39- Pick a phill
- ¿Y bien que hay sobre Adriana? – terminé por preguntarle mientras tomaba Nestea,
- ¿Adriana? ¿Quién es Adriana?
- Sí la muchacha de cabello rizado, ella me contó que la habías detenido en el baño y le habías dicho que te encantaba su cabello y que habían estado a punto de besarse – Dije apresuradamente fingiendo normalidad.
- ¿Qué?, No vale nada que ver, yo estaba en el baño esperando a la flaca y ella fue la que me habló a mí, yo le dije que me gustaba su cabello, pero no como un cumplido sino por qué realmente lo llevaba con estilo, no por qué le estuviese coqueteando – Añadió mientras recordaba aquella escena. Al parecer tenía a otra amiga a la que también llamaba flaca.
- -Ella me dijo que le estabas coqueteando, y que le habías pedido un porro – La mire fijamente.- …que le pediste su número y que casi se besaban – Agregué encogiéndome de hombros.
- ¿Qué? ella me preguntó que si tenía un porro, ella me pidió un porro a mí – Note como sus ojos me investigaban buscando que la mirada con desaprobación.- Yo le dije que no, y ella me dijo que le avisara si conseguía uno.- Añadió
- Ella fue quién me invitó a bailar, yo le dije que no y ella insistió e hicimos como una especie de baile gracioso en el baño, eso fue todo, luego de eso salió la flaca y yo me fui con ella – Agregó con firmeza.
- ¿Y por qué no bailaste con ella? – Pregunté.
- Por qué no me gustaba, no quería, de hecho esa noche casi ni baile, la flaca estaba con su novia, y Enma estaba con un despecho, bailé sola casi toda la noche hasta de que me sacaron a bailar.
- Entiendo – Agregué dándole un sorbo a mi Nestea.
- ¿Y tú por qué no estudias en Mérida si tu familia y amigos son de allá? – Quise saber extrañada.
- -Lo sé, pero yo ya estudié en Mérida, estudiaba música, después me fui a San Juan a estudiar medicina, en realidad a mi no me gusta mi carrera… - Hizo un silencio - La estudio por mi mamá… - Bajo la mirada casi como si cerrara los ojos- Ella se siente muy orgullosa de mi y no la quiero decepcionar.
- ¿No te gusta tu carrera? ¿Cómo puedes estudiar algo que no te gusta? - Le pregunté sorprendida. De pronto me sentí aterrorizada ante ella, nunca estuve de acuerdo con esas personas que trabajaban y ejercían profesión en algo que no les gustaba. Sentía admiración y pena por esos cronopios errados de mundo.
- Pues no es fácil, pero mi mamá me dio la vida, es el ser que más me ama, se lo debo así que es lo mínimo que puedo hacer por ella. – Dijo bebiendo de su vaso.
Sentí una gran ternura por Rocío, era realmente adorable, pensé en mi madre y en mi tía de crianza a la que llamaba mami y me pregunté si haría algo así por ellas. A Ro le apasionaba la música y había renunciado a ella por sus padres. Rocío era una caja de sorpresas, repleta de emociones, metáforas y sentimientos cubiertos de una capa plateada preciosa. Lo que no sabía es que todos los males también se escondían en esa caja. Terminamos de comer y tomamos el ascensor para ir a la agencia de viajes. Se había quitado la chaqueta y yo podía ver sus hombros fuertes y dorados. Rocío caminó delante de mí. En ese momento ella se quedó viendo por el cristal del ascensor hacía la calle y yo pude observar su espalda. Su espalda como un océano hermoso fundido en escarcha, repleto de escarcha espesa y brillante. Ese brillo que te ciega y te invita a nadar en ella.
El ascensor no se paró en planta baja a pesar de haber marcado el botón sino que siguió hasta el sótano, la puerta se abrió dejando ver los carros estacionados, un profundo silencio reinaba entre los vehículos. No entró nadie. Entonces ella me miró, y miró mis labios casi como un reflejo “Oh Por Dios” ¿Había pensado besarme? Las puertas del ascensor se volvieron a cerrar. Hubiese sido totalmente inapropiado que me lanzara a sus brazos y la besara, aún no estaba segura si yo le gustaba a ella, estaba muy confundida. Me había dicho días anteriores que le gustaba y le parecía linda, pero ahora estábamos frente a frente, tal vez no le parecí interesante pasando la mayor parte del almuerzo callada, o tal vez la luz no me favorecía y me veía fea, seguramente no me veía sexy, tal vez se había desencantado de mí, mientras pensaba todas las razones por las cuales ella no podría besarme, rechazarme el beso en el ascensor y hacer ese el momento más incómodo de mi vida, la puerta del ascensor se abrió nuevamente y llegamos a planta baja.
La tome del brazo y salimos a la luz del día nuevamente, ella se colocó sus gafas de sol y caminamos por la cera, la gente pasaba apresurada, muchos iban tarde luego de la hora de almuerzo a sus trabajos. Crucé mi brazo dentro del suyo y le indique con mis pasos hacia donde debíamos caminar. Siempre fui muy cariñosa, me encantaba tomar a mis amigos del brazo y cuando de mi desconocida sexy, que ya no era tan desconocida se trataba me sentía sobre nubes de algodón caminando a su lado. Ella se sintió cómoda ante mi gesto porque note como me apretó con fuerza el brazo. Entramos a la agencia de viajes y preguntamos por un pasaje para el lunes de la semana entrante, solo tenían disponibilidad para el miércoles. Rocío se preocupó de no poder viajar.
- Necesito irme a Mérida lo más pronto posible. - Dijo con tono de desesperación. Algo adentro de mí se agitó con fuerza, eran celos.
Estaría todo ese tiempo lejos de mí saliendo con sus amigas lesbianas yendo a discotecas. Sentí un cosquilleo desagradable arañarme las tripas.
Fuimos a otra agencia de viajes y no había disponibilidad tampoco. A casi dos semanas de haber pasado semana santa parecía que las personas aún no terminaban de regresar de sus destinos.