Cap. 37
Para ser medio día, fue un total y lleno ajetreo, desde que había cubierto las entrevistas con Claudine, pareciese que su trabajo se había triplicado, seguido de un montón de felicitaciones, un aumento y conservar su puesto en el noticiero, no es que no fuera malo, pero se sentía bien estar ocupada, eso le mantenía su mente ocupada y no estar sumergida en el ocio, ¡gracias Dios!, eres bueno, ¿y con respecto a la universidad?, Daniela llamó a sus amigas para que le facilitaran todos los apuntes para ponerse al día, algo le decía muy en el fondo que éste fin de semana no despegaría su trasero por muchas horas, gracias al cielo que había enviado todos los papeles necesarios tanto al trabajo como a la universidad y entendieron su situación, reportes médicos, reposos. Un accidente de coche era para tomarse en consideración, por lo tanto, debía de encontrar la forma de escribir en sus libretas con la mano izquierda, ¡joder!, su única solución sería pasarlo todo en su laptop, luego vería como hacer para pasarlo a sus libretas o esperar cuando le quitaran el yeso, y otra cosa que Daniela se esperaba, era ser el centro de muchas miradas, si, su vida había vuelto y ella estaba en lo alto de la popularidad otra vez, su único momento desagradable fue haberse despedido de sus padres en el aeropuerto, si, de verdad, ella odiaba las despedidas y más cuando era con sus padres.
Mauricio y Claudia ya iban de camino para Málaga y Carlos le intrigaba la razón o el motivo por el cual Walter había dado la solución de quedarse el fin de semana, ya que estando en el terminal, Walter se lo recordó, porque cuando Mauricio viajaba, Walter no lo mencionaba a menos que fuera estrictamente de trabajo, pero ¿quedarse solo para descansar?, eso no se lo creía, así que con mirada aprensiva lo veía sentado desde el asiento de copiloto. ─ ¿Qué? ─ preguntó con media sonrisa mordaz. ─ ¿Algo que deba saber? ─ (segundos cavilando) No ─ Carlos resopla incrédulamente y se mofa repitiendo las mismas palabras fingiendo la voz varonil de su esposo. ─ *Puedes estar tranquilo, Mauricio, que el local está en buenas manos, así que puedes tomarte el fin de semana… no… no creo que se presenten inconvenientes ya que es fin de semana y tu tienes que estar listo para la entrevista*… eso no te lo crees ni tu mismo y te conozco, así que suelta la sopa, Walter ─ Walter asombrado por la suspicacia de Carlos amplió su sonrisa. ─ Ah venga… lo dije por nada en particular ─ (Mirada incrédula) Aja ─ Simplemente se me ocurrió que si vamos a hablar con Daniela, sería conveniente en no tener un Mauricio cerca, no por ahora ─ ¿Y cómo se supone que vamos a atender el local y hablar con Daniela a la vez? ─ Simple, una vez que cerremos, saldremos pitando para la casa de Daniela y le soltamos todo el rollo ─ (gritillo) Te amo, eres el mejor ─ Carlos no aguanta la emoción y le planta un beso sonoro en la mejilla, en cambio Walter contestó con un ligero encogimiento de hombros un… ─ Lo sabía ─ Estúpido ─ replicó Carlos dándole un suave y juguetón manotazo en el hombro entre risas.
Claudia y Mauricio mantenían una buena conversación en el bus con destino a Málaga, aunque a decir verdad, quien llevaba la conversación era Claudia con su monólogo entusiasta, Mauricio solo le pedía detalles sobre lo que consistía la fulana empresa llamada Ecology Systems, y por ese aspecto, Claudia se sentía sorprendida que alguien como Mauricio le pidiera consejos o tal vez eran referencias, pero eso no importaba tanto, a ella le encantaba conversar sobre lo que tanto le apasionaba, y Mauricio no perdía detalle de sus palabras, sería porque ahora estaba en modo negocio y Claudia no se había dado cuenta, solo en la mente de Mauricio giraban engranajes para cerrar un buen negocio y un buen contrato, y durante la conversación, Mauricio levanta la mano para interrumpir a Claudia y ésta parpadea en interrogante ante su gesto muy serio. ─ Con todo de lo que me acabas de mencionar, ésta empresa… Ecology Systems… se encarga de dar a otra empresas soluciones ecológicas e ideas para mejorar el cuidado del medio ambiente…─ Y también de crear su propia tecnología …─ Okay, okay, también crean su propia tecnología, y sobre ésta campaña… ─ ¡Oh!, es sobre lugares que debemos tomar en consideración y las especies más afectadas, claro, la imagen de la campaña es un lince muy raro, es blanco y quedan muy pocas de esa especie y los paisajes que agregaste en conjunto a los artistas, eso lo hace una buena campaña, o sea, a la concientización y al humanismo sobre la madre naturaleza ─ Eso quiere decir…─ Eso quiere decir que… (segundos pensativa) ¿Me estás entrevistando? ─ He… no, pero… bueno si, quiero estar totalmente seguro de lo que vas a proponer y quiero ver los puntos posibles donde yo pueda serte de apoyo en dado caso verles algo dudosos… ¿Lo captas? ─ Hm… si… eso sería de gran ayuda y más con lo nerviosa que estoy, (risilla) ─ Tranquila, todo saldrá bien, ya lo verás ─ Que afortunada es Daniela al tenerte ─ ante tal comentario, a Mauricio le corrió un ardor en su pecho al no pensar lo mismo, al recordar aquellas palabras tan duras cuando se bajaron de la tarima del concierto. ─ Aclara tu vida y luego Pensaré si te doy la oportunidad… ¡ah!, y que sea la última vez que haces estupideces como lo que acabas de hacer ─ ella si que sabía como pegar en el ego de las personas, sobre todo al darse cuenta que había pintado el yeso, esa fue una de las tantas cosas que le había afectado, de alguna manera se sintió dolido, tal vez si debería hacerle caso a Catalina, en dejar todo éste rollo con Daniela y seguir con su vida, pero Mauricio recordó el beso dado sobre la tarima aquella noche en el concierto y le supo a aquel domingo, y era una triste realidad, Daniela se había vuelto una especie de tatuaje en él, así que tratando de centrar su mente, sonrió tristemente buscando la forma de disimular y siguió con su entrevista.
El fin de semana prometía un sinfín de trabajos para Daniela y un buen reclamo con Lucía, ¿Por qué?, bueno para ella fue un sacrilegio que su mejor amiga metiera un hombre en su habitación, ¡por Dios!, ¿no existían los hoteles?, solo esperaba que Lucía tuviera mejores argumentos que los que le había ofrecido aquella madrugada. Lo que fue del día en el noticiero digital, fue un torrencial de trabajo que se sintió tan bien llegar a casa agotada y después mañana sábado contactaría a sus amigas para los apuntes, hablando de apuntes… ojeando entre sus libros mientras esperaba a Lucía en el apartamento, encontró una de las rosas que había conservado desde aquel día que Mauricio le había comprado el desayuno, y eso le causó un vuelco en su pecho formulándole una serie de preguntas, preguntas que para ella no tendrían respuestas porque ella había sacado a Mauricio de su vida, o por lo menos lo estaba intentando. ─ Si él solo estaba jugando conmigo… ¿Por qué tomarse todas esas molestias?, ¿Remordimiento quizás?,. y si quería solo jugar, ¿Por qué incluir a mis papás? ─ tomando la rosa entre sus dedos, la estudió muy detenidamente, recordando lo bien que la había pasado en todas aquellas ocasiones cuando no peleaba con él, y automáticamente, como en una reacción en cadena, su mente fue a parar reviviendo nuevamente sus besos, y sin siquiera pensarlo, un dedo pasó por sus labios, aun podía sentirlos a pesar del tiempo.
Aun sumergida en sus meditaciones, recordó las palabras de su madre en recomendarle que debía escuchar a Carlos y a Walter, ¿Por qué su madre tenía aquellas insistencias?, ¿Qué era eso tan importante que tienen que hablar ellos?, alzando la vista, vio la hora en el reloj de pared, eran las seis con cincuenta y uno, ya faltaba poco para que Lucia llegara y… las llaves suenan y Daniela espabila, era Lucía quien estaba haciendo acto de presencia, y en ese mismo instante Daniela se armó con todos los argumentos para formar su buen reclamo, pero… ─ (Lucía), ¡Dani!, ¡Ya llegué! ─ (Elizabeth), ¡Hola, Dani! ─ (Alberta), ¿Qué hay, Daniela? ─ (Martha), ¿Qué tal el concierto, Dani? ─ (Laura), ¿Cuándo vamos a conocer a Mariluz?, ¡ay!, ¿Por qué me pellizcas? ─ (Elizabeth), ¿Cuándo vas a entender que la tal “Mariluz” no existe? ─ eran sus amigas y venían cargadas de sorpresas, y hambre de chismes, ¡Santísima!, sus amigas eran insaciables a lo que chismes se refería, en cambio Jenny entraba con la boca atiborrada de Pringle farfullando algo ininteligible.
Alberta se deja caer al lado de Daniela abriendo su morral, y le entrega toda una torre de libretas y libros. ─ ¿Qué es esto? ─ Todos los apuntes que necesitas para ponerte al día, por cierto, el profesor Álamo te envía sus felicitaciones ─ Daniela saltaba de un rostro a otro con una gran interrogante puesta sobre su cabeza, cuando cruzó de vistas con Lucía ella, solo le dio una sonrisa llena de complicidad contestando su pregunta. ─ No pude evitarlo, ellas insistieron en una noche de chicas ─.
Carlos y Walter corrían cruzando la calle, se veían bastante apresurados, la ansiedad por hablar con Daniela y aclararlo todo era su principal prioridad, sobre todo Carlos que se sentía tan responsable por haber hablado bien de Mauricio y él saliera con una embarrada colosal, por lo tanto, creía que le debía unas disculpas y una buena explicación. ─ ¿Estás seguro que se encuentra en casa? ─ Claro que lo está ─ Pregunto, porque… como es fin de semana, es lo más probable que se haya ido de fiesta ─ Confía en mi, está en casa ─ con esas palabras Walter toca el timbre del intercomunicador, en verdad él no tenía ni idea, solo tenía la esperanza de estar en lo cierto, y como no hubo respuesta, lo intentó una segunda vez haciendo que su ansiedad creciera, esperando no haberse equivocado.
─ ¿Quién estará llamando? ─ se preguntaba Lucía entre murmullos, corriendo hacia el comunicador, porque hasta donde recordaba, ninguna de las chicas esperaba a alguien más y ya eran más de las nueve y Martha, Elizabeth y Laura yacían en el sofá charlando, debatiéndose cuando iban a abrir la botella que Lucía había traído con ella, pero la respuesta de Lucía fue que hasta que Daniela no terminara con los deberes, o por lo menos una buena parte, no tocarían la botella, haciendo que las chicas dejaran caer sus hombres decepcionadas, mas no desanimadas, porque el cotorreo nunca cesaba, y ese fue una muy buena motivación para Daniela porque se veía bastante concentrada, mientras que Jenny y Alberta se encontraban con Daniela sentadas en la mesa explicándole todo lo referente a las clases perdidas entre los apuntes. ─ ¿Quién? ─ ¿Lucía? ─ ¿Walter? ─ Si. Carlos está aquí conmigo, ¿Daniela está allí? ─ He… bueno…─ Daniela repara en la conversación y le hace señas a Lucía desesperadamente diciendo que no, que les dijera que no estaba. ─ Bueno… ella no…─ Necesitamos hablar con ella, es importante ─ ¿Es muy grave? ─ No es de gravedad, pero si de prioridad ─ Entonces suban ─ Daniela se da una palmada en la frente por la mayor estupidez de Lucía, ¿Cómo se le ocurre decirles que suban?, de pronto recordó las palabras de su madre insistiendo en que por lo menos intentara hablar con ellos, pero a decir verdad, no estaba de ánimos.
Lucía les da acceso y ellos entran a toda prisa, pulsaron el botón del elevador, y mientras esperaban, trataron de ocultar un poco la impaciencia tratando de debatirse en como tocar el tema. El elevador toca el timbre anunciando su llegada y ambos entran y presionan el botón del piso correspondiente, por lo tanto, durante el ascenso aun planificaban la forma más apropiada de cómo entrarle a la conversación. Carlos esperaba un poco más de tacto, pero Walter prefería ir directo al punto, y después que lloviesen las preguntas.
El timbre del elevador vuelve anunciar que su ascenso había llegado a su destino, ambos salen del elevador, y cuando tocaron el timbre, todo argumento se les fue de la mente cuando escucharon todo un jolgorio dentro del apartamento, eran las chicas que habían planificado una noche de farra en el momento poco oportuno… o tal vez ellos eran los poco oportunos, el destino tenía un jodido sentido del humor muy negro, porque ambos tenían razón, Daniela se encontraba en casa, pero Carlos, también, tenía razón en que estaban de fiesta.
Lucía les abre la puerta y la reja para recibirles, pero cuando las chicas divisaron quienes eran, se levantaron entusiasmadas y extendieron sus manos como tentáculos para tirar de ellos implorándoles para que se les unieran y completar la fiesta, pero ellos trataron por todos los medios en negarse amablemente, pero no tuvieron más remedio que dejarse llevar por la pandilla de chicas y tirarlos en el sofá. ─ Ya que han llegado los chicos, Lucy, ¿Ya puedes abrir la botella? ─ preguntó Martha un poco impaciente, en cambio, tanto Daniela como Carlos y Walter intercambiaron miradas, se notaba que lo que tenían que decir era urgente, pero no podían delante de ellas, en cambio Daniela, sus interrogantes, trató de ocultarlas, así que… ─ Mañana puedo continuar con los deberes, total… ¡mañana es sábado! ─ dijo levantándose de la mesa con una gran sonrisa y todas gritaron emocionadas.
Esa noche la diversión fue el motivo, y la música y las botellas de whisky eran los indicios para olvidarse del mundo y sus penas, sobre todo para Daniela, de todos modos, a Carlos y a Walter no les quedaba más opciones que ser partícipes de aquella farra, habían intentado de hablar con Daniela en muchas ocasiones en la cocina, tratando de fingir que colaboraban para los bocadillos, entre murmullos, como si quisieran ocultar un gran chisme, pero era imposible ante los oídos y vistas afiladas de sus amigas, Dios era como querer andar entre lobos y halcones, no se les escapaba nada, y entre un suspiro amargo de resignación, quedaron en que ya habrán más días para hablar con Daniela, solo esperaban que fuera antes de que Mauricio llegara de su viaje de Málaga.
A la mañana siguiente, después de haber terminado la gran farra de la pandilla de Daniela, todos se fueron a sus respectivos hogares, y para Carlos y Walter era imposible ya hablar con Daniela porque ellos, también, estaban agotados por aquella fiesta, el tener que cantar karaoke y disimular divertirse no estaba definitivamente en sus planes, y Daniela tampoco se veía muy de ganas hablar, el verla prácticamente dormida sobre el sofá era una prueba de ello y las otras chicas casi estaban en el mismo estado de embriagues que Daniela, la única que parecía estar tan fresca como una lechuga era Lucía, que por tan curiosa novedad, Carlos y Walter se hicieron una pregunta. ─ ¿De qué estaba hecho el hígado de Lucía? ─ porque no conforme con la botella que se habían bebido, nadie sabía de donde rayos, Lucía, había sacado tres botellas más, pero de ron, completando con la coca cola que yacía en el refrigerador, el perfecto cuba libre para pasar el momento y rendir la bebida, ver a las chicas dar traspiés por las escaleras abrazadas una a la otra y seguir cantando, era digno de grabarse.
Carlos y Walter se despiden de Lucía dándole una mirada a Daniela un tanto ansiosa, ellos esperaban hablar con ella, pero por razones obvias fue un caso perdido y Lucía entendía, así que se comprometió en ayudarles a que su plan de hablar con Daniela se cumpliera, pero no hoy, porque cuando Daniela se levantara iba a tener un dolor de cabeza de Dios padre y señor mío, y debido a ello se levantaría con un humor de perros y no era recomendable verla en ese estado, así que con una sonrisa de disculpas, Lucía también se excusa antes de que Carlos y Walter se marcharan.
La primera entrevista fue todo un éxito, por lo menos eso le pareció a Claudia, porque solo fue hablar del proyecto y simples presentaciones, pero para Mauricio no fue la gran cosa, así que dejó que Claudia viviera su ilusión por todo lo alto, porque él sabía que solo era una entrevista de sondeo, la segunda sería la prueba de fuego y esperaba estar lo suficientemente preparado para enfrentarla y esperanzado que Claudia lo estuviera para cuando llegara el momento. Haberse quedado en un hotel de la ciudad fue una gran idea, y todo gracias a Walter por tan oportuno consejo, ya que si era una entrevista de ésta magnitud lo más seguro es que fueran más de una, y ansiaba estar lo suficientemente ocupado para no pensar, en especial en el conflicto interno que yacía en su pecho, odiaba sentirse así, y hacía mucho tiempo que no se sentía de esa manera, no desde que había conocido a Emily, y ahora, sentir éste mismo sentimiento por Daniela era como si le faltara el respeto a la memoria de Emily, pero Carlos tenía razón, eso había sido hace mucho tiempo y el tiempo avanza, él no podía quedarse allí estancado en la nada.
Lanzando varias miradas a su móvil que reposaba sobre la mesa, se debatía en hacer la llamada, pero si la llamaba, posiblemente le lloverían insultos o tal vez pura indiferencia, o algo mejor, no contestaría la llamada. Espabilando entre parpadeos se decidió en hacer otras cosas, como pedir el desayuno y esperar por la llegada de Claudia, por lo menos habían pedido habitaciones separadas y dio gracias a Dios que el hotel tenía habitaciones disponibles, no se sentiría muy cómodo ante la idea de compartir habitación con la mejor amiga de Daniela, no es que fuera un pervertido, pero había una línea que delimitaba la confianza y el respeto y tampoco sabía como se sentiría Claudia al respecto si hubieran tenido que compartir la habitación, por lo tanto, para la mañana del sábado, esperaba que Claudia no se hubiera quedado dormida, necesitaba hablar con ella sobre la segunda entrevista del lunes y necesitaba tener todas las bases cubiertas para cerrar un buen contrato. De pronto su móvil suena, con el corazón en la mano, lo toma para darse cuenta que le había llegado un mensaje de Claudine, al abrir para ver que le había mandado… ¡carajo!
Daniela se levanta aun con el mundo dándole vueltas y su cerebro martillándole, ¿Dónde estaba?, su mente ni siquiera se decidía en que enfocarse primero, en el silencio, en recordar que había pasado anoche, en el dolor de cabeza o si Lucía aparecería en cualquier segundo, ¿en qué momento se fueron sus amigas?, por lo visto la fiesta había estado bien buena, porque solo recordaba risas, ¿de qué reía?, ni idea, cantos a todo pulmón, ¿pero qué cantaron?, vaya a usted a saber, y todo por beber hasta caer inconsciente, y… cierto, Carlos y Walter tratando de hablar con ella, y con el malestar que cargaba en la cabeza y las náuseas, menos tenía ganas de hablar, inclusive, no quería estar para nadie, y si alguien se le ocurría hacer acto de presencia, probaría el sabor del tacón de sus suecos.
Daniela se levanta dando tumbos con sus cabellos hechos una maraña, cargaba un zapato puesto… ¿y el otro?, después lo buscaría, su único objetivo era hacer que su cuerpo obedeciera y caminara hasta llegar a su cama. Mierda solo esperaba no haber hablado más de la cuenta. Entrando a su habitación, ni siquiera reparó si estaba ordenada y si algún tigre estuviera ahí, simplemente estuvo agradecida porque la habitación aun se encontraba en penumbras y se dejó caer volviéndose a perder en la inconsciencia y dio gracias a Dios nuevamente de que las ventanas estuvieran cerradas.
¿Qué era ese pitido?, piririririri… piririririri, ese pitido sonaba muy lejano, piriririri… piririririri, y cada vez se oía más cerca y más atormentante, piririririri… piririririri, ¡qué alguien calle ese puto pitido!, piriririririri… piririririri. ─ ¡Me cago en…! ─ era el móvil de Daniela que sonaba y se encontraba a años luz, es decir, en la sala y no pararía de sonar hasta que alguien le tocara la jodida pantalla. Farfullando palabras ininteligibles, trató de decir el nombre de Lucía, pero ni ella misma se entendía, ¡maldita resaca!
Otra vez dando tumbos, se levanta y sale de la habitación, y por la forma de andar, si hubieran querido filmar una película de zombies, Daniela hubiera pasado el casting sin problemas. Saliendo de la habitación, la luz que se colaba por los ventanales, le lastimó hasta el punto de protestar palabrotas, y su frustración creció al no dar con el desgraciado móvil, piririririri… piririririri. ─ ¿Dónde estás maldita sea? ─ musitó apretando los dientes, tratando de centrarse y no perder los estribos, fijó su atención en el condenado pitido hasta que dio con él, estaba justo debajo de uno de los cojines. No, no estaba debajo de los cojines; ¡joder!, ¿Cómo llegó allí?, estaba debajo del sofá.
Con torpeza presionó varias veces la pantalla para ver si atinaba la forma de callarlo hasta que lo logró, era una notificación de un mensaje… ¿de Claudine? ─ Ay no ─ de todas las personas en el mundo, un mensaje de ella era uno de los que No quería recibir, pero si no fuera porque había leído que era urgente y era un link, hubiera ignorado el mensaje por completo y regresado a su habitación a seguir durmiendo, así que presionó la pantalla otra vez para ver de que trataba. ─ ¡¿Pero que…?! ─.
Dado a lo que había descubierto en el mensaje, simplemente se dejó caer en el sofá. Y pensar que se había librado de todos los males, el amarillista volvió a atacar, logrando que sus nauseas desaparecieran para darle otro granito más al dolor de cabeza, por lo tanto, sentía su cabeza en un shock total, como un colapso que no le dejaba pensar en nada, simplemente ver la pantalla sin ver, solo estar allí como una idiota viendo la pantalla, ¿y ahora?; inesperadamente su mente empezó a dar vueltas, todo en lo que había trabajado para terminar otra vez en el principio, ¡joder!. Lucía hace acto de presencia trayendo unas bolsas de mercado y… ─ Que bien… ya estás despierta, ayu…─ no había terminado de decir la frase cuando Daniela salió disparada al baño a vomitar.