Cap. 39.1

Walter preparaba café para todos en casa de Mauricio y Carlos aun yacía con Daniela tratando de explicarle y consolarle, aunque Daniela no quería ir, porque no tenía cara, ni mucho menos se sentía cómoda estando allí, no después del como lo había tratado, y haber recibido una información como la que había recibido, no era para menos. Lucía solo podía mantenerse en silencio viendo como su amiga se había dado un buen tortazo contra una realidad que ni ella misma se esperaba, por lo tanto, en lo único en lo que podía esperar era que cuando llegara Mauricio de viaje, Daniela tomara el valor de pedirle unas merecidas disculpas por haberle tratado de aquella manera, aunque no se las mereciera, pero Daniela solo podía mantener la mirada perdida tratando de asimilar todo aquello.

─ Mis papás lo sabían y no me dijeron, por eso la insistencia de mamá en hablar con Carlos y Walter… ahora lo entiendo, ¿Deberá culparles por no haberme contado? ─ como si le leyera el pensamiento, Carlos comenta. ─ No culpes ni a Lucy ni a tus padres, cúlpanos a nosotros porque les pedimos que no te dijeran nada. Nosotros queríamos contarte todo ─ los ojos enrojecidos por el llanto de Daniela, se posaron en él y con una mueca contestó con una voz quebradiza. ─ ¿Es por eso que él me pedía un plazo? ─ Supongo que… el plazo es porque se acerca la fecha, y como se le estaba haciendo costumbre en ir al cementerio…─ ¿Y la otra chica?, ¿La hermana? ─ Es la hermana, si, y… tenía tiempo que no venía, no desde el funeral y había venido desde Italia para ir con Mauricio a visitar la tumba de Emily ─.

Walter se acerca con una bandeja entregando una taza de café para cada quien, tomó la suya y se sentó en uno de los sillones, Daniela traga con dificultad, ni siquiera podía tomar el café, solo podía ver la humeante taza en sus manos y seguir pensando, y sin siquiera darse cuenta estaba comenzando a sollozar nuevamente, y entre sus sollozos, admitió ante todos, sobre todo ante Lucía que… si, que ella quería a Mauricio, pero que no se sentía bien con él por la forma tan horrible que lo había tratado, aunque se calló una parte, porque por dentro no se sentía merecedora del cariño de Mauricio, un amor tan intenso como amaba Mauricio… no era para ella. ─ Quiero irme a casa ─ dijo colocando la taza de café sin probar, y tanto Carlos como Walter, lo entendieron llevando a Daniela hasta su hogar, que para cuando llegaron, ella salió corriendo a su habitación y se encerró a descargar su dolor.

A la mañana siguiente, Daniela pasó el día entero encerrada, ni siquiera para desayunar, y Lucía allí tratando de hacerla entrar en razón, aunque solo saliera de la habitación a comer y hacer las tareas de la universidad, tal vez eso le ayudaría, pero Daniela no quería, todo lo en lo que su mente bailaba era en todo lo que le habían contado Carlos y Walter, y nunca en su vida se había sentido tan mal, no desde lo que le había hecho Maximiliano, y hasta pudo jurar que lo de Maximiliano era una tontería comparado con lo de Mauricio, y todo por seguir un juego.

El aroma de un chocolate la hizo pisar tierra a duras penas, ella le daba la espalda a la puerta, y cuando recibió aquel aroma tan suave y dulce, se fue dando la vuelta, era Lucía quien le traía una taza de chocolate bien caliente. ─ Toma ─ dijo sentándose en la orilla. Haciendo un esfuerzo y no despreciarle el chocolate a su mejor amiga, se sienta en la cama y toma la taza, con un mohín toma un sorbo y… ─ ¿Crees que me perdone? ─ Lucía se queda pensativa un par de segundos y le contesta: ─ Si ─ ¿Cómo estás tan segura?, con lo que le dije en el concierto… le dije cosas muy feas, lo traté de un pésimo ─ Si le pides disculpas de corazón… lo entenderá ─ ¿Y si no quiere verme? ─ Si querrá verte, además, ten en cuenta cuando te llamó ayer en la mañana… eso me parecía que no está Tan molesto del todo contigo ─ Tenías razón ─ ¿En qué? ─ En haber terminado con las tablas en la cabeza ─ Lucía sonrió y frotó el hombro de su amiga en un gesto de apoyo. ─ Solo toma tu chocolate ─ ¿Qué hora es? ─ Ya falta poco para las siete ─ ¿De la noche? ─ Así es ─ Daniela se quedó muy pensativa y… ─ Tengo hambre ─ eso le robó una risa baja de Lucía y… ─ Sabía que tendrías hambre, así que me adelanté ─ dijo poniéndose en pie y le instó a seguirle. ─ No quiero salir ─ Dani… por favor… no puedes seguir así ─ Pero es que si le hubieras visto como lo traté ─ replicó dejando caer los hombros. ─ Hagamos algo, esperemos a que él venga y lo hablan, pero por ahora, vamos a comer, porque si no comes te morirás de hambre y no podrás arreglar las cosas con Mauricio ─ No sé si tenga el valor ─ Por lo menos come primero, ya después veremos ─.

La cena fue de lo más tranquila, y a la mañana siguiente, Daniela tuvo un día bastante fuerte, no solo porque tenía un montón de cosas por hacer para ponerse al día, el lado bueno es que tenía a sus amigas, Alberta y Jenny, que la apoyaron en todo lo que necesitaba, no pudo estar más agradecida, y hasta estando en el trabajo tenía que ir haciendo sus deberes mientras que cumplía con sus jornadas, pero el señor Quijano, su jefe, al verla tan atareada, le dio la semana libre para ponerse al corriente con la universidad, con el pretexto de que se lo merecía por tan excelente trabajo al entrevistar a Claudine y cubrir el concierto, así que Daniela no perdería el tiempo en llegar corriendo a casa y tratar de hacer todas sus tareas, pero siempre llegaba a un punto donde la palabra Mauricio le robaba la concentración, gracias a sus libros donde aparecía el nombre de un fulano llamado Mauricio y quedaba sujeta al limbo pensando en él, llenándose de preguntas, porque esa semana, después de haber ido a la entrevista, Claudia había llegado con la genial noticia, gritándolo a los cuatro vientos, que la habían aceptado en la empresa de Ecology Systems y todo gracias a Mauricio, desde ese día, Mauricio no se había manifestado y eso tenía a Daniela con el humor por el piso, desde luego, ella sentía que se lo merecía por haberlo tratando tan mal en el concierto, que era lo menos que se merecía de parte de él.

Aunque sentía unas ganas enormes de ir hasta el foto estudio, no se atrevía, por la misma sencilla razón, sus dedos dudaban a la hora de marcar su número y hacerle una llamada. Por otra pare Mauricio sentía unas enormes ganas de llamar a Daniela o irla a ver, hablar con ella, pero desde que había sido contratado por la empresa Ecology Systems, un torrencial de trabajo le había caído, la cual, no tuvo más remedio que publicar en los clasificados del periódico “se solicita personal”, para que le sirviera de asistente en las jornadas y encargos mientras él se concentraba junto a Carlos y Walter en los negocios grandes y las facturas del local, si tenía tiempo para rascarse era mucho, pero se prometió tomarse un día de respiro en cuanto pudiese, pero eso era mentirse a si mismo, porque en realidad quería seguir debatiéndose en llamar a Daniela, y lo que no podía faltar era tener una tensa conversación entre Carlos y Mauricio por haber revelado tan duro pasado, pero debían decírselo con todo y detalles y como había reaccionado Daniela, y debido a ello, no sabía como tomar aquella aclaratoria, porque en primer lugar, era algo que él quería contarle, pero en su debido momento, en fin, ya las cartas estaban echadas y solo esperaba que Daniela corriera hacia él un día para hablar las cosas, pero por lo visto, se le ocurrían dos opciones, una: que no le importó en lo más mínimo o dos: pensaba que la revelación fue tan fuerte que aun no lo había asimilado, ¡Joder!, él tampoco a pesar de que lo vivió en carne propia, pero solo le quedaba esperar y que la fortuna del destino los apoyase, mientras tanto, el acosador amarillista se encargaba de publicar otra de las suyas cuando vio a la hermana de Emily entrar a un restaurante y Mauricio estaba allí con un portafolios y varios papeles, por otra parte, Claudine pensaba quedarse un par de días más en España, pero su gira demandaba que debía movilizarse, así que…

Sábado por la mañana, una semana después de aquella confesión de los mejores amigos de Mauricio, Daniela yacía en la mesa con una torre de libros y libretas, ¡Dios!, cuanta tarea pendiente, y como el día llegó lluvioso, lo que le provocaba más era una buena taza de chocolate caliente o un buen café, pero ni lo uno ni lo otro, allí estaba ella con el móvil en la mano, con el nombre de Mauricio en la pantalla y con el dedo sobre el botón de llamar, desde las siete de la mañana había estado en un solo dudar, a veces se arrepentía, otras tomaba la determinación de marcar, pero cuando veía el nombre de Mauricio en pantalla, algo la detenía. En su enésimo intento recibió una llamada y atendió en un parpadear sin siquiera ver la pantalla. ─ ¿Mauricio? ─ ¿Dani?, Cariño…─ Hola mamá─ contestó un poco desanimada, bueno a decir no tan desanimada, porque era su mamá y la extrañaba a morir, pero la llamada más deseada aun no había entrado.

Durante casi una hora Daniela habló con su madre contándole lo genial que había sido su semana, trabajos, tareas y más exámenes, ¡yupi!, y mientras hablaban contemplaba nuevamente el dibujo en el yeso, le había costado limpiarlo, pero al final lo había logrado, aunque no quedó como deseaba, pero se podía apreciar dando gracias a Mauricio por ocurrírsele la genial idea de colocarle barniz al yeso para que no se le corriera el color, en fin, ella se sentía con un poquito más de ánimos al contemplar su yeso pintado, y al hablar con su mamá más el ánimo se le levantaba. Cuando corta la llamada, deja su móvil a un lado y se peina su cabello con los dedos, toma una profunda bocanada de aire para luego dejarla salir lentamente, miró a varias direcciones y luego a su yeso una vez más, sonrió y su móvil sonó, cuando vio de quien era casi le da un ataque, tomó el móvil en un parpadeo, era un mensaje de Mauricio que decía… ─¿Quieres salir hoy?, estaré en el parque a las once ─ solo faltaba una hora para que fueran las once y estaba lloviendo, ¿acaso estaba loco?, enseguida ella le contestó con más horrores ortográficos que un niño de preescolar, pero era por su desespero por contestar. ─ extrssz llbierdo afiers ─ por suerte, Mauricio le envió un emoticón riendo con la respuesta, por lo visto si le había entendido el mensaje. ─ ¿Qué importa si está lloviendo?, necesito verte ─ Daniela quedó estupefacta pensando en aquellas palabras. ─ Necesito verte ─ necesitaba verla, a ella, y sin pensarlo y sin siquiera esperarlo su corazón se disparó y se levantó corriendo para arreglarse.

Daniela caminaba a pasos apresurados con un paraguas y un impermeable mirando a todas partes, por si veía cerca el coche, o dando vueltas con un paraguas, se podía ver en la distancia algunas personas corriendo, escapando de la lluvia mientras que otras se refugiaban en algunos toldos de algunas tiendas, su yeso lo llevaba envuelto en una bolsa plástica, pero nada de Mauricio. Un momento, en la plaza central había alguien, si… allí estaba él, ¿sin paraguas?, ¿sentado en una banca?, Daniela traga con dificultad y se va acercando lentamente, y por cada paso, va sintiendo como sus rodillas se van volviendo como de gelatina, pero su corazón corría desbocado que lo sentía casi salir de su pecho. Mauricio se veía relajado, sentado en la banca con ambos brazos reposando sobre el respaldo de la banca y con ambos tobillos cruzados como si el día fuera de lo más normalmente soleado, cuando por fin lo tuvo en frente, él encontró su mirada y le sonrió, si Daniela tenía algo que decir, todo se le fue de la mente. ─ Hola ─ fue lo único que dijo, y desde allí, solo boqueaba ligeramente buscando desesperadamente algo que decir. ─ Tiempo sin vernos ─ dijo finalmente Mauricio muy sonriente aun sentado y mojándose, en cambio Daniela parpadea y… ─ Está lloviendo ─ (baja risa) Lo sé ─ Y… y… te estás mojando ─ Se siente bien ─ al no tener más argumentos… ─ ¿Estás… esperando a alguien? ─ (baja risa) Si, a Daniela Iriarte, ¿La conoces? ─ Hem… bueno… hm… bu…. Yo… he… soy yo ─ Mauricio enarca las cejas fingiendo estar sorprendido para luego agregar: ─ Que bueno que llegas… te esperaba ─ ¿Está ocupado? ─ preguntó Daniela señalando el espacio vacío al lado de Mauricio, éste ve el espacio, lo sacudió con la mano como si limpiase una basurita y… ─ No… no está ocupado ─ Daniela se sentó a su lado y se estremeció cuando el frio del agua de lluvia se coló por su trasero y se quedaron en silencio, escuchando la melodía de la lluvia y como relajaba sus sentidos, su cuerpo, todo.

Mauricio tenía razón, era un día hermoso, o tal vez porque estaba al lado de Mauricio, pero no tenía nada en mente… bueno si, pero no hallaba como tocar el tema, ¿por qué no intentar por algo más directo? ─ Carlos y Walter hablaron conmigo ─ Lo sé ─ Y…─ ¿Y? ─ No estás…─ Dani… debí ser más abierto contigo, pero…─ Mau… antes de que sigas… quiero pedirte perdón ─ Mauricio se queda en silencio ladeando ligeramente la cabeza en interrogante, tal vez aquellas palabras soltadas por Daniela, realmente no se las había esperado. ─ Yo… bueno… por la forma en que te he tratado y no entendía… por dejarme llevar… por… tu sabes… tu sabes que soy muy impulsiva y… me dejo llevar a veces por la primera impresión y…─ un dedo acalla a Daniela y su corazón se sintió volar como un colibrí, no importaba que estuviera frío por la lluvia, pero… ─ No hace falta ─ dijo y aunque Mauricio se moría del frío, tocar los labios de Daniela era como revivir un fuego en él que le hacía olvidar todo aquel frío y la lluvia.

Mauricio quita el dedo de los labios de Daniela diciendo: ─ No hace falta que me pidas disculpas… porque no fui claro contigo desde el principio cuando debía serlo, por ser un cobarde y no poder superar las cosas que ya habían pasado hace ya mucho tiempo y me negaba a aceptar, pero…─ Mau… es en serio, no debí haberte dicho esas cosas y te pido perdón…─ Mauricio volvió a colocar el dedo en los labios de Daniela cortando su réplica, guardó silencio un segundo, segundo que apreció y estudió el rostro de Daniela y se percató que había limpiado el yeso, eso le embargó una gran alegría en el corazón llenándole de esperanzas. ─ Creo que nos debemos unas disculpas mutuamente ─ dijo al final quitando el dedo de los labios de Daniela, en cambio Daniela se quedó en silencio, ¿Qué era lo que tenía que decir? ─ Mau… ─ Daniela carraspea. ─ ¿Te puedo confesar algo? ─ Hem… bueno… si claro ─ Pero no aquí ─ ¿Por qué no?, el día está perfecto ─ (media sonrisa) ¿Qué tiene de perfecto si está lloviendo? ─ con esa pregunta, Daniela se pone en pie, y como pudo, sostuvo el paraguas con la mano enyesada mientras le ofrecía la otra a Mauricio, la cual, él aceptó gustosamente, y cuando la tomó, el calor de la mano de Daniela hizo que su corazón volara y cuando vio su sonrisa se le olvidó hasta donde estaban y se dejó llevar por ella.

Cruzando el parque, el paraguas bailaba en la mano de Daniela al no tener suficiente agarre, y el viento que soplaba, no ayudaba en lo más mínimo, así que Mauricio tomó el paraguas por ella y la usó solo para proteger a Daniela de la lluvia sin importarle en lo más mínimo que él se estuviera mojando, eso hizo que se ganara una reprimenda de parte de Daniela obligándole a usarla para protegerse los dos, por lo tanto ella lo abrazó y se fueron caminando lentamente, apreciando paso a paso cada caer de las gotas de lluvia en un silencio cálido.