BELLAS ASESINAS

Todo mi cuerpo tembló con horror. Ambas chicas parecieron oler mi miedo al mismo tiempo, sus caras sin rasgos giraron en mi dirección, y sus cuellos de cisne se ladearon en un gesto sincronizado. Palpé con torpeza mis bolsillos en busca de mi daga, las manos me temblaban. Sus brillantes cabelleras negras flotaban en el aire sobre sus cabezas, y enmarcaban sus caras vacías, los cabellos danzaban y formaban espirales. Solo había visto un efecto así cuando… cuando nadaba bajo el agua, sumergida del todo.

Ahora ya no sentía rabia, ni celos. Me deslicé hacia atrás despacio, mi instinto de supervivencia gritaba que debía alejarme de ellas rápidamente. Las sombras parecieron sonreír al verme tan asustada, y despreocupadamente comenzaron a aproximarse. Sus agraciadas y largas piernas cortaban la distancia cada vez más, mientras que yo comenzaba a paralizarme a la misma velocidad. Mi primer pensamiento fue echar a correr tan rápido como pudiera; el segundo y menos práctico fue quedarme y plantarles cara. Saqué la daga al tiempo que me agazapaba, lista para defenderme en caso de que resultaran ser agresivas. Scarlett Fleury y su compañera rieron más divertidas, bailaron los dedos juguetonamente y de ellos salieron largas y afiladas cuchillas, negras como ellas mismas, e igual que si fueran una extensión más de sus cuerpos, las cuchillas se curvaron en afiladas garras. Claro que eran criaturas agresivas, y al parecer no me dejarían ir. Y ya que había elegido enfrentarlas, no me quedaba de otra que ganarles o morir.

Cuando estuvieron a dos metros de mí se detuvieron en seco, de cerca su aspecto resultaba tan atemorizante como hermoso. La miré a una y luego a la otra, maquinando una estrategia que me permitiera ganarles. Ahora que las tenía tan cerca podía ver con claridad sus oscuros rasgos, no me había equivocado cuando dije que eran bellas; narices afiladas y finas, pómulos altos, labios carnosos y ojos totalmente negros, rodeados por pestañas largas y abundantes. Usaban unos largos vestidos, solo unos cuantos tonos más oscuros que sus cuerpos; el vestido de Scarlett Fleury era, a diferencia del vestido de su compañera, muy ceñido a su figura, como una segunda piel. Criaturas hermosas.

La supuesta novia de Cam abrió su perfecta boca y enseñó los dientes, puntiagudos y de apariencia mortífera. La otra hizo lo mismo y ambas sonrieron, expresiones idénticas que prometían dolor y muerte, y se abalanzaron contra mí, tomándome por sorpresa. Una de ellas pasó rozando sus cuchillas por mi vientre, retrocedí al tiempo que enterraba la daga en su pecho, nada, mi mano la traspasó como si ella fuera humo, abrí los ojos de par en par.

«Imposible».

Volvieron a reír sin dejar de atacarme, traté de cubrir cada flanco vulnerable, pero protegerme y atacar al mismo tiempo no era nada fácil, ambas giraban alrededor de mí dejando una estela oscura a su paso mientras intentaban atravesarme con sus zarpas, dándome apenas tiempo para defenderme entre un ataque y otro. Intentaba contraatacar a la misma velocidad que ellas, sin embargo, sus cuchillas me rozaban la piel con tanta frecuencia que pronto comencé a notar la sangre emanando por los múltiples cortes. Mientras yo lanzaba cuchilladas a diestra y siniestra, ellas reían y gritaban de emoción.

Nuevamente alcancé a una, y si no fuese de humo, bien podría haberle clavado mi daga en su cerebro, pero solo logré que dejara de reír y que me mirara enfurecida. Le sonreí a Scarlett Fleury, sintiéndome satisfecha por haber deformado, aunque fuera por un breve instante, su perfecto rostro. En respuesta sus cuchillas crecieron todavía más, como espadas cortas en sus dedos, y me enseñó sus horribles dientes antes de arremeter nuevamente. La sonrisa desapareció de mi cara y sus ágiles ataques se volvieron más veloces que nunca, apenas permitiéndome esquivarlos. Su compañera siguió su ejemplo y ambas trataron de clavarme sus cuchillas con más ímpetu que antes. Sus ataques acertados no tardaron en llevarme al límite, y me di cuenta que no podría pararlas, ni mucho menos ganarles. Pensé desesperada en otra cosa que usar como arma, mi pequeña daga ya no era suficiente contra sus largos dedos en forma de espadas.

Mientras mis fuerzas disminuían rápidamente, sus aciertos contra mí iban en incremento, no podría seguirles el ritmo por más tiempo; las largas cuchillas en sus dedos terminarían por descuartizarme viva. Me temblaban las piernas mientras trataba de resistir, un terrible escozor en la espalda me hizo lanzar un grito. Una de ellas rió con energía, la sangre corrió por mi columna.

Ignoré el dolor y al seguí peleando al límite. Los bordes de mi visión se emborronaban a ratos y mis cada vez más débiles ataques parecían divertirlas en vez de enojarlas. Estaba a punto de rendirme, ya no podía más. Tambaleante retrocedí un par de pasos, y pensando que ese sería mi fin, acaricié mi collar con la mano que no sostenía la daga. A través de la tela pude sentir la superficie lisa y suave de la reliquia, y sin más, la idea se reveló ante mí. Ya había sucedido una vez, antes de caer del acantilado, la flecha que se había desvanecido frente a mis ojos sin ninguna explicación.

No sabía si funcionaria, pero ya no me quedaban fuerzas para pensar en otra solución, tendría que intentarlo y rogar a Dios que funcionara. En casos desesperados, medidas desesperadas. No había tiempo para vacilar. Arranqué de un tirón la reliquia de mi cuello al tiempo que retrocedía fuera del alcance de Scarlett y su amiga. Las muy malditas no me siguieron, se limitaron a mirarme con diversión, acariciando sus largas cuchillas.

Jadeante y asustada, por primera vez no me llevé la reliquia a la boca, en su lugar la apreté en mi puño derecho y concentré el resto de mis energías en depositar mis emociones en ese punto de mi mano. De verdad esperaba que funcionará; de lo contrario, moriría allí, a manos de esas lindas y mortíferas criaturas. Lentamente un hormigueo fue creciendo desde el hombro, descendiendo poco a poco por los músculos y tendones de mi brazo, hasta finalmente concentrarse en mi puño.

Bajé la vista y vi un intenso resplandor azul metalizado escapar de entre mis dedos, contuve la respiración mientras lo miraba aumentar rápidamente, hasta iluminar los árboles más próximos. Al igual que yo, las brujas miraban mi puño con sus crueles ojos huecos, pero no con miedo, sino con bastante interés y curiosidad macabra.

Tan rápido y con un sonido parecido al de un latigazo, algo creció dentro de mi puño, provocándome un respingo. Un segundo después el resplandor de la reliquia disminuyó considerablemente y reveló una hermosa espada; la larga hoja era azulada, igual que la reliquia, en cambio, la empuñadura era negra y se sentía caliente al tacto. La delgada hoja se curvaba al igual que las espadas de los samuráis, las famosas Katanas. No esperaba un arma tan majestuosa.

La miré sorprendida. Era maravillosa.