XXII

Luna Talos, capital de la Confederación Interestelar.

—Gracias por cuida a Cuasar mientras no estemos —le decía Michael Sevilla a su amiga la niña Viraki de nombre Yar’lin. Ella le acariciaba el lomo al perro labrador que jadeaba complacido.

—Un gusto. Disfruta las vacaciones.

—No son vacaciones. Asistiremos a la boda de una prima de mi mamá en Xith.

Mientras los dos niños hablaban los padres de Michael se veían muy ocupados cargando maletas y finalizando los últimos preparativos para el viaje. Una vez que Richard introdujo lo último del equipaje en el maletero del aerotaxi, llamó a su hijo.

—Hora de irnos, Michael, o perderemos el vuelo. Adiós Yar’lin.

Yar’lin se despidió con un beso en la mejilla de Michael y luego se alejó llevándose a Cuasar y diciendo:

—¡Adiós señores Sevilla!

—De nuevo ¿Cuál es la prima que se casa? —le preguntó Richard a Alara mientras viajaban en el asiento trasero del vehículo.

—Dannar —le respondió su esposa— la hija de mi tío Shabak, el Prior de la tribu. Es una boda muy importante.

Una vez que llegaron al puerto espacial y empezaron a bajar las maletas un anuncio en el altavoz dijo:

—Pasajeros con destino al Sistema Sirius aborden por la puerta doce.

—¡Ves! ¡Te lo dije, Richard! ¡Vamos tarde! —apuró Alara y toda la familia comenzó a correr hacia el lugar indicado. Una vez en la puerta señalada se toparon con una enorme fila de personas que conversaban entre sí animadamente, excepto el pasajero que estaba al frente de ellos que parecía alguna especie de gasterópodo gigante y que no tenía boca visible.

—Buenos días señor —le dijo al gasterópodo la asistente que recibía a los pasajeros en la entrada del andén y que revisaba la papelería, era una joven de especie Viraki— ¿me permite su pasaje y sus documentos por favor?

El ser no expresaba sonido alguno pero movía los tentáculos que tenía como extremidades a ambos lados de su cuerpo gusanoide como si con eso quisiera expresarse. La muchacha lo miró sin entender y llamó por el altavoz— necesitamos un traductor en la puerta doce. Repito, necesitamos con urgencia un traductor en la puerta doce.

Richard suspiró.

Quince minutos después por fin logró descifrarse que el pasajero similar a un gusano pertenecía a una especie sin boca que se comunicaba por medio de lenguaje a señas y fueron capaces de comunicarse con él. Tras esto pasaron los Sevilla y un asistente los llevó hasta su camarote.

Debido a que los viajes interestelares normalmente duraban varios días las naves de pasajeros solían tener camarotes cuyo tamaño y comodidades dependerían de la inversión económica de quien comprara el tiquete. Aunque Richard era congresista y tenía un buen salario, siempre prefirió una vida modesta y poco ostentosa, así que reservó un camarote de clase media, suficientemente cómodo para tres personas.

—¿Por qué nunca viajamos en un camarote de lujo, papá? —le preguntó Michael como molesto.

—Es un viaje de día y medio, Michael, y somos solo tres personas. ¿Para qué querríamos un camarote de lujo?

—No sé… ¿para estirarnos?

—Tienes una actitud de niño rico hacia a vida, hijo. Cuando yo tenía tu edad ordeñaba vacas en una granja pobre y polvorienta en Marte.

—Pero ahora tienes el salario de un senador, papá.

—¿Me estás llamando tacaño?

Michael miró hacia el techo como evadiendo la respuesta.

—Tengo hambre —cambió de tema.

—Ve al restaurante de la nave —le dijo Richard entregándole la tarjeta— y trae algo para todos.

Michael salió de la cabina dejando solos a sus padres. Alara sonrió y se aproximó a Richard a quien abrazó poniéndole los brazos alrededor del cuello. Richard correspondió tomándola de la cintura.

—¿Hace cuanto que no viajamos solos tú y yo, amor?

—Años… muchos, muchos años.

—Un crucero por el brazo de Orión no nos caería mal.

—Definitivamente no —le dijo Richard junto a un beso en los labios— será lo primero que hagamos en cuanto termine mi periodo. Tus padres pueden cuidar de Michael por una temporada. ¿Alguna vez te he dicho que estás tan hermosa como cuando te conocí?

—¡Galán! ¿Por eso fue que me diste el panfleto?

—¡Por supuesto!

Planeta Xith, Sistema Sirius.

La nave en que viajaban finalmente arribó a su destino en Xith y de ella emergieron los Sevilla. Richard se protegía de la intensa radiación de los tres soles con el uso de abundante bloqueador solar especial, lentes oscuros, un sombrero de ala ancha y un abrigo negro. Constantemente se secaba el sudor de la frente.

—Debe ser incómodo eso de sudar —le comentó Alara al verlo— a veces me pregunto qué se siente chorrear agua por la piel.

Minutos después estaban siendo recibidos por los padres de Alara en las afueras del puerto espacial y tras intercambiar los saludos de rigor, se dirigieron a la casa de éstos a descansar del viaje y prepararse para la celebración de la boda que sería al día siguiente.

Todas las grandes celebraciones Xith se realizaban en la noche, y eso incluía las bodas. Una vez que los tres soles se ocultaron empezaron a llegar las nutridas delegaciones de invitados. La casi totalidad de integrantes de la tribu Althar y amigos o familiares políticos pertenecientes a otras tribus.

El festejo inició con una enorme fogata, costumbre heredada de milenios atrás (ya que la noche Xith es muy fría) alrededor de la cual los más jóvenes de la tribu danzaban y saltaban al ritmo de música tocada por un grupo musical que hacía sonar extraños instrumentos, autóctonos de Xith.

Alara y Richard conversaban en la sala de estar de la casa cuando su tío Shabak se les acercó. Shabak era un hombre viejo, de larga barba gris y cejas muy pobladas, tenía el rostro adusto y estaba ataviado no sólo con las túnicas, caftanes y turbantes que normalmente usaban los Xith, sino con ropas sacerdotales coloridas, un vistoso tocado sobre la cabeza y un báculo que simbolizaba el poder sacerdotal entre los Xith.

—Alara ¿Qué está esperando tu esposo? Estamos por realizar el Zag-Tharm.

—No… no pensé que lo fueran a incluir.

—El Zag-Tharm es el Zar-Tharm —fue su respuesta— que se apresure, empezaremos en quince drox.

—¿Qué es el Zar-Tharm? —preguntó Richard.

—El Zag-Tharm es una antigua tradición Xith en las ceremonias maritales. Se supone que antes de que la novia aparezca todos los jefes de cada familia de la tribu beben sangre y bilis de un scorash que fue sacrificado ante la diosa del matrimonio, ZMichael.

—¡Guácala!

—Te lo hubiera advertido antes, pero no pensé que te fueran a incluir.

—Supongo que es un gran honor…

Así a Richard se le colocaron ropajes tradicionales Xith y le pintaron la cara de verde. Un enorme lagarto domesticado que era usado por los Xith como animal de carga y de transporte, llamado Scorash, fue traído al lugar. Los Xith le anestesiaron con gas y pronto se quedó dormido.

—Intentamos que el sacrificio sea indoloro desde hace siglos —le explicó Alara a Richard. El tío de Alara y prior de la tribu, el sacerdote Shabak, se arrodilló en la arena y cortó el cuello del animal mientras recitaba oraciones a la diosa ZMichael. La sangre era verde, igual que la de los Xith. El reptil moribundo fue colocado como ofrenda frente a una estatua de la misma. La sangre que brotaba de la herida era colocada en un tazón y la bestia finalmente expiró.

Luego, todos los hombres de la tribu que tuvieran familia se sentaron en círculo. Eran una veintena. Uno a uno bebió del tazón, incluyendo al único humano presente; Richard Sevilla, quien hizo lo posible por contener el vómito y disimular sus náuseas. El tazón repleto de sangre dio varias vueltas, hasta que finalmente fue vaciado. Tras esto los hombres de la tribu se pusieron de pie y abrazándose uno al otro danzaron en círculos cantando canciones ceremoniales.

Después de esto la parte central de la ceremonia comenzó. Los invitados se sentaron en el suelo en torno a un altar colocado en honor a la diosa del matrimonio, en donde el sacerdote Shabak se colocaba sobre un podio de piedra con el Código de Hammur, el libro más sagrado de los Xith, abierto frente a él.

—Lamento que nunca tuviste una boda Xith, Alara —le susurró Richard a su esposa.

—Si fuera apegada a las tradiciones Xith no me habría casado con un humano, amor.

El novio se colocó en frente del podio y poco después fue traída la novia. Esta se encontraba cubierta completamente de pies a cabeza por una manta de colores y viajaba sobre un Scorash que era tirado por su hermano. Una vez cerca del altar, la joven se descubrió y bajó del animal. Era una mujer joven, debía estar en edad adolescente, de gran belleza física y figura esbelta.

—Tu prima es bellísima —le comentó Richard— pero no tanto como tú.

Alara sonrió.

Una vez que la pareja estuvo cerca, Shabak empezó a leer citas del Código de Hammur en Xith. Todos los Xith presentes cruzaron las manos y bajaron la cabeza al escuchar la pronunciación del Libro Sagrado. Una vez finalizado el sermón, Shabak hizo una aún más extensa letanía en Xith antiguo.

Si bien Richard hablaba con fluidez el lenguaje Xith moderno, la versión antigua le era ininteligible y esto hizo que la ceremonia se le tornara aún más aburrida que antes. Su hijo Michael no parecía estar más entretenido y comenzó a bostezar hasta que su madre le dio un par de codazos.

Shabak finalmente terminó la entonación de los himnos religiosos. Se giró ante la estatua pidiéndole a la diosa la bendición sobre la joven pareja y finalmente los declaró casados. Fue hasta entonces que se tomaron de la mano y se besaron.

Todos los presentes celebraron el beso con aplausos y bullicio.

—¡Muy bien! —dijo Shabak— ¡ahora a cenar!

Y declarado esto los invitados pasaron al caro banquete que había sido auspiciado por Shabak mismo.

Richard recibió una llamada en su comunicador. Al ver el número lo reconoció de inmediato.

Salió del recinto donde se celebraba el festejo y contestó.

—¿Sí?

—Senador —dijo una voz femenina desde el otro lado de la línea, pertenecía a la agente Zelara— me pidió que le avisara cuando tuviéramos la localización.

—¿Está todo preparado?

—Sí señor.

—La veré en tres días.

Richard cortó y miró a su familia que celebraba alegremente. Su hijo estaba convirtiéndose en un hombre, su esposa era igual de bella que siempre y estaba tan enamorado de ella como antes, e incluso ahora se llevaba bien con sus suegros. Lo que estaba por hacer podría hacerlo perder todo eso para siempre.