LA BODA SANGRIENTA (Parte II)

“Madre, ya que los cazadores del clan Kent también hacen uso de los recursos del bosque de secoyas, propongo que hagamos una alianza, no contamos con suficientes hombres y mucho menos con soldados Zenji para que nos protejan durante la recolección de este otoño, todos han sido llamados a resguardar la ciudad en construcción a orillas del lago, entonces, los cazadores podrían cuidarnos de los ilegítimos y a cambio nosotras los abasteceremos de medicamentos y hiervas para sus reservas de invierno, ¿Qué les parece? ¿están de acuerdo?”

“Hermano, ¡esa es una gran oferta!” dijo Hako lleno de emoción.

Para unos humildes cazadores, obtener medicamentos del clan Zenji y de manos de sus propias sanadoras era un lujo que no podían rechazar, además consideraron que la tarea era sencilla, la mayoría de las recolectoras son jóvenes que acaban de despertar de su hibernación, al cumplir 22 años los Zenji entran un estado de suspensión donde acumulan su poder absorbiendo energía de la naturaleza durante el verano y primavera donde las plantas y animales son más fuertes y llenos de vitalidad, al despertar sus cuerpos necesitan cierto tiempo para poder hacer uso de su Dagna. Las recolectoras estaban en una grave desventaja, pero un clan de fuego, incluso si son de los individuos más débiles, era pan comido tratar con ilegítimos de clanes impuros.

Los cazadores aceptaron de inmediato, los pocos hombres del clan Zenji vacilaron un poco, pero al final terminaron aceptando la propuesta.

Pero para Aldora, esta era una oportunidad en un millón para seguir en contacto con su salvador.

Así transcurrió el otoño de ese año, la recolección nunca antes había sido tan fructífera, con las mujeres Zenji cerca, las manadas de presas de caza también eran abundantes lo que facilitaba la faena de los cazadores, los ilegítimos abandonaron el bosque de secoyas al enterarse que los cazadores Kent protegían a las recolectoras, en cuanto a la pareja la convivencia diaria solo hizo que confirmaran y fortalecieran sus sentimientos.

Su amor a primera vista era amor real, mutuamente se reconocieron como compañeros de vida, no podían estar separados el uno del otro, por las noches el cazador creaba chispas de fuego que reventaban en el cielo como los fuegos artificiales de los festivales para que Aldora las viera, ella a cambio invocaba miles de luciérnagas que iluminaban los arbustos en el sendero al campamento de los cazadores.

“Me propuso matrimonio y yo… acepté, lo amo mamá, le diré quién soy realmente, es un buen hombre, papá lo aceptará ¿verdad? Tu tampoco te opones, ¿verdad madre? Es mi pareja de vida, lo siento en todo mi ser, incluso reconozco su Dagna cuando se aproxima”.

“Lo sé hija, lo he sabido casi desde el primer día, de hecho, tu padre ya lo sabe, solo estamos esperando le digas la verdad, ese joven es muy orgulloso para ser de un origen tan humilde, el tendrá la última palabra, es un gran hombre, secretamente tu padre lo ha estado vigilándolo solo como precaución, pero no ha mostrado ningún indicio de vileza o ambición, sabemos que es sincero en sus intenciones contigo, si al saber la verdad el aun quiere estar a tu lado, nosotros los apoyamos, solo queremos que seas feliz”.

“El abuelo… él también lo sabe ¿verdad madre? ¿Qué dijo?”

“No fue nada grata su reacción hija, recuerda que propuso una alianza con los Hekay, para él, un cazador don nadie, un alimañero de bajo rango no es digno de la niña de sus ojos”.

“¡Él no es un don nadie madre!”

“Solo repito las palabras de ese viejo cascarrabias, Aldora, volveremos a la ciudad en dos días, una escolta de soldados vendrá por nosotras, tienes hasta entonces para decirle la verdad.”

“Acordamos de vernos mañana por la tarde, por la mañana ellos van a preparar sus presas de caza y nosotras debemos terminar de clasificar las hiervas, le diré todo mañana, madre, tengo miedo, no quiero perderlo”.

Aldora se acurrucó en las piernas de su madre mientras abrazaba su cintura, parecía un gatito indefenso buscando protección, tenía miedo, miedo a que él no aceptara su verdadera identidad, pensar en perderlo la llenaba de angustia, esta sería la noche más larga que experimentaría en su corta vida.

A la mañana siguiente Hako llegó corriendo a la tienda de su hermano que ya se encontraba de pie.

“HERMANO, algo ha pasado en el campamento de las recolectoras, un grupo de soldados Zenji llegó de improvisto antes del amanecer y se las han llevado a toda prisa, algunos de los hombres se quedaron para levantar las tiendas”.

“¿Alguien vio hacia donde fueron llevadas?”

“Al parecer van camino a la ciudadela en construcción a orillas del lago, a esta hora ya deben estar allí”.

Si pensarlo dos veces el cazador salió de la tienda, Hako salió tras él, pero no lo encontró por ninguna parte, el cazador tomó la forma del dragón y alzó vuelo hacia el lago, en cuestión de segundos su hermano lo perdió de vista.

Descendió a inmediaciones de las canteras de cristales de fuego cuando divisó la ciudadela adquiriendo de nuevo su forma humana, se abrió paso hacia el puente desde donde pudo observar al grupo de recolectoras que traspasaban las puertas de acceso al castillo y entre ellas a Aldora y su madre.

Sus pasos se detuvieron en medio del puente, una barrera invisible no le permitía avanzar, sorprendentemente había alguien esperándole al otro lado de la barrera, la figura de un anciano vestido en blancas y lujosas túnicas bordadas en color coral, calvo y con una larga barba blanca casi lo paraliza.

Había escuchado hablar de los recios líderes del clan Zenji y su acaudalado rey, pero sobre todo del poderoso mago entre sus ancianos, la mano derecha del rey Elidi, el hombre más fuerte del clan.

“¿A dónde crees que vas?”

La voz autoritaria del anciano puso sus sentidos en alerta, dedujo de inmediato que este anciano era ese legendario mago, al ser uno de los líderes del clan de la mujer que ama no puede ofenderlo, pensó que debía tratarlo con respeto y prudencia, después de todo él no es un Zenji, pensó que por ser un foráneo no se le permitía entrar a la nueva ciudadela de la sociedad más hermética entre los once clanes.

“Soy Dra…”

“¡Se quién eres, te pregunté a donde crees que vas!”

El anciano lo interrumpió y comenzó a caminar hacia el cruzando la barrera, fue entonces que se dio cuenta que no había nadie más a su alrededor, ni obreros, ni la más pequeña de las criaturas, era un silencio absoluto.

“Voy en busca de mi prometida, ella es una de las recolectoras, los soldados fueron por ellas sin previo aviso, quiero asegurarme de que está bien”.

“¿Cómo te atreves a llenarte la boca llamando a la princesa tu prometida? No eres más que escoria, criatura apestosa a cuero de alces y almizcle, un carbón quemado del clan Kent, un perfecto don nadie”.

La ira y el desprecio se sentían en cada una de sus palabras, su mirada de repudio y superioridad hicieron que el cazador sintiera que los bloques de mármol sobre los que estaba parado se precipitaban al fondo del lago arrastrándolo con ellos, su orgullo jamás había sido pisoteado de esta manera.

La mujer que ama resultó ser la princesa del clan Zenji, hija única del rey, la mujer a la que ella llamaba madre no era otra que la reina, tal verdad lo conmocionó hasta lo más profundo de su ser mientras este anciano menospreciaba su existencia y no era para menos, los Zenji poseen el Dagna de los cuatro elementos, se dice que disponen de un tipo especial de energía que les permite manipular la naturaleza a su favor y frente a él estaba el más poderoso de todos, por encima incluso de su propio rey.

Sus piernas se debilitaron y perdió un paso a la proximidad del mago, a los ojos del anciano el cazador se veía insignificante y miserable.

“Yo… debo hablar con ella, debo verla”

“No darás un paso más, ¿tu prometida? ¿A caso diste tu palabra a la reina mientras estuvieron en la montaña? La princesa te aceptó embelesada por tu apariencia ¿pero y eso qué? ¿Qué piensas hacer? ¿le dirás al rey que quieres casarte con la princesa? ¿realmente crees que es tu compañera de vida?

El anciano prosiguió con sus insultos.

“Déjame aclararte algo, escoria, esta ciudadela está siendo construida como regalo de bodas para la princesa, ¡y tú no eres el novio! Somos el más poderoso de los once clanes, el resto de los clanes ni siquiera son capaces de definir a sus jefes sin hacer antes una barbarie, pondremos orden en este mundo, eres de un clan puro, es cierto, pero no olvides que los Kent están sin líder en este momento, son como las velas dispersas en el suelo de los templos rogando que no llegue una ráfaga de viento a soplar su llama, ni siquiera tienes idea de a que rama del clan perteneces, inculto pordiosero, regresa a las montañas a cazar ratas”.

Estas últimas palabras hicieron que se perdiera cualquier pizca de respeto que el cazador podría tener por el mago, la humillación dejó aflorar su ira, quiso hacer uso del poder del dragón, pero no le fue posible, su Dagna tampoco respondía, estaba doblegado, humillado e indefenso ante el anciano.

Una media curva se dibujaba en la boca del mago, su mirada complementaba la expresión burlona en su cara.

“Una vergüenza, eso eres, a decir verdad, no sé cuál de los dos es más patético, si tú, un alimañero muerto de hambre, o esa bestia que llevas dentro por elegir a alguien de tan baja categoría como su portador”.

“¿Te sorprende que lo sepa? ¿querías atacarme? Te confesaré algo, escoria, no puedes lastimarme porque se supone que soy el tutor del dragón y como portador no puedes atacar a tu guía, los dioses me eligieron para esa tarea, pero cuando supe que el portador era un individuo cuyo Dagna es tan insignificante como su propia existencia decidí ir en contra de tal designio, Merak no pudo tomar peor prospecto, se equivocó, tampoco es la primera vez que pasa, los dioses están de mi lado, ellos también saben que eres indigno de tal supremacía, eres indigno del dragón y mucho menos eres digno de la princesa, retoma tu camino de vuelta y ni se te ocurra poner un pie en territorio Zenji”.

El mago le dio la espalda al cazador y caminó atravesando la barrera, un circulo de conjuros con letras antiguas alrededor se formó a los pies del cazador, una columna de luz se erigió cubriéndolo hasta su cabeza, haciéndolo desaparecer en cuestión de segundos.

La barrera en el puente desapareció y la ciudadela en construcción volvió a la vida, con los trabajadores cortando y puliendo cristales de fuego en la cantera, los soldados entrando y saliendo por la enorme puerta hacia el castillo y los cantos de las aves a orillas del lago.

El cazador apareció de nuevo en medio del bosque de secoyas en un completo estado de shock, todo su cuerpo era sacudido por temblores involuntarios, sudando y con el rostro pálido finalmente se derrumbó en el suelo cayendo de rodillas.

Después de varios días en miseria por la humillación de la que había sido objeto, el cazador finalmente recobró su cordura, debido a su origen humilde incluso el tutor que se supone debía guiarlo para adquirir los conocimientos del poder del dragón lo rechazó, encima lo humilló por atreverse a poner los ojos en su princesa.

En parte pensó que el mago tenía razón, ¿que podría ofrecerle un simple cazador a una princesa? Ni siquiera contaba con un hogar fijo, así que haría uso de lo único que posee, el dragón.

Unificará al clan Kent convirtiéndose en su jefe y hará hasta lo imposible para convencer al rey Elidi de que al ser el portador le será de utilidad para llevar al clan Zenji al poder sobre los once clanes, se convenció a sí mismo que eso sería suficiente razón de peso para ser merecedor de Aldora, después de todo llevaba años entrenando solo, buscará ayuda en los sabios de Eyra que son el segundo clan más antiguo después de los Zenji, ellos deben tener antiguos conocimientos sobre el poder del dragón, serán sus primeros aliados, antes muerto que rogarle por ayuda al despreciable anciano que lo degradó al nivel de heces y deshechos de animales, hará que ese anciano despreciable se trague cada una de sus palabras.