Isabela
La policía hacer las preguntas más estúpidas, después de una hora de explicaciones y repeticiones Sergio les dice que es suficiente y que cuando tengan información nos llamen.
Patrick entra en la sala despide a los detectives.
—Isabela, ¿tienes algún acosador? —pregunta.
—No, yo... mi esposo. Mi exesposo...
—Vi que tu exesposo tenía varias órdenes de restricción contra algunas personas, pero, hay una que llama mi atención, porque la llevó a juicio y la orden no es absolutamente para protegerle, sino específicamente para mantener a esta persona lejos de ti.
—Xander era muy seguido por sus fans, hay gente que se dedicaba a mirarnos, una vez se metieron en casa y un par de veces destruyeron mi camerino y mis cosas, en casa, luego unas vacaciones y también, nunca supe quién era solo que alguien nos acosaba y el equipo legal de Xander y él se hicieron cargo de ahuyentarle.
—¿Creen que fue él?
—No específicamente, pero, has tenido acosadores antes y suele repetirse, la gente suele fijarse en las mismas personas. Huelen el miedo —comenta y los dos le miramos preocupados. Les recomiendo aumentar la seguridad, cambiar de rutas y de autos. Incluso, no quedarse en una sola casa si es posible, más ahora que viene la campaña. Yo estaré atento al caso—responde Patrick. —Ustedes dos necesitan aumentar su seguridad y tomar esto en serio.
Los dos nos miramos y nos ponemos en pie.
Fuera de la estación hay un grupo de cinco guardas espaldas que nos acompañan. —Los cinco son tuyos.
—Gracias—respondo y mi novio me rodea con la cintura. Los periodistas nos comienzan a preguntar mierdas y los dos caminamos en silencio hacia el auto. El chofer y guarda de seguridad del tío Sebastian nos lleva a casa de mis padres. Julianne nos recibe asustada, me abraza y me revisa como si me hubiese caído del tobogán.
—Estoy bien.
Mi papá y mis hermanos se acercan a abrazarme.
Paso la revisión de Milena, la del tío Sebas que hasta comprueba el color de mis párpados y por último la revisión de Olivia al cual tiene una taza de café y en la mano para mí me abraza y me lleva al interior de la casa. Olimpia me ofrece un panini y me da un beso.
—Mi amor, puedes dejar la campaña.
—No me voy a quedar viendo como arruinas el apellido de nuestros hijos. Estoy bien ni siquiera herida estoy. Hay que trabajar durísimo, vas de último Sergio, eres el menor de los problemas, hay que aprovechar —Respondo y le doy un beso.
Todos se burlan ante mi optimismo. Esta noche me cuesta muchísimo dormir, tengo que revisar las puertas y las ventanas un par de veces, me tomo una pastilla para calmar los nervios y poder dormir, pero, no lo logro.
Sergio se sienta en el borde de la cama y se frota los ojos.
—¿Te desperté?—pregunto.
—No, estoy despierto desde la tercera vez que fuiste a chequear la casa. —comenta y me acerco para abrazarle, Sergio, me rodea con su brazo y me sienta sobre su regazo.
—¿Puedo cuidar de ti?—pregunta mirándome a los ojos y me inclino para besarle, luego acepto un poco de sus cuidados y él vuelve a llevarme al centro de la cama, nos cobija y me mece como a un niño pequeño, y se asegura de rodearme con sus brazos.
—Estás en casa, estás conmigo y estarás segura Isabela. No voy a dejar que nadie te haga daño—promete y sigue repitiéndolo hasta que me quedo dormida.
Al día siguiente en la sede todos parecen estar bajoneados ante la noticia del ranking y preocupados porque alguien quiere matarme. Son dos noticias malas y evidentemente están hiriendo la moral del partido, nuestros colaboradores pasan todo el día serios, callados y meditabundos.
Sergio está trabajando durísimo junto a Amarilis en la preparación del debate y hoy tenemos a sus papás como colaboradores. Las dos personas a las que nunca les ganas ninguna pelea por más que tengas la razón, por lo menos Sergio, yo he nacido para ganarle al mío.
—Qué honor tenerles por acá—voy a saludarles y me preguntan como pasé la noche. Sergio y yo omitimos que volviéndonos locos y mi tío/suegro vuelve a darme una revisada.
—Lo han destruido tres de seis veces—comenta rojas con una sonrisa y Sergio se queda serio mirándole.
—A trabajar más duro, papás.
—Por la tarde vienen Olimpia, Maxi y Elise.
—Estoy cansado de esto.
—¿Quieren un café? Yo necesito reunirme con ustedes dos y con Elise para la organización de la campaña. Tengo un plan. Díaz viene en un par de horas para valorar como vamos en números más reales y también tengo una reunión con los sociólogos esta tarde por si puedes unirte Ama.
—Tengo un compromiso. Voy a llegar tarde—elevo una ceja.
—Hablamos de eso después. ¿Quieren café? Tenemos tus pasteles—Le digo a mi suegra y ella se ríe. — y... hay que hacer algo con los empleados están muy tristes.
—¿Pizza muy corriente? —pregunta Sergio.
—Sí, pero, es redondo. Se come con todos unidos al rededor de un mismo espacio, así que es una muy buena idea igual que repartir pastel—comenta Olivia.
—Contratada, pensando como empresaria.
—Como mamá—me guiña un ojo. —Así se reconcilian a los mejores amigos de cinco años.
Me río y voy a prepararme para mis otras reuniones, el almuerzo de pizza manía y también encargo unas cervezas litros para disfrutar. Comento con Díaz la situación y él se ríe.
—Es la falsa seguridad, por ejemplo Westborn sabe que venimos a por él, así que pone murallas, pero, tu estrategia fue muy buena.