capítulo 12

El lugar donde ahora se hallaba Alfred era realmente curioso. El clima aterecía con un aire congelante que hacia esconder a las aves en sus nidos y hacia ver el lugar desprovisto de vida, en los alrededores había algunos hogares decorados con flores y por árboles que se movían paulatinamente por viento.

Dentro de ese conjunto de casas el joven contempla un pequeño hogar rodeado de margaritas cuya entrada tenía un aviso realizado por una niña que decía: «jardín infantil de Franciny Hoftman.». A Alfred le da intriga el letrero y se dirige hacia la puerta de roble que se encuentra abierta, posteriormente ingresa con cautela en el interior del acogedor jardín infantil. En el interior comienza a escuchar el silbido del canto de un canario que se observaba desde la lejanía encerrado en su jaula dorada. Posteriormente escucha el silbido de una persona imitando el canto del ave y comienza a sentirse atraído por conocer quién es el ser que había en aquel lugar.

Pasando rápidamente por las pequeñas mesas de madera que había en la sala principal, Alfred pudo llegar a la jaula del canario donde encuentra a una niña de cabellera oscura y piel pecosa que comienza a sonreía traviesamente mientras seguía imitando la melodía del ave.

Por primera vez pudo sentir paz en su mente, ahora observa tranquilamente a la hija de Paulina Hoffman dirigirse hacia el patio donde su madre tomaba aromática y se ponía una bolsa de hielo en su rostro mientras era consolada por una dama de cabellera rubia.

La hija de Paulina lo seguía atrayendo como si ella supiera que él se encontraba allí a su lado. Ahora lo guiaba nuevamente hacia el otro lado de la casa. En ese lugar la niña llega muy cerca de la carretera donde estaba pasando una ruta del bus con el número 42. Sin comprender lo que pasaba, Alfred se dirige el bus que abría su compuerta delantera de par en par, luego dirige la mirada hacia atrás donde observa con asombro a Penélope sonriéndole con cariño.

Un golpe de luz destelló la visión de Alfred. El joven reaccionó de inmediato y observa que aún se encuentra en el departamento de Daniel Greifol acobijado con una funda de lana.

Alfred se descobija y busca en el departamento a Leonisa Greifol para agradecerle el gran favor de un buen sueño.

Después de inspeccionar por algunos cuartos, Alfred llega a la pieza de Daniel Greifol. En ese lugar decorado de pinturas hechas por el joven Greifol encuentra a Leonisa en la cama con los pies entrecruzados y los ojos cerrados mientras respiraba un extraño humo rosado proveniente de un velón.

Del lugar se desprendían una multitud de exquisitos aromas emanados por las velas, el joven se dispuso a acerarse hacia ella con respeto para no interrumpir la meditación, sin contar que ella ya lo había sentido.

―Veo que lograste descansar un poco, tu energía ya no esta tan turbia como ayer―Leonisa abrió los ojos lentamente, los brillos de sus pupilas inquietaron por un instante a Alfred Rigan cuando lo miraba fijamente.

―En verdad agradezco tu ayuda Leonisa, creo que no lograría compensar lo que hiciste por mí.

―Hay una manera querido Alfred, ¿podrías traerme a Ariana por favor?

―Dudo que ella venga por su propia voluntad señora Leonisa.

―Algo me dice que no será así― interrumpió Leonisa Greifol―. No deberías oscurecer tus posibilidades con negativismos. Si quieres salir de este dilema solo te queda tener un poco de fe.

―Tengo fe en ti, es lo único que me queda.

La conversación fue interferida por la llegada de Lorraine y Daniel Greifol, los gestos de alegría se vieron en sus rostros por sentirse satisfechos de la entrega de la cadena.

Sin la presencia de la sirvienta, Daniel Greifol se dispuso a realizar té caliente mientras hablaba Alfred con su amiga Lorraine. El joven sonríe ante la buena noticia, aquella sonrisa hizo conmover a Lorraine por un instante, generándole una luz de esperanza para salvar al ser que le comenzaba coger cariño.

Después de culminar el té, Alfred y Lorraine se dirigieron hacia el lugar donde se hallaba la hija de Paulina Hoftman. El viaje fue largo pero placentero. Más adelante Alfred comienza a observar el hogar con las mismas características de su sueño. Desde la lejanía ve a unos niños jugando con la pelota en el patio de la casa, sus sonrisas conmovieron por un momento a Alfred, generándole cierta paz y tranquilidad.

Al llegar a la entrada principal, Alfred toca la puerta con fuerza. Después de varios intentos la puerta se abrió lentamente, desde el otro lado se comenzó contemplar a una dama de cabellera rubia y estatura media que miraba atónitamente al joven Alfred Rigan.

La hermosa dama de cabellera rubia soltó un grito de alegría al ver su rostro mientras que él le sonreía cordialmente y la miraba con extrañeza.

―Por la cara que haces veo que no me recuerdas, yo fui una vez a visitarte en la clínica mental―expresa la dama de contextura delgada con una sonrisa suspicaz.

―Siento mucho no reconocerla señorita…

―Francini Hoftman, veo que eres muy desmemoriado jovencito―añade la simpática mujer que le agarra un cachete a Alfred. ―En fin, me alegra verte Alfred, pero ¿Cómo pudiste encontrarme?

Francini comenzó a mirarlo fijamente con inquietud, Alfred por su lado no sabía cómo responderle aquella pregunta y mira con incertidumbre a Daniel y Lorraine.

―Bueno…algunos contactos de Paulina me informaron que ella estaba contigo, yo deseaba verla, así que aquí estoy―Alfred no podía mirar fijamente a Francini. Mentir no era una de sus cualidades, su comportamiento le demostraba a la dama que en verdad se sentía inquieto por lo dicho; de ese modo le sonríe y comienza a sostenerle la mano para generarle más tranquilidad.

―Entiendo, me alegro que estés acá, llegaste como ángel caído del cielo. Mi hermana si se encuentra conmigo y le servirá muchísimo ver a alguien familiar, y dime ¿quién es la dama que te acompaña? ¿acaso es tu esposa?

―No, ella es una buena amiga mía― Alfred presentó a Lorraine que disimulaba el rubor de su rostro.

Francini dirige a sus invitados hacia el patio donde se hallaba Paulina Hoftman. En ese instante la dama de cabellera negra comienza a llorar de alegría y abraza fuertemente a su amigo. Alfred por su lado la consciente mientras percibe que su cuerpo se encuentra más delgado porque se le pueden tocar sus costillas fácilmente y su rostro se encontraba demacrado; aun así, la sigue viendo inigualablemente bella y se siente feliz por poder consolarla.

Minutos después apareció en el lugar de la reunión la hija de Paulina, le sonríe con picardía y lo saluda con cortesía como si no fuese ningún desconocido.

―Ella es mi hija Nancy, al parecer le agradas amigo Alfred. Ella casi nunca se acerca a desconocidos como lo ha hecho contigo―Nancy seguía a su lado mirándolo con interés, pronto le jala la camisa para que el bajase la cabeza y poder decirle algunas palabras en el oído.

―Te he visto en mis sueños, Penélope me cuenta cosas de ti―expresa la niña en voz baja.

Alfred se aleja de ella despaciosamente y le sonríe, luego la abraza fuertemente y le agarra su rostro pecoso mientras que Paulina los veía con cierto interés.

―Hija mía, ahora puedes seguir jugando con mi amigo, por ahora debo hablar con él a solas

La niña le obedece a su madre y se retira del lugar silbando como un canario. Mientras tanto, Alfred y Lorraine fueron dirigidos a la sala para entablar un dialogo más tranquilo.

―Ahora que estamos sin Nancy quisiera saber el motivo que te acongoja―añade tiernamente Alfred.

―Entiendo tu preocupación. Pues bien, te diré. Mi estado está relacionado con mi esposo, el en un principio fue buen hombre; pero después se convirtió en una persona manipuladora, comenzó a pegarme y maltratarme, por ese motivo he tomado la decisión de separarme.

―Lamento mucho tu situación, espero que salgas delante de este dilema y reorganices tu vida con tu hermosa hija.

―Ella es mi impulso querido Alfred, quiero informarte que pronto partiré a Canadá y me siento realmente feliz poder verte antes de viajar―añade cariñosamente Paulina Hoftman―. Tampoco puedo quejarme de mi situación, tú has pasado por una difícil situación has sido más fuerte, por eso te admiro inmensamente.

La palabra fortaleza le retumbó en los odios como un eco dentro de su pensamiento. Su mente tan resquebrajada ahora colgaba en los hilos de Eliade que comenzaba a apoderarse del desde una dimensión intangible y el tiempo estaba en su contra; aun así, mantenía las esperanzas de que pronto saldría de su problema con el futuro encuentro de Robert Greifol.

Alfred comienza notar que su suerte de tener un día tranquilo culminaría pronto. Lentamente empieza a sentir las manos frías de Paulina Hoftman como muerto, el cuarto se distorsionaba y el rostro de Francini empieza a derretirse como una vela, posteriormente de su boca fue saliendo una serpiente verde y de su cabello dorado surgieron lombrices gigantes.

Imposibilitado por el extraño suceso, el joven contempla como el suelo se va convirtiendo el lodo y sus pies se van hundiendo lentamente sentía su cuerpo más pesado y en su columna vertebral percibía unos aguijones fríos como si el viento estuviese atravesando su cuerpo.

Alfred Rigan trata salir del suelo y exhalaba grandes cantidades de aire congelado. Posteriormente observa en el suelo una mano trigueña y trata de socorrer a la persona con mucha dificultad.

Luego de una larga lucha, Alfred logra sacar del lodo el inerte cuerpo de su amiga Paola de la Rosa, el joven se siente asombrado y contempla que la dama se encontraba degollada, con su mirada perdida y con gestos de agonía.

El joven Rigan suelta el cuerpo de su amiga y empieza a escuchar una tenebrosa risa. En ese instante aparece un espectro negro horriblemente desfigurado de manos largas, garras afiladas y lengua bípeda que sonreía con interés mientras lo miraba con exquisitez.

―Es hora de dar un paseo mon amour―Eliade empieza a jalar fuertemente su cuerpo; pero hay algo que impide moverlo del lugar. Gobernada por la ira, Eliade soltó a Alfred Rigan de la mano, poco después se sumerge en el suelo y entre las tinieblas surge un haz de luz que lo dirige hacia una visión donde vuelve a ver a Paola de la Rosa conduciendo su automóvil hacia el aeropuerto de Nueva York.

Alfred se siente feliz de ver a su amiga sana y salva; al parecer ella había culminado las exequias con el doctor Roslener y pronto regresaría a Oregón. La autopista estaba empapada, el transito era rápido y lugar por donde viajaba tenia pocos faroles encendidos.

La doctora de la Rosa con su precaria visión encendió las luces para lograr llegar lo más pronto posible al aeropuerto. Mientras tanto, Alfred nota que el automóvil comienza a fallar y Eliade se encontraba jugando con la caja de cambios. Paola sin entender lo que sucedía comienza a frenar en seco, tendiendo la mala suerte de que se estrellara en un poste y quedara inmediatamente inconsciente.

Alfred trata socorrer a su amiga; pero unas manos cálidas y serenas lo impulsaban hacia atrás para alejarlo del demonio que intentaba agarrarlo.

―No podrás escaparte eternamente de mis garras Alfred Rigan―expresa iracundamente el demonio mientras soltaba un grito sollozante.

Alfred pronto reacciona, ahora se encontraba tirado en el suelo con un paño húmedo caliente en la frente. A su lado se hallaba Paulina observándolo con incertidumbre, el mismo gesto lo contempla en los gestos de Francini. Al otro lado se encuentra a Lorraine sosteniendo una botella de agua que intentaba destapar. Una vez que lo logra le entrega a Alfred la botella, el caballero la sostiene temblorosamente y bebe un poco de agua, consiguiendo adquirir un poco de voz para poder hablar.

―Amigo Alfred ¿Qué te pasa? ―expresa preocupadamente Paulina.

―Fue solo un desmayo amiga mía. Si no es ninguna molestia me gustaría tomar un poco aire fresco.

―Me estas mintiendo Alfred, dime en verdad que te está ocurriendo.

―No es nada grave Paulina, por ahora es mejor darle su espacio a sola― Lorraine interrumpe la conversación sin saber que más decir.

Con la ayuda de Lorraine, Alfred se dirigió dificultosamente hacia el patio. En el trayecto se escucha el acogedor canto de un canario y más adelante vuelve a encontrarse a la hermosa hija de Paulina con su cabellera larga suelta sosteniendo la jaula dorada del ave.

Alfred le pide a Lorraine dejarlo a solas un instante, la doctora acepta su petición y regresa a la sala para hablar con Paulina. Ahora que se encuentra a solas, Alfred se acerca a la tierna niña y se sienta a su lado. La niña por su lado deja la jaula del ave muy cerca de un árbol de limones para también sentarse.

―Hola princesa, cuando te observo de cerca pareciere que estuviese hablando con Paulina, tienes las mismas facciones de mi amiga cuando era una niña.

―Mama ha hablado algunas cosas de ti; pero se mucho más de tu existencia por Penélope, ella me ha dicho que eres un buen chico―expresa con picardía la niña

― ¿en verdad? Y dime ¿Cómo conoces a Penélope? ― Alfred sintió en ese instante un viento frio; pero a la vez acogedor en su cuerpo. Instantes después el viento se transformó en una brisa calurosa, como si estuviese en el mar en pleno atardecer de verano.

Bajo un agradable atardecer aparece una pequeña dama de cabellera dorada y pálida cuyos ojos brillantes reflejaban haber llorado constantemente. Alfred se siente contento de volver a verla y ella tiene el mismo sentimiento; aunque también refleja estar preocupada por la actual situación de su amigo.

―En verdad eres tu Penélope, siento mucho no haberte hecho caso desde el principio―expresa nostálgicamente Alfred.

―No debes disculparte amigo mío. Trate liberarte de ella y no logre conseguirlo. Por fortuna, veo que se debilita por tu fuerza de voluntad―añade Penélope mientras toma la mano de Alfred que comenzaba a llorar incesantemente de angustia

―No llores amiguito, todo estará bien― Nancy también puso su pequeña en el regazo de Alfred. Aquel agradable calor emanado de la pequeña hizo que comenzara a sentirse más confortable.

―Gracias por vuestro apoyo. Yo he venido a este lugar a entregarte un medallón de protección querida Nancy, es importante que lo conserves, no deseo verte lastimada.

Nancy adquiere el valioso collar y sonríe tiernamente, luego saca un hilo rojo de su bolsillo y lo amarra en su pierna derecha con fuerza. Una vez termina de asegurar el objeto brillante se dirige hacia las mejillas de Alfred y le da un pequeño beso como gesto de agradecimiento acompañado de un confortable abrazo que lo hizo sentir más alegre.

―Tu deseabas saber cómo conozco a Penélope ¿Verdad? ―añade Nancy cuando vuelve a retomar asiento―. Pues bien, yo considero que ella puede explicártelo más fácil.

―A decir verdad, me he convertido en su ángel protector. Tal vez no comprendas esta situación; pero he estado a su lado desde el instante en que Eliade me ha expulsado de tu lado. A pesar de ello, he tratado de estar contigo en la distancia. Por eso te dije que pronunciaras mi nombre cuando me necesitaras. Ahora tu vinculo conmigo es más fuerte y puedo asegurar que también puedo servirte de protección.

―Lo que estás diciendo me parece realmente cautivador. No pensé que de todos los seres en este mundo pudieses elegir a la hija de mi amiga para protegerla― añade Alfred con intriga―. Ahora dime, quiero saber si la doctora de la Rosa se encuentra bien y si tú me ayudaste a que no saliera lastimada.

―Que no te quepa la menor duda en ese amigo Alfred. Yo siempre he tratado de buscar los medios para ayudarte; por otro lado, la doctora de la Rosa se encuentra en peligro. Ahora debes preocuparte es en vuestra situación, el tiempo se agota y tu mente se está debilitando. Debes buscar lo más pronto posible a Ariana, de lo contrario, tu mente caerá en un estado sin retorno y terminaras internado nuevamente en la clínica mental bajo un estado del cual jamás podrás salir del lugar.

La conversación se corta de inmediato cuando aparece Paulina Hoftman con un vaso de aromática y se sienta a su lado bajo un estado más tranquilo.

―Espero no interrumpir algo importante, solo deseo saber cómo te encuentras.

―No te preocupes amiga mía, permíteme decir que Nancy es un ser bastante simpático y su compañía me ha servido para tranquilizarme

―Veo que se llevaron muy bien, me sorprende porque mi hija es tímida.

―A mí me ha parecido una niña agradable, igual a su madre―el ultimo comentario hizo que Paulina se ruborizara y dirigiera la mirada hacia la compuerta que comunicaba con la sala.

El resto de la visita transcurre con más tranquilidad donde Alfred retoma paulatinamente su compostura y comienza a dialogar con las tres damas como si no hubiese pasado nada.

Pronto llega la noche, y Alfred decide que es hora de partir, de ese modo se despide de Nancy y de Francini con un fuerte apretón de manos. Paulina por su parte, acompaña a su compañero y a Lorraine al automóvil, en ese lugar el caballero se despide de ella con un tierno beso en la frente y le acaricia tiernamente su suave cabello mientras le promete que pronto iría a visitarla a Canadá.