Cap. 36.2
─ Quisiera quedarme para seguir compartiendo contigo, pero no puedo ─ se excusaba Mauricio con Claudine al terminar la pequeña sesión de fotos. ─ ¿Por qué?, si la noche aun es joven ─ Tengo un compromiso mañana y debo madrugar ─ Déjame adivinar… negocios ─ Me conoces ─ Mauricio…─ Te prometo compensarlo ─ Espero que para la próxima seas más creativo que una simple cena ─ le susurró al oído cuando le abrazó y Mauricio le guiñó un ojo y se fue… ¿sin despedirse de Daniela?, solo se despidió de sus padres con asentimiento, un beso y un abrazo con Claudine agradeciendo por todo y se fue, y la sonrisa que desprendía Claudine era venenosamente triunfal. ─ Me extraña que Mauricio se haya ido sin despedirse de ti, eso no es propio de él ─ comentó con aires ausentes. ─ En fin, debe ser un compromiso muy importante, créanme, lo conozco de hace mucho y sé como es él con el trabajo, es un obseso. Bueno, los dejo solos, también tengo que atender a algunos invitados, que pasen una deliciosa velada ─ se excusó Claudine, ambos padres asintieron y Claudine se retira dejando a Daniela con sus padres lanzándole miradas llenas de interrogantes y en ese instante la odió como nunca.
─ Papá. Mamá… ahora no, ¿Si?, no me siento bien ─ Lo dejaremos pasar por ésta noche, porque no es el lugar, ni el momento ─ concordó Arno. ─ Pero insisto, hija, si Mauricio y tu no han hablado, deberías hablar con esos muchachos ─ ¿Con quién? ─ Los amigos de Mauricio ─ No mamá, lo que tengan que decirme no me interesa ─ Por lo menos escúchales, hazlo por mi, por nosotros ─ odiaba cuando su mamá interponía un favor de esa manera, era su arma secreta a jugar porque era la única manera que no podía decir que no. ─ Okay, no prometo nada, pero si llega a pasar y ellos vienen… los escucharé ─ Muy bien, cariño ─ su madre la abrazó y le dio un beso en la coronilla, Daniela abrazó a su padre con fuerza y él le correspondió con la misma intensidad acariciando su cabello, sentir su calor le recordó su dulce niñez, ansiaba volver a esos días donde todo era tan simple. ─ ¿Podemos irnos?, tengo mucho sueño y hoy fue un día…─ Daniela bostezó y sus padres estuvieron de acuerdo, ellos, también, estaban agotados.
Daniela iba en el puesto trasero del taxi muy pensativa al lado de su madre, en cambio Arno y Laura conversaban de algo, tal vez sus cosas de la cancillería, a Daniela no le importaba, no cuando su cerebro lo tenía atiborrado de interrogantes por Mauricio y como se sentía estar entre sus brazos y sentir sus besos, simplemente no quería pensar y automáticamente su cerebro la llevaba allí, a sus palabras cuando le suplicaba por una segunda oportunidad de aclarar las cosas, pero en ese punto en particular… ¿Por qué esperar?, ¿Por qué no hablar de una vez?, y en ese instante le llegó la imagen de su bien formado abdomen lleno de cicatrices, ¿Qué le habría pasado para haber quedado en ese estado?. ─ Hija… ¿Estás bien? ─ ¿Ah?... si… si, mamá… estoy bien, solo estoy un poco cansada ─.
Daniela nunca se sintió más aliviada llegando al apartamento, solo quería echarse en su cama y olvidarse del mundo entero por una eternidad, bueno, una eternidad era mucho tiempo y ella tampoco sabía cuanto era una eternidad, así que decidió que quería olvidarse del mundo por mucho tiempo o hasta que su cerebro se dignara de olvidarse de Mauricio. ─ Buenas noches, papá, (beso), buenas noches mamá, (beso) ─ Daniela había entrado a oscuras a la habitación y se tiró en la cama, de todos modos si Lucía estaba allí no le importaría porque era… Lucía y ella estaría durmiendo, y… ─ ¡Joder!, ¡¿Pero qué…?! ─ ¡Daniela! ─ ¡Lucia! ─ lo malo fue que la sorprendida fue ella que salió disparada de su habitación, ella había reconocido la voz de Lucía, pero… ¿Quién había protestado primero?, los padres alarmados salieron corriendo para ver lo que pasaba, Daniela se escuda detrás de su padre y vaya sorpresa encontraron cuando encendieron las luces, Lucía yacía en cama de Daniela con… ¿Amed?; Amed con una sonrisa de apenado solo asintió a los padres de Daniela en un gesto de saludo mientras que, tanto Lucía como Amed, trataban de taparse con las sábanas.
─ ¡¿Pero qué mierdas has hecho en mi cama?! ─ Dani…─ No, no, no, no, esto no puede ser, no puede estar pasándome…─ No creí que fueran a venir tan temprano ─ ¡Buen Dios!, Lucia, son las tres de la mañana… ─ ésta semana había sido de lo peor, una semana de perros, ella no quería que sus padres presenciaran cosas como éstas, hubiera sido mejor quedarse en un hotel, ella y su jodida bocaza, ¿Por qué tuvo que proponerles quedarse en el apartamento?
Amed no tardó mucho en alistarse y despedirse totalmente apenado, nunca se había sentido tan avergonzado estando delante de Daniela y sus padres, y ser sorprendido con Lucía en la habitación de Daniela más todavía, y tan segura como el infierno, Daniela esperaría a que sus padres se fueran para ella iniciar su berrinche, Lucía lo supo porque no hubo poder humano que la convenciera en compartir la cama, prefirió mil veces quedarse en el sofá, y lo peor de los males, es que Lucía era inocente de todo porque por más que le explicaba, Daniela no se lo creía, Lucía no había hecho nada con Amed en su cama, solo dormían. ─ ¿Y por qué estaba en ropa interior? ─ preguntaba totalmente airada. ─ Pues… para que estuviese más cómodo ─ (bufido) ¿Encima de ti o tu encima de él? ─ Daniela, te lo juro, no hemos hecho nada y si se quedó aquí fue porque se le hizo tarde para ir a su casa ─ Ay si, tu la samaritana, la mártir, la bondadosa María Teresa de Calcuta…─ fue todo un caso tratar con ella, por lo tanto, sus padres, después de haber propuesto que durmiera con ellos, Daniela se negó rotundamente, ella no quería ser un incordio entre sus padres y ellos necesitaban su espacio, así que se resignaron y se fueron a la cama, ya que después se regresarían a Madrid por la tarde, ¡Santísima!, que semana.
Desde que habían salido del concierto, Carlos y Walter se mostraban un poco más conversadores, a lo mejor porque habían pensado que él y Daniela habían hecho las paces o que posiblemente, Mauricio, por fin se había dignado en hablar con Daniela, pero, él mismo aclaró que no había hablado con ella, que le pidió otra vez el plazo, pero que Daniela insistió en darle la espalda, cosa que ni Carlos ni Walter estaban de acuerdo, pero le dieron el voto por ser tan ingenioso en la dedicatoria, y desde que habían salido de la fiesta, estuvieron un tanto silenciosos, habían notado ciertas cosas un tanto raras entre Claudine, Mauricio y la incomodidad de Daniela, no querían tocar el tema si no tenían pruebas contundentes, por lo tanto, todo quedó en puras conjeturas, ya analizarían luego por si sus vistas les había traicionado.
Otra cosa que no estuvo Carlos de acuerdo fue en salir a Málaga sin haber dormido nada, la excusa de Mauricio fue que debían salir cuanto antes si querían estar temprano en Córdoba de regreso o se verían obligados en pasar el fin de semana allá, de todos modos no sabían que tal les iba a ir en la entrevista, por lo tanto había preparado para pasar el fin de semana allá, solo por si acaso, Carlos no quería entregar las llaves del coche por un viaje como ese y mucho menos cuando Mauricio no había dormido nada. ─ Pero… ¿Por qué no pasan el fin de semana allá de una vez?, ya que tienes el equipaje preparado, así descansan bien, y si existe una posibilidad de una segunda entrevista, no tendrán que hacer todo ese viaje nuevamente ─ propuso Walter y por lo visto fue bastante convincente, porque Mauricio se debatió internamente que, al final, accedió ante tal propuesta. Aun faltaba para aquel día negro esperado, y ni Daniela, ni la hermana de Emily lo esperaban o tenía planes con ellas para esos días, y Daniela había sido clara. ─ Aclara tu vida y luego Pensaré si te doy la oportunidad…─ por otra parte recordaba la conversación con la hermana de Emily, y en cierta parte ella tenía razón, haberse metido en éste enredo con Daniela era de lo más infantil, y tal vez, solo tal vez estos sentimientos que tenía por ella no era amor de verdad, sino un capricho, pero desde que Daniela había entrado en su vida, sus pensamientos giraban en torno a ella, y con solo pensar o recordar las cosas que sintió en aquellos momentos lo hacían dudar, ese fuego en su pecho, esa sensación de que su mente se olvidara de todo para centrarse solo en ella y sentir su calor, sus labios, sus besos, sus caricias, porque sentía que cada toque de ella era un concierto de corrientes eléctricas que lo elevaban a puntos que pensó que había olvidado y su corazón se acelerara a velocidades vertiginosas.
Mauricio recibe a Claudia que llegaba puntual con equipaje preparado, por lo visto tenían la misma forma de pensar, con una sonrisa de oreja a oreja y muy entusiasmada, saludó a todos con besos y abrazos y tuvo que explicar que no había podido dormir por la emoción. ─ Ya somos dos─ ¿También estás emocionado? ─ He… bueno… si, espero que estés preparada ─ Lo estoy, bueno, lista, lista no, por lo nervios, ji, ji, ustedes saben, pero si, estoy lista, muy lista, más que lista, tengo todo…─ ¿Cuántas tazas de café te has tomado antes de salir de casa? ─ preguntó Carlos cuidadosamente al notar la hiperactividad de Claudia, y lo más gracioso del caso, es que ella cuando tenía ese arranque de emociones y nervios, no era por tomar café, ella era así, así que parpadeó sorprendida por la pregunta y lo aclaró entre risas. ─ Ninguna─ ¿Estás segura? ─ Venga, Carlos, ya deja rollo, solo está nerviosa por la entrevista ─ Si tu lo dices, y no pregunto por nada malo, Mau, es que… tu sabes… estar nerviosa es una cosa, pero ésta niña está al borde de lo maniático ─ Aborden el coche para llevarlos al terminal ─ instó Walter abordando el coche por el lado del chofer y Mauricio se vio sorprendido, pero fue Carlos quien lo interrumpió antes de que abriera la boca. ─ No has dormido nada y no quiero desgracias ─ Mauricio no le quedó de otra que aceptar los términos de Carlos, sabía que ésta vez no habría letanías de precauciones.
Durante el trayecto hacia el terminal, Carlos no podía estar más estresado, ya que Claudia no paraba de hablar sobre los planes que tenía pensado cumplir si la aceptaban en la compañía y en todo lo que había soñado si llegase a pertenecer, o las cosas que haría el fin de semana, por otra parte, Mauricio solo podía observar con divertido interés, imaginando como sería una conversación entre el grupo de amigas de Daniela con ella incluida, lo más seguro y sería digno de verse, que eso sería igual a meter veinte cotorras en una jaula pequeña y verlas pelear por un poco de espacio, eso le robaba una sonrisa a pesar de no estar escuchando ni media palabra de lo que decía Claudia, solo sus oídos podían procesar: ─ Bla, bla, bla, bla, y… bla, bla, bla, bla, bla y sabían que… bla, bla, bla, bla, bla, por supuesto yo bla, bla, bla, bla, bla, bla ─ Mauricio no sabía si el estrés que cargaba Carlos muy temprano por la mañana era debido a que Claudia no lo dejaba hablar o simplemente porque Claudia no paraba de hablar, a lo mejor las dos cosas, y pudo notar que Walter solo asentía contemplativamente sin despegar ojos de la carretera, así que supuso que tampoco le estaba prestando la más mínima atención. ─ ¿Qué tal un poco de música? ─ propuso Carlos apresuradamente cuando por fin pudo capturar una pausa de Claudia, tal vez fuera para agarrar un poco de aire para seguir… en su monólogo, y Carlos pensó que con la música mantendría la boca cerrada pero… ─ Me parece genial porque, bla, bla, bla, bla, bla ─ Carlos no pudo disimular su suspirar de frustración y Mauricio no pudo evitar soltar una carcajada que todos lo miraron como si estuviera loco.
Daniela se levanta con un dolor terrible de cuello causándole las ganas de soltar un buen rosario de palabrotas por lo bajo, pero el mismo dolor no le daba para eso, solo ofender a Lucía por haber hecho lo que hizo, ¿Qué hizo?, acostarse con un hombre en su cama y venir con la excusa de no haber hecho nada, si claro, pero ese sería tema para discutirlo luego, por ahora, lo primero que haría sería levantarse y arreglarse para ir al trabajo, tal vez cambiar de ambiente… ─ ¡Mierda! ─ Daniela se detuvo en seco en la puerta del baño al recordar que hoy sería el día en que sus padres regresarían a Madrid, por lo tanto estaba en una disyuntiva fuerte, porque ella quería acompañarlos para despedirlos, pero tenía un montón de trabajo pendiente en el noticiero digital, y ni pensar en la universidad, haber sido arrollada por un coche fue un vuelco total para su vida, pero que vuelco. Cuando vio a sus padres salir de la habitación arrastrando sus respectivos equipajes, a Daniela se le abrieron los ojos como plato arrugándosele el corazón, Daniela odiaba despedirse de sus padres, pero ella quería acompañarlos al aeropuerto, ella entendía el tipo de trabajo que tenían que desempeñar, así que debía aceptar que algún día éste día llegaría, pero, ¿Por qué se iban tan temprano?, viendo la hora en el reloj de pared, se percata que eran más de las diez. ─ Otra vez… mierda ─ miró a ambas direcciones y… ─ Denme un minutos y me cambio y los…─ Hija, no hace falta, solo quédate descansando, tu padre y yo nos alegramos…─ Pero, mamá, quiero acompañarles ─ Dani, tienes cara de haber pasado una muy mala noche, no sé por qué no quisiste pasar la noche con nosotros ─ (sonrisa tierna) Papá, entiéndeme, ustedes necesitan su espacio y yo ya no soy chiquita, no cabríamos los tres en la cama ─ Daniela los miró con ojos suplicantes, que sus padres no les quedó remedio que aceptar y Daniela salió disparada a su habitación para alistarse, aunque luego de estar en él, lo pensó dos veces escaneando su habitación con total desagrado con una mueca donde Lucía había hecho de sus cochinaditas. ─ Solo espera y verás, guarra ─ pensó viendo aquellas sábanas desarregladas, supuso que se había levantado tarde, porque siempre, Lucía, arreglaba todo antes de salir y eso era lo bueno, que Lucía ya se había ido a su trabajo y ella tenía que volar y acompañar a sus padres al aeropuerto y después de allí ir al noticiero.