Sergio
Sergio
Entiendo a Isabela y me disculpó por lo que ha sucedido y por lo mal que he gestionado las cosas, pero no necesito leer la lista para saber que sin Isabela Burwish no tengo campaña y tampoco oportunidades de ganar contra nadie.
—Isabela, eres lo más importante para mí. No tengo que elegir entre ningún otro jefe de campaña y tú. Ahora si estás hablando de que solo puedo tener a mi prometida o mi jefa de campaña son momentos y los dejo ir a todos. —Ella me mira a los ojos sorprendidos.
—Has querido esto desde los cuatro años.
—¿Sabes qué dijeron todos ellos hoy?—le pregunto.
—Que eres un cabrón —responde y la acerco a mí.
—Aparte de eso, todos estaban preocupados por lo que le podrían o no dejar a sus hijos, a sus hermanos, no están preocupados por los suyos, no sus socios. Es el futuro, entonces me he preguntado: ¿qué les voy a dejar a mis hijos y mi esposa? El recuerdo de que vivimos en casa presidencial o qué. Este puesto significa que voy a pasar ocho años siendo el esposo más mierda, el papá más ausente y el tío que se pierde de todos los eventos, las fiestas, al menos quiero dejar una huella grande en el país, en nuestros hijos, en nuestras vidas. Lo más importante para mí eres tú, en cualquier escenario lo veo contigo, gane o pierda.
—Se te dan muy bien los discursos para tu propio bien—sonrío. —Pero sigo molesta y necesitó espacio. Debajo de los candidatos para ocupar el puesto están las cosas que necesitas hacer para los próximos seis días.
—Isabela.
—Ocupo estar sola.
—Puedes estar sola, pero, ponte el anillo.
—Tú estás seguro de que me quieres a tu lado hasta el último aliento, yo no estoy segura de querer estar en este sube y baja toda la vida. —Ella me da un beso y sale de la oficina. La sigo e Isabela me pide que por favor la deje sola un momento.
Yo bajo por las escaleras al primer piso del edificio y fuera me encuentro a mi hermano del alma con una de sus sonrisas socarronas. Bash se quita los lentes y me hace ojitos, me río y me acerco corriendo a abrazarle.
—He tenido un día cagado y lo peor es que lo cagué yo.
—Ya escuché, mi papá casi tiene otro infarto y tu papá no para de decir que ya no boda vamos a tener. ¿Qué hiciste tan malo?
—Empobrecí a los ricos de Mainvillage. —Le respondo y él sigue haciéndome ojitos. —¿Qué hiciste?
—Me hice una lipo de papada y la biche.
—¿La biche? —pregunto.
Tengo constantemente la responsabilidad de entender todos los procedimientos estéticos a los que se somete el princeso este.
—Sí, una lipo en los cachetes.
—Estás más guapo que nunca— le digo—pero, no lo necesitaba, tú eres fantástico. Mira lo bronceado que estás. Por eso le caes muy mal a Isa y Santi, sacaste todos los genes buenos del tío Cash.
—Sí, pero, yo me bronceo con máquina. Ellos ni se ayudan—río.
—Bueno, mírate las cejas.
—Sergio, me las saco, por favor, tú has ido.
—¿Hay algo natural en ti?—los dos reímos.
—Mi picha, pero... no te la voy a enseñar—Se queda pensando.
—¿Qué te hiciste? ¿Es posible?
—Hay unas inyecciones...—le hago una seña para que se detenga —No tengo problemas de erección. No quiero que malentiendas, Sergei, son para engrosar el asunto.
—No es que quieras saber, pero, a tu hermana le encanta mi polla—Los dos nos reímos y le quito las llaves del Audi.
Auto altamente seguro y reforzado que su papá le regaló en un ruego al universo porque no sufra un accidente automovilístico porque Bash es muy bueno en muchas cosas y está buenísimo, sin embargo, yo no le daría mis hijos para que les dé un paseo en el auto. Hay días que no lo dejaría a él solito porque es un atentado para la ciudad.
Mi primer ordena como presidente será retirarle la licencia.
Él pone la dirección en el GPS y le doy una mirada a mi amigo antes de preguntarle cuál es su plan, a qué debida toda es energía sensual que se anda. Él me pregunta por mi compromiso y le doy el anillo. Bash me mira sorprendido.
—¿Fue para tanto?
—Puede que haya sido más que necio.
Empiezo a contarle todo lo que Isabela ha estado trabajando y lo mucho que he jalado en otra dirección, Bash no parece haber escuchado esto por primera vez, ahora tiene confirmación de que soy un estúpido.
—Sergio Isabela tiene definitivamente un tipo que es consiste en hombres ultramachos, ultranecios. Tú no tienes un vicio, no tienes problemas de faldas. Eres casi perfecto en físico, la mujer te ama, pero, la persona que se quede con mi hermana tiene que ser un hombre que esté dispuesto a abrazarle el alma porque ella ha pasado la vida cuidándonos y la vida sufriendo los errores de quienes ama, definitivamente, necesita todo de hombre que la ame.
—Yo sé.
—Ponte huevos, entonces.
Los dos nos miramos y aparco frente al lugar.
Es un refugio de animales.
—Le dejé el perro, se lo regalé y me voy a regalar dos perros adoptivos porque no necesito un perro de casi tres mil dólares. —Le veo preocupado, le doy un abrazo. Los dos nos bajamos del auto y vamos por el refugio de animales, le entregan unos documentos para la adopción de animales y nosotros nos miramos.
—Si no lleno estos datos no me lo dan.
—Sí—responde la mujer.—Es para hacer consiente a la gente de que los perros tienen que pasear, comer y poco más usted llénelo y luego hablamos.
—¿Cuántas veces crees que hay que pasearlo?
—No sé, no puedes contratar a alguien.
—Sí, pero quiero sonar responsable.
—Cinco veces al día, mínimo dos.
Bash escribe y sigue preguntándome, yo sigo inventando por el bien de los dos, la encargada nos ve y se ríe antes de acercarse y darnos una pequeña charla de todas las necesidades que tienen los animales.
La joven me pregunta si soy el candidato a la presidencia y yo me presento, ella sonríe y me pregunta qué reformas tengo planeadas para el bienestar animal. Comento con ella que estoy interesado en conocer su opinión más que en recitarle mis ideas, ella sonríe y nos muestra las instalaciones, comenta que si el lugar está tan bien equipado es por el interés de algunos chicos que hacen donaciones en el lugar.
—Yo de verdad creo que los jóvenes tienes ideas para elevar esta ciudad, se ve en todos lados y no estoy hablando de la gente, de la edad de nosotros, estoy hablando de los que vienen, vea a su hermana, le da de comer a todos los indigentes de la ciudad y el 50% del país o los que mantienen a los refugios animales, es una locura, no tienen miedo a alzar la voz, nosotros los adultos tenemos que decir lo que parece correcto y rogar por lo que es correcto. —La mujer sonríe y le enseña a Bash un perro callejero, se ve de lo más dulce y despeinado, Bash se enamora de Linda, la primera hembra que le ha llamado la atención en la vida y ella también está enamorada, da vueltas para él, le lame, brinca y hasta sonríe.
Esa noche Bash va muy bien acompañado a casa y yo, ve, voy a una cama fría, solitaria y la única forma en la que escucho su voz es a través del buzón.
El miedo no me deja dormir.
¿La he perdido?