XV

Existía en el Imperio Anaki un sistema planetario binario, es decir, dos planetas de similar tamaño que se orbitaban uno al otro, situados en un sistema solar fronterizo. Aunque parte oficial del Imperio, gozaba de una inusitada autonomía y era en general considerado territorio neutral incluso en tiempos de guerra, debido a la naturaleza del negocio que se realizaba allí: la prostitución.

Sin embargo no era cualquier tipo de prostitución, pues la totalidad de las mujeres o esclavas sexuales que trabajaban en Sadam y Gamara eran organismos artificiales; androides femeninos, o más precisamente, ginoides.

Hombres muy poderosos y ricos de todas partes de la Galaxia y de muy variadas especies llegaban a ser atendidos por las legendarias ginoides de Sadam y Gamara. Los dos planetas eran administrados por un empresario particular llamado Arik Mashurg, pero la mitad de las ganancias (que eran muchas) iban directamente a las arcas del Imperio y por eso a Mashurg se le permitía una serie de libertades que no tenía ninguna otra colonia Anaki. Era necesario, por ejemplo, que los clientes se sintieran seguros y supieran que no iban a ser molestados, espiados o interrogados aunque provinieran de mundos enemigos del Imperio Anaki, como los Asociados. Es por ello que, por un Decreto Imperial firmado por el entonces Emperador Tammur , se declararon prohibidas todas las actividades policiales, militares y de inteligencia en Sadam y Gamara excepto por brindar protección y seguridad a los visitantes y colonos residentes.

Fue a este lugar a donde llegó el general Osthar Larg tras un largo periodo de tenso y duro trabajo para el Imperio.

—Bienvenido sea, General —le dijo Mashurg quien lo recibió en persona, como solía hacer con todo cliente importante. Mashurg era un Anaki gordo, calvo y con una gran papada. Estaba rodeado de hermosas mujeres ginoides sonrientes y semidesnudas.

—Gracias —respondió al salir completamente de la nave en que llegó y luego observó con atención a las ginoides. —Es asombroso —dijo tocando a una en el hombro la cual sonrió aún más— son casi idénticas a una mujer orgánica. A la mayoría de los androides se les reconoce de inmediato, pero estas chicas son muy reales. Hasta la piel se siente casi como si fuera real.

En general los androides en el Imperio Anaki y en todos los estados de la Galaxia que los tenían, eran fácilmente identificables por su aspecto artificial y parcialmente robótico. Normalmente carecían de cabello y de piel artificial por lo que estaban recubiertos por materiales sintéticos o plástico. Muchos de ellos no utilizaban ropa (pues no tenían genitales) y los que la usaban por lo general usaban uniformes obreros que tenían alguna relación con sus labores.

Pero las ginoides eran distintas. Su labor como compañeras sexuales obligaba a que fueran lo más parecidas posibles a una mujer orgánica. Estaban recubiertas de piel sintética cuya textura era muy similar a la natural, tenían cabello, vestían ropa. En realidad solo las delataban tres cosas; los ojos que aunque muy similares a los de una persona orgánica no eran húmedos, la piel que aunque casi idéntica a la biológica siempre tenía un cierto grado de artificialidad especialmente por la carencia de poros y el que nunca sudaban, y un aspecto que fácilmente pasaba desapercibido; el olor, el hecho de que nunca producían ningún olor corporal.

—¿De que apetece recibir servicio hoy, General? —continuó Mashurg— la mayoría de nuestras chicas están basadas en el aspecto siriano, como puede ver —dijo en alusión a las mujeres que lo rodeaban que en efecto mostraban los ojos amarillos de pupila rasgada que tienen los Xith, Anaki y Drosh; tres pueblos que aunque separados por la política y la cultura pertenecían a la misma especie nativa del Sistema Sirius— pero tenemos también chicas que asemejan a humanas, Viraki, Sáuxer, etc., para gusto de nuestra variada clientela.

—¿Tiene un catálogo?

Mashurg le acercó una tableta táctil en donde el propio Osthar podía ver las fotos y moverlas con su dedo índice. Seleccionó diez que más le gustaron y Mashurg las llamó.

Ya en vivo Osthar pudo observar los productos que se le ofrecían más de cerca. Había unas voluptuosas, otras esbeltas y gráciles, algunas curvilíneas, otras más rellenas, algunas de aspecto rudo como de dominatriz y otras más bien parecían inocentes y frágiles. Pero de todas, una le llamó particularmente la atención. Le atrajo de inmediato en una forma especial. Era una ginoide que asemejaba a una mujer humana pelirroja, ojiazul y de piel muy blanca. Vestía un traje de noche negro muy elegante y tenía un cuerpo perfecto, o así le pareció.

—Ella, la número 3 —dijo señalándola. Mashurg la llamó y la ginoide pasó al frente mientras las demás se fueron.

—Excelente elección, General. Ella es un modelo Exxil y su número de serie es el 88, uno de los primeros cien en salir. Su programa le permite realizar cerca de 230 prácticas eróticas diferentes y está diseñada por satisfacer sexualmente a 75 especies distintas.

—Perfecto —declaró Osthar.

—Bien… la tarifa…

—Sí, sí, quiero el servicio completo. Me quedaré varios días —dijo entregándole una tarjeta bancaria— y puede cobrarse su propina también.

—Gracias General —adujo zalameramente Mashurg con una reverencia y se dirigió a realizar el cobro. Mientras un sirviente llevó a Osthar y a Exxil hasta la habitación que le habían asignado.

—Bueno, amo, ¿Cuáles son sus indicaciones? —preguntó ella removiéndose el vestido una vez que el sirviente se había ido y quedaron solos en la habitación. Quedó totalmente desnuda en frente de Osthar y se acostó provocativamente sobre la enorme cama matrimonial.

—Tenemos tiempo para eso, podemos conversar —dijo él mientras se servía un trago de alcohol del minibar— o al menos tengo entendido que las ginoides no son sólo máquinas sexuales sino que también son diestras en distintos artes, incluyendo el de la conversación. Y lo de máquina sexual lo digo sin intención de ofender.

—Descuide amo. Sí, se supone que estamos diseñadas para ser la compañía perfecta, mi señor.

—¿Cuánto tiempo tienes de trabajar acá?

—Desde que me construyeron y activaron, hace unos 20 años.

—Eres nueva.

—Podría decirse. Una de mis compañeras tiene apenas 4 años de funcionamiento.

—¿Con cuantos hombres has estado? Como androide debes de recordar todos y cada uno ¿o no?

—Espero no le preocupe la higiene, Amo. Sepa que tras terminar con cada cliente somos esterilizadas totalmente y que no podemos contraer o contagiar enfermedades…

—No, no —interrumpió— no es eso. Es sólo curiosidad.

—He estado exactamente con 15.567 clientes, Amo. Sin contarlo a usted. Tome en cuenta que es una carrera de veinte años sin vacaciones o días libres y que en algunos casos serví a dos o más clientes a la vez.

Osthar terminó su copa sintiéndose culpable. Era una ginoide… una máquina… pero como todos los androides tenía inteligencia artificial y eso quiere decir que podía pensar, sentir y razonar.

—¿En verdad estás diseñada para dar cualquier tipo de placer?

—El que gustes amo. Cualquier rol que desees. Puedo ser una fiera dominatriz o puedo ser una temerosa virgen, o puedo ser una guerrera enemiga atrapada en batalla que está a punto de ser forzada por un poderoso señor de la guerra rival… a la mayoría de los Anaki les encanta ese rol…

—¿Puedes ser una amante enamorada? —preguntó. Exxil no supo como responder. Aún así Osthar se le aproximó y la besó. Tras lo cual se removió la ropa y la poseyó por primera vez.

Y así estuvo Osthar con Exxil durante tres placenteros días. En efecto la ginoide estaba extremadamente bien diseñada. Quienes la diseñaron pensaron en los más pequeños detalles; sus dientes podían retraerse dentro de la encía y sus labios volverse más protuberantes para dar más placer a la hora de hacer sexo oral, su vagina podía cambiar de forma y tamaño adaptándose al pene que la penetraba, sus piernas eran capaces de flexionarse en formas que ninguna mujer orgánica podría, etc.

Pero había más que sólo sexo genital. Exxil conocía los puntos erógenos de la anatomía Anaki (y de otras especies) como sólo una computadora puede hacerlo. Podía usar sus labios o sus manos para ejercer presión sobre tales puntos con cálculos matemáticos perfectos y podía cambiar su personalidad y hasta su tono de voz para cumplir cualquier fantasía. En síntesis, era la pareja sexual perfecta.

—La he pasado muy bien en estos días, Exxil, te estoy muy agradecido —le dijo Osthar en la mañana de su último día ahí. Ambos yacían desnudos sobre la cama y bajo las cobijas.

—¿Puedo preguntarte algo personal, amo?

—Por supuesto.

—¿Eres casado?

—Sí. Tengo dos esposas.

—¿Y las amas?

—A una de ellas la amo. La otra… fue un matrimonio por conveniencia y nunca nos hemos llevado muy bien. Hay algo en su personalidad… que no sé… en cambio mi primera esposa es… militar como yo… y es plebeya. La conocí en una nave espacial que comandé durante las Revueltas de Gárinor. ¡Era tan fuerte y valiente!

—Siempre he tenido la impresión de que los hombres Anaki prefieren mujeres sumisas y recatadas…

—Bueno, algunos sí. Pero al menos los Anaki no somos tan machistas como nuestros primos Xith. ¿Sabes que ellos no dejan que sus mujeres sean militares? Te sorprenderías de cuantos Anaki de la Guardia Imperial prefieren casarse con colegas.

—Y si amas a tu primera esposa ¿por qué vienes aquí?

Osthar meditó un poco. Él mismo no estaba seguro.

—Mis dos esposas son mujeres muy hermosas y además podría tener cualquier amante o concubina que yo quisiera… pero… no sé. Escuché hablar de las ginoides y su trato especial hacia sus clientes… creo que necesitaba un poco de eso… de esa devoción y de esa, no sé, ternura. Amo a Zammara pero ella es muy ruda y ha sido algo endurecida por una vida en el Ejército y Linnath… bueno… ella no se preocupa por nadie que no sea ella misma. Yo soy el que siempre las cuida… las protege y vela por ellas y a veces estoy cansado de tener siempre ese peso en mis hombros. Quería descansar de ello una vez.

—Entonces necesitabas a alguien que te consintiera.

—Algo así. Alguien con quien poder expresarme libremente y poder decir lo que pienso sin temor, sin que al mostrarme vulnerable vayan a dudar de mi hombría. Alguien que no le importe lo que digo pero finja que le importa. Aunque sé que es un teatro y que eres una esclava. Que mañana tendrás otro cliente al que harás lo mismo u otras cosas inimaginables.

—¿Te irás hoy, amo?

—Sí. Mis vacaciones han terminado y debo regresar a mis deberes. Soy jefe de seguridad en una colonia Anaki llamada Shaggath. Es un planeta horrible y pantanoso habitado por verdaderos monstruos.

—Te extrañaré. Y lo digo en serio. La mayoría de los clientes no son tan amables como tú, amo.

—Yo también te extrañaré Exxil… y puedes llamarme Osthar.

—¿Volverás?

—Sí.

—¿Lo prometes?

—Sí, lo prometo.

Y Osthar era un hombre de palabra. En efecto volvió un año después. Tras esto visitó con cierta frecuencia Sadam y Gamara. A veces dos o tres veces por año, pero cuando estaba realmente ocupado pasaban dos o tres años sin poder asistir, especialmente cuando fue comandante militar del Imperio en Sarconia justo durante la cruenta guerra. Y cuando los Anaki tuvieron que retirarse del planeta Sarconia derrotados, fue él quien cargó con la culpa.

Orión , capital del Imperio Anaki, 2160.

—Y he aquí que me presento humildemente ante ti, Majestad —dijo Osthar de rodillas y con la cabeza agachada ante el trono del Emperador— pues he sido derrotado en batalla y como comandante cargo sobre mí enteramente la culpa de mi fallo y he traído vergüenza y deshonor a mi Casa. Sólo con mi muerte o tu perdón mi familia se librará de mi infamia. Así que a ti, oh poderoso Emperador, te ofrezco mi vida.

Y diciendo esto desenvainó su espada ritual, una espada que sólo usaban los guerreros Anaki en ceremonias como aquella donde se quitaban su propia vida para limpiar un deshonor, y la colocó sobre su propio pecho.

Aquella escena era vista con atención por toda la Corte Imperial. La vida de Osthar dependía ahora de lo que hiciera el Emperador en los próximos segundos. Entre los más interesados testigos estaba Aruk Durgas, miembro de la Corte Imperial y consejero del Emperador en asuntos económicos. Se saboreaba de antemano el momento en que su odiado enemigo enterrara su espada en el esternón y su sangre verde se regara por el suelo.

Pero, para su desgracia, el Emperador levantó la mano derecha.

—Alto, Osthar Larg —declaró— has servido fielmente al Imperio. Aquí con los dioses y la Corte Imperial de testigos, yo te perdono la vida. Tu deshonor es lavado por mi perdón.

Los miembros de la Corte empezaron a murmurar entre sí, pero luego aplaudieron… todos menos Durgas quien rabió y dejó la sala. Osthar se levantó y reverenció de nuevo al Emperador.

—Gracias, Su Excelencia. Estoy a la espera de que me indique como puedo servir de nuevo a Su Alteza y al Imperio.

—¡Maldición! ¡Maldición! —rabiaba Durgas en los jardines del Palacio Imperial. —¿Por qué? ¿Por qué lo perdonó el Emperador? ¡Esto no tiene sentido! ¡Larg fracasó! ¡Larg trajo derrota al Imperio!

—No seas tonto, Durgas —le dijo una voz entre las sombras. El que habló salió a la luz mostrando su cabeza calva y nariz afilada. Se trataba de Korok Yorgos, conocido como el Carnicero de Régulus y el Verdugo de Sarconia por sus infames crímenes de guerra. —El Emperador jamás hubiera permitido que Larg muriera.

—¿Yorgos? —dijo Durgas reconociéndolo— ¿Qué sabes de las razones del Emperador para perdonar a Larg?

—Lo que sabe cualquier persona con cierto sentido común. El Emperador puede ser en teoría el hombre más poderoso del Imperio, pero en la práctica su poder deriva de las Casas Nobles sobre las cuales se sostiene. Ningún Emperador que haya perdido el respaldo de la Nobleza ha logrado terminar su gobierno sin ser depuesto o asesinado. Larg pudo haber perdido la Guerra de Sarconia, pero aún es poderoso e influyente entre las Casas Nobles y tiene muchos aliados. Es una figura bastante popular por su entrega desinteresada y es además considerado un gran héroe por varios escuadrones de la Guardia Imperial y ningún Emperador sería tan tonto de enfurecer al Ejército.

—Pero su derrota debió haberlo debilitado…

—Los militares saben más de estas cosas que los mismos nobles. Ellos saben que la decisión de retirarse de Sarconia fue la mejor para salvar al Imperio. Sé de buena fuente que antes de que Larg llegara hoy varios generales y coroneles intercedieron ante el Emperador pidiéndole clemencia por él.

—Tiene que haber una forma de derrotarlo. Si él es poderoso e influyente en algunos círculos yo también lo soy…

—Sí, sí… la Casa Larg y la Casa Durgas han sido enemigos jurados por cientos de años desde que… ¿Qué fue lo que inició todo? ¡Ah sí claro! Cuando su tatarabuelo violó a la bisabuela de Larg ¿cierto?

—El origen de la disputa no importa… hace 30 años Larg mató a mi hermano menor en un duelo. Deseo vengarme de él. Destruir su Casa y tomar como esclavos a sus hijos y sus esposas.

—Muy bien. Yo le ayudaré en esa labor, Durgas, ya que somos primos lejanos. Pero te costará muchísimo dinero…

—¡Te pagaré lo que sea…!

Ambas figuras dejaron el jardín, ignorando completamente que estaban siendo escuchados por una humilde criatura que se encontraba podando las flores.