Elentari se enamora de Gondor

Muy pronto Elentari sería una parte muy importante para la vida Gondor, era la mismísima Reina de las Elfas quien pondría sus ojos sobre él todo el tiempo.

Ahí comenzaría una disputa sin cuartel por el amor de Gondor entre la diosa Lúthien y la Reina Elentari.

Luciel que sabía de este triángulo amoroso, temía que en algún momento ellas provocarían una gran conflicto llegando incluso a poner en peligro a que estallase una guerra entre las diosas del Abgal y las elfas de Arcoluz.

El Rey de un modo otro trataría de intervenir indirectamente y evitar que esto llegue a mayores.

Sin duda alguna este semidiós sí que era muy afortunado con el amor que no solo con agraciadas e inteligentes mortales que se han enamorado de él, sino también diosas, elfas y pleyadianas.

No es de sorprenderse que el genere tal atracción irresistible en las féminas, si este ser es un semi-dios, gran héroe de guerra, agraciado y lo más importante de todo, es hijo del mismísimo Rey de los dioses Luciel y la legendaria guerrera Bryinhildr.

En las llanuras de las afueras del palacio élfico, Elentari junto con Indir y tres de sus guerreras se encontraban midiendo esa tierra para construir un poderoso cuartel. Ellas debían estar bien protegidas en caso de un ataque sorpresa de Nazgul y los suyos. Esta fortaleza sería la más grande y poderosa de todo Arcoluz. Docenas de miles de elfas serían las encargadas de custodiar la fortaleza, además de unas 1.000 naves de combate.

Gondor aún dormía plácidamente mientras ellas hacían las medidas para trazar los planos. Ya despierto preguntó a una de las elfas sirvientes donde se hallaba Elentari a lo que ella contestó que fueron a las llanuras a hacer unas medidas para la construcción de una fortaleza de batalla. Gondor no tardó y llegó al lugar.

-Amigo sean bienvenidos, dijo Indir.

-Mi Reina Elentari está muy cerca de aquí.

Ambos se pusieron de rodillas en posición de reverencia hacia la Reina cuando esta se acercó

-Reina de las Elfas seas bienaventurada, dijo Indir.

Gondor nuevamente se quedó paralizado al contemplar la hermosura de Elentari, su rostro iluminaba con gran esplendor, con su corona de incontables diademas hechas de zafiro y diamantes, sus cabellos de oro sueltos hasta la cintura que la hacía ver aún más sublime y una sonrisa apacible. En ese momento se encontraba vestida con ropas cortas de color blanco-amarillo que hacía combinación con su escultural cuerpo.

Ella siempre lo sorprendía con sus nuevas vestiduras, quería volverlo loco de deseo y pasión.

-Gondor, di algo que estamos antes la presencia de una Reina. Dijo Indir.

-¡Ahh!, seas loada Reina de las Elfas y perdón por mi falta de cortesía pero cada día me sorprendes más con tu belleza angelical.

Elentari mirándole a los ojos vio su interior y solo encontraba pureza, inocencia, amor, bondad, luz y mucha, mucha nobleza.

-No te preocupes mi querido Gondor, acompáñanos en la construcción de esta fortaleza.

Cuando acabó de decir esta verdad, los ojos de Elentari se iluminaron y no demoró en nada el acercarse a Gondor y cogerle de las manos para que camine junto a ella.

-Ven mi Gondor hijo del Gran Rey de los dioses Luciel, vamos a uno de mis palacios que se hallan al otro lado del mar de cristal para que os sirváis el mejor banquete, a que degustes de los mejores platos y bebidas que tenemos a vuestra disposición.

-Gracias adorable Reina, sois muy amable.

Una vez que cruzaron el mar de cristal, cuando llegaron a uno de los palacios de la Reina, Gondor vio la sublime infraestructura del lugar, todo era completamente hecho de oro y piedras preciosas, su impresión era notoria y ¿quién no? al ver semejante bellezas paradisíacas.

En el salón donde se iban a servir el banquete, había algunas Elfas reales y su belleza era impecable, Gondor aún más se sentía deleitado al observar la hermosura de aquellas mujeres inmortales.

Elentari habló y dijo a Gondor que se pusiera una vestimenta y que pasara a una de las grandes habitaciones, que ella y las demás lo esperarían en la mesa de banquetes.

Dos de las elfas acompañaron a Rodnog a que se cambiase de ropa, mientras él se desvestía ellas contemplaban atónitas al verlo desnudo y viendo su intimidad, sintieron sensaciones jamás experimentadas y un extraño deseo corría por su interior.

Cuando se acabó de vestirse, tanto las dos elfas como otras que caminaban por los pasillos, se quedaron atónitas al verle al semi-dios vestido con tal esplendor.

Vestía un atuendo de color celeste y concho de vino, una capa larga color azul que estaban incrustados diamantes y zafiros y unas botas negras que combinaba con su mirada angelical, sus cabello rizado color negro suelto y sus ojos negros profundos.

Al entrar al salón, la mirada de Elentari brillaba mucho más y llamando a una de las elfas le indicó que pusiera una silla a lado de su trono para que Gondor se siente junto a ella.

Indir se quedó sin palabras al ver lo que Elentari cortejaba a Gondor. Luego procedieron a degustar del banquete y él se sentó a lado de la Reina.

Se pasaron conversando de muchas anécdotas de los años dorados de la Reina y de sus grandes batallas que tuvo en su antiguo hogar, en la Vía Láctea donde luchó con Dracos, vampiros, licántropos, los dioses Anunnaki y peligrosas serpientes de los profundos mares.

Gondor le preguntó a la Reina que siendo tan bella, inmortal, sabia, poderosa y noble, no tenía un Rey a su lado.

Ella le contestó:

-Solo uno es digno de mí, y es aquel quien está sentado en estos momentos a mi derecha.

Esto lo decía refiriéndose a Gondor.

Luego de acabar el banquete y la plática, Elentari fue a un rato a pasear con Rodnog por los jardines reales, ambos se sentaron en una banca y unas palabras dulces susurró ella a sus oídos.

-“Tu eres el hijo de Rey Luciel, por lo tanto perteneces a un alto linaje”.

-Espero verte pronto por aquí mi querido Gondor.

Era el final de la tarde, Elentari, Indir y Gondor se despidieron con mucho agradecimiento de la gran hospitalidad de las Elfas.

A partir de hoy se desataría un feroz enfrentamiento entre la Reina Elentari y la diosa Lúthien por el corazón de Gondor.

Lúthien que todo lo sabía, entendía la intenciones de Elentari que era de arrebatarle de sus manos a Gondor y casarse con él, y todo esto se debía al linaje que corría en sus venas, él era hijo de un dios.

-“No me vas a quitar al gran amor de mi vida Elentari, aunque seas una Reina de los altos mundos de Andrómeda, no será lo suficiente para vencerme”. (Lúthien)

-Gondor, ¿Estas bien?

-Si Elentari, ¿por qué me preguntas eso?

-Porque te veo algo pensativo, quizá sea por Lúthien.

-¿Sigues amando a tu esposa?

-La verdad que me siento confundido, no sé qué decirte.

-No te preocupes por ella. ¿A caso no te gusto?, ¿No te atraigo?

-Eres demasiado hermosa Reina que por tal razón vine contigo a tu mundo.

-No es mi mundo Gondor, es nuestro mundo, tú sabes que deseo tenerte a mi lado para toda la eternidad.

Ellos saldrían a recorrer los hermosos paisajes y a estar a solas por largas horas. Parecían unos niños que jugaban y jugaban, hacían picnic con muchos majares. Ella cogió de las manos a Gondor y mirándole a los ojos intentó besarlo, más él la esquivó.

-Elentari yo te veo al igual que Sharon como una gran amiga y aliada, no deseo traicionar a Lúthien, ella no se merece esto.

-Quiero agradecerte por todo y es mejor que regrese a Aradia. En algún otro momento hemos de ir a los demás mundos de Arcoluz.

-¿Te vas Gondor?

-Es lo mejor mi Reina, nadie desea que entre nosotros exista una guerra interna, ya es más que suficiente lidiar con las Criaturas de las Tinieblas y especialmente con Lord Nazgul.

Finalmente Gondor regresaría a Aradia y una vez más dejando un corazón roto. Elentari se había enamorado profundamente y esto lo mantendría en su corazón por el resto de la eternidad. Hubo príncipes, poderosos guerreros, nobles de los más altos linajes que cortejaban a la Reina pero ella decidió no tener una Rey en su trono. No perdía la esperanza que alguna vez Gondor renunciara a Lúthien y decidiera escogerla.

Algo que a la posterior se le haría realidad cuando Gondor en la persona de Rodnog encarnaría como mortal. Esa sería la única vez que Gondor apartaría su corazón de Lúthien y accediera a las pretensiones de Elentari.

Una vez que Gondor llegó a su amada Aradia, fue a la cabaña donde su madre la esperaba para beber del néctar delicioso del zumo de naranja y unos pasteles de fresa, que eran sus favoritos.

Ni bien acabó de llegar Lúthien la aguardaba en las afueras de la cabaña para darle la bienvenida y aconsejarle que no se viera más con Elentari, que las intenciones de ella eran muy claras y que estaba dispuesta a hacer lo necesario para tenerle a su lado.

Fue por eso que Gondor decidió no viajar a los restantes mundos de Arcoluz para no seguir siendo tentado por la Elfa que por un poco más y hubiera intimado con él.

-Mi amor, no quiero que te expongas más ante esa Elfa provechosa que por tener el favor de tu padre y tuyo, no le da derecho a que te atraiga hacia sí como que no tuviera esposa.

-Lo se amada mía y es por esa razón que suspendí los demás viajes a los otros mundos de Arcoluz para regresar lo más pronto posible a Aradia.

-¿Prometes que nunca más te verás a solas con Elentari?

-Lo prometo Lúthien, lo prometo.

-Quiero que me hagas el amor Gondor, pasemos todo el fin de semana juntos en una de las cabañas cercanas al valle de Norfer.

-Como desees amada mía.

Todo el fin de semana pasaron juntos intercambiando sus energías sagradas entregándose con pasión y amor. Los dos al unir sus cuerpos experimentaban “EL TODO LO QUE ES”.

En el palacio de Elentari ella constantemente tenía en mente a Gondor, no podía olvidarlo y esto le llevaría a tomar la decisión de alejarse definitivamente de él. Solo cuando daría comienzo a la Gran Guerra Elentari sería obligada a intervenir para derrotar definitivamente a Lord Nazgul, Mordor y Phantom.