presentes se echaron un poco para atrás, un poco asustados e impresionados por igual. Mi contrincante sonreía ante el desafío que supondría tenerme a su merced. Le devolví la sonrisa, dejando el cansancio en segundo plano.
—Eres una cajita de sorpresas —posicionó su espada frente a él, listo para atacarme—, no eres nada de lo que dijo el Cazador.
—Supongo que no deseaba darme mucho crédito.
Empezamos a caminar en círculos, ninguno dispuesto a mostrar su punto débil, cada uno seguía los movimientos del otro muy atentamente, evité alejarme mucho de Cam.
Se pasó la lengua por sus sarrosos dientes, deleitándose.
—La última Custodes, será un honor darte muerte antes de volver a unirme al mundo.
Moría por hacerle las preguntas que quemaban mi lengua, al parecer sabía más que yo sobre todo el asunto de la Hermandad, los Custodes y la reliquia que deseaban. Pero no lo hice, lo último que deseaba era mostrarle mi ignorancia, la cual era mi mayor debilidad.
—Carol... —gimió Cam.
Por un instante clavé la vista en un par de ojos azul grisáceo, nos miramos por un eterno segundo y sonreímos, ambos aliviados de que el otro siguiera con vida. Desviar la vista a Cam fue otro error, y me percaté demasiado tarde de ello, por el rabillo del ojo vi al líder abalanzarse contra mí. Apenas tuve tiempo de parar el impacto de su espada con la mía, chispas saltaron al contacto de las hojas.
Me vi obligada a retroceder a causa de su fuerza.
—¡En el combate no debes distraerte! —resopló el líder a escasos centímetros de mi cara.
—¡Carol! —escuché el desesperado grito de Cam, lo ignoré y concentré mi mente en la pelea, ya no más distracciones.
Separé mi espada de la suya y la dirigí en un nuevo golpe, uno que él logró parar con facilidad para devolvérmelo, tan rápido que apenas logré evitarlo. Rodé sobre mi propio cuerpo e intenté clavar mi espada en su pierna; no tuvo efecto, él retrocedió a tiempo y lanzó un nuevo ataque contra mí. Esquivé mi muerte rodando por el suelo y su espada se clavó en el lugar donde un segundo antes estaba mi cuello. Me puse de pie con rapidez, pero él ya estaba sobre mí, sonrió y proyectó el brazo, un puñetazo en el vientre me hizo doblarme y ver estrellas. Jadeé y volví a retroceder, a través del bullicio que armaban sus hombres escuché la voz de Cam, llamándome a gritos.
Volví a erguirme y me lancé al ataque. Lo tomé por sorpresa, no esperaba que me recuperara tan pronto, aproveché ese factor y alcancé a hacerle un corte en el pecho antes que retrocediera lejos de mi espada. El hombre rugió de dolor y me lanzó una mirada envenenada, sus hombres gritaron de rabia y pronto también los tuve encima, un puño impactó contra mí mandíbula, caí al suelo y la espada rodó fuera de mi alcance, no tuve tiempo para recuperarme, de pronto una patada me separó del suelo y las lágrimas llenaron mis ojos ante el dolor que estalló en las costillas. A través de mi borrosa visión miré a los cuatro hombres cerniéndose sobre mí.
—Vaya, vaya, sí que eres dura —El líder se agachó y clavó su divertida mirada en mí—. Es una pena que el juego haya durado tan poco, ¿no te parece?
Escupí la sangre de mi boca y le sonreí con frialdad, más valiente de lo que en realidad me sentía, por dentro estaba temblando.
—Pero me temo que no tienes para más, así que no vale la pena seguir.
Tomó mi espada y la examinó con detenimiento.
—El Speculum es extraordinario —musitó para sí.
«Speculum, después de todo la reliquia tenía otro nombre aparte de Cristal, y era latín, como Sacra, al parecer todo lo que rodeaba la reliquia se nombraba con la lengua muerta; seguro el pasado del Speculum se remontaba siglos atrás, cuando el latín todavía se hablaba, agradecí saber ese dato como mínimo» posteriormente el líder volvió a mirarme con una extensa sonrisa.
—¿Qué se sentirá ser asesinada por tu propia espada?
No me digné a responder, me limité a mirarlo con fijeza.
Él en cambio hizo girar la espada entre sus manos, de repente y con una rapidez extraordinaria, apoyó la punta en mi garganta. Dejé de moverme, me quedé quieta como una estatua, sus compañeros rieron fuerte al verme por fin asustada.
—¿A la Custodes le da miedo morir? —fingió pena en su voz.
Le lancé una mirada helada, y en respuesta él presionó la punta más en mi carne, provocándome un escozor.
—No creo que se moleste si los matamos —comentó uno de los hombres—, después de todo, lo que nos interesa es el Cristal.
Su líder no dijo nada, pero pareció meditarlo. Mientras él lo pensaba, yo ladeé la cabeza, casi imperceptiblemente, en dirección a Cam, solo que no había ningún Cam en el lugar donde debería estar, no había más que un leve rastro de sangre. Con el alboroto de la pelea se había deslizado, lejos sin que nadie se diera cuenta.
«Que astuto».
Exhalé aliviada, al menos ya estaba a salvo, de alguna manera había logrado mi cometido. Pero, aun así, moví los ojos con desesperación de un lado a otro, esperando encontrarlo escondido tras los árboles, aunque con poca esperanza, pues Cam no era de los que se escondían.
«Seguramente ya está lejos de aquí» me consolé.
—Sí, supongo que tienes razón —la voz del líder me obligó a centrarme en ellos otra vez, ninguno se percató de la fuga de su primer reo.
—¡Entonces, háganlo ya! —los desafié con el fin de seguirlos distrayendo.
Alzó ambas cejas, sorprendido por mi atrevimiento.
—Bien, Custodes, procuraré que sea doloroso a cada instante.
Sentí la punta presionar con más fuerza, clavándose en mí piel poco a poco. Reprimí una mueca y el líder sonrió, disfrutando el momento. Mantuve la mirada en la suya mientras la punta de mi propia espada se hundía más y más; la calidez de la sangre corrió por mi pecho en un delgado hilillo.