Sergio

Sergio

Isa siempre dice que los peores enemigos de una persona famosa son los periódicos.

¿Isabela Burwish Pieth lo ha dejado con Sergio?

El candidato del corazón roto.

¿Compromiso romántico o estrategia política?

Mi hermana y yo estamos comiendo mi corazón roto en forma de donas, Sebastian me da un golpe en la cabeza y Milo me mira a los ojos, el hijo dorado de mi mamá me mira a los ojos y por primera vez noto que son verdes, precioso, con tazón mi mamá dice que es el mejor.

—Así sería nuestros hijos—mis hermanos se ríen.

—Deja de ser un maricón—me pide Sebastian.

—Y un cabrón.

—¿Quién les enseña tantas malas palabras?—pregunto y mi hermano, el único que no me había insultado, me suelta una cachetada, luego otra y me hago para atrás antes de que me suelte otra.

—¿Qué te pasa? —le pregunto a Milo y él sonríe.

—No sé cómo reconquistarla. Sé que le hice daño, pero, no sé cómo la conquisté, siento que estaba en el lugar correcto, viviendo la situación similar, con ella en una hamaca en medio México o mirándonos en medio de la multitud que hacen nuestras familias.

—Sergio, llevas tres días separado de Isabela, nadie le ha visto, ¿Has ido a su apartamento algo?

—Quiere espacio.

—Si yo fuese Isa y tú te aguantas mil días para ir por mí, pensaría que no me amas lo suficiente.

—Olimpia, deja de tragar —le regaña Sebastian. —¿Eres bulímica? —mi hermana evidentemente se muestra ofendida y le tira la canasta vacía en la cabeza.

—Okay, no más insultos, golpes. ¿Qué van a creer? Que mi mamá educó chanchos desorientados.

Escribo el nombre de mi exprometida y veo unas fotos de Isa con unos lentes, un vaso de café, el pelo natural y apenas maquillada, lleva tenis y unos pantalones que usa para dormir mientras saque a esas tiendas por baratillo.

Llamo a mi hermana mayor y la saludo.

—No sé si quiero que seas mi hermano, mi rimo, mi pariente, pero, estos fucking segura de que no quiero que seas mi presidente.

—Milena, dame paz, llévale una canasta con comida. ¿Sabes qué compraba en Target?

—Le gusta ordenar cuando tiene crisis.

—Ya... ¿Puedes ir a verla? Y preguntarle si ya quiere hablarme, le dejo mensajes de voz en espera que me conteste.

—Ya.

—¡Ya! —la imito—¿Es sí o no?

—Ya —responde finaliza la llamada.

Les pregunto a mis hermanos si quieren ir a escuchar una orquesta conmigo hoy en la noche. Milo me dice que eso es lo que debería estar haciendo escribiendo una canción.

—Tú eres hijo de otro hombre—respondo y los llevo a los tres conmigo a trabajar, le pido a Sebastian que me cargue y los tres lo hacen, luego me dejan tirado en la calle en pleno paso peatonal, son hermanos horribles, pero les sigo y corremos los cuatro hasta la oficina, en ella está una mujer muy bien vestida, guapísima, piel morena, lleva saco anaranjado y el pelo largo suelto, me mira con una sonrisa socarrona y me acerco a ella.

—Sergio Smith.

—Lo sé, Isa me llamó, está pasando por este resfriado horrible. Soy Amarilis Valderrama, su amiga y tu jefa de campaña—responde.

—Hablemos en la oficina—le invito.

Ella explica que ha estado estudiando la política Mainviliana y que isabela le asesorará en lo que sea posible, pero, no puede hacer ambas cosas.

—Quiero todas las rosas blancas de la ciudad advierto.

—¿Para el partido?—pregunta y pone la bolsa en una de las sillas.

—Para mi mujer.

—Sergio, soy amiga de Isabel, creo que la has cagado en grande y aquí entre nos, te puedo prometer un segundo porque no soy tan salvaje como Isabela, siempre he sido su asistente.

—Quiero todas las rosas, velas, nuestras familias, quiero que sepas dónde estará y que vaya vestida de blanco.

—¿Algo más?

—Preferiblemente, la casa de sus papás tiene un mejor jardín.

—Ey, Sergio, ¿si la reconquistas puede firmar cláusula contra pendejadas?

—Milo, Sebastian y miss Olimpia —grito y mi hermano deja de conversar para poner su atención en mí.

—Vengan, ayúdenme.

Los tres vienen corriendo y le doy las llaves dl auto a Sebastian, luego recuerdo que él es la misma persona que me dio agua contaminada y le doy un empujón mientras le quito las llaves, les cuento mi plan a mis hermanos y vamos primero a una boutique en busca de un vestido para enviarle a Isabela, pero, Olimpia me pide que diga mi nombre

—Sergio Caine Smith—respondo.

—¿Me explicas?—pide Bastian.

—Bass y Sergei, nosotros no compramos, nosotros vamos donde la tía o la hermana para ocasiones importantes.—Ya, lo que nos faltaba era ir mal vestidos.

Todos nos reímos y llamo a mi tía, le pregunto si tiene algo blanco para vestir a Isabela. Ella me dice que no tiene las medidas recientes de Isabela, pero, cuenta con un par de diseños que pueden interesarme.

Mis hermanos conocen a toda la sociedad adolescente Mainviliana y me presentan a Emily una fanática de mi candidatura y amiga de Milo, el cual no le presta atención debida. Estrecho mi mano con la de Emily y le cuento mi plan, la canción, los tonos y les pregunto si no estamos muy a destiempo.

Los muchachos dicen que estamos a destiempo, pero, todo por el futuro presidente del país, sé que algo traman, me río y les digo que si gano estarán invitados a eventos de alto perfil.

Las flores, chocolates, cenas ya no van a funcionar con Isa, pero una serenata por más que parezca demasiado es lo más romántico y lo único que se me ocurre.

Llamo a mi suegro, el cual está molesto todavía, pero, dice que odia ver a su hija limpiar con tanta obsesión, sola, triste, ordenando de esa forma tan obsesiva, solo por eso, me ayuda.