41- taking the risk
El jueves en la tarde la pasé buscando justo a la hora, llevaba mi bolso de mano, donde iba la ropa y mis cosméticos, un morral a la espalda donde tenía los libros y una almohada, una bolsa de mano con los zapatos que me pondría el sábado cuando fuésemos a la disco y unas sandalias para salir a pasear por el centro de Mérida. Eso para mí era equipaje ligero, ya que por lo general llevaba mi maleta extra grande de ruedas siempre a todos lados. Cuando busqué a Ro ella me estaba esperando con un bolso de mano que se veía medio vacío cuando ella se quedaría semanas en Mérida. Yo iba por un fin de semana y estaba sobrecargada comparada con ella, me sentí avergonzada. Rocío también notó mi exceso de equipaje y no lo dejo pasar cuando me dijo que parecía una “abuelita” con tantas cosas encima. Llegamos al terminal del este a las cinco treinta de la tarde, el autobús saldría a las seis en punto, pasamos por taquilla a confirmar nuestros boletos y a dejar el equipaje.
Rocío me dijo que quería ir al baño y yo la acompañé, entré al baño con ella, aproveche de orinar antes de subir al autobús, me lavé las manos y esperé por ella. La observaba por la ranura inferior de la puerta del urinario donde había entrado, vi como sus pies apuntaban al frente del inodoro y me dio curiosidad, por mi historial de desórdenes alimenticios lo primero que me vino a la mente era que estaba vomitando, pero no hizo ningún ruido extraño, así que supuse solo se estaba arreglando algo en su ropa, luego se sonó la nariz varias veces, escuché como nos llamaban a abordar nuestro bus por el altavoz.
- Ro, nos están llamando
- ¿Ya? ¿Ya voy? – Abrió la puerta del cubículo del baño y salió, tenía la nariz roja y se la estaba limpiando, se me fue el corazón a los pies. Estaba consumiendo cocaína, conocía muy bien ese olor, aparte era obvio el sonido que estaba haciendo ¿pero cómo estar segura? podía ser que de repente tenía alergia en la nariz, pero ese olor tan específico…
Yo no estaba a favor de las drogas, jamás en mi vida las consumiría, pero no juzgaba a las personas sin conocerlas solo por saber que tuvieran una inclinación hacia ellas, de hecho mis amigos de la Universidad, David y Pollito, muchas veces en las fiestas llegaron a fumar marihuana estando conmigo. Yo solía ver como el porro pasaba de mano en mano y nunca me lo ofrecían a mí simplemente por qué sabían que no fumaba marihuana. Tenía un amigo en la Universidad, Pollito, le decíamos Pollito por su aspecto desaliñado que nos recordaba a la caricatura de vaca y pollito, el consumía perico, y esa era la causa principal de su aspecto flacucho y mal alimentado. Pollito siempre olía a Perico y había terminado por congelar la Universidad a causa de desórdenes de concentración desarrollados a raíz de su adicción. El decía que ese trastorno se le desarrollaba a las personas distraídas, pero era más que sabido que la cocaína contribuía a acelerarle el proceso de dañarle las neuronas. A pollito lo quería mucho, mis amigas en la Universidad lo hacían a un lado por su forma de ser tan libertina y sus características bajas notas. Sin embargo era una persona completamente tierna, inteligente y podía contar con el incondicionalmente, en más de una ocasión dejo de irse a drogar con sus amigos por acompañarme a mí a hacer alguna diligencia, o me consiguió el número de alguna lesbiana bonita. Nos invitaba a salir en citas a ciega que terminaban siendo decepcionantes. Recuerdo aquella vez que salimos con su amiga “la fuertecita” estrenaban Eclipse en el San Ignacio. Nos sentamos Pollito, David, “La fuertecita” y yo en la segunda hilera del cine, fueron los únicos puestos que conseguimos. David acabo sentado arriba en las escaleras porque le dolía el cuello, yo lo seguí, y después pollito. Su amiga “La fuertecita” se quedó sola en la segunda fila, naturalmente no volvimos a salir ni se molestó en volverme a escribir. Y así como esa me había preparado muchas citas a ciega que habían fracasado vergonzosamente. Esperaba se pudiera recuperar pronto, tenía fe que algún día sería un gran publicista y dejaría de lado esa adicción.
El hecho de que Rocío viajaría conmigo en un viaje de dieciséis horas a Mérida en ese estado me parecía realmente insoportable, me molestaba su falta de consideración hacia mí al no pensar que tal vez yo me sentiría incómoda. Me dejó claro que no le gustaba ni le interesaba un poco, me imaginé que solo quería llegar a Mérida a seguirse drogando por allá con sus amigos, y que a mí me veía como una niña tonta e ilusa, demasiado inocente para funcionar, ya entendía su actitud hacia mí, me sentía como una estúpida al haber pensado que alguien como ella podría fijarse en alguien como yo. Suspiré. No me molestaba el hecho de que se drogara, esa era su vida, me molestaba que me lo ocultara y que me viera la cara de estúpida queriendo viajar conmigo sin decirme nada, me molestaba que fuera tan crédula de haber pensado que ella se podía fijar en mí, y finalmente me molestaba sentirme así, y darme cuenta que realmente me gustaba y que no tenía esperanza alguna con ella. No podía creer que perdería mi parcial de sociología por estar con una muchacha tan egoísta que lo único que le importaba era drogarse y divertirse y a mí lo único que me importaba era pasar tiempo junto ella, mientras más pensaba en todo aquello más idiota me sentía. Quise salir corriendo, creí verme llegando a mi casa, abrazando mi almohada y echándome a llorar; pero esa no era la realidad, la realidad era que estaba allí sentada a su lado mientras ella miraba por la ventana y yo no podía siquiera verle a los ojos.
Una parte de mí estaba decepcionada y otra atemorizada, al final de cuentas viajaba con una mentirosa, la sentí más hipócrita que nunca en el preciso momento que me dijo que ya estaba lista y que podíamos subir al autobús. Pollito vivía drogándose pero nunca sabía con exactitud cuándo lo hacía, no podía afirmar si llegué a estar en algún momento con él mientras se drogaba, por lo general en las fiestas se drogaba en el baño de hombres y yo me quedaba afuera bailando. Creo que no correría ningún peligro con Rocío, pero Pollito era mi amigo, nunca me llegó a lastimar ni hacer daño, una vez se puso muy paranoico y pensó que alguien nos estaba siguiendo. Tuve que dejarlo en su casa y quedarme a dormir con él esa noche, en otra oportunidad pensaba que una de las cornetas del DJ era una bomba e iba a explotar, tuvimos que salir de la discoteca hasta que se calmara y entendiera que se trataba de una corneta, ¿Me pasaría esto con Rocío? ¿Qué podría ser lo peor que podría pasar? “Que se pusiera violenta y me asesinara…” pensé, ¿Eso era estar drogada o era ser una psicótica? Odié no estar bien informada sobre el efecto que causa la cocaína en ti, apenas llegara a Mérida haría una maestría en drogas por medio de Wikipedia.
Ella consumía cocaína y yo en lugar de preocuparme por mi seguridad rayaba en la locura e inconsciencia al sentirme decepcionada de que ella se drogara mientras yo era una niña inocente completamente opuesta a ella y su estilo de vida. Lo sé, creo que la que tenía serios problemas era yo. Subimos al autobús y buscamos los asientos que nos correspondían, habíamos comprado los pasajes por separado pero por suerte habíamos conseguido que nos tocaran los mismos puestos. Le dí la ventana mientras colocaba mi bolso en los compartimientos ubicados en la parte superior de los asientos. Yo estaba seria y muy callada, más callada de lo normal, toda la emoción que tenía de viajar con ella había desaparecido. Ella dobló sus rodillas apoyando sus pies contra el asiento delantero, llevaba unos pantalones holgados que le caían de las caderas y una camiseta blanca que dejaba ver su sostén negro, se veía muy sexy incluso cuando no soportaba mirarla y reconocérmelo. Notó mi indiscreta indiferencia, finalmente tras varios intentos de sonar amable y yo limitarme a asentir con la cabeza. A las seis en punto el autobús salió del terminal y comenzamos el viaje. Rocío sacó los audífonos y comenzó a escuchar música, de pronto me pregunté si todo el viaje ocurriría así, con ella y sus auriculares puestos. Las luces del autobús se apagaron. Me sentí profundamente triste, de nuevo me observe tumbada en mi cama llorando.