Cap. 38

Las redes sociales habían amanecido a reventar, sobre todo en la sección de farándula, noticias relevantes al concierto de Claudine y todo lo que conllevaba dicho evento, entre ellas una foto donde aparecía Daniela y Mauricio besándose en la tarima y Claudine aplaudiendo, hablaban de la dedicatoria para Daniela Iriarte de parte del mejor amigo de Claudine, el fotógrafo y diseñador Mauricio Montenegro, otras secciones se encontraban los reportajes de la rueda de prensa después del concierto y el evento social al finalizar dicha rueda, en donde se encontraban Daniela y sus padres posando en una foto familiar. Especialmente esas fotos, Claudine había cumplido su palabra y Daniela se encargó de publicarlas para cubrir sus columnas en el noticiero digital, pero donde promovían esa escena romántica y apasionada sobre la tarima, mas el artículo escrito, eran de otros noticieros, aunque eso no era lo que le inquietaba, lo que realmente le ponía de los nervios era la noticia donde aparecía Mauricio y Claudia en el terminal de Córdoba, ambos con equipajes listos para viajar, Daniela sabía para donde iban exactamente, pero los que no conocían la verdad… el enunciado que tenía como pie de página decía: ¿escapada de amor o de las garras de la reina del drama?, ¿por fin le consiguieron reemplazo?, aunque no mostraba nada que alarmar, seguía siendo una falsa noticia.

Y allí estaba Daniela, sentada en la mesa con una buena taza de café y dos aspirinas en mano y ella debatiéndose si tomarlas de un solo golpe o una por una, su cara no tenía buen aspecto desde que se había levantado en la mañana con la resaca martilleando, y había empeorado después de vomitar, y ahora con ésta noticia que le cayó como un balde de agua fría no sabría si sentirse de funeral o no, Lucía le hacía compañía al otro lado de la mesa con otra taza de café con la gran pregunta plasmada en su cara, ¿Qué rayos pasaba por la mente de Daniela? y en la mente de Daniela giraba otra pregunta, ¿Qué haría ahora?, y más que ahora se había dado cuenta que Claudine podría tomar partido y sacar la situación a su favor, porque no había nada que la comprometiera, lo otro es… ¿será que había alucinado la noche del concierto?

El móvil de Daniela vibra sobre la mesa trayéndola a la realidad, tomó su móvil y vio en el identificador de llamadas que decía, Mauricio. ─ Genial ─ pensó resoplando y dejó caer los hombros desanimada, dándole una mirada a Lucía, pero ella solo bebió un sorbo desviando su atención a otro lugar, típicamente ese gesto era usado para querer decir, “allí no me meto”, sin más remedio que aceptar, atendió la llamada. ─ Si estás llamando para decirme lo del artículo…─ Si… también lo leí ─ Que novedad ─ (silencio) ─ ¿Algo más que decir? ─ Solo quería…─ No me siento bien y no estoy de humor para declaraciones de amor…─ Daniela… no te preocupes, no pienso hacerte perder el tiempo, solo quería decirte que el artículo es más que obvio ─ ¿Qué es lo obvio? ─ Que el acosador está en Córdova ─ ¿En serio?, fíjate que no me había dado cuenta. Por si no lo sabías estoy siendo sarcástica ─ Lo que quiero decir es que la persona que publica éstas cosas quiere perjudicarte a ti ─ (silencio) ─ ¿Daniela? ─ Si… hem… si aquí estoy… he… ¿Cómo estás tan seguro? ─ Has memoria. El primer artículo fue saliendo del supermercado, el segundo discutiendo con Claudine en el hotel y el tercero la noche del accidente y ahora éste, todas señalándote como la reina del drama ─ esa parte la escuchó Lucía expresamente tomando otro sorbo de café, y dado a lo gracioso y lo realista, casi se ahoga con el café, eso le causó ser merecedora de una mirada furibunda de Daniela.

─ Por eso no me preocupo, tengo suficiente material para refutar ─ ¿Te refieres al…? ─ No lo menciones, lo que haya pasado, pasó y…─ La persona te conoce ─ ¿Qué? ─ Que la persona que publica éstas cosas, te conoce ─ (silencio) ─ ¿Dani? ─ Si… he… no tengo la menor idea de quien…─ de pronto todo se detuvo y un nombre llegó a su mente. ─ Maximiliano… ¿Será posible que sea…? ─ Es lo más probable… también lo he pensado ─ Pero no tiene sentido ─ ¿Por qué? ─ Él vive detrás de mi, acosándome porque quiere volver conmigo y… no tiene sentido ─ ¿Alguna de quien podría ser? ─ No… aunque…─ ¿Aunque? ─ Las… últimas conversaciones que habíamos tenido habían sido un tanto fuertes ─ Así que podría ser una posibilidad ─ Tal vez… pero… ─ ¿Si? ─ ¿Desde cuándo te importa mi reputación? ─ (silencio) ─ ¿Mauricio?, estoy esperando ─ ¿Por qué insistía?, de alguna forma Daniela quería saber, y esa pregunta fue un detonante para que su corazón se acelerara, y si Mauricio… ─ He estado pensando ─ Te hice una pregunta… ¿Desde cuándo te importa mi reputación? ─ la pregunta correcta que ella quería decir era, ¿soy importante para ti?, pero ésta era una de las formas de hacerla, ¡Dios!, parecía la propia adolescente, pero lo que le llenaba de impaciencia eran las evasivas y Mauricio… ─ Si… tu reputación me importa ─ Hm ─ otra vez su cerebro se colapsó para dar cabida a su corazón volar, ¡si le importaba!, y eso significaba que se preocupaba por ella, pero… ¿Por qué le ocultaba cosas?. ─ ¿Daniela? ─ ¿Qué propones? ─ Por ahora… nada, solo… ─ Mauricio carraspea. ─ Solo usa el material que tienes para contrarrestar aquellos argumentos ─ Eso quiere decir que el juego sigue ─ Yo no lo llamaría juego… hem… debo colgar, Claudia no tardará en llegar y necesitamos arreglar el material para el lunes ─.

Cuando supo que Mauricio cortaría la llamada, su corazón se desbocó y se precipitó en tratar de buscar cualquier otro tema para seguir hablando con él, quería seguir conversando de lo que fuera con él y más cuando… ─ ¡Espera, espera! ─ ¿Si? ─ Hem… he… ¿Qué tal les fue el viernes? ─ Claudia estuvo excelente… lo hizo muy bien en la entrevista ─ eso le robó una sonrisa a Daniela pero ¿Por qué era?, ¿por su amiga?, era obvio que se sentía orgullosa, era su amiga y se había lucido, pero escuchar que el elogio había venido de Mauricio… ─ Dani… debo colgar ─ Bueno… he… yo… si… está bien… he… no te quitaré más de tu tiempo ─ Adiós ─ Hasta pronto ─.

─ ¿Son ideas mías o esto huele a reconciliación? ─ Daniela le muestra los dientes en una sonrisa desdeñosa. ─ No sueñes ─ A mi me parece una reconciliación ─ No, no, no, Tus reconciliaciones vienen acompañado de sexo, esto fue solo una simple conversación ─ de pronto Lucía se mofa de Daniela repitiendo sus mismas palabras parpadeando como una tonta risueña. ─ *¿Desde cuándo te importa mi reputación?* ─ Eso fue una simple pregunta ─ No sé para Mauricio, porque era una pregunta con un segundo sentido y fue de lo más obvia para mi, así que invéntate otra excusa ─ ¿Si?, ¿Como la que te inventaste la noche en que tu chicharrón de Winnie Pooh y tu pasaron la noche en mi cama? ─ Eso fue un golpe bajo y ya te lo dije, no es una excusa, fue la verdad, no hicimos nada ─ Okay, okay, vamos a dejarla pasar porque organizaste una noche espectacular solo para chicas… (segundos pensativa), ¿Se puede tomar en consideración en ese particular a Carlos y a Walter?, digo, porque son gays ─ (mirada plana) Tómate tus aspirinas ─.

Encerrada en su habitación, Daniela se debatía aun más que nunca entre sus pensamientos, todo lo que tenía que ver con Mauricio era un mar de misterios, agregando la insistencia que tenían Walter y Carlos en querer hablar con ella, y ahora ésta revelación en saber que en verdad le importaba, le causaba un gran vuelco en su pecho, una ansiedad de ahora y más que nunca en resolver tal misterio.

Con su laptop apoyada en sus pierna y ella sentada en su cama, tratando de concentrar su atención en algo que no sea en Mauricio, quiso intentar trabajar en sus deberes, pero las palabras de su madre revolotearon en su mente, aquella insistencia en que debía escuchar lo que tuvieran que decir ese par, y si ellos querían hablar con ella… ─ Para luego es tarde ─ se dijo para si misma, por ahora aprovecharía que Lucía había salido hace un par de horas para verse con su doctorcito, esa era la oportunidad perfecta porque no quería responder preguntas incómodas, no ahora. Preparándose rápidamente, tomó un buen baño para espantarse la poca resaca que le quedaba, se ató el cabello en una cola, buscó un conjunto deportivo entre leggins negro y playera fucsia Adidas y zapatillas a juego, unos lentes oscuros… solo por si acaso. Y si no quería llamar la atención… el lado positivo es que no tenían manga, eso le ayudaba con el yeso, tomó su portamonedas, su móvil y las llaves y salió pitando del apartamento, era ahora o nunca.

Carlos y Walter bajaban las persianas del local, estaban cerrando porque se les había presentado un encargo, la cual, debían asistir ambos, por lo visto era un evento grande porque iban equipados con todo, mantenían una conversación casual y planificación de cómo hacer para conversar con Daniela, y entrando en detalles esperaban terminar temprano para volver a intentar visitar a Daniela en su apartamento y aclararlo todo y de una vez por todas, Dios, ser amigos de ese par era un terrible dolor de cabezas, ambos eran tan tercos a veces, así que para regresar temprano, decidieron no perder el tiempo y abordaron el Maverick a toda marcha.

Daniela iba en el bus pensando en la gran cantidad de preguntas que le formularía, todas ellas, de sus posibles sospechas, y si esas sospechas fueran ciertas… su garganta se cerraba en solo pensar que una de ellas sucediera y era que Mauricio volviera con su exnovia, y le dijera a la cara que lo que habían vivido solo fue un juego, y a decir era cierto porque fue ella misma quien lo había propuesto, y todo para evitar los escándalos sociales en las redes, no sabía si ese pensamiento le dolía era por haber sido una idiota en guardar una mínima esperanza, o era escuchar las duras palabras de Mauricio, y al imaginarlo, le dolió escociendo en su pecho, ¿y no les ha pasado que cuando llevan la prisa más grande del mundo, el bus se le ocurre respetar los límites de velocidad?, hasta un anciano en andaderas iría más rápido que el bus, y por un segundo, se había arrepentido en hacer esa visita solo para evitarse momentos desagradables y una posible desilusión, aunque pensándolo mejor, ¿Qué más desilusión podría llevar?, si con lo que había pasado con Maximiliano era la tapa del bote, en comparación con lo que podría hacer Mauricio, sería más llevadero, lo que si era cierto es que sería de igual de doloroso, pero… ¿Por qué estaba pensando en ello?, ¿Por qué se preocupaba si entre Mauricio y ella no existía relación alguna?. ─ ¿No y que tenías todo bajo control? ─ preguntó aquella vocecita en su cabeza. Entre parpadeos espabila reparando en que ya faltaba poco para llegar a la parada, luego pensaría en ello, y su corazón se dispara al entrar en cuentas, que pronto acabarían sus dudas.

Pero la mayor decepción del día fue que al llegar, sería a encontrar el local cerrado, ya no sabía en que pensar o que sentir al respecto, solo que no era el momento oportuno, posiblemente ellos se habían tomado el día libre y descansar un poco después de la fiesta de anoche, era imposible que estuvieran en todas sus facultades por todo el licor que se habían bebido, o tal vez fue ella la única en haber bebido como una posesa, bueno, sea cual fuere el resultado, dudaba que Carlos y Walter tuvieran la genial idea de visitarle hoy, tal vez mañana, así que considerando la distancia desde el local, que al ver aquella puerta, la que llevaba al sagrado recinto de Mauricio, le trajo muchos recuerdos tantos locos como… románticos y eso le había encantado, en fin, la distancia que le aguardaba era el suficiente para ir reflexionando, así que se aferró a su porta monedas e inició la marcha de regreso a su hogar.

Caminaba a pasos muy lentos, sopesados mientras su mente vagaba. Con cada paso, en cada segundo, recordaba cada instante vivido con Mauricio, cada encuentro, cada palabra y al final de cada recuerdo se hacía una pregunta. ─ ¿Qué siento por él? ─ cada recuerdo conforme avanzaba, su corazón latía con más fuerza, y entre los latidos, una mezcla de sentimientos bullía en ella. Añoranza, ansiedad, emoción, ganas de volver a vivir todo aquello. Viendo un banco en el parque, se le antojó sentarse y seguir pensando, eran tantas cosas que, aunque hayan sido en un mes, fueron bastante significativas, como un especie de golpe que azotaba en los momentos menos esperados. Ni siquiera había visto la hora cuando se percató que la noche ya estaba llegando, y ni siquiera sentía que su enigma por Mauricio había sido resuelto, al contrario, ni siquiera había avanzado en lo más mínimo. ─ ¿Qué siento por Mauricio? ─ aun seguía bailando esa pregunta en su mente. ─ ¿Lo quiero?, ¡Claro que…! ─ eso era imposible, ¿en tan poco tiempo? ─ No vengas llorando con las tablas en la cabeza ─ Lucía siempre tuvo razón, porque no podía negar que sentía algo especial por Mauricio, y más cuando la besaba de ese modo, que con tan solo recordarlo, su corazón latía con fuerza, ¿y cuando la miraba de aquella forma?, como si ella fuera la única en el planeta, en ese particular le encantaba, que toda la atención era para ella y solamente ella. ─ Solo dame un plazo ─ ¿un plazo para qué?

─ ¡¿Cómo que no está?! ─ preguntaba Carlos tan sorprendido como decepcionado. ─ Si, ella no está, digo… cuando llegué… ya ella no estaba ─ Carlos y Walter comparten una mirada interrogante, habían llegado apresurados, inclusive, se veían agitados, ¿y todo para qué? ─ Seguramente fue a buscarnos al local ─ comentaba Walter más para si mismo. ─ Si fue al local, por lo menos ya debería haber llegado ¿No?, ya que ustedes cerraron temprano ─ Si, querida, si hubiera habido otra forma… pero no podíamos hacer nada, teníamos que asistir los dos ─ ¿Qué tal si la esperamos? ─ Walter… ya falta poco para las ocho ─ No sé ustedes pero yo la voy a buscarla ─ proponía Lucía tomando su abrigo que reposaba sobre el sofá, mientras que Carlos y Walter se ofrecían para llevarla en el auto.

Ocho de la noche y Daniela entra en una tienda de abarrotes con la mirada un tanto perdida, llevaba horas pensando y no había comido nada desde ese entonces, solo cuando su estómago le reclamó por algo de comer fue cuando reaccionó, por lo tanto, optó por algo rápido, y a decir verdad, su falta de concentración no sabía si era debido al hambre o por la cantidad de cosas que tenía en mente sin concluir ni comprender, tal vez si comía algo le ayudase a pensar mejor, pero todo, todo lo veía gris, tal vez fuera hambre, pero nada se le antojaba, lo único que vio de color fue el chocolate que Mauricio le había comprado la noche en que le había pintado el yeso, y sin siquiera pensarlo estaba aferrada a su yeso dibujando la “D” donde una vez estuvo pintada.

Humedeciéndose los labios se debatió un par de segundos si comprarlo o no, miró a un lado luego al otro y lo cogió, estando en la caja registradora, su móvil suena trayéndola a la realidad, si ella era distraída, ahora era el doble y todo por culpa de Mauricio y sus tonterías, viendo la pantalla vio que era Lucía, eso era lo que decía el identificador de llamadas, pero cuando contestó su móvil pitó por falta de batería y se le apagó, ¡carajo! ─ ¡Mierda! ─ ¿Qué? ─ preguntó Carlos casi al borde de la angustia, rodeaban por una avenida sin tener la menor idea por donde empezar. ─ Se cayó la llamada ─ ¿Te cortó? ─ No. Daniela no es así… no conmigo, podrá estar muy cabreada, pero nunca me corta la llamada ─ Tal vez se quedó sin batería ─ opinó Walter girando el volante en otra cuadra, pero muy atentos por si veían a Daniela vagando por allí.

Saliendo de la tienda con chocolate en mano y algo más, a Daniela, no le había quedado más remedio que comprar un cargador de emergencia, y conectando su móvil, escaneó la calle rápidamente y se quedó parada al frente de la tienda esperando a que su móvil cargara algo de batería y así poder devolver la llamada, solo esperaba que Lucía no se le ocurra volver a llamar para que la batería le dure un poco más o que no haya sucedido algo malo.

¿Qué hacía Daniela sola a estas horas de la noche?, estaba muy lejos de su casa, pero dado al lugar, seguramente estaría esperando… ¡no puede ser!, ¿será posible?, Daniela haciendo los encargos del malicioso novio mientras que él estaba por fuera cerrando más negocios turbios, porque ese rol de fotógrafo no se lo comía, un fotógrafo no ganaba tanta pasta vivir en un edificio entero, porque eso era lo más seguro, que aquel depósito abandonado era su cuartel y su casa, esa idea no se la quitaba nadie, lastimosamente tuvo que tomarle un par de fotografías, haberla seguido desde el local había sido una muy buena idea, porque desde que el mafioso se había ido de viaje, algo le de decía que ese viaje no era de pura casualidad y para la mayor de las bajezas usaba a las amigas de Daniela como escudo y excusa para pasar desapercibido. ─ ¡Sucio bastardo! ─ aunque viendo a Daniela sin morral, supuso que solo sería un encuentro, un punto de recogida para ir directamente al sitio donde se realizaría el intercambio o la recogida del dinero o la mercancía misma, no podía ser de otra.

Viendo como Daniela hacía una llamada, pudo notar que se veía ansiosa mirando a varias direcciones, tal vez eran los nervios de entablar tal negocio, posiblemente eran los socios del mafioso, y en definitiva, ella no era para esto, si solo quería tener una buena historia para el noticiero en la que trabajaba, ya había hecho mucho cubriendo lo del concierto y tolerado verle en las fotos como se besaba con ese infeliz, y éste pretexto ya era pasarse de la raya, pero solo faltaba poco para desenmascararlo, tenía todo casi listo para destruir la fachada del presunto novio de Daniela, y cuando lo lograra, estaría allí para consolarla y hacer de su mejor esfuerzo para volver con ella y abrirle los ojos, hacerle entender que él era su futuro y no el bastardo aquel que solo la estaba manipulando, ya podía saborear el momento triunfal cuando… ¡mierda!… un auto se acercaba. Entornando la mirada, pudo ver que era el mismo coche del novio, ¿no se había ido de viaje?, a menos… pudo ver, también, tres siluetas a bordo del coche, pero no pudo diferenciarlas porque tenían las luces apagadas. En efecto, no había dudas, eran los socios, y… ¿acaso está loca?, ¿Cómo se le ocurre abordarlo?, solo podía tomar fotografías para así anexarlas y esperaba que cuando todo aquello explotara se le ocurrieran argumentos suficientes para defender el caso de Daniela y no se viera tan afectada en todo éste embrollo.

Lucía le reclama a Daniela por estar en la calle con tanto frío y sin algo de abrigo, pero ella no podía decir nada al respecto, solo que su mente y sus ojos estaban puestos en Carlos y Walter, así que sin darle una mirada a su amiga se disculpó por haberla preocupado y que lamentaba no haberle contestado la llamada debido a que su móvil se había quedado sin batería. ─ Que bueno que te encontramos ─ comentaba Carlos aliviado y con razón, porque volver a fallar en su objetivo ya era casi tan imperdonable como no lavarse los dientes o que Walter no le preparara el café. ─ Disculpen por preocuparlos, de verdad, yo…─ Lo importante es que estás bien…─ Carlos, perdona que… pero necesito preguntarte una cosa… bueno, en realidad son muchas, es que…─ Descuida, cariño, Walter y yo estamos aquí para eso también ─ sin más que decir, decidieron hablar en casa, por lo tanto, el camino de regreso fue silencioso, por lo menos de parte de Daniela.

─ Daniela, antes de llevarte a casa y empieces tu interrogatorio… quisiéramos llevarte a otro lugar primero ─ Mm… bueno ─ y así fue, Daniela accedió a la propuesta de Walter, y cuando le mostrara lo que fuera que quisieran mostrarle, les lloverían las preguntas. Walter y Carlos las llevaron a las afueras de Córdoba, a la autopista rumbo al Valle de los Pedroches, y allí, en un sitio remoto donde solo se podía apreciar algunas luces que alumbraban dicha vía y el cantar de los grillos y animales nocturnos, acompañando aquel paisaje nocturno, se encontraban Daniela, Lucía, Carlos y Walter orillados en la carretera. ─ Lo que te vamos a decir, Dani, no es fácil y… por favor… lo que oigas de nosotros, queda entre nosotros, ¿De acuerdo? ─ propuso Walter muy serio, nunca lo había visto tan serio y la cara de Carlos solo se podía definir como sombría, fúnebre. ─ Chicos… me están asustando ─ comentaba Daniela saltando de un rostro a otro. ─ Descuida, solo queremos mostrarte algo ─ comentó Carlos bajando del coche e invitando a Daniela a hacer lo mismo.

Coches pasaban de vez cuando por allí, era una carretera solitaria, y la noche estrellada con la luz de luna taciturna sobre sus cabezas la hacía ver un panorama un tanto escalofriante, como en aquellas películas de terror donde en la distancia se podía apreciar un árbol moribundo más que otro, tratando de arañar las estrellas, y otros árboles frondosos tratando de opacar la luz de la luna. Lucía se quedó en el coche, porque así lo decidió ya que lo que tenían que decirle Carlos y Walter, solo le concernía a Daniela. No caminaron mucho, solo un par de metros hasta llegar a una barda maltrecha, Carlos señala una dirección en particular al final de una ladera bastante sinuosa y llena de piedras y mala hierba. ─ Allí pasó una tragedia hace casi tres años ─ Aja ─ ¿Recuerdas a la tal “Emily”? ─ preguntó Carlos y con solo escuchar el nombre, Daniela se tensó apretando su mano en un puño, ese nombre lo odiaba, pero no podía hacer nada, bueno si, darles la espalda y largarse de allí, exigirles que la lleven a casa, pero una pregunta se le coló en la mente, ¿Qué tenía que ver Emily en todo esto?, así que decidió quedarse y escuchar el resto. ─ Hace más o menos tres años, Mauricio tuvo un accidente aquí mismo, con él estaba Emily y el coche se volcó quedando patas arriba… él… él…─ Carlos tomó una profunda respiración para tomar valor y proseguir. ─ Él logró salir, pero ella no ─ Daniela quiso preguntar, pero Carlos le interrumpió levantando la mano. ─ Cuando él salió del coche, éste se incendió y Emily aun seguía con vida. Mauricio trató de rescatarla, hizo lo que pudo, inclusive, se arrastró dentro del coche otra vez para ver si podía romper las ataduras del cinturón de seguridad, pero fue imposible ─ ¿Cómo…? ─ ¿Qué como lo sé?, veníamos de un evento, una exposición de las obras de Emily en el museo, Walter y yo estuvimos esa noche cuando el coche de Mauricio se volcó, nosotros fuimos… nosotros fuimos quienes sacamos a… Mauricio del coche porque… si no lo hubiéramos hecho, él hubiera muerto junto con Emily calcinado… él… él lo…─

Carlos no podía, no podía continuar, a cada palabra su garganta se cerraba impidiéndole proseguir, tales recuerdos eran abrumadoramente traumáticas que quería echarse a llorar, no importaba cuanto tiempo había transcurrido, aun se podía sentir aquella tragedia, así que fue Walter quien tomó la palabra. ─ Mauricio forcejeaba con nosotros para que lo soltáramos y seguir tratando de rescatar a Emily, pero ya era muy tarde, no se podía hacer nada más. No sabía que era más horrible y doloroso, si escuchar los gritos desesperados de Emily pidiendo ayuda o eran los de Mauricio implorando por salvarla, desde esa noche, Mauricio nunca más fue el mismo, aunque… no nos culpa de nada, él siempre sintió que fue culpa suya la pérdida de Emily, ellos estaban comprometidos y… y… bueno… pasó lo que pasó ─ Es por eso… que su… cuerpo… está lleno de cicatrices ─ ambos asintieron, y Daniela no podía creer lo que sus oídos escuchaban, nunca llegaría a imaginarse tal cosa, a pesar de que lo escuchaba de primera mano, no lo podía creer, eso era imposible, tampoco lo asimilaba, solo sentía un gran dolor en su pecho que no pudo aguantar tal sofoco que casi perdió el equilibrio, pero Walter fue rápido y la atajó antes de que cayera de bruces en el suelo ayudándole a recostarse de una de las bardas de seguridad.

Mauricio había arriesgado su vida para salvar el amor de su vida, inclusive, estaba dispuesto a morir con tan solo intentarlo, y ella lo… y ella lo había despreciado, ni mucho menos entendido, pero ¿Cómo hacerle frente a toda ésta revelación?, ¿Cómo verle a la cara por tantas cosas despectivas y desplantes que le hizo?, y a pesar de aquellas preguntas, sintió que no era capaz de verle a la cara, ¿acaso tanto amor podía existir?, ¿personas que amaban como Mauricio existían?, a las pruebas se remitía, Mauricio era una prueba viviente de ello, que casi perdió su vida por salvar a la que amaba, y aunque se le agolparon las preguntas en la mente no podía formular alguna, porque estaba sollozando en el hombro de Walter, sintiéndose totalmente estúpida por haber tratado tan mal a Mauricio, por no haber entendido lo que quería decir.