40- Mean spells

Me miré en el espejo de la cabina y luego la miré a ella a través del vidrio. Revisaba su celular, sus dedos tecleaban rápidamente. Sus gestos, sus expresiones, sus manías hablaban su propio idioma. Cómo cuando se paraba de pronto ante un pensamiento y mantenía los brazos doblados a cada lado de la cintura, en esa postura que le hacía resaltar su espalda esbelta y su dulce trasero. Tenía su lenguaje propio, un lenguaje que predestinadamente coincida con mi idioma callado, sensorial, como si tuviésemos el sol y la luna encerrados en nuestro cuerpo y al juntarnos eclipsáramos al mundo. Nunca me paso con nadie más, podría ser rara sin sentirme rara. Ella abrazaba todo aquello que sentía me hacia distinta y lo volvía lo más precioso de mi. Sus hombros, su piel, sus senos, sus manos, sus dedos, su celular rosado. Rescato mis ojos recorriéndola de arriba abajo en el espejo. Subí la mirada y Rocío me observaba con sus ojos tan penetrantes como una piedra enterrada en el fondo del pozo. ¡Qué vergüenza! Aparté la mirada.

- ¿Y qué te dijo tu mamá? – Le pregunté intentando disimular mi sonrojo.

- Flaca mi mamá me dijo que me fuera en avión – Murmuró con seriedad, como si hubiese estado observándome ella también desde hace rato.- Entonces no sé qué hacer por qué me puedo ir en bus, ahorro el pasaje en avión, y así me queda mucho más dinero para gastármelo por allá- Agregó sonriente.- Y así viajo en autobús que era lo que yo quería desde el inicio. ¿Tú por fin si irás este fin de semana?- Pregunto con sumo interés. Por Dios, ¿me estaba preguntando si viajaría con ella? Se me detuvo el corazón, la verdad mi pasaje ya lo tenía desde hace un mes para esa semana que ella viajaba, como Meiby estaba en Mérida viajaba constantemente y lo había comprado antes de semana santa, cuando todavía no había roto con Meiby. Pero ahora el panorama era otro y el viernes tenía un examen en la Universidad que no podía perder.

- Pues mi pasaje es para el Jueves- Le respondí tímidamente, soné como si estuviese admitiendo que viajaría cuando no tenía pensado viajar, odié eso.

- Aja ¿pero quieres que viaje contigo? Por qué si no quieres vamos entonces y compramos ese boleto de avión para el miércoles – Agregó mirándome con interés - Solo decía que para esperarme hasta el miércoles era mejor irme el Jueves contigo y así no viajaba sola.

- Claro – Añadí asintiendo con la cabeza - osea pero ¿Tú quieres viajar conmigo? – Pregunté con torpeza. Me hacía la tonta.

- Claro que quiero viajar contigo, pero como tú no me has dicho nada, dime qué quieres viajar conmigo, por qué si no quieres está bien – Preguntó. Sentía que sostenía un piano sobre mis hombros. “Por Dios viajar con ella, era una oportunidad perfecta para compartir más tiempo juntas, y tal vez besarla o acariciarla...” – ¿Por qué no quieres viajar conmigo? ¿Me tienes miedo? – Agregó de repente con gran seriedad. Por supuesto que no le tenía miedo, me quería lanzar sobre ella y besarla en ese preciso momento.

- Sí quiero viajar contigo- Me encogí de hombros.- No te tengo miedo – confesé algo ofendida- Perdería mi primer parcial de sociología yendo a Mérida ese fin de semana, si le decía eso a Rocío me diría que era mejor que no viajara con ella, jamás hubiese entendido mi absurda necesidad de tenerla cerca y poder acariciarla o besarla. Habría pensado que estaba perdiendo el juicio. La misma Mía se preguntaba si ya había comenzado a perder el juicio por su lirica romántica.

- Bueno, entonces vamos a comprar mi pasaje. – Me sonrió y no pude evitar sentirme feliz.

- De acuerdo, tomé mi bolso, salimos de la cabina, y nos dirigimos al terminal de pasajeros.

Camino al terminal continuaba pensando en lo que estaba a punto de hacer, pensé varias veces en decirle a Rocío que lo lamentaba pero que ese viernes tenía un parcial y que era de suma importancia. No podía creerme que perdería un parcial, estaba totalmente loca. Ella probablemente aceptaría sin mucha decepción que no la acompañara en el viaje y terminaría en Mérida enrollándose con alguien más. Sabía que si no viajaba con Rocío se olvidaría totalmente de mi cuando llegara a Mérida, y terminaría pasando la noche con alguna chica linda que hubiese conocido en la discoteca. Las muchachas como ella, no solían fijarse en chicas como yo, estudiosas, tranquilas y bien portadas. Ella era realmente guapa, un imán de mujeres, mujeres muy lindas de seguro. Le gustaba fumar yerba y estar con mujeres, yo era solo la del momento. Si de verdad la quería para mi debía besarla y dejar que mis encantos ejercieran dominio sobre ella. Si la besaba sabría si era para mí, tal vez mi dulzura lograra atraparla y se quisiera quedar conmigo. Soy de esas que piensan que un beso dice más que mil palabras, y necesitaba besarla, me volvería loca si no terminaba de comprobar que lo que sentí esa noche cuando bailamos juntas era real. Comprobar que todo ese deseo por poseerla se agitaba aún adentro de mí. Ella por su parte no mostraba señales de estar interesada, la acompañaría a comprar su pasaje y luego se iría a San Juan y en todo la tarde no me había besado. No me había dicho que le gustaba, no había intentado ningún movimiento que la dejara en descubierto, ni siquiera habíamos hablado de nosotras y aquel baile fortuito que compartimos. Y yo quería pasar más tiempo con ella, acariciar su cabello y viajar en un expreso de bus, había perdido el poco sentido común que no sabía que tenía.

Cuando llegamos al Terminal del Este le dije a la señorita de la taquilla la fecha y la hora para la cual estaba comprado mi pasaje. Rocío dio su número de cédula y ya estaba listo, sin mayor esfuerzo Rocío Lacruz viajaría conmigo el próximo jueves, pasaríamos toda la noche juntas en un autobús camino a Mérida, la ciudad donde la conocí y me había topado con ella por primera vez.

Al llegar a la estación del Metro del terminal la Bandera había un carro que estaba llevando pasajeros a San Juan en algo nuevo que llamaban “carrito por puesto”. Rocío aprovechó de irse allí, me dio un abrazo y se montó en el carro. Todo pasó tan rápido. Me sentí de pronto tan decepcionada de que no me hubiese besado, sentí que éramos solo dos amigas que se despedían, ¿dónde quedaba el romance? ¿Y todo lo que yo sentía? Había sido realmente estúpida, estaba claro que ella solo quería una amistad, y yo debía actuar rápido antes de que termináramos siendo amigas, ¿o ya era demasiado tarde? Tal vez me había visto muy inocente para ella, tal vez buscaba a alguien más salvaje y yo aún no la había besado. Comencé a bajar las escaleras mecánicas que me introducían en el metro y las lágrimas comenzaron a caer, me sentía tan tonta de estar llorando, no pude evitar que me corrieran por las mejillas, simplemente estaba demasiado decepcionada de mí, de ella, de todo.