MIENDOS FUNDADOS
«Por lo menos Cam está bien» pensé como consuelo. «Se fue y ahora debería estar a kilómetros de aquí».
Cosa que no era cierta, su amenazante voz sonó un instante después de que el pensamiento se formará en mi cabeza.
—Déjenla —Todos nos paralizamos.
Los tipos se fijaron en un punto detrás de mí y fruncieron los labios, el líder no bajó la espada, pero dejó de pincharme; escuchaba su trabajosa respiración incluso sin verlo.
«Idiota» quise gritarle.
—Aléjense de la chica —ordenó su voz templada.
Pero a juzgar por las miradas de los sujetos, supe que Cam no les parecía tan mortífero, ni alguien a quien temer. Uno de los hombres que se encontraba junto al líder se quitó la capucha, revelando un rostro tétrico. Sonreía con una ceja levantada y era mucho más joven que el líder, un poco mayor que Cam, y su cara estaba cubierta de múltiples quemaduras y cortes, no sabría decir si antes había sido atractivo.
—¿Seguro? No te veo muy dispuesto a convencernos.
—Lo estoy—aseguró Cam con esa voz que yo nunca le había escuchado.
El líder rió burlón y volvió los ojos a mí, antes de darme cuenta de sus intenciones levantó un puño enorme y lo estampó en mi cara, aullé de dolor y caí hecha un ovillo en la nieve.
A través de mi sufrimiento, oí a Cam gritar furioso:
—¡Es suficiente! —La ira en su voz era evidente.
Los hombres volvieron a reír, pero casi inmediatamente las risas cesaron y cayó un silencio de muerte. No me importó, seguí cubriéndome el rostro con las manos, la sangre salada se metía en mi boca, me dolía la cara y sentía rota la nariz, posteriormente oí el tipo de escándalo que menos habría esperado; el aire se llenó de gritos de pánico y desesperación, y gruñidos animalescos. Los pasos apresurados y las exclamaciones de horror invadieron el bosque, alaridos de dolor y auxilio se colaron hasta mis oídos y me ensordecieron, el miedo se infiltró en mis venas y me olvidé de mi dolor, pero no me descubrí la cara.
«Lo que sea que está atacando, también ataca a Cam» musitó mi subconsciente.
Me quedé de piedra, recobré el dominio y quité las manos de mi cara, apenas fijándome en la sangre que las manchaba. Dirigí la mirada a donde se oían los agonizantes aullidos, pero en cuanto mis ojos miraron la escena, el aire abandonó mis pulmones y el color dejó mi cara, aquello fue suficiente para ponerme blanca como el papel.
Los filosos incisivos estaban clavados con fuerza en el cuello de uno de los hombres, la sangre corría en un pequeño arroyo y formaba un charco rojo carmesí en la nieve. No podía dejar de mirar, una parte de mí sabía que tenía que aprovechar la oportunidad y correr lejos de allí lo más rápido que pudiera, pero mi cuerpo estaba paralizado. Los agonizantes gritos del hombre se habían convertido en gemidos apenas audibles, entre la masa deforme que era su cara reconocí al líder. Reticente miré de reojo los cuerpos de sus compañeros, esperando ver alguno vivo, pero ya solo eran trozos de carne esparcidos alrededor, mi cabeza daba vueltas y las náuseas subieron por mi garganta, aunque también sentí algo de alivio, ninguno de esos miembros mutilados parecía pertenecer a Cam. Seguramente él había huido en cuanto la enorme bestia apareció.
El lobo tenía la vista fija en su presa, y una rabia que nunca había visto en nadie se desbordaba en sus ojos, el pelaje blanco moteado de gris estaba tan manchado de sangre que de algunas partes goteaba el líquido carmesí, y el hocico contraído dejaba a la vista la manera en la que desgarraba la garganta del tipo sin piedad. Ese enorme lobo era el mismo que me había salvado del Cazador, pero al contrario de ese día, esta vez su ayuda de sentía diferente; él emanaba peligro y muerte. Noté una sensación helada trepando por mis piernas, y una mezcla de horror, pánico y repulsión brotó de mi interior igual que si hubieran quitado un corcho, lancé un chillido y me debatí para ponerme en pie; el vestido se enredaba en mis piernas mientras yo pateaba y trataba de levantarme. Los ojos del animal rápidamente se fijaron en mí, y la descontrolada rabia se vio sustituida por una total conmoción.
Antes de darle la oportunidad de devorarme, tomé la espada y eché a correr en la dirección contraria, no volteé atrás, salté árboles caídos, sorteé matorrales, me arrastré bajo grupos de pinos y crucé pequeños arroyos sin ver por dónde iba, no pensaba en nada más que en dejar atrás aquella escena cuanto antes y salvar mi vida.
Corrí tanto y por varios minutos que no tardó en faltarme el aire, pero no pensé en parar, seguí corriendo tan rápido como podía. La nariz ya no me sangraba y el dolor también se había ido, pero me sentía mareada y con el corazón en la garganta, y cuando creí que ya estaba lo suficientemente lejos de esa bestia, cuando consideré disminuir la velocidad, cuando pensé estar alejada de esos muertos… un aullido viajó hasta mí. Paré en seco y me llevé una mano al costado, tratando de calmar el flato. Volteé atrás, a cientos de metros distinguí una figura corriendo en mi dirección, no me llevó mucho deducir quién era, o más bien, qué era. Solté una maldición y volví a correr, desesperada por vivir. Salté troncos caídos y sorteé árboles casi a tumbos, pero detrás de mí los gruñidos no cesaban, es más, sonaban cada vez más fuertes y cercanos, amenazando con alcanzarme.
Traté de correr más rápido, solo necesitaba un margen de espacio entre el lobo y yo, me bastarían unos pocos metros más entre nosotros para poder escapar a través del Cristal. Pero el lobo parecía pensar lo mismo, y al contrario de mis deseos, el animal acortaba cada vez más la distancia. Con sus veloces cuatro patas no tardé en tenerlo a unos escasos metros.
Después de una eternidad en la que ya imaginaba mi muerte a manos de esa bestia, con alivio al fin pude distinguir la forma de un lago extendiéndose un poco más adelante, obligué a mis pies a ir más aprisa.
«Fantástico» sonreí aliviada mientras corría. «Lo único que necesito es acercarme un poco más, entonces lanzaré la espada al agua y escaparé».
Faltaba tan poco que preparé mi lanzamiento, alcé la espada sobre mi cabeza, detrás de mí escuché al animal correr más rápido, sus jadeos y los míos se mezclaron, apunté a donde las ondas nacían. El lobo gruñó, yo estaba lista para sumergirme. De pronto su peluda figura manchada de sangre saltó sobre mí y me cortó el paso, patiné para no chocar contra él, resbalé y la espada voló lejos.
Desde el suelo miré a la bestia mostrarme las fauces ensangrentadas, aterrada traté de retroceder a gatas. Su furiosa mirada pareció examinarme, apreté los dientes para acallar un grito y sus ojos se detuvieron en mi labio partido, casi aturdido se quedó mirando mi boca, y del hocico sangriento emanó un quejido lastimero. Evité moverme, aunque por dentro temblaba como una hoja, la bestia ya no me mostraba sus afilados dientes, y eso era algo bueno.
«¡Distracción!» gritó mi subconsciente.
Aproveché la oportunidad, y rápida como una bala rodé sobre mi espalda, me dispuse a tomar la espada. Mis dedos casi llegaron a tocar la empuñadura antes de oírlo gruñir de nuevo, me impulsé con las piernas, dispuesta a atravesar su enorme cuerpo con la delgada hoja, un peso aplastante me clavó contra la nieve, solté el aliento y apreté los labios, sin respiración intenté estirar más el brazo, veía mis dedos solo a unos pocos centímetros…
«Por favor» supliqué. «Solo un poco más».
Arañé la nieve con desesperación, No moriría sin intentarlo. Me debatí bajo el peso aplastante; ya no escuchaba los gruñidos, pero sí una respiración entrecortada cerca de mi oído. Con la vista empañada por las lágrimas, miraba a mi mano luchar por alcanzar mi preciada espada. Estiré los dedos y alcancé a tocar la empuñadura antes de que una mano grande se cerrará en torno a la mía.
Enseguida dejé de pelear y me quedé pasmada.