capítulo 13
El viaje a Europa ya estaba casi arreglado. Alfred y Lorraine tenían todos los documentos preparados para marcharse a ese destino; pero antes de partir, Alfred Rigan visita a la doctora de la Rosa, a la cual encuentra en buen estado y fuera de peligro, lo mismo hace con su madre para informarle todo lo que le había acontecido.
Cuando ya todo estaba predispuesto, la doctora Lorraine, Daniel Greifol y Alfred Rigan tomaron rumbo hacia el viejo continente para encontrar el paradero de Ariana.
Algo comienza a inquietar a Alfred cuando detalla que las manos de Lorraine y de Daniel se tornan más pálidas. Sin entender lo que sucede acaricia las manos de su amiga y las siente realmente frías; su rostro estaba más pálido y su mirada se hallaba perdida en el horizonte.
Alfred siente que su mente se deteriora. Ahora contempla a su amiga maquillada bajo un rubor claro, con un pintalabios brillante y su cabello más largo. Instantes después la vuelve a observar demacrada y sus dientes comenzaban a caerse. Aquel extraño suceso solo lo contemplaba en ella, Daniel estaba intacto y su piel relucía como si fuese un maniquí al igual que los demás viajeros del avión.
Sintiéndose perdido en aquella alucinación, el joven se lastima los ojos con sus dedos para regresar a la realidad. Desafortunadamente no logra hacerlo y comienza a ver que los viajeros se van derritiendo como cera al tacto del calor y desaparecen lentamente hasta que pronto solo queda acompañado de Lorraine, la cual se veía más demacrada, ojerosa y con su rostro esquelético.
Alfred se levanta del asiento y pasa por un lado de su amiga para dirigir su vista hacia el puesto de mando del piloto cuya compuerta se encontraba entreabierta y de la cual empieza a emerger un humo color plateado que lentamente se esparce por todo el avión.
Entre el espeso humo comienza sentir que sus manos sudorosas y temblorosas, al igual que su boca, la cual percibía carrasposa como si no hubiese tomado agua desde hacía mucho tiempo.
Algo salía lentamente de la puerta, lo primero que observa fue un vestido negro desenmarañado y roto que llegaba hasta el suelo. Pronto surgió una mujer de contextura delgada que comienza a caminar lentamente hacia el pasillo del avión con su cabellera negra larga desarreglada cubriéndole el rostro. Cuando llega a Alfred lo agarra con su única mano sin que él se pudiese defender, posteriormente se puede observar su rostro dentro de su oscuro cabello y detalla con más precisión que se trataba de su ente imaginario, la cual respiraba agónicamente.
― Cerraré los ojos y pensaré que no te estoy viendo, cuando los abra desaparecerás, no tengo tiempo para perder la cordura contigo― Alfred contuvo la respiración por un momento, luego cuenta de diez en diez incesantemente, hasta el punto de perder la cuenta, nuevamente abrió los ojos, encontrándose la sorpresa de que Paulina aún estaba allí mirándolo.
―Pronto desaparece como tanto lo ansias; pero antes de partir deseo decirte algo importante, debes tener cuidado con lo que se aproxima, la dama que te acompaña esta en grave peligro y es probable que alguno de los dos no salga ileso de este asunto, por eso es importante que lleves plata en tu camino, o algo semejante al mineral; así lograras escaparte de las redes malignas.
Sin decir otra palabra, Paulina desaparece. Todo volvió a la normalidad y cuando recobra la conciencia
observa a Lorraine aplicándole paños calientes.
Tratando de recobrar la cordura, Alfred se dispuso a descansar un poco en el resto del viaje hacia Europa, el cual transcurrió sin ninguna novedad.
Con la llegada a Noruega, Alfred y sus acompañantes se dirigieron hacia el hogar de Robert Greifol. El extraño lugar se hallaba en las afueras de Oslo, la capital, y se particularizaba de los demás aledaños por ser poseer una especie de atalaya aledaña a la infraestructura de tres pisos color acre decorada de ventanas de madera color rubí y un techo llamativo del mismo color.
Sin perder más tiempo, Daniel guía a sus acompañantes hacia la atalaya decorada de extraños dibujos que tenía una inmensa ventana en toda su punta y de la cual colgaban unas cuerdas de diferentes largores.
El verano parecía algo frívolo por sus diecinueve grados, el cielo se encontraba despejado y de un color azul celeste jamás visto por Alfred en toda su vida. Era el primer viaje hacia ese lugar y todo le parecía llamativo, desde los frondosos árboles verdosos que decoraban la arquitectura de piedra caliza donde se hospedaba el tío de Daniel Greifol, hasta las ramas que jugaban una bonita decoración con la inmensa casa.
La inmensa puerta de madera fue abierta poco después de accionar el timbre. Desde el otro lado solo se contempló una inmensa cuerda colgada de la perilla de la puerta y al fondo se observaban unas escaleras de madera que daban acceso a la entrada principal del peculiar hogar con olor a pino.
Después de subir las escaleras, Alfred y sus acompañantes comenzaron a escuchar la música de Mozart. A lo lejos de la inmensa sala decorada de sillones coloniales se encontraba un caballero de estatura alta y piel morena que se divisaba sentado en un cuarto de espaldas, su cabellera negra enmarañada le llegaba hasta el cuello y su aspecto no era del todo bueno por sus vestimenta deteriorada y empolvada.
―Tío Robert, traje visita ―Daniel Greifol sacudía fuertemente a su pariente que se encontraba en estado sonámbulo, con los ojos abiertos, la boca abierta y sus manos delgadas al tacto de las hojas viejas regadas en toda la inmensa mesa.
El señor de ojos azules y barba larga no dirigía aun la vista a su sobrino Daniel. Sus cejas gruesas se movían de vez en cuando y los dedos se dirigían hacia el siguiente párrafo del texto que leía con interés.
―Al fin arriba mi sobrino favorito, nunca imagine que llegarías tan ligero― expresa el caballero de contextura delgada y voz ronca.
―Tío, siento interrumpirte, he traído visita importante, ellos me han ayudado mucho con mi hija y desean pedirte un gran favor, espero que nos puedas ayudar―Robert Greifol gira su cuerpo hacia los visitantes, sonrió cortésmente ante Lorraine y Alfred que se sentían atónitos ante el extraño comportamiento del hombre.
―En verdad si son agradables visitas―Robert dirigió la vista fijamente a Lorraine. La dama se comenzó a sentir incomoda ante la inquietante mirada del hombre cuyos ojos comenzaron a cambiar de color de un color azul a verde―. Veo que nuestra dama se siente asustada, conserva la calma, acá no te pasara nada, solo siento curiosidad por ti ya que el antiguo huésped de este lugar fue un gran amante de mujeres hermosas como tú.
― ¿A qué se refiere señor Greifol? ―Lorraine comenzó a tragar saliva y observa a Robert acercarse a su mano para darle un cálido beso en ella.
―Es un exquisito calor el que presiento en tu alrededor, eres afortunado caballero Alfred al tener tan excelente compañía―Alfred seguía mirando a Robert con recelo y soltaba una leve risa sarcástica ante los excesivos impulsos del dueño del hogar.
―Si deseas saber que pasó aquí puedo contárselo con detenimiento señorita Lorraine―la parasicóloga abrió los ojos con sorpresa ya que hasta ese instante no se le había presentado al misterioso caballero―. Ocurrió hace mucho tiempo, diría yo… muchos siglos. El dueño de esta maravillosa arquitectura era un pintor no muy reconocido para su época, estamos hablando de la edad del renacimiento, y bien sabemos que esa temporada fue exquisita de seres pródigos y de gran auge. El caballero era amante de las mujeres; pero no para tenerlas como esposas, ni amantes de una sola noche, usualmente conseguía hermosas musas y las atraía a su recinto para retratarlas, ellas accedían placenteramente sin saber que morirían en aquel encuentro.
―Lo que usted me está contando es realmente tétrico señor Robert, dígame ¿lograron capturar a aquel maniático ser?
―Permítame terminar señorita Lorraine. Como iba diciendo, este particular hombre normalmente las ahorcaba y luego trataba pintarlas, aunque de cierta manera no lograba encontrar la magia que deseaba plasmar en el cuerpo inerte de sus víctimas, de ese modo comenzó a sentir un cierto deseo por seguir asesinando mujeres, precisamente de una manera más peculiar: las ahorcaba con sus manos, luego las colgaba en una soga en la atalaya, por último, salía del recinto y plasmaba la pintura desde diferentes ángulos.
Hasta ahora he llegado a la deducción de que a veces la búsqueda del arte puede ser algo intrigante. Para una persona el significado de lo bello puede ser diferente al de otro ser. Quien sabe, yo todavía no se cuál era el significado de lo bello para este protagonista que ando investigando desde hace tanto tiempo.
―Me sigue pareciendo algo abrumador señor Greifol, pero espero que su búsqueda sea pronto saciada― Agrego cortésmente Lorraine Walts.
―Encontrar las respuestas no es solo el punto más importante de esta investigación bella damisela. Veras, esta persona es mucho más que intrigante, en primera instancia porque nunca fue capturada; también es muy interesante porque sus pinturas se extraviaron, solo encontré un boceto en este lugar junto algunos documentos de su autoría ¿Podría usted imaginarse si llegase a encontrar tan solo un cuadro de esta persona?, sería un cambio realmente drástico para el arte.
Culminada su tertulia, Robert invita a su visita a tomar asiento a su visita para escuchar el motivo de aquel encuentro.
La petición de dar el paradero de Ariana Greifol fue inesperada para Robert, el caballero comprendió por un momento el delicado estado que Alfred estaba pasando, pero también se preocupaba por el bienestar de su querido familiar.
En verdad no entiendo que le pasa a Ariana para realizar ese tipo de cosas, jamás la había visto tan obsesionada por alguien― detrás de Robert apareció nuevamente Eliade con un semblante diferente. Su cabellera roja era más larga, su piel verdusca de serpiente brillaba al tacto de la luz del sol y sus ojos brillantes atemorizaban al joven Alfred que trataba de no prestarle atención al temible demonio. En la mano derecha de la bestia se observaba un trozo de ropa parecido al de su amiga imaginaria Paulina y se le podía contemplar sus colmillos afilados con algunas manchas del líquido rojo.
― «Por fin ha sido eliminada tu queridita amiga imaginaria mon amour, pronto no habrá nada que nos pueda superar» ― la voz gutural de Eliade se escuchó como eco en la habitación y Alfred comenzó a cerrar los ojos para tratar de recobrar la cordura.
Alfred se sentó en el suelo y empieza a respirar lentamente, trataba no prestar atención a los susurros y las risas de la damisela que disfrutaba de su alterado estado. Lorraine por su lado se acerca hacia él y trata de consolarlo y darle palabra de ánimos para que luche contra sus pensamientos.
―Un contenido lleno de plata―Expresa Alfred mientras trataba de armonizar su respiración.
― ¿Cómo dices? ― Añade Lorraine con intriga.
―Se a lo que se refiere―Agregó Robert―. Es lo que necesitaras para culminar el viaje, por lo pronto deberás descansar. El caballero se dirigió hacia Alfred y le dio la mano, luego lo llevó a su habitación que era algo pequeña pero verdaderamente acogedora, le ofrece una aromática y lo deja allí para que el joven Rigan reposara un poco.
Una vez de regreso en la sala, Robert Greifol dio la señal a Daniel para que lo acompañase hacia otro lugar. Lorraine los espera allí mientras ellos bajaban las escaleras y se dirigían hacia un cuarto secreto y oscuro. Los caballeros estuvieron en ese lugar por un largo rato y luego subieron de nuevo con una pequeña caja de madera antigua enmarcada con los símbolos F.G.
Robert abrió el cofre con detenimiento, en el interior había una gran variedad de frascos, dardos de plumajes extraños y un arroja dardos. El hombre se sentó al lado de Lorraine y saca tres cofres: uno rojizo, otro morado y otro plateado, los depositó con cuidado en la mesa y obtuvo con prisa un dardo de los más grandes.
―En verdad esto me pone más los pelos de punta que mi investigación. Tal vez pueda entender la mente de Ariana un poco; pero no sé hasta qué punto―A Robert le temblaban las manos, algo le incomodaba en verdad.
―Dígame señor Greifol ¿Por qué Ariana se comporta así? ―Lorraine miraba al atónito Robert que esperaba de cierta forma aquella pregunta.
Robert mira de reojo a Daniel Greifol, el cual asentía levemente, posteriormente Robert trata reordenar sus ideas para contar su historia; Daniel por su lado se retira de la sala para no escuchar aquella incomoda historia.
Todo sucede cuando Ariana Greifol tenía ocho años de edad, para ese entonces vivía en Francia con su padre, un caballero de apellido Brum que pertenecía a la alta sociedad. Aquel grupo familiar era muy característico por ser amantes del ocultismo y ser tan antigua como la misma era de Galileo. Era una estirpe de sangre real que vivía entre las sombras y poseían un gran conocimiento en la magia.
Como bien sabia Lorraine, los Greifol en su mayoría nacen con un don, su cerebro y psiquis se expande más allá de lo normal, además, han tenido el don de mover masas y hacen que la gente les obedezca a través de la hipnosis y otros más métodos sutiles que los convierten en seres realmente misteriosos y atractivos para el estudio de lo místico.
Por otro lado, los Brum son personas que practican el ocultismo para obtener poder, son seres realmente despiadados e inhumanos que no les importa la humanidad, solo su propio beneficio. Al principio el padre de Ariana no era así, cuando conoció a Roxana Greifol era un hombre que no se encontraba del todo de acuerdo con las practicas malévolas de la familia Brum.
El caballero se había enamorado de Roxana cuando había ido a Francia y ella también sintió gran interés en el a pesar de que la familia Brum no estuviera de acuerdo en esa unión.
A pesar de todo, Roxana y su esposo decidieron estar juntos y tuvieron a los pocos años a Ariadna. Ellos vivieron un tiempo en Francia; pero luego comenzaron a trasladarse de un lugar a otro cuando los Brum empezaron a perseguirlos porque el esposo de Roxana se había casado sin permiso.
Robert retoma algo de aire para trataba de recobrar la compostura en la conversación, aún seguía manteniendo firme el dardo en sus manos y lo miraba con detenimiento por sus coloridas alas y su diseño en madera olor a acre, posteriormente mira nuevamente a Lorraine y continúo contando la historia de Ariana.
|
En una ocasión Roxana Greifol había salido de su casa
y dejo cuidando a la pequeña Ariana con una niñera. Ese día Roxana se encontraría a su esposo apuñalado en la calle sosteniendo una nota de los Brum, el contenido decía que debían obedecer sus órdenes, de lo contrario le harían daño a Ariana.
Sin tener otra alternativa, el padre de Ariana se entrega bajo la voluntad de su familia y aprende todo sobre su linaje, convirtiéndolo en un ser de corazón frio.
Las cosas empeorarían cuando lo obligan entregar a Ariana a la familia como prueba de obediencia; pero él no lo deseaba hacer, así que se ingenió un plan que consistió en entrar a los viñedos de su familia para envenenar cada frasco de licor como también lo hizo con los reservorios de comida.
El padre de Ariana convoca a toda su familia en una reunión donde supuestamente entregaría a su hija, fue en ese día que todos los Brum, sin excepción alguna murieron envenenados.
Ante el catastrófico suceso, Roxana Greifol decide separarse de su esposo y parte de inmediato a Estados Unidos donde seria protegida por Leonisa Greifol y trataría tener una vida diferente.
Con el paso del tiempo vuelve a casarse y en ese matrimonio tiene a Daniel Greifol y a Elizabeth. La vida de ellos fue buena un tiempo, Ariana aprendió de la descendencia Greifol y fue llenada del mayor posible; desafortunadamente la tranquilidad cesa cuando el padre de Ariana regresa a buscar a Roxana y cuando se entera de que ha vuelto a casar toma la decisión de asesinarla.
Ante las amenazas de aquel hombre Roxana no tiene otra opción que pedir ayuda a Leonisa Greifol, la cual decide asesinar a aquel hombre para que no le hiciera daño, infortunadamente aquel suceso lo vivencia Ariana y a partir de allí su comportamiento cambia.
Con el paso del tiempo Ariana se vuelve solitaria, casi siempre se mantenía en su cuarto leyendo o estudiando, llegó a tener algunos pocos amigos en la preparatoria hasta llegar a la universidad donde conoció a Alfred Rigan, su primer y único amor con el cual había vivido un par de años.
Ante la ruptura de la relación con Alfred, Ariana se comenzó a sentir vacía. En un momento había respetado la decisión de su gran amor por separarse de ella, decidió irse para Europa y se enfocó en hacer de nuevo su vida.
―Hasta aquí puedo dar mi versión de la historia, los actuales acontecimientos eran totalmente desconocidos para mí y no los logro entender mucho―añade Robert con tristeza.
―Considero que Ariana está obsesionada de Alfred porque fue la persona más cercana que trató entenderla.
― Es razonable vuestra apreciación querida Lorraine, ahora que se ha saciado tu curiosidad déjame explicarte algo importante, tal vez este exagerando; pero es mejor prevenir otra catástrofe.
―No logro entenderte señor Robert, ¿a qué se refiere? y ¿para qué me muestra ese extraño dardo y la plata?
―Es un demonio lo que atormenta a tu amigo querida Lorraine, y es uno poderoso que controla mentes y absorbe energía. Normalmente este tipo de entes malignos siempre termina enloqueciendo a la persona o lo mata, otras veces obliga a la víctima a obedecer sus peticiones; desafortunadamente este tipo de invocaciones es un arma de doble filo, cuando el demonio adquiera un inmenso poder se enfocará en matar a su invocadora y se llevara algo muy importante de ella.
―Su alma, ¿No es así? ―Añadió con temor Lorraine
Robert asintió con preocupación, adquirió el frasco rojizo y lo mezcla con el morado, el frasco plateado por su parte lo deja a un lado con cautela. En aquel proceso trataba de no temblar, poco después adquirió una composición de color vivo y espeso que desprendía un olor no muy agradable
―Ahora conocerás el motivo de mostrarte estos artilugios―Robert se dispuso a cerrar el frasco cuidadosamente, luego lo entregó con cuidado a Lorraine junto con el dardo― sé que aprendiste a manejar armas desde hace mucho tiempo, es tu pasatiempo y pocos lo conocen.
― ¿cómo lo supiste? ―Lorraine abrió los ojos como unos faroles ante el impactante comentario de Robert.
―Subestimas mucho a la familia Greifol, recuerda que todos nosotros tenemos un don, ahora déjame decirte que tu secreto está bien guardado. Por otro lado, percibo que te has encariñado del muchacho Rigan, es algo peligroso que involucres sentimentalismos con alguien que está al borde de la locura o de la misma muerte; aunque sé que de nada servirá darte un concejo de amor, eres libre de tomar la decisión que más te parezca correspondiente.
Lorraine guarda cautelosamente el frasco y el dardo en su maleta, luego escucha las indicaciones de Robert, el líquido viscoso contenía un tipo de somnífero que debía ser usado en caso de una emergencia, el plateado por el otro lado debía ser bebido por Ariana para expulsar el demonio de su cuerpo.
Después de una larga conversación Lorraine y Robert habían detallado una estrategia para traer de regresa a casa a Ariana. En ese instante aparece Alfred Rigan en la sala con síntomas de mareos y aun tambaleando.
―Recuerda Lorraine que debo ir solo, la anciana Greifol me ha obligado a cumplir su voluntad―añadió tambaleando el joven Rigan.
―En ese estado no creo que llegues a ninguna parte―Lorraine le tomó de la mano y lo sentó a su lado―. Definitivamente iré contigo, no podrás lograrlo solo.
―Estoy de acuerdo con tu amiga, por los acuerdos de mi abuela no debes preocuparte, yo me encargare de hacerle entender―expresa Daniel Greifol mientras regresaba nuevamente a la sala con tazas de café.
―Estaré eternamente agradecido con tu apoyo Daniel, así que acepto vuestra sugerencia; si no hay más que decir me gustaría partir de inmediato.
― ¿no deseas descansar otro momento? ―expresa Lorraine preocupadamente.
Alfred niega la propuesta de su amiga y con mucho esfuerzo se dirige hacia la salida de la atalaya mientras era observado por los atónitos espectadores.
Después de agradecer a Robert por su ayuda, Lorraine y Alfred se dirigieron en compañía de Daniel hacia el aeropuerto de Noruega para partir hacia su nuevo destino. El ambiente estaba un poco tenso y Lorraine tenía un gesto preocupado por el plan que debía hacer al pie de la letra para salvar a su amigo.
―Noto una vibra poco positiva en ti señorita Lorraine, debes estar más tranquila, de lo contrario todo terminara de mala manera.
―Lo se Daniel; pero tu tío me ha dejado bastante inquieta con lo hablado ¿en verdad ha pasado esos asesinatos en esa torre?
―Entiendo muy bien su estado doctora Walts, mi tío guarda un gran secreto y creo que es mejor decírselos. A decir verdad, lo que Robert les ha contado del asesinato de mujeres es una historia ficticia y hace parte de una novela que está escribiendo.
―Ya entiendo, definitivamente algo de su historia no me encajaba del todo―agrega Lorraine con incertidumbre.
―Tienes buena deducción estimada Lorraine, el caballero que estaba al frente tuyo quiere crear una obra de arte nunca antes vista que pueda compararse como la majestuosa obra de Dante y de Ulises, lo que el anhela es ser inmortal de alguna manera y ha querido hacerlo a través de un libro que viva por toda la eternidad, por tal motivo ha decidido encerrarse en su casa; debido a ese enclaustramiento ya le es difícil diferenciar lo real con lo imaginario.
Aquel comentario dado por Daniel Greifol hizo que el ambiente se volviera mucho más incómodo, haciendo que el resto del viaje fuese gobernado por el silencio.