XVIII
Edificio del Senado, Luna Talos, Planeta Viraki Prima, Capital de la Confederación Interestelar. 2160.
—Todos los que estén listos de votar la moción para el ingreso del Planeta Nébula a la Confederación, sírvanse emitir su voto —dijo el Orador del Senado, quien lo presidía. El Orador en aquel momento pertenecía a la especie Elindari, una raza de seres inteligentes con una trompa larga como de paquidermo, orejas grandes y redondas y tres ojos, uno de ellos en la frente.
Al abrirse la votación Richard Sevilla, quien tenía siete años de ser miembro del Senado, emitió su voto desde su asiento apretando uno de los dos botones que tenía en su escritorio, el que se oprimía para manifestarse a favor.
La gran sala de sesiones del Senado era enorme como un estadio y estaba conformada por una serie de círculos concéntricos en cuyo centro se sentaba el propio Orador flotando mediante un dispositivo antigravedad colocado en su curul.
—El resultado de la votación es —anunció el Orador— aprobación de la moción por unanimidad. El Planeta Nébula ha sido admitido en la Confederación Interestelar y pasará a ser el miembro número 32. Se levanta la sesión y daremos inicio a las vacaciones de fin de año. Feliz Día de la Confederación compañeros —declaró haciendo sonar una campana al apretar un botón en su silla y todos los senadores comenzaron a levantarse de sus asientos para retirarse.
Richard se sentaba al lado de todos los demás representantes humanos. Cada Planeta Confederado enviaba un representante por cada mil millones de habitantes así que la Tierra tenía siete senadores. Justo en la fila de enfrente se asentaban los insectoides gigantes Chax, similares a un cruce entre una oruga y ciempiés pero mucho más altos que un humano, que al empezar a moverse para salir causaban bastante desorden y obstrucción del paso.
—¿Cuántos representantes tienen los Chax en el Senado? —le preguntó Richard a su compañero, Donatien Mubatu, un negro africano que vestía ropa colorida.
—Creo que tienen 27 representantes.
—¿Hay 27 mil millones de Chax en la Galaxia?
—Sí —confirmó Mubatu— han colonizado decenas de planetas. Lo más sorprendente es que todos son hijos de la misma reina. Una vez la conocí, es grande como una ballena.
Terminada la sesión Richard salió del Edificio del Senado. Talos era una luna pero había sido totalmente urbanizada, recubierta por edificios como si todo el satélite mismo fuera una gran ciudad esférica. Allí estaban la sede del Senado y del Consejo de la Confederación, los ministerios, los cuarteles generales del Ejército Confederado, la Corte Suprema de Justicia, las embajadas de todos los gobiernos extranjeros que tenían relaciones con la Confederación y la Oficina del Primer Ministro.
Richard observó el cielo. Talos tenía atmósfera y el cielo se veía azul pero siempre cercado por innumerables aerotransportes y naves espaciales. En el horizonte se podía ver el Planeta Viraki Prima mayormente cubierto de agua y con incontables islas y archipiélagos y en ciertas horas se apreciaba también la otra luna que orbitaba Viraki Prima; Alinos.
—¿Te lanzarás para la reelección por tercera vez, Richard? —le preguntó Mubatu mientras bajaban las escaleras de la entrada principal dándole una palmada en la espalda.
—No lo sé —confesó Richard— tal vez es hora de que piense en hacer algo nuevo. He sido senador demasiado tiempo y se está volviendo aburrido.
—Te diría que fueras candidato a Primer Ministro por la Coalición pero me temo que tu partido no va a ganar las próximas elecciones y sería un desperdicio. Sin duda que el Bloque ganará de nuevo. Tendrás que aguantar otro gobierno nuestro.
—Eso está por verse, Donatien —le dijo Richard sonriente abordando su aerotransporte mientras Mubatu hacía lo mismo.
Richard llegó hasta su casa en uno de los barrios residenciales y entró a su casa desanudándose la corbata y suspirando algo cansado. El primero en recibirlo fue Cuasar, su perro labrador.
—Hola Cuasar —dijo acariciándole amistosamente la cabeza al can que se le aproximó jadeante y moviendo la cola. El perro emitió dos ladridos a forma de saludo y siguió con sus asuntos.
—¿Cómo estuvo tu día, amor? —le preguntó su esposa Alara saliendo de la cocina y estampándole un beso en la boca.
—Cansado… aburrido… creo que no debí reelegirme como senador. Un período fue suficiente —dijo tumbándose en el sofá y encendiendo la holotelevisión.
—Siempre puedes renunciar.
—No me gusta renunciar. Además de momento estás en reserva del Ejército y alguien tiene que trabajar…
—Eso es lo malo de la paz —dijo ella sonriente sentándose a su lado. Richard la miró con un gesto de fingida reprimenda. —Sabes que en dos días es el Día de la Confederación. Nuestros familiares ya deben estar en camino.
—¿Crees que se buena idea juntar a nuestras familias? ¿No habrá peligro de que se maten?
—Espero que no. Todos son adultos. Mis padres suelen pasar estas fechas con mi hermana Ariad y su esposo pero este año se van de vacaciones a Nébula y ya sabes… la tradición es pasarla en familia.
—Sí, lo sé. Aunque tenga que soportarme a tu padre…
—Él debe estar diciendo lo mismo de ti en este momento. Por cierto ¿en qué vuelo vienen tu madre y tu madrastra? —mientras decía esto el perro Cuasar se tumbó a los pies de sus amos.
—Creo que llegan mañana en la tarde. Hay que irlas a recoger al puerto espacial en el planeta. ¿Dónde está Michael? Ya no hay clases.
—Está en su habitación con esa chica que no me agrada —dijo Alara genuinamente molesta.
—A si… la amiga…
—¡Uff!
—Alara, no te pongas así. Michael ya no es un niño, tiene 11 años.
—¡Es un bebé! Y no me agrada para nada esa amiguita que se tiene…
—¿Por qué es Viraki?
—No… no… bueno, en parte sí, pero no porque sea Viraki en sí sino…
—Por el sexo —preguntó Richard sonriente.
—Es sólo… que una adolescente Viraki puede ser una mala influencia.
—Creo que está enamorado —concretó Richard para más disgusto de su esposa quien bufó molesta. —Tranquila, Alara, Michael es un muchacho inteligente y responsable. Además ya tuve “la charla” con él. Es normal que le guste una amiga a su edad… especialmente si es Viraki.
—No me recuerdes aquella novia que tuviste en la Universidad.
—¿Sai’lin? ¡Pero si es mi compañera en el Senado!
Alara miró hacia el techo.
—Mejor voy a ir a hacer la cena.
Michael se encontraba en efecto junto a su amiga Yar’lin en su habitación.
Yar’lin era una muchacha Viraki de 12 años. Ya para su edad mostraba un incipiente pero esbelto cuerpo femenino y vestía muy escasa ropa, como era normal para los Viraki. Usaba aretes en sus orejas puntiagudas y unos lacitos que decoraban las dos antenas de su cabeza. Su cabello azulado lo sostenía en una cola, aunque algunos rizos caían sueltos en el frente y los lados de la cara.
Yar’lin saltaba sobre la cama de Michael, ya que era muy inquieta. Finalmente se dejó caer boca arriba sobre la acolchada superficie y usó sus propias manos como almohada, mientras Michael la observaba sentado en la silla giratoria que colocaba frente a su escritorio y su computadora.
—¿Debe ser divertido ser híbrido? —preguntó Yar’lin clavando sus ojos verdes en Michael.
—Lo dices como si yo fuera un perro.
—Tus padres deben haberla tenido difícil.
—Mi madre mayormente. Mi abuelo materno es muy conservador. Por cierto que van a venir para el Día de la Confederación. También mi abuela paterna y mi madrina. ¿Tú como la vas a pasar?
—¡Con mi familia, tonto! Igual que tú. Haremos una gran fiesta llena de baile, comida y bebida… ya sabes cómo somos los Viraki…
Sí, lo sabía. Michael y Yar’lin se habían conocido en la Secundaria de Talos, a donde asisten los hijos de los funcionarios que se encuentran en Talos por alguna razón, por lo que la mayoría son hijos de políticos.
—Quisiera ser Viraki… ¿ya has tenido sexo?
—Sí, muchas veces —le dijo ella sentándose sobre la cama y abrazando una almohada. —¿Tú no?
—Eh… sí… también… claro.
Pero Yar’lin no le creyó y se rió.
—Se te nota que no, Michael, mentiroso.
—Es que… es diferente para nosotros…
—Si quieres tener sexo conmigo puedes tenerlo —le dijo ella con total naturalidad— después de todo eres mi amigo y eso es lo que hacemos los amigos.
Michael se quedó boquiabierto.
Pareció meditar la oferta por algunos segundos… indeciso e incapaz de saber que hacer realmente, hasta que alguien tocó a la puerta desde afuera.
—Pa… pase… —dijo él. Las puertas plegadizas se abrieron dejando entrar a su madre Alara.
—La cena está lista —anunció y ambos adolescentes salieron del aposento rumbo a la cocina. Allí se sentaron sobre la mesa junto a Alara y Richard. El perro Cuasar se acostó sobre el suelo cerca de Michael.
Alara le sirvió a cada uno un plato de espaguetis con albóndigas. Cuasar se aproximó suplicante a Richard quien le lanzó una albóndiga que atajó en el aire con el hocico. Satisfecho, volvió a acostarse.
—Esto sabe muy bien, Sra. Sevilla —le dijo Yar’lin a Alara.
—Gracias. Es un platillo tradicional de la Tierra de hecho. He aprendido a cocinar muchas recetas humanas.
—Aún así te sale más sabrosa la comida Xith mi amor —le dijo Richard— que por cierto hace mucho no probamos. ¿Qué cenaremos para el Día de la Confederación?
—Pensé en cocinar algo que no sea ni terrestre ni Xith… digo por aquello de la neutralidad. Estuve viendo recetas Sáuxer pero todo es muy salado y… —el timbre en la entrada principal les interrumpió. —¿Quién será? No esperamos a nadie hasta mañana.
—Yo iré —dijo Richard levantándose. Al abrir la puerta se encontró con una vieja amistad. —¡Zum! —dijo extendiendo los brazos en una invitación para abrazar a su amiga. La Teluni hizo lo mismo aunque ella tenía cuatro brazos. Se estrecharon en un sentido estrujón. —Llegas antes de tiempo…
—Sí, la dilación de tiempo estimada por el viaje entre mi previo destino y el actual fue más breve de lo que calculé. Me disculpo de antemano por las posibles molestias que mi llegada imprevista les cause.
—¡Para nada! No seas tonta. Ninguna molestia.
Alara se levantó también y saludó a su mejor amiga con afecto.
—¡Zum! ¡No te había visto en meses!
—Eso no es del todo cierto, amiga mía, hablamos por videófono con una frecuencia cuando menos semanal —corrió ella— a menos que te refieras a vernos en persona, en cuyo caso tienes razón, ha transcurrido mucho tiempo desde nuestro último encuentro interpersonal.
—¿Cómo estás? ¿Cómo va esa carrera científica?
—Excelente. Pronostico con un 85% de probabilidades que el Ministerio de Ciencia me nombrará el próximo año directora del Instituto Científico en el Sistema Cerapix. Un cargo muy importante.
—Bien merecido.
—¿Y dónde está mi ahijado? —dijo Zum refiriéndose a Michael quien también se levantó y la abrazó. —Sé que los regalos se deben abrir hasta la medianoche del Día de la Confederación pero, rompamos la tradición, toma ya de una vez —dijo sacando de su maleta un caro simulador holográfico de juegos de video.
—¡Madrina! —exclamó Michael asombrado por su regalo— ¡Gracias! ¡Esto está genial!
—Que exagerada eres, Zum —regañó Alara— estos simuladores son carísimos.
—Tu preocupación por el costo de inversión económica del obsequio es totalmente infundada. Mi ahijado lo amerita y es un gesto que hago con total y completo desprendimiento. —Michael se le quedó mirándola como si no entendiera que quiso decir— ¡No es nada! —resumió.
—¡Vamos a estrenarlo Yar’lin! —sugirió Michael y su amiga consintió, partiendo ambos a la habitación a jugar.
—¡Hey! ¿¡La cena!? —llamó Alara sin éxito, pues fue ignorada.
—Déjalos jugar —descartó el siempre condescendiente Richard.
—¿Esa es la novia de Michael? —preguntó Zum.
—Ni los dioses lo quieran —respondió Alara— ven Zum, te serviré algo de cenar. Debes tener hambre. Cuéntanos todo con respecto a ese nuevo cargo que te van a dar.