TRAIDORES
Había vacilado demasiado; el tipo no se percató de mi presencia hasta que escuchó el sonido de mi daga cortando el aire, entonces me miró un instante en completa confusión, una chica vestida como yo seguro no era algo habitual en Sacra. En cambio, yo sí conocía al menos a un tipo como él, así que lo miré fijamente, con rabia y sed de venganza. Lentamente su expresión fue pasando de la conmoción a una recelosa cara calculadora, después de todo, estaba agazapada al lado de su rehén y armada con un cuchillo. El resto de sus compañeros aparecieron casi inmediatamente después, y por todos los rostros cruzaron las mismas expresiones sorprendidas, pero finalmente sus ojos se clavaron en mí como si fuese un salvaje animal que debían vigilar antes de cazar.
La adrenalina empezó a bombear por mis venas tan rápido que deseé pelear en ese mismo instante, y hacerlos sufrir tanto como sufría Cam por culpa suya, apreté los puños y dientes. Por unos segundos que parecieron eternos solo escuché el sonido de mi corazón latiendo con más velocidad de lo habitual, y las sonoras respiraciones de los cuatro hombres. Me sentía expectante, no pensaba en los daños que recibiría; yo, una mujer contra cuatro hombres fuertes, quienes, además habían dejado a Cam fuera de combate. No, solo pensaba en los daños que yo les causaría, una frenética y antes desconocida parte de mí deseaba sus muertes grabadas en mis recuerdos, y su sangre adornando la daga de mi madre.
Deseé que atacaran de una buena vez, lo deseaba con la misma fuerza con la que deseaba que Cam se recuperara.
—Hola, pequeña —dijo el tipo de rostro duro con voz melosa.
No contesté, aunque dirigí mi mirada a su rostro, el único rostro que podía ver con claridad, pues el resto seguía con las capuchas puestas y sus caras eran sombras.
—Supongo que eres la Custodes.
Estuve segura de que vio la sorpresa en mi cara, no entendía cómo él conocía ese nombre, y tampoco el porqué.
«No lo soy» quise decirle. « Ni siquiera sé qué significa» Pero el hombre que estaba a su lado se me adelantó.
—Es ella, lo sé —aseguró sin rastro de vacilación.
Cam emitió un gruñido, empezaba a despertar y sí yo no hacía algo, él abriría los ojos en medio de una carnicería.
—¿Cómo saben eso? —pregunté severamente.
—Él nos lo dijo —contestó el que no llevaba la capucha, parecía ser el líder—. Hemos cazado al chico, según la descripción que nos dio, y al parecer, la chica vino sola —sonrió mostrando una hilera de dientes sarrosos.
Entré en pánico.
«¿Mi Cazador había mandado a otros a cazarnos? ¿Desde cuándo el peligro se había multiplicado? ¿Por qué ya no nos cazaba él mismo?».
Seguro desde nuestro encuentro en la cima de esa montaña sus planes habían cambiado, cuando caímos juntos al vacío y yo me escabullí de sus manos, en ese momento debió darse cuenta de que ya nada le sería sencillo. No pude fingir, sentí un poco de regocijo con la noticia, el hecho de que el Cazador tuviera que recurrir a otros para cazarnos era muestra de su desesperación y fracaso. Ahora él sabía que yo estaba a su altura, por fin me estaba considerando su rival.
Les concedí una sonrisa.
—No lo creo —me puse de pie muy lentamente, sin quitarles la vista de encima—, no tengo intención de quedarme con ustedes, caballeros, y me temo que incluso me llevaré al muchacho.
Soltaron una carcajada general que me sobresaltó un poco, me negué a dejarme intimidar por ellos, ya era mala la inseguridad que sentía todo el tiempo a pesar de contar con la reliquia, esta vez no me acobardaría tan fácilmente. El líder avanzó un paso hacia mí al tiempo que desenfundaba una larga espada de su vaina.
—Según parece, él se quedó un poco corto en cuanto a su descripción de ti —recorrió mi cuerpo de arriba a abajo—. No me importaría tardarme un poco más contigo.
La insinuación era tan clara que tuve que reprimir la expresión repulsiva que deseé dirigirle, por el rabillo del ojo vi a Cam comenzando a parpadear, ya medio despierto.
«Aún no» rogué retirando la vista de él y centrándola en los hombres. «Tienes que esperar, ¡no puedes despertar ahora!».
—Entonces, ¡a qué esperan! —les reté.
El líder les hizo una seña de alto al resto y estos se hicieron para atrás, dejando un amplio espacio entre ellos y nosotros. Yo di unos cuantos pasos lejos de Cam, no deseaba que saliera lastimado por mi oponente, o por mi torpeza. El líder por su parte posicionó la espada en sus manos, y la concentración marcó cada rasgo con dureza, comprendí lo que tendría que hacer sí quería igualar las cosas. Jamás le ganaría con una pequeña daga como la mía, así que deshice mi collar y cerré el puño con la reliquia dentro. Hubo algunas respiraciones bruscas ante tal espectacular giro, el hombre frente a mí clavó sus ojos abiertos de par en par en los destellos que escapaban de mi mano, y una celosa comprensión se fue formando en su cara. Entrecerró los ojos y me miró con otra mirada, una llena de detenimiento y cautela, no podía dejar de escuchar los susurros excitados y apremiantes de sus hombres, susurros que pronto se volvieron codiciosos.
—Ya lo entiendo —masculló el líder, viendo mi puño con descarado deseo, la misma expresión que había tenido el Cazador al ver la reliquia por primera vez—, la chica Custodes, y por qué parecía tan ansioso de que te encontráramos pronto. Veo que las promesas que nos hizo no son falsas, dijo la verdad después de todo.
—¿Qué les prometió?
Sonrió como si se hubiera ganado la lotería.
—La redención.
Lo comprendí al instante, ahora entendía ese brillo anhelante en sus avariciosos ojos.
—Traidores —La palabra brotó de mi boca en cuanto la pensé.
Él se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa que él fuera un traidor entre traidores, un hombre que Sacra castigó y no se arrepintió, que vivía asesinando incluso en la mísera vida que los Desterrados vivían.
—Una posible definición, pero ahora no importa, nos prometió la redención a cambio de ti y el chico.
«La redención, el perdón. ¿Un Cazador tenía el poder de otorgar algo así sin consentimiento del Fratribus?» No lo creía muy posible. «Les prometió sacarlos de Sacra, dejarlos volver a la Hermandad y ser absueltos de todo pecado, el atractivo boleto a cambio de nosotros, seguro debía ser más atractivo ahora que sabían mi verdadero valor».
Me di cuenta demasiado tarde de mi fatal error; mostrarles la reliquia a esos Traidores ansiosos de volver a su mundo, que gran equivocación acababa de cometer. Me bastó una mirada al líder para darme cuenta de que harían lo que fuera para hacerse con la reliquia. Y yo sin querer les había mostrado la causa de sus traiciones, y con ello, un posible escape del eterno castigo que les fue infligido por tal pecado. Pero ahora no podía echarme para atrás, ya era demasiado tarde, tenía que sacar a Cam de ahí cuanto antes, y utilizar la reliquia para ello ya no era una opción, eso solo serviría para darles más demostraciones del poder que contenía, y más tarde no solo nos cazarían bajo órdenes del Cazador, sino llevados por sus propios deseos.
No tenía opciones, ni nada que pensar.