Isabela
Nadie recordaba nada sobre el desayuno al prometido, pero, no voy a negarme a hacerlo, otras veces le he servido comida a Sergio. Son él y su padre los que llaman nuestra atención y su madre de inmediato se pone en medio de ambos. —Esto es una casa.—les recuerda Olivia. —Nueva regla: nada de política en fines de semana dentro de ninguna de las casas. Se pelean el lunes a viernes—declara Olivia y se pone en medio de su esposo y su hijo, la mujer dedica una mirada amenazante a su esposo y otra a su hijo.
—Claro, Sergio, cómo no ayudarte, si eres mi primogénito.
—Sergio, ven a quebrar huevos porque el lunes tienes que trabajar mucho —le grita su hermana y todos retomamos nuestras tareas.
Mi suegra me pregunta qué me voy a poner para la reunión y le enseño una foto del vestido.
—Estás nerviosa por reunirte con ellas
—No, pero no me siento tan cómoda.
—Siempre que necesites ayuda o con quien quejarte... Eres bienvenida.
—Estás siendo una muy buena suegra.
—Lo sé, ahora ve a prepararle el desayuno a mi hijo. No voy a seguir alimentándolo. —Olivia sonríe y va a la cocina a ver qué están haciendo sus hijos con tantos huevos.
Yo voy a la cocina, y Mily les promete a sus hermanos terminar de preparar los huevos porque sí son un peligro, mientras, yo preparo el desayuno para Sergio.
Todos en la mesa están esperando que lleve el desayuno a Sergio. Hay días como estos que mi vida de verdad no se siente mía, pero gustosa lo hago. Sirvo los huevos fritos y las tostadas sin borde, mucha mantequilla, medio aguacate, café negro solo y una taza con durazno, kiwi y trozos de mango.
Lo llevo todo a la mesa y Sergio sonríe.
—¿Algo más rey?
—Nada más— me siento a su lado y él besa mis nudillos antes de darme las gracias.
—Te toca la cena.
—Sergio cocina—preguntan sus hermanos sorprendidos—Como toda una cena.
—Sí, el cordero le queda buenísimo y el salmón, pero somos más de pollo frito—Todos ríen.
—Comprado —aclara antes de que se hagan una idea.
—Sergio, me siento desatendida—dice Olivia con un fingido sufrimiento. —A ver... te he dado 26 años de mi vida. Te di la vida y nunca me has regalado nada caro ni bonito. No me has dado de comer. Ese no es el ejemplo que quiero que mis otros hijos sigan.
—La verdad, es que sí, me diste para Navidad una tarjeta de regalo de mil dólares Sergio.
—Milena, la gente da regalos de cien.
—A mí no.
El tío Sebastian habla del mantenimiento tan alto que significa ser padre de Milena, con todo y que es empresaria, madre y esposa, tiene un marido y un hombre pagándole una manutención, tiene dos papás más y le encanta gastar, de vez en cuando tiene que bloquearle la cuenta para que deje de comprar.
—Sergio, yo quiero un regalo bonito—insiste su mamá.
—Está bien mamá, pero, tú tienes un esposo muy rico y guapo, él debería atenderte.
Todos en la mesa le miramos confundidos.
—Mi esposo me atiende —responde y todos soltamos la carcajada y reímos ante la insolencia de Sergio.
—Sergio, come y cállate —le ofrezco el pan.
El resto del desayuno me resulta entretenido, mi familia nunca tiene un límite para entretener con sus historias. Me despido temprano para ir a arreglarme. Sergio me sigue al auto y me da un abrazo.
—Sabes que siempre da el apoyo a una de las primeras damas.
—Mi amor, no quieres estar de primero al inicio de la campaña, eso es un desplome, vendrán todos contra ti, déjales ganar.
—Sí, pero, el apoyo de la primera dama es siempre importante.
—Mi amor, puedes confiar en mi estrategia.
—Solamente no la insultes.
Le doy un beso a Sergio. El chofer me lleva directo a casa y yo voy viendo por la ventana en mi casa está Amarilis recién despertándose. Le miro de pies a cabeza y ella a mí.
—¿Cómo estuvo el sexo de reconciliación?
—Muy bueno, la verdad.
—¿Quería comentarte? Necesito que me rentes el lugar así que llévate tus cosas —me río.
—¿Algo más?
—Pon café, sabes que me gusta el tuyo.
Escucho la ducha y la miro, ella a mí con una sonrisa y le hago señas.
—No sé, guapo, con tatuajes y músculos. Castaño tiene ojos claros, piel morena y polla gruesa
Pongo bastante café y espero a que el príncipe salga del baño, no tarda demasiado y viene medio húmedo con una de esas sonrisas sexis, el bóxer puestos y el paño en la cabeza. Le doy un repaso de pies a cabeza a ambos.
—Ey—me saluda Pablo y se queda mirando a mi amiga. Le da un beso en los labios y me da uno en el pelo, agradezco el gesto dada la repartición de fluidos. —Nos vemos.
—Claro.—responde Amarilis mientras Pablo busca las tazas señalo el café y él toma la más grande y se acerca al refrigerador, primero se sirve un poco de jugo de naranja, toma la caja de uvas y se sirve café.
Se pone la ropa que andaba anoche y se inclina para tomar un par de tazas más y sirve lo que queda de café.
—¿Nos hablamos luego? —pregunta a mi amiga y le ofrece la taza de café, me da una y sonríe.
—Sí, sabela mándame su número, estás guapísima.
—Tú también estás muy bueno —respondo y lo veo marcharse.
—Va tarde a trabajar.
—Me imagino —respondo. —¿Tú... quieres hablarme de tu prometido?
—Nadie que tarda tres años en planear una boda quiere casarse— responde.
—Pablo es mi primo. Tiene ojo para las locas, tú eres mi amiga, estás loca. Amas a ese hombre al que dejaste, y con quien probablemente vuelvas así que no vuelvas a ponerle una mano encima. Hablaré con Sergio y desocuparé este lugar tan pronto como sea posible reina —le doy un beso en la mejilla y voy a mi habitación, tomo una ducha y luego me concentro en la preparación de la piel. Me hago un moño y me pongo unos diamantes que Sergio me regaló. Arreglo un poco mi rostro y finalmente me pongo el vestido.
Una hora más tarde estoy frente a la casa presidencial, mi auto es el primero en detenerse, la primera dama se acerca a mí y me saluda. Me felicita por la confirmación de compromiso y yo le sigo la corriente porque no he visto el periódico el día de hoy, le entregó sus reglaos y me mira sorprendida antes de decir:
—Elise, es una espía —ríe. —Adoro las hierbas secas. Muchas gracias.
—En la caja más profunda vienen unas contra resfriados, he escuchado que es muy alérgica y nerviosa.
—No tenías algo para dormir.
—Sergio tiene tilo y valerana, le haremos llega unas plantas.
—Gracias. —Piedad saluda a las otras dos damas—¿Se conocen?
—No personalmente.
—Mei Lin es la esposa de Castro y Verónica, la nueva esposa de Gordon. Isabela, la prometida de Sergio.
Oficialmente, soy una propiedad, beso las mejillas de las otras dos mujeres y cuando llega el turno de la esposa de Gordon para saludar a Piedad ella pregunta:
—¿Por qué tengo que ser “la nueva esposa”? ¿Es Isabela la nueva prometida?—debate Verónica y todas le miramos.
—¿Están listas para iniciar el tour?—pregunta y sonríe.
—Doña Piedad, le estoy haciendo una pregunta.
Piedad baja un escalón notablemente molesto por la escena, la otra mujer y yo compartimos una mirada preocupada, por lo que, puede terminar siendo esta discusión. Piedad finalmente responde:
—Hija, yo le he conocido otras novias y otras esposas, a Sergio le conozco una Isabela y a Fabio una esposa. Claro, eres únicamente su tercer esposa—responde y hace una seña a sus empleados para que reciban los regalos, da indicaciones para que lleven el mío al jardín. Las cuatro nos paramos en el mismo escalón. Mei Lin se asegura de dejarme en medio de ella y de Piedad.
—Para que la podamos cortar de la foto—murmura la esposa de Castro y sonríe ampliamente.
Siento que he entrado a la sociedad más demás perra de Mainvillanas mientas nos acomodamos para la foto que va a tomar el fotógrafo de la casa presidencial.
Señor, guárdame de tanta maldad y de los espíritus de esta casa.