Sergio
Mis hermanos oficialmente son mi familia de asistencia de campaña, Milo me sirve un whisky y le da un sorbo, me lo acerca mientras mi hermana me hace masajes en el cuello y Bastian basurea a toda la competencia, Lo escucho y asiento y Bash me da una cachetadita.
—Sergio, me siento como tu mamá. —Le doy un sorbo a la bebida. — Porque la gente dice que soy tu hombre y a mí no me das joyería.
—Te voy a decir lo que no le dije a mi mamá, ella me dio la vida, pero, no me la follo y a u tampoco, así que no le des fuego.
—¿Quién quiere follar con la mamá?
—Hay fantasías locas.
—Sergio, tengo que regalar algo en la primera cita —pregunta Milo y los cuatro nos giramos hacia él.
—¿A dónde van a ir? —pregunta Sebastian.
—A ver una obra.
—Uhh, qué aburrido.
—En la primera cita se habla, porque si vas al cine o al teatro es para —Olimpia eleva una ceja. —Tanteo táctico —Los dos Sebastian ríen, pero me dan la razón.—Por eso Olimpia nunca va a ir a esos lugares.
—Olimpia tiene una hermana mayor, mira qué guapa, va tu mujer.
Isabela lleva un vestido nudo, muy tierno y esos zapatos.
—Está muy guapa —dice Olimpia.
Va demasiado guapa. Se ve sencilla, pero, es lo que roba las miradas de todos. El vestido es de un color de un color que no defino bien, pero, parece suave, al igual que el labial muy claro y unos zapatos rojos con catera roja. El televisor cambia de imagen y ponen a las primeras damas
—El diseño es mío.—Todos reímos.
—¿Cómo fue tu primera cita con Isa? —pregunta Bash.
—Nos enviábamos correspondencia porque yo estaba en una base militar y ella ayudando a una fundación.—todos me están mirando en espera de más —Luego la llevé a México y comimos como chanchos. Todo lo rico y después tuvimos nuestra segunda cita en una hamaca no, me acuerdo si el mismo día, al tercer día, ya, cerramos el trato.
—Sergio, nadie, absolutamente nadie, quiere escuchar de tus cierres con mi hija, ¿entendido?
—Ellos estaban preguntando.
—Eso no fue lo que estaban preguntando.
—Bash quería saber por qué no le doy joyas.
—Sergio, vas a quemarte en el infierno —todos ríen y mi hermano le supe al canal.
—Eres el segundo de los dos partidos y el primero de Isa, ¿qué raro, ahh?—bromea mi hermana y todos celebramos. —No debería haber un tercer, mujer.
—Seguro no fue.
—En la foto había cuatro—comentó Olimpia.
Isabela me llama y me aparto del grupo para contestar. Ella me dice que todas llevan mi pin de segundo lo cual es un buen indicador, pero me advierte que todos los chismes me los dará en casa. Mi hermano me grita desde la sala para que venga a ver las encuestas antes del primer debate.
El grupo al frente es el de los Westborn, seguido por castro y voy de tercero, en el grupo oligárquico estoy de último, en el grupo de jóvenes de segundo o nuevos votantes y en la encuesta general sigo siendo el tercero.
—¿Papá, votaste por mí?
—Sergio, qué necio.
—Yo no di el apoyo de mis empresas para ti —reconoce Julianne y el tío Cash le ve sorprendido antes de que pregunten ella responde. —Por si planeas enojarte, no tienes voto Burwish, Pieth, Laggun, Luthor, Waitly, y por lo que oí los Smith estaban divididos. Lo siento, Sergio, pero, es como si tu mamá iniciará un hospital mañana, nosotros sabemos que los Westborn tendrían nuestras espaldas tú permitirías que se abran otros centros de salud y así con todos los tratados de libre comercio, las reformas económicas y laborales que tienes en mente. Tu mayor error fue mostrarnos eso, porque dejaste clarísima tu intensión. No estás de aleado con nadie.
—Es sábado, no se discute más política —dice mi mamá y me da un beso en la mejilla.
—Nada está perdido, tienes que conseguir los otros grupos. Los oligarcas manejan un 20% de los votos.
—Sí, mamá, pero no puedo hacer campaña dentro de esas empresas, no puedo hacer nada en horarios laborales porque solo me apoyas tú, mi papá y alguien más.
—Lo entiendo, Sergio, pero, Isabela te lo advirtió.
Mi hermana se acerca y me abraza.
—Los últimos serán los primeros Sergei—sonrío y le doy un beso.
Las noticias cambian y muestra un auto volcado, veo la placa y les pido que le suban al volumen, llamo a mi chofer, no responde, también llamo a los encargados de seguridad de Isabela, y uno responde.
—¿Dónde está Isabela?
—El auto se volcó señor, alguien los seguía en una motocicleta y el chofer perdió el control. Estamos dándole persecución.
—No lo pierdan, quiero saber quién es y qué es lo que pretendía—respondo mientras voy caminando hacia la salida.
—¿Sergio?
—Tengo que ir a dónde esté Isabela.
—Sí, pero ni tu niño Cash van a conducir.
—Yo, yo conduzco —Todos miramos a Milena —Vas en el auto conmigo.
Tardamos treinta minutos en llegar. Isabela está sentada en la ambulancia, me bajo del auto y corro hacia ella. En el cordón me frenan y veo a Patrick, él hace una seña para que me dejen pasar y voy corriendo hacia mi novia.
—¿Estás bien?
—Sí, una motocicleta nos seguía, no sé si era un paparazzi o si era alguien que nos quería disparar, el chofer, él nos tiró fuera del carril para virar que me disparara. ¡Yo creo que era un arma!—grita y le abrazo. Ella me abraza de vuelta. —El pobre señor está prensado.
—¿Estás herida? ¿Quieres que te lleve al hospital?
—No, quiero ir a casa.
—Isabela, solo para que te revisen—insiste su papá.
—No, estoy bien.
—Voy con el chofer. —Le digo y le doy un beso en la frente.—No la dejes sola.
Me acerco a Patrick y le saludo, me explica que el chofer ha quedado prensado con el cinturón y están esperando a los bomberos que ni se oyen, lo malo es que el auto está en una posición muy incómoda para sacar al chofer el cual está herido y no puede moverse bien.
—Sabes que es de cortar el cinturón verdad.
—Protocolo Sergio, además el auto está en medio guindo. No sé por qué no se tiró al otro lado.
La doctora se acerca y pregunta si no puede la policía hacer algo.
—Él es anticoagulado, tiene una herida en la pierna muy amplia y no siente las piernas. El tiempo en campo puede afectarle, hay que sacarlo pronto y dicen los bomberos que no hay unidades disponibles por un incendio.
—¿No hay fuga de gasolina ni nada?
—No—responde Patrick.
Los dos nos miramos y vamos hacia el auto. Le pedimos a la doctora que se meta en el auto y estabilice el cuello por la parte de atrás. Pedimos a los hombres grandes que nos están viendo que nos ayuden el tío Cash y Bash se acercan a ayudar, mi papá también, todos nos colocamos al rededor del auto.
—El auto puede irse para el guindo. Vamos a amarrarlo a la ambulancia. Necesitamos gente que se siente en la ambulancia. El segundo cable es para empujar hacia atrás si el señor sigue adentro, si no, mandamos el auto al guindo.
Los emergencistas están en espera para sacarle. Patrick se queda atrás para poder empujar y sostener. Yo me quedo al lado de la puerta.
En cuanto estabilizamos el auto, le corto el cinturón e intento abrir la puerta, pero, no es posible.
—¿Puede moverse?
—No, ya intenté.
Abro la puerta trasera y le pido que decline la silla, los emergencias logran sacarlo y subirlo en la tabla, los ayudo a salir y con la navaja suelta el auto para que no se traiga la ambulancia.
El auto se resbala un par de metros, pero, nadie más está en peligro.
La ambulancia se lleva a nuestro chofer y la policía le pregunta a Isabela si puede responder algunas preguntas. Yo le pido a su papá que llame a nuestros abogados y viajo con ella en la patrulla.