LA BODA SANGRIENTA (Parte I)

NOTA DEL AUTOR: Dedico el arco de La Boda Sangrienta a Digna Maria Hoyos, gracias por tus palabras de aliento cuando más necesitaba incluso sin conocernos, me inspiraste para continuar escribiendo, espero lo disfrutes, va con mucho cariño especialmente para ti, a mis lectores y lectoras, gracias por la espera, en instagram posteé el porqué no podía continuar con la historia, si no tuvieron la oportunidad de verlo se los diré, perdí a mi madre de manera repentina a finales de junio y dos semanas después también perdí a mi abuela, la madre de mi mamá, la carga emocional fue demasiada, mi salud física y psicológica colapsó de nuevo, pero seguiré adelante, por mis dos amores en el cielo, espero sus comentarios, síganme en instagram, Facebook y tiktok, en todas me encuentran como kaleste1881. Se les quiere.

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El príncipe detuvo su lectura bruscamente.

El gran dragón se proyectó fuera de su cuerpo, sin previo aviso, el dolor era insoportable, contrario a lo que ocurrió la primera noche de luna roja, esta vez Merak no le dio oportunidad para prepararse, pensó que se desintegraría como el vapor de su jacuzzi.

Casi inconsciente, su cuerpo que levitaba en la habitación cayó rebotando en los cristales líquidos, el líquido rebalsó empapando el piso, la torre tembló una vez más, mientras los guardias afuera apostados en la puerta escuchaban de nuevo el rugido ensordecedor que provenía de adentro, pero esta vez no se atrevieron siquiera a pensar en entrar, mientras observaban con angustia oculta el pasillo, esperaban volver a ver a su rey corriendo desesperado, pateando de nuevo la puerta que aún conservaba las huellas de la intrusión de aquella noche.

Dentro, Ángel apenas podía abrir los ojos, lo primero que vio fue el libro flotando frente a él mientras sus páginas se empapaban amenazando con dañar la valiosa información que contiene.

Como pudo lo tomó y lo lanzó fuera del jacuzzi y del área del piso empapado, con la aguda mirada de Merak fija en el libro que caía al piso.

“¿De dónde has sacado ese escrito, alteza?”

Con dificultad para respirar y apenas con fuerzas para sostenerse de la orilla del jacuzzi, se fue incorporando poco a poco hasta apoyar también su espalda a la orilla.

“Por tu reacción… asumo, que no quieres que lo lea”, respondió, con la voz entrecortada por la falta de aire, acompañado de un largo silencio por parte del dragón.

Merak ahora fijó sus ojos a los del príncipe, estaba por decirle algo importante, el cambio de color de sus ojos lo delataba, los ojos azules de Merak cambiaban violentamente a dorado cuando su iris se expandía.

“Te lo diré, nada escrito allí narrará los hechos mejor que yo alteza, ese libro, son las memorias del traidor que llevó a la extinción al clan Zenji, a la expulsión y exilio del clan Hekay, a la creación de los cinco reinos como los conoces actualmente, a tu clan al poder sobre los diez clanes restantes y al nacimiento de las profecías que marcan… tu destino”.

“No tenía idea que el clan Zenji estuviese gobernado por un rey, nos enseñan que el primer rey fue el portador de hace cinco mil años, que los clanes estaban liderados por jefes y cada uno seguía sus propios intereses por lo que no prosperaban hasta que el rey portador tomó las riendas y los organizó, este H, el traidor, era alguien importante entre los Zenji, ¿por qué es la primera vez que leo sobre esto? ¿Por qué borraron esta parte tan importante de la historia?”

“Para proteger a los descendientes del clan Zenji, para evitar que sean exterminados de nuevo, ya sabes de la existencia de la elegida, llevan siglos ocultos, ellos ni siquiera saben su verdadero origen, sus líderes en esta era son los adecuados, han incrementado en número, su poder está dormido, pero en cuanto ella despierte, sus poderes también lo harán, ella los guiará, te necesita para proteger a su pueblo, incluso de ellos mismos”.

La ira de Ángel por la inesperada salida de Merak comenzaba a apaciguarse, ahora estaba más lleno de preguntas y expectación, ¿Quién se encargó de borrar todos estos registros de la historia?, ¿Qué puede ser tan delicado como para hacer que Merak se presentara de nuevo ante él?

“Este H, ¿Cuál es su nombre completo?”

La pregunta enfureció a Merak quien respondió con un rugido ensordecedor, haciendo vibrar las columnas de cristales mientras toda la torre volvía a temblar.

La mirada del dragón estaba llena de ira incontenida y decepción.

“Su nombre, está prohibido para los diez clanes, hasta que la profecía se cumpla”

“¡Habla de una vez!”

“Haré algo mejor que hablar, te lo mostraré, alteza”.

Un silencio total se apoderó del recinto, los cristales dejaron de vibrar, incluso los líquidos en el enorme jacuzzi dejaron de emitir ondas en su superficie cuando Ángel se ponía de pie para enfrentarse cara a cara con Merak.

El tiempo se había detenido, los ojos de Merak brillaban como el sol, su piel plateada destellaba cegadoramente, el humo que salía de sus fauces y nariz era más espeso que la neblina de los pantanos.

Merak abrió un vórtice, retrocediendo en el tiempo cinco mil años atrás.

Al recuperar la visión, el príncipe se sintió extraño, se encontraba en lo que parecía ser un bosque de secoyas, buscó a Merak, incluso lo llamó, pero no obtuvo respuesta, caminó hacia un arroyo y tomó agua usando sus manos.

Al ver su reflejo en el agua quedó en shock, era él, pero al mismo tiempo, no lo era.

Tenía la apariencia de un hombre de entre 25 a 30 años, sus ropas eran similares a las de los campesinos que trabajan en los campos y sus botas estaban hechas de cuero de nutrias.

Los animales en el bosque comenzaron a inquietarse, las aves alzaban vuelo y los pequeños y medianos mamíferos corrían despavoridos.

Alzó su vista al cielo y por primera vez vió la apariencia real de Merak, volando sobre el bosque.

Era cientos de veces más grande de lo que había visto en su baño, con el sol, las escamas blancas en su cuerpo brillaban en plata con mayor intensidad, sus enormes y filosas garras sobresalían de sus cuatro extremidades y su cuerpo alongado parecía estar nadando en el cielo, mientras agitaba sus poderosas alas.

“Observa bien, alteza”, le dijo.

Merak inundó la mente del príncipe con una serie de imágenes.

Este hombre en cuyo cuerpo está en este momento, es un cazador perteneciente al clan Kent, sin estatus ni poder en el clan, hasta que fue elegido por Merak como su portador y que, al igual que Ángel, lo mantuvo oculto de todos.

La otra razón por la que ocultó su identidad fue porque Merak le habló de un guía, un maestro que había sido elegido por los dioses para instruirlo y entrenarlo, alguien que tendría a su disposición todo el conocimiento relacionado con el dragón y de quien sería una especie de discípulo, pero habían pasado ya varios años y esta persona aún no se presentaba ante él.

Temeroso de no controlar el poder del dragón, el joven cazador se limitó a fortalecer su cuerpo y entrenar su Dagna por su cuenta sin muchos resultados, pero al menos era un tanto más fuerte que sus compañeros de caza.

Una vez las marcas se completaron y su cuerpo absorbió por completo al dragón, se limitaba a volar sobre los territorios de los clanes, su sola presencia evitaba que los clanes alzaran armas unos contra otros, ninguno se arriesgaba a ofender al otro, pues no se sabía quién era ni a qué clan pertenecía el portador.

Durante una de sus muchas jornadas de cacería, rescató a una doncella que estaba siendo asediada por un grupo de rufianes, eran bastardos de clanes no puros, hombres nacidos fuera del ritual que cargan con el pecado de sus progenitores y que al ser repudiados por sus clanes se refugian en las montañas para cometer cualquier cantidad de atrocidades.

La joven llevaba las vestimentas de algodón en color gris de las recolectoras de hiervas del clan Zenji, su nombre era Aldora.

La joven se había separado del grupo de recolectoras, al momento de toparse con los rufianes se encontraba siguiendo el rastro de hojas dejada por las hormigas, esperaba localizar un abeto rojo con cuya corteza se prepara un brebaje que protege de afecciones respiratorias durante el invierno.

Al percatarse de la ausencia de Aldora, tres de las recolectoras se dirigieron corriendo hacia la zona del bosque donde se escuchaba una gran conmoción, los animales corrían despavoridos y se observaban columnas de humo, pensaron que el bosque estaba incendiándose.

Mientras más se acercaban al lugar el olor a resina de pino quemada se hacía más fuerte y comenzaron a gritar su nombre “ALDORA, ALDORA” sin obtener respuesta.

Llegaron a un pequeño claro en el bosque que había sido creado por la reciente quema de los pinos en él, algunos troncos aun humeantes estaban consumidos hasta los cimientos con sus raíces expuestas, dos hombres corrían aterrados hacia ellas con severas quemaduras en sus rostros y cuerpo, tres cuerpos más yacían en el suelo, uno de ellos completamente carbonizado, con llamas vivas aun brillando entre sus costillas, había otro cuerpo aun en llamas, que en su intento de huir se había escondido tras unas rocas.

Casi al centro del claro, un hombre sostenía en sus brazos a la joven, Aldora tenía sus ropas desgarradas, también marcas de arañazos y moretones eran visibles en sus brazos y piernas, pero su expresión parecía estar en trance, sus ojos estaban fijos en el rostro del hombre que la sostenía y él tampoco podía despegar sus ojos de ella.

Extrañamente, el príncipe Ángel que estaba viviendo los recuerdos de este hombre, no podía ver con claridad el rostro de la chica, podía oler el dulce y familiar aroma del Gran Vysnia que emanaba su cuerpo, solo sus ojos de color rosa con iris en oro tenían vívida forma, si trataba de enfocar sus labios o el resto de sus facciones la imagen se tornaba distorsionada y borrosa.

A parte de su cabello y ojos, algo más llamó su atención, y era el collar de cristales de fuego que colgaba de su cuello, en un raro color rosa que tenía la forma de una flor.

“¡ALDORA, HIJA!”

Al fin unos gritos los sacaron a ambos de su hipnótico momento, suavemente él la bajó de sus brazos, con los pies en el suelo, ella era reluctante a zafarse de su abrazo, nuca había visto unos ojos como los suyos, eran brillantes zafiros azules mesclados con violeta, como estar viendo el cielo azul reflejado en el lago, con millones de geodas de amatistas brillando en el lecho del lago.

Las tres mujeres, dos jóvenes que rondan la misma edad y una mujer de mediana edad con el mismo color de ojos que Aldora corrieron hacia ellos.

“Prince…”, dijo una de las más jóvenes, pero no pudo terminar su frase porque una feroz mirada por parte de la mujer mayor la reprendió en segundos.

“Iré por ayuda” dijo la otra joven antes de adentrarse de nuevo al bosque a toda prisa.

“¿Quién eres? ¿Qué le has hecho a mi hija?”

“¡Madre!, él me ha salvado”.

La mujer corrió hacia ellos, con precaución tomó a su hija del abrazo del cazador, el estado lamentable de la chica hizo que sus lágrimas brotaran.

“Esos hombres… hija…”

“Madre, ellos, ellos no lograron lo que querían hacer conmigo, él me salvó”, respondió, mirando al hombre unos pasos atrás de ella.

La mujer alzó la vista y le dedicó un gesto de sincera gratitud, “gracias”, le dijo mientras abrazaba a su hija con sus ojos llenos de lágrimas.

“Hija, acabas de despertar y tu Dagna aún está débil, fue imprudente de mi parte permitirte venir a la recolección, te he puesto en grave peligro”

“Lo siento madre, por favor no te culpes, yo insistí en venir y fui yo quien se alejó del grupo, ha sido mi culpa, afortunadamente alguien vino en mi auxilio”.

“Eres de un clan de fuego ¿no es así?, ¿Hekay, talvez?”

“No, señora, soy del clan Kent, soy cazador, esta zona de la montaña se ha vuelto muy peligrosa, imagino que vienen hasta aquí por los abetos rojos, no es la primera vez que bandas de ilegítimos atacan a sus recolectoras, los cazadores de mi clan hemos estado cuidando la montaña”.

“Gracias por salvar a mi hija, supongo que has sido tu quien ha estado ayudando a nuestras recolectoras, dime si hay alguna manera de pagar esta deuda de vida que tenemos contigo, soy sanadora y mi hija recién acaba de despertar de su hibernación para también convertirse en una, lo que la hizo un blanco más fácil, eso me recuerda, Aldora, déjame curar esas horribles marcas”.

La mujer alzó ambas manos, un orbe de energía se formó entre ellas, este se hacía más grande hasta que cubrió por completo el cuerpo de Aldora, en solo unos segundos, el orbe desapareció y con él las marcas de rasguños y moretes en los brazos y piernas de la chica.

La joven que partió por ayuda llegó con algunos hombres del clan Zenji y otras recolectoras más, también llegaron más cazadores del clan Kent, entre ellos, Hako, hermano menor del portador.

Los hombres y mujeres del clan Zenji llevaron a los cazadores hasta un pequeño campamento que habían levantado a las orillas del bosque de secoyas.

Al joven cazador le fue obsequiada una alforja de cuero repleta con ungüentos, píldoras energizantes y antídotos para venenos de diferentes especies serpientes y otros animales ponzoñosos.