SCARLETT
«Creerá que lo abandoné, que me marché, que lo dejé» mi mente me lanzaba esos pensamientos como dagas contra mi pecho, cada uno oprimía mis costillas, obligándome a respirar por la boca para aliviar un poco mí nuevo dolor.
Fueron dos días caminando sin rumbo y sin encontrar nada, ningún rastro de su indicio o señal de su presencia. Fueron dos días con un dolor creciendo y martillando dentro de mí, pugnando por hacerme perder los estribos y gritar, acurrucarme en la nieve y gemir. Para mi sorpresa este sufrimiento no parecía de naturaleza llevadera, como la ausencia de Alan, como mí misma ausencia; por alguna razón este no quería ser ocultado, ni suprimido, anhelaba ser reconocido y aliviado. Pero yo no podía hacer nada por él, ya qué no entendía sus orígenes, así que hacía lo posible por ignorarlo. Fueron dos largos días en los cuales mi único objetivo fue encontrar al chico, incluso utilicé la reliquia, me trasladaba como mucho solo tres veces al día y sin especificar nunca mi destino, solo las mismas palabras de antes: «vuelta». Esa parecía ser una palabra clave, al usarla siempre volvía a un lugar conocido, o por lo menos familiar.
Por otra parte, el misterioso comportamiento de la reliquia contra la flecha de mi Cazador dominaba la mayoría de mis pensamientos, cuando no pensaba en Cam, pensaba en eso.
«¿Cómo podía ser? ¿Cuánto poder albergaba lo que el Cazador conocía como Cristal? Y la pregunta más importante: ¿cómo yo había logrado que se transformara de esa manera, de verdad yo lo había hecho?» No logré sacar ninguna respuesta.
Recorrí con las palmas mis brazos desnudos una y otra vez, deseosa de que la fricción proporcionará un poco de calor a mi piel, ya que el vestido no cumplía esa función.
«¿Cam, dónde estás?» Pregunté en mi fuero interno, mirando alrededor mío, casi con desesperación. Una parte de mí estaba enfadada con él por la estúpida situación, no la general, sino la del momento: odiaba reconocer cuánto comenzaba a depender de Cam, me enojaba echarle de menos, y no podía evitar apretar los dientes al ver cuánto deseaba recuperarlo.
Mi dependencia de él era, sin duda, culpa del mismo Cam.
«Únicamente lo busco por supervivencia» repetía cada vez que la nostalgia me invadía. «Lo necesito para encontrar la Comunidad Roja y nada más».
Solté un largo bostezo, hacía noches que no descansaba como me gustaría, dos días de búsqueda habían transcurrido y mi sueño no volvería a ser tranquilo hasta que encontrará a Cam.
Paré y me recosté bajo la sombra de una afilada roca, sólo tomaría un breve descanso antes de seguir. Ahora que sabía más sobre la vida a la deriva, podía cazar sin ningún problema, y el andar silencioso era la clave, al parecer antes hacía mucho ruido al caminar, y ahuyentaba a los animales próximos. Metí la mano en el bolsillo y extraje un puñado de fresas silvestres, la planta la había encontrado muchos kilómetros atrás, y no dude en atiborrar mis bolsillos ante la afortunada oportunidad. Chupé la fruta de manera distraída, mi mente se encontraba muy lejos, tanto que ni yo podría decir donde con exactitud. Últimamente no paraba de preguntarme qué estaría haciendo Alan en mientras yo vagaba perdida por el bosque, buscando a un chico que apenas conocía.
«¿Qué pensaría de eso?» probablemente no se pondría celoso, Alan era un chico tranquilo. Me sorprendía que, a pesar de la distancia, aún sintiera nuestras vidas como una sola, tan lejos la una de la otra, pero todavía unidas por un fuerte lazo. Pero ya no se sentía exactamente igual, yo me hallaba a miles de mundos de él, y puede que no volviera jamás a casa, sin embargo, algo me reconfortaba; todavía podía sentir a nuestros corazones palpitando dentro de mi pecho, su corazón latiendo al lado del mío, aunque ya no tan sincronizados como antes.
Y sin querer hice emerger el recuerdo de sus ojos frente a los míos, oscuros como boca de lobo y profundamente brillantes. El recuerdo de esa oscura mirada no duró mucho, pronto un par de ojos azul grisáceo los eclipsaron, enmarcados por largas y espesas pestañas doradas. No podía dejar de recordarlos, como tampoco podía dejar de recordar al dueño, quién poseía la aparente delicada complexión física de un oriental, mientras al mismo tiempo era fuerte y atractivo como los occidentales, y menos aún podía dejar de pensar en su cabello blanco que le caía desenfadadamente en la frente, suave y rizado por la humedad. Sonreí a mi pesar, Cam casi parecía no ser consciente de a su físico, a veces dejaba ver que estaba al tanto de su aspecto, cuando se comportaba tan arrogante y superficial; pero otras, era tan tímido y cohibido que me llevaba inevitablemente a pensar en una total falta de interés en sí mismo, como si la belleza no fuese algo de lo que sentirse orgulloso, y en esos momentos se comportaba con más extrañeza que de costumbre, rayando la culpa y la repugnancia a su propio aspecto. Como si su atractivo fuese un atributo desagradable para él.
Continué caminando, pensando en los misterios que rodeaban a mi compañero de viaje, preguntándome el porqué de su comportamiento, aunque confiaba en él plenamente, a veces no podía evitar sentir que me estaba ocultando algo. Sin embargo, mis reflexiones pronto se vieron empañadas por una silueta sin rostro, y mis nudillos crujieron contra las palmas sin que yo fuera del todo consciente de ello, la silueta era una hermosa sombra delgada y agraciada, alta y vestida como una señorita; Scarlett Fleury, la novia de Cam.
No es que yo la conociera, ni mucho menos, pero mi simple imaginación me bastaba para visualizar el aspecto de la chica, y asociarla con la hermosa mujer frente a mí. Porque:
«¿Qué otra descripción podría justificar la fijación de Cam por ella?».
La silueta oscura de Scarlett Fleury comenzó a cambiar rápidamente, y una borrosa e indefinida forma femenina repleta de curvas apareció en su lugar. Era una chica escultural, como una diosa, aunque su aspecto era más propio al de mi época…
Mis ojos se abrieron desmesuradamente y la sangre comenzó a correr veloz por cada vena.
«Eso no, Alan no, jamás».
Mascullé entre dientes un montón de blasfemias que nunca había dicho antes, y la muy descarada bailó en mi visión, elegante en su espumoso vestido victoriano. No sabía que había dejado de caminar hasta que clavé los talones en el suelo con furia, totalmente enfadada. La larga cabellera oscura, igual que todo su cuerpo, se alzó con el viento y su cara vacía pareció mirarme a los ojos, sabía que no podía herir a un producto de mi imaginación, pero en ese momento solo quería matarla. De la nada y sin previo aviso, otra sombra salió de detrás de un árbol, Scarlett Fleury pareció materializarse en el aire.
Ambas chicas eran hermosas y perfectas con su piel oscura cual alquitrán, las dos rieron fríamente, crudas carcajadas que me erizaron la piel. Y lo entendí, un producto de la imaginación no puede reír, no puede inyectarte miedo. Retrocedí al tiempo que mi mente me decía lo más lógico:
«Son reales».