TRAIDOR.
“Son solo cuentos antiguos, nada de eso debe ser verdad, no existe ninguna elegida, no hay ninguna princesa reencarnada, el portador tampoco es una reencarnación, no existe tal cosa, los dioses no reciclan las almas”.
“¿A quién trato de engañar?, mi única esperanza, es que el clan Zenji esté completamente extinto y esperar pacientemente a que se cumpla el plazo del decreto real y seguir aprovechando cada oportunidad para acercarme más a él y decirle que lo amo cuando el momento sea oportuno, tengo que trabajar duro, para seguir ganando reconocimiento en el clan, si ella no da señales de vida, yo debo ser la primera opción del reino para convertirme en su esposa, con lo ocurrido en la asamblea, Lord Hildor sepultó cualquier oportunidad para Magda”.
“Pero, la elegida, si aparece… debo ganarme su corazón para entonces”.
Dahlia no podía conciliar el sueño por toda la información que leyó en el libro del Oráculo, en la academia real les enseñan la historia de la fundación de los cinco reinos, pero no esperaba los detalles descritos en el Oráculo Zenji, todos ellos dedicados al anterior portador y la princesa que perdió la vida el día de su boda.
Tenía que obligarse a dormir, debe despertar temprano e ir a palacio con la excusa de despedir a su padre y desearles un buen viaje, no puede permitirse presentarse frente al príncipe con ojeras y piel marchita por la falta de sueño, debe estar hermosa, fresca, radiante, debe hacer que el príncipe le dedique una mirada al menos, eso ya sería un avance.
Al menos, ya sabe cómo se siente estar en su abrazo, su aroma, tuvo sus ojos frente a ella a solo pulgadas de distancia, ¡son tan hermosos! Y sus labios, se veían tan suaves, ¿a qué sabrán sus besos? Y el hoyuelo en su mejilla cuando sonríe…
Mientras Dahlia se perdía en sus fantasías y agradece que gracias a su padre puede entrar al palacio, el hombre en cuestión tampoco puede dormir, en su lecho de muerte le prometió a su esposa cuidar de sus hijos, en especial de Dahlia.
Dahlia no tiene idea de que las oportunidades de estar cerca del príncipe, aparentemente creadas por su padre, son en realidad una artimaña de Sir Edward para que ella vea el lado oscuro de Ángel.
No es suficiente con las advertencias que su hermano Einar y el mismo Sir Edward le hagan, ella debe verlo con sus propios ojos, desea que su pequeña cometa un error frente a Ángel para que este estalle frente a ella y que pisotee sus sentimientos, para que al fin pueda olvidarse de él.
Las plegarias de Sir Edward son dedicadas a que la elegida aparezca pronto, de lo contrario el príncipe será la perdición para su hija, no quiere ver la vida y el futuro de su pequeña convirtiéndose en una copia de la reina Sinia.
Los pasillos del palacio eran cruzados por hileras de sirvientes que corrían de un lado a otro haciendo los preparativos para el viaje.
Alessa llegó al salón del primer nivel cuando la reunión de los hombres ya había terminado y solo se encontraban Ángel y el rey.
Los tres cenaron juntos y como de costumbre, Alessa supervisó el aprovisionamiento de cristales de fuego en los aposentos de su hijo para pasar la última noche de luna roja.
Ryuk la convenció para que se retirara antes, pues necesitaba tener una última charla de hombre casado a joven soltero con su hijo, para que este pueda manejar solo el pico de magnitud que se avecina, la última noche de la temporada es la de mayor intensidad y debe poder manejarlo.
El chico ya tenía las mejillas rojas y el calor lo estaba sofocando, aflojó los botones de su cuello, comenzó a sudar y manchas húmedas aparecieron marcando su espalda en su camisa.
En cuanto Alessa se fue, Ryuk fue testigo del acto del que Lenin había estado quejándose cada mañana, su hijo se convirtió en una antorcha humana quemando su ropa, dejando incluso sus huellas quemadas marcadas en la costosa alfombra.
“¡Haaa, que alivio!”, expresó el príncipe, mientras las llamas poco a poco desaparecían, dejando expuesto su cuerpo desnudo y su dureza firme y erguida, que lucía terriblemente dolorosa frente a un Ryuk con los brazos cruzados y una imperdible cara de asombro.
El rey no pudo evitar esbozar una sonrisa, con una de sus cejas levantada.
“Oye, no te burles, ¿por qué tardaste tanto en convencerla para que se fuera? Como si con Lenin no fuera suficiente, ahora su majestad también se burla de mí”.
“Bien príncipe calenturiento, no sabía que tengo por un hijo a un pervertido exhibicionista, ¡camina!”
El rey no podía dejar de reír, tomo a Ángel por los hombros y lo empujó hasta el baño donde los esperaba la burbujeante piscina de cristales líquidos.
“Entra”.
“Como ordene su majestad”.
“Deja las ironías para otro momento”.
“Haaa, ¡qué refrescante!” la fría piscina de cristales era bálsamo para su cuerpo, no podía dejar de expresar su alivio entre nubes de vapor causadas por su cuerpo caliente al entrar en contacto con el frío líquido.
“Su Majestad, su alteza, ya está todo preparado para el viaje”
“Gracias Lenin” dijo el rey mientras veía a su hijo sumergirse completamente, dejando en la superficie solo su cabeza, con sus manos sosteniendo y cubriendo su hombría bajo los cristales líquidos.
“Eso se ve… doloroso”
“¡Padre!” le respondió el príncipe con estupor.
“Lenin, que traigan más cristales sueltos, me temo que estos no serán suficientes”
“De inmediato su majestad”
“Ángel, no lo contengas toda la noche, ni siquiera lo intentes, tendrás que aliviarte por ti mismo, Lenin me dijo lo que ocurrió unos días atrás, me temo, hijo mío, que un sueño húmedo, no va a ayudarte esta vez”.
Ryuk hizo una pausa y continuó hablando sin dejar de ver a los ojos del príncipe.
“Recuerda que el viaje será largo y no te resultará nada grato montar a caballo con tu entrepierna hinchada”.
“Lo sé”
Ryuk comenzó a explicarle como debía hacerlo sin lastimarse, la presión que debía ejercer, el tiempo que debía tomarse y el momento idóneo para comenzar.
Al príncipe le pareció extraño que su padre estuviera tan tranquilo mientras él ya un ente lujurioso con una erección del tamaño de las torres del castillo.
No fue hasta que el rey se acercó más a la piscina que pudo notar que las cadenas de oro que colgaban de las hombreras de su chaqueta estaban incrustadas con cristales de fuego, aun así, una leve capa de sudor comenzaba a aparecer en su frente.
“Lenin, dejé un libro sobre la mesa de té, ¿puedes traerlo?”
“Desde luego, su alteza”
“¿Libro?, me parece bien, te ayudará a distraerte, pero la meditación es la mejor manera entrar en relajación, además, hijo mío, recuerda que no debes desvelarte”
“Lo sé padre, aún es temprano, solo leeré un poco y luego haré meditación”.
“Su alteza, su libro”.
Ángel tomó el libro de las manos de Lenin, y el rey alcanzó a leer el título.
“El Oráculo Zenji, ¿de dónde sacaste ese libro?” < ¿Por qué no estoy al tanto de la existencia de tal escrito?>
“Recién fue traducido e ingresado a la biblioteca, solo hay dos copias, adelantaré un poco de lectura para discutirla con el concejero Marcus y el sabio Hellgrun”.
Ángel abrió el libro y algo llamó su atención, era una sola letra y la dijo en voz alta.
“H”
“¿Dijiste algo, hijo?”
“El libro, tiene una letra H al pie de la primera página, probablemente es la inicial de quien lo escribió”
“Oh, entiendo, hijo mío, creo que no tengo más concejos que darte para esta noche, me retiro entonces, si necesitas algo…”
“Si, ya sé, se lo pediré a Lenin, nos vemos mañana”
Mientras observaba a su padre marcharse, Ángel no pudo evitar pensar en la reina Sinia y que definitivamente había algo más que permanece en la oscuridad relacionado con los hechos que llevaron a la cancelación del compromiso y ella siendo llevada al trono de Condega para ser desposada por el recién ascendido rey Olsen, un hombre trece años mayor que ella.
Abrió de nuevo el libro en sus manos, H… ¿Por qué el autor puso solo su inicial? ¿Será una fuente confiable?
Al pasar a la segunda página se encontró con un epílogo que, si bien despejaba algunas de sus dudas, también traía más misterios al rededor del escritor.
“Yo, H, estoy al servicio del rey Elidi al que llaman el regalo del sol y es jefe del clan Zenji, ostento el título de Primer Ministro, concejero del clan, maestro de generaciones de líderes y sus descendientes, me llaman sabio y el mago más poderoso, respetado por todos los clanes, solo los líderes y sus herederos están por encima de mí”.
“Yo, H, me declaro culpable, culpable de no llevar a cabo la última tarea que los dioses me encomendaron, traicioné mis propios principios, traicioné a mi rey, a mi amada princesa que es la hija que nunca tuve, traicioné a mi pueblo y sobre todo, al gran dragón, a quien debía instruir en su renacimiento en esta época y al que consideré indigno de servir”.
“Yo, H, dejo estos escritos como mi legado y testimonio de los acontecimientos que considero de importancia durante mi andar sobre estas tierras, mis memorias y mis equivocaciones, que, si bien me llevaron a la gloria, también marcaron mi propia destrucción y de aquellos a los que en su momento juré amar y proteger con mi propia vida…”