Cap. 31

El gran domingo llegó, ese día tan esperado y Mauricio decidió no abrir la tienda e invitar a sus dos mejores amigos que había tomado con la guardia baja ante tan curioso suceso, porque como eran sus costumbres trabajar los domingos únicamente medio día solo para adelantar trabajos atrasados, por lo tanto, Laura, como todo un general, comenzó a dar órdenes para ir organizando todo desde muy temprano para la gran reunión esperada, y no se podía esperar más de Carlos y Walter que se sentían encantados en colaborar, por otra parte, Mauricio y Daniela en compañía de Arno, fueron al mercado a comprar carbón y algunos víveres y algo de carne y pan; Carlos y Walter con el decorado y armado de la mesa en el tejado que había propuesto Mauricio y un par de ideas que había propuesto para sorprender a Daniela al regreso, y desde luego ellos estuvieron totalmente de acuerdo y lo agregarían como si fueran sugerencias.

Daniela caminaba al lado de Mauricio por el supermercado usando su bastón, muy erguida y solemne mostrando su yeso pintado, mientras que Arno metía cosas al carrito y Mauricio empujaba, a veces Daniela sugería algunas cosas para la fiesta. ─ ¿Incluimos a tus amigas? ─ preguntó Arno escrutando varias botellas de salsa. ─ Mm… podría ser, pero me gustaría que esto fuera solo entre nosotros ─ ¿Qué tal Lucía? ─ Lucy está bien… la llamaré una vez estando en el coche… ¿Sabían que está saliendo con el doctor Amed? ─ ¿Están saliendo? ─ preguntó Mauricio, sabía que Daniela esperaba esa pregunta para soltar todo el rollo. ─ Bueno, saliendo, lo que se dice saliendo no, solo están… tu sabes… en plan de amigos primero ─ Lucía y el doctor Amed hacen una buena pareja, solo espero que les vaya bien… ya es hora de que esa muchachita siente cabeza ─ Papá, Lucía solo tiene veintitrés ─ Pero creo que es hora de que vaya pensando en futuro… ¿Qué tal ésta salsa? ─ preguntó tomando una botella de salsa de tomate un tanto oscura, decía salsa para carne y parrillas. ─ Esa es perfecta ─ recomendó Mauricio y tomó dos más, una de mostaza dulce y otra de maíz. ─ Creo que con esto es suficiente, solo faltan las carnes y el pan ─ comentó Mauricio estudiando la lista mientras se rascaba el ceño, y viendo la gran cantidad de cosas que tenían en el carrito… ─ Creo que hemos metido algunas cosas que no están en la lista ─ señaló con una sonrisa un tanto traviesa, se frotó el cuello y le ofreció la lista al padre de Daniela. ─ Quiero ver ─ exigió Daniela estirando el cuello. ─ Descuida, creo podemos permitirnos éstas cosas…─ Quiero ver ─… yo pago la mitad y tu la otra mitad ¿Qué dices? ─ Quiero ver ─ ¿Está seguro, señor Arno? ─ ¡Quiero ver joder! ─ que mala pata, es lo malo de estar en compañía de hombres más altos que ella, claro, no es que ella fuera una tachuela, pero tomando en consideración a ambos, su metro con sesenta y tres contra un metro setenta y tres y metro setenta la dejaba en desventaja.

Tomando la mano de su padre, tiró de ella y tomó la nota, en cambio Mauricio y Arno prosiguieron la conversa y tomas de decisiones sin prestarle atención a Daniela que leía detenidamente la lista. ─ Queso Gouda, jamón de pavo, tocino, leche, galletas Ritz, queso crema, patatas fritas, Ruffles, Coca Cola, Pirulin, Nutella, un momento ¿leche?, ¿Por qué agregarían leche al carrito?, ¿cervezas?, las cervezas se entiende, por papá que le encantan, sobre todo esta, Bud… Bud… Bud… Budweiser, ¿No hay otra cosa más fácil de leer?, okay… las salsas que metió papá… en cuanto a las golosinas no pongo objeción ─.

Prosiguiendo con las compras, siguieron discutiendo que otras cosas podrían llevar, pero con el carrito a tope decidieron que ya era suficiente, inclusive habían agregado un pollo de esos precocidos que son para meter en el microonda y listo, y mientras esperaban el turno para pagar, Daniela contemplaba una vez más el yeso pintado y no pudo evitar pasar un dedo por la creación de Mauricio, y tampoco podía pasar desapercibida delante de otras personas robando un par de miradas curiosas y eso le gustaba porque no solo presumiría de su yeso, también de quien lo había hecho. ─ ¿Te gusta? ─ preguntó Mauricio trayendo a Daniela a la realidad. ─ Está hermoso, me encanta ─ contestó con una sonrisa y se prendió de su brazo, y viendo una barra de chocolate Sniker… ─ ¿Me lo compras? ─ preguntó con traviesa inocencia moviendo sus pestañas como mariposas, eso le robó una sonrisa a Mauricio. ─ A veces pareces una niña ─ argumentó su padre negando con indulgencia, en cambio Daniela mostró su mejor cara de no tener idea. ─ Yo lo veo normal, papá, Mauricio es mi novio ─ y con eso ganó la partida porque Mauricio la complació, y tomando el chocolate, le saco la lengua a su papá y luego lo abrazó, Arno le corresponde el abrazo y… ─ ¿Te sientes bien?, digo, ¿Quieres tomar asiento? ─ No, papá, estoy bien gracias… (suspiro), quiero recuperarme rápido ─ con beso en la coronilla, le respondió y ella enseguida abrazó a Mauricio por un costado a seguir esperando el turno para pagar.

Laura revisaba con ojo clínico la decoración realizada por Carlos y Walter, que a propósito, Carlos terminaba de armar la mesa mientras que Walter botaba la basura, el tener que limpiar el ático los había dejado exhaustos, pero había valido la pena tanto esfuerzo y más para lo que tenía preparado Mauricio para Daniela. ─ ¿Tardarán mucho? ─ preguntó Carlos apreciando la decoración. ─ Paciencia, ya deben estar en camino ─ opinó Laura acomodando algunas servilletas. ─ ¿Seguro que ésta cosa aun funciona? ─ preguntó Walter escrutando la parrillera muy detenidamente. ─ Claro que funciona ─ Pregunto por el tiempo que tiene sin usarse ─ ¡Ay Dios!, Walter, es una de esas que usan carbón, si fueran a gas te entendiera ─ Chicos, chicos, ¿Todo está listo? ─ Si, Laura ─ contestó Walter muy sonriente y entusiasmado por el magno evento.

─ ¿Estás segura que es aquí? ─ preguntaba Amed que era siendo arrastrado por Lucía hacia el local, o por lo menos, la mitad de la cuadra donde solo se podía apreciar una enorme puerta metálica. ─ Claro que si, es más, mi amiga Dani vive con él ─ contestó Lucía tocando el timbre, y una cabeza se asoma por una pequeña ventana segundos después. ─ ¡¿Quién?!, ¡Ay!, hola Lucy, querida, ya bajo ─ ¿Recuerdas a mi amigo Carlos? ─ Si… si me acuerdo de él ─.

Lucía había llegado puntual como de costumbre y para Daniela era altamente habitual cuando de fiesta se trataba, los saludos y abrazos no se hicieron de esperar y apretones de manos cordiales en una segunda presentación. ─ ¿Y Dani? ─ preguntó al no verla cerca de allí revoloteando con su muleta. ─ Está con Mauricio y su padre ─ contestó Laura, su madre, y tanto Lucía como Amed fueron guiados al tejado. ─ ¿Apetecen algo de beber? ─ ofreció Laura muy amablemente, y Lucía dio crédito a ello, como anfitriona era increíble y ahora entendía el motivo que su marido siempre la elegía como organizadora de algunos eventos sociales y protocolo. ─ Para mi cerveza y… ¿Tu quieres…? ─ Para mi igual, si no es mucha molestia ─ excelente, Laura había dispuesto un pequeño refrigerador para las bebidas, cortesía del foto estudio, la misma donde guardaban las bebidas por si algún cliente se le antoja refrescarse, que al subir, les sacó la gota gorda a ambos, no por el peso, por lo incómodo para subir al tejado, y la solución más viable fue por las escaleras de emergencias, escaleras que fueron acondicionadas con enrejado y todo para mayor seguridad.

─ ¿Listos para volver? ─ preguntó Arno cerrando la tapa del maletero del coche, en cambio Daniela sonrió y Mauricio encendió el coche, y durante el trayecto, fueron conversando de todo un poco, no hubo contratiempos y semáforos que les frustrara su ruta, todo parecía estar hecho para el día, y eso tenía a Daniela muy contenta en el puesto trasero mientras que Arno y Mauricio entablaban conversación y a veces Daniela soltaba una opinión más que otra con respecto a los tipos de comida o coches o viajes.

Su viaje de regreso no fue más que veinte minutos en coche, y al llegar, comenzaron a bajar las cosas, tanto Carlos como Walter, y ahora Amed, ayudaron con las bolsas del mercado y Lucía recibiendo a Daniela con un gran abrazo, iniciando un cotorreo sin preámbulos y llenas de entusiasmos. En la cocina, Mauricio se encargó de aderezar las carnes mientras que Laura cortaba el pan, y Arno guardaba las bebidas en el refrigerador pequeño.

Daniela entra a la cocina muy curiosa a ver lo que hacía Mauricio, Laura salió de la cocina con un tazón lleno de algo que a Daniela no le importó en absoluto saber lo que era. Con mucho cuidado, Daniela tomó asiento en uno de los banquillos, ver a Mauricio trabajar en la cocina era como ver a los chef de la televisión, y con la música amenizando el hogar, todo lo hacía más alegre y pintoresco, cálido, y Mauricio tarareaba la canción, una de Adele. Send to Love, era la canción. ─ ¿Puedo ayudarte en algo? ─ la pregunta hizo aterrizar a Mauricio entre parpadeos, picaba los vegetales. Y lo que le sorprendió a Daniela fue que Mauricio le ofreció una sonrisa viéndola a los ojos y aun así seguía picando los vegetales sin cortarse. ─ ¿Cómo lo haces? ─ ¿Qué cosa? ─ ¿No tienes miedo de cortarte? ─ No cuando tienes la experiencia suficiente ─ Presumido ─ (risas) ─ No, en serio, ¿Te ayudo en algo? ─ ¿Puedes… batir aquella mezcla de salsa? ─ Seguro ─ Daniela se baja del banquillo, tomó la batidora inalámbrica y la introdujo en el bol, presionó el botón y… ─ ¡Ay! ─ Mauricio levantó la mirada pensando que Daniela posiblemente se cayó o ¿se llenó la cara de salsa?, bueno, no completamente, solo le salpicó un poco hasta en el cabello.

Un gruñido/chillido, el típico que le hacía reír, no se hizo esperar y Mauricio soltó una baja risa. ─ ¡No te burles! ─ No me estoy burlando ─ Te estás riendo ─ señaló con la batidora salpicando a Mauricio en la frente de salsa y eso le robó una risa a Daniela. Limpiándose la frente con una servilleta, Mauricio preguntó. ─ ¿Qué pasó? ─ Tu batidora no sirve ─ ¿Cómo que no sirve?, a ver, permíteme ─ Mauricio tomó la batidora, limpió un poco el desastre, estudió el cabezal... todo parecía estar en orden, lo introdujo en la mezcla y batió normalmente. ─ Para mi funciona bien ─ Pues para mi no, o le tienes un truco ─ ¿Cómo estabas sujetando la batidora ─ Así ─ Daniela le mostró y obviamente la estaba sosteniendo al ras de la salsa y un poco inclinada. ─ La estás sosteniendo mal ─ ¿Mal? ─ Tienes que sostenerla de éste modo ─ Mauricio rodeó con sus brazos a Daniela por la espalda, tomó de su mano y la fue guiando, mostrándole la forma correcta. ─ ¿Ves que no salpica? ─ Hm ─ Debe ser porque eres diestra y no zurda ─ Mm… puede ser ─ admitió y siguió batiendo la salsa con la ayuda de Mauricio. ─ Déjame ver que tal está quedando ─ comentó, y en vez de probar la salsa del bol, probó del salpicado que tenía Daniela en el cuello con un beso y eso la hizo estremecer. ─ ¿Qué estás haciendo? ─ protestó, pero su protesta no fue como ella misma lo esperaba, con esa autoridad arisca y con insultos creativos, simplemente fue… ─ Solo estoy probando la salsa ─ le susurró al oído, y sentir el aliento de Mauricio en el oído hizo que se apoyara más en él, como si quisiera que la abrazara con fuerza. ─ Creí que lo probarías del tazón ─ Pero en tu cuello estaba más cerca y tengo las manos ocupadas ─ ¿A si? ─ Aja─ otro beso en el cuello y… ─Mau, no ─ ese “no” fue más a un suspiro que a una protesta. ─ ¿Por qué no? ─ Me desconcentras ─ (sonrisa traviesa) ¿En que sentido? ─ preguntó muy cerca del oído y Daniela cerró los ojos dejando que su mente volara y ¡Dios!, como hacía calor. ─ ¡Ay!, ¡cuanta pasión se derrocha en ésta cocina! ─ el grito de Carlos, al sorprenderlos, hizo que ambos se sobresaltaran y perdieran el control del batidor, salpicando todo de salsa.

Las carcajadas de Carlos se sintieron casi por toda la casa mientras que Mauricio y Daniela protestaban por aquel desastre causado por el susto. ─ ¡¿Pero qué están haciendo?! ─ reclamó Laura al entrar a la cocina y ver aquel caos. ─ Los niños que aprovecharon de que estaban solos y hacer de las suyas ─ acusó Carlos muerto de la risa. ─ A ver, si ya dejaron de jugar con eso ─ protestó Laura quitándoles el bol. ─ Limpien éste desorden, ¡virgen santa!, parecen niños ─ regañaba pasando unas servilletas para quitar el sobrante de las orillas del bol y se lo llevó, Carlos le siguió llevándose una bandeja con vasos y algo de hielo, dejando nuevamente a Mauricio y a Daniela solos, ambos se cruzaron de miradas viendo cuan desastrosos habían quedado y no aguantaron la risa.

Daniela y Mauricio hicieron acto de presencia cuando ya estuvieron arreglados y aseados, robando un par de miradas y sonrisas cómplices por la feliz pareja, Mauricio supuso que Carlos ya había corrido la bola de haberlos encontrado en la cocina muy acaramelados. ─ ¡Mauricio! ─ llamó Arno muy sonriente, para que se acercara un momento, ya la parrilla estaba encendida y esperando a que calentara y Arno era quien atizaba el carbón, le señaló la bandeja con las carnes ya aderezadas y Mauricio tomó el tenedor trinchador tomando el timón de la cocción de las carnes, Arno tomó dos cervezas y le ofreció una a Mauricio, la cual, éste accedió cortésmente, en cambio Daniela escaneaba todo el decorado del tejado y dio su visto bueno ante la ingeniosa creatividad de su madre y sus distinguidos ayudantes, pero… ¿para qué las luces navideñas?, aunque buscaba detalles para distraerse, su mirada paseaba y siempre terminaba en el mismo punto, en Mauricio. ─ Niña, espabila, (chasquido, chasquido, chasquido) ─ ¿Ha? ─ Allá hay servilletas por si te hace falta ─ bromeaba Carlos señalando a la mesa mientras que Daniela le da un empujoncito juguetón, y no pudo evitar prestar atención al dibujo del yeso. ─ Eso tiene la firma de Mauricio de aquí a la china ─ ¿Cómo lo sabes? ─ ¿Quién se tomaría esas molestias contigo?, porque déjame decirte que eso es un detallazo de su parte ─ Daniela no podía evitarlo, solo podía sonreír ante el recuerdo de aquel gesto, de pronto… ─ Carlos… tu que conoces a Mau desde hace tiempo…─ apuntó Daniela llevándose a Carlos a un lugar apartado.

La fiesta parecía ser todo un exitazo, todos sumergidos en una conversación, bebiendo, riendo, la música amenizando el lugar, Arno charlando con Mauricio y Amed. Lucía, Walter y Laura enfrascados en algo que parecía importante, a veces se turnaban para cambiar, no solo de acompañante sino de conversación, y en el lugar apartado, Daniela tratando de entender el misterio que encerraba Mauricio con su pasado y a veces lanzaba miradas para encontrarlo enfrascado hablando con Arno. ─ ¿Desde hace cuánto que conoces a Mauricio? ─ ¡Uy!, desde que estábamos en la universidad ─ Mm… entiendo, y… ¿Cómo llegó a obtener todo esto? ─ Bueno… te puedo decir que esto fue gracias a sus pasantías ─ ¿Pasantías? ─ Aja, escucha: me gradúe un año antes que él, yo estudiaba en ese entonces para ser enfermero y… ─ Y ese entonces ¿Fue? ─ Más o menos siete o seis años si no mal recuerdo, no… siete porque tengo cinco años con Walter ─ Mm ─ Él hacía sus pasantías en una empresa publicitaria, la misma empresa que aun presta sus servicios, y en sus pasantías se hizo muy famoso para las compañías que iban a dicha empresa publicitaria, y como se corrió la voz sobre el talento de Mauricio, quisieron contratarlo como publicista personal para esas empresas. Lo que quiero decir es que todo sucedió tan rápido como una avalancha, una cosa tras otra ─ Entiendo… y supongo que en “ese entonces” él no la había conocido ─ ¿A quién?, (suspiro profundo), Dani, ya sé por donde vienes ─ ¿Tan obvia era?

Carlos tomó la mano de Daniela con una sonrisa llena de compresión y disculpas. ─ Dani, no te puedo contar todo sobre Mauricio, en verdad perdóname por eso ─ No, no, no, perdóname tu a mi, te entiendo perfectamente… yo no…─ Lo que si te puedo decir es que Mauricio es una gran persona con un corazón que Dios se lo bendiga, no digo que sea un santo, pero es una buena persona y se merece lo mejor ─ Pero…─ Y si hay algo que te preocupe con respecto a su pasado, puedes estar tranquila porque si Mauricio está contigo, créeme que no es en son de que seas un salvavidas o pasar un rato, ¡al contrario!, te puedo dar fe que a Mauricio le pueden desfilar un centenar de mujeres delante, y él va a pensar que son una estampida de elefantes si solo tiene ojos para ti. Y se le nota que tiene ojos para ti ─ ¿En serio? ─ Te doy mi palabra ─ aquella confesión de Carlos hizo que en el pecho de Daniela se encendiera una llama llena de un sinfin de emociones. Entusiasmo, esperanza, alivio, ¿Por qué?, si ella solo… ─ Tu plan, aférrate a tu plan ─ Ya deja de engañarte y no seas como la perra esa ─ Pero si su vida no me importa ─ Excusas, puras excusas… ¡cobarde! ─ ¡No soy ninguna cobarde! ─ ¿A no?, y ¿Por qué no le preguntaste lo que tanto te está comiendo en la conciencia? ─ Pues… no quiero que se enfade, tampoco quiero… ¿Perderlo?, no por ahora ─ ¡Cobarde! ─ ¡No soy ninguna cobarde! ─ ¡Demuéstralo! ─ ¿Dani?, ¿Me estás escuchando? ─ ¿Perdón?, disculpa, Carlos es que… pensaba en… (suspiro), no me hagas caso ─ Dani, se te nota que tienes miedo, hasta juraría que tienes miedo de perderlo ─ ¿Miedo? ─ No lo disimules, conozco esa sensación, también me sentí así con Walter y mira donde estamos, resultó ser un marido maravilloso ─ Pero es que su pasado… se sincera… tengo miedo que su pasado me lo termine arrebatando ─ Mm… ¿Sabes?, tengo entendido que eres una reportera ─ Si ─ Usa esas cualidades ─ ¿Qué las use? ─ ¡Claro!, acribíllalo con preguntas, hazle un diluvio de preguntas, que él poco a poco se vaya… abriendo a ti, un consejo mejor que ese no puedo darte ─ Daniela sonrió y lo abrazó. ─ Gracias─ No, mi amor, gracias a ti por traerlo de vuelta ─ Carlos le devolvió el abrazo con más fuerza. ─ Vaya y tome su toro por los cuernos ─.

Daniela nunca se había sentido tan motivada, al punto que se levantó y usando su bastón caminó hacia Mauricio y pudo jurar que casi no cojeaba debido a ese intenso fuego que quemaba en su pecho, hasta el punto que podía decir que brillaba y abrazaba como un sol. ─ Se sincera… se sincera ─ se repetían esas palabras. ─ Hola, papá ─ Hija, (media sonrisa), disculpa que ocupe a tu novio…─ No me molesta para nada, señor Arno ─ Es que he oído rumores de que eres un buen cocinero, que no solo preparas buenas cachapas venezolanas ─ Solo lo normal ─ No le hagas caso, papá, él es un presumido ─ ¿Yo presumido? ─ No te hagas, que no te luce ─ replicó Daniela fingiendo lanzarle una mirada afilada acompañada de una sonrisa juguetona, eso le robó una sonrisa a Mauricio y la abrazó dándole un beso en la coronilla y ella le correspondió el abrazo. ─ Mira ─ le mostró el yeso que le había pintado Mauricio a su padre rompiendo el abrazo. ─ Gracias por mostrármelo, eso me recuerda que te quería preguntar sobre eso, está muy bonito ─ (sonrisa tierna) Me lo pintó Mauricio ─ aclaró volviendo abrazar a Mauricio por un costado mientras que él volteaba las carnes. ─ Ésta tanda ya está lista, ¿Ya tienen la bandeja con los panes aderezados? ─ Aquí están, hijo ─ ofreció Arno y Mauricio comenzó a servir las hamburguesas.

Laura hizo tintinear su vaso para llamar a todos a la mesa, y no se hicieron de rogar. ─ Muero de hambre ─ anunció Walter tomando asiento muy entusiasmado y Mauricio desde la parrilla replicó alzando su cerveza en un gesto de brindis. ─ Tu siempre tienes hambre ─ ¡Púdrete!, no es fácil mantener éste cuerpo con solo gimnasio ─ eso fue un causal para Mauricio soltar una risa y Daniela no pudo disimular una sonrisa ni dándole una mordida a su hamburguesa, y ella, nunca en su vida se había divertido tanto, y si ha de clasificar los mejores momentos, éste era para rememorar toda la vida y ser uno de sus favoritos, inclusive, tomó fotos de todo y a todos, las bromas, las risas, los momentos tiernos entre amigos, las parejas, definitivamente éste fue el mejor día de su vida y lo recordaría por siempre, al lado de sus padres, amigos y definitivamente al lado de Mauricio. ─ No mi amor, gracias a ti por traerlo de vuelta ─ fueron las palabras que se repetían una y otra vez en la mente de Daniela, y viendo sonreír a Mauricio, verlo feliz, ese brillo en su mirar, eso la hacía feliz a ella también, porque se dio cuenta que Mauricio era… Mauricio y no quería estar sin él.

El día transcurrió, la fiesta se había alargado al punto de ser casi las seis y nadie parecía querer irse, pero como todo lo que empieza debe terminar, los primeros en marcharse fueron Lucía y Amed, que vieron a Daniela y a Mauricio apartados, enzarzados en una conversación de solo Dios sabía que, aunque Lucia se hacía a la idea, no quiso darle vueltas, dejaría que su amiga se las apañara sola, aunque veía que no necesitaba ayuda, porque Mauricio se veía enganchado a ella, Laura también se percató de ello y se llevó a su marido, Carlos y Walter igual forma, prosiguiendo la reunión dentro de la casa, dejando a solas a la linda parejita, y ellos sin percatarse de nada. ─ Ésta reunión fue maravillosa… la mejor de todas ─ A mi… también, me encantó, gracias por ser tan lindo ─ ¿Eso fue un cumplido? ─ ¿Qué tiene de malo?, cualquiera diría que no estás acostumbrado a recibirlas ─ No, no, de que lo estoy, lo estoy, el asunto es ¿Quién diría que oiría un elogio de ti? ─ Que te den y te recuerdo que elogié tu café ─ ambos rieron por un momento y Daniela consideró que… ahora podía entablar una conversación con Mauricio sin enfadarse con él, ¿desde hace cuánto se sentía así?, ahora sus chistes tenían gracia, ¿Quién lo diría?

Apartando esas ideas, Daniela volvió a la seriedad de la conversación, no quería desviarse de su propósito, pero es que cuando Mauricio la miraba de aquella forma tan tierna, tan enfocada en ella, como si ella fuera la única cosa en el mundo, a ella se le olvidaba hasta el como gesticular alguna palabra, de alguna manera, así que… ─ Mau, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ─ (sonrisa sardónica) Y… ¿A qué se debe ésta declaración? ─ No arruines el momento, capullo ─ (risas) No puedo evitarlo, es que de verdad me resulta increíble que tu y yo podamos hablar sin que me ofendas ─ Daniela ofrece media sonrisa. ─ Estoy hablando en serio, Mau ─ (suspiro profundo), Okay, te escucho ─ Lo que quería decir es que… si algún día quieres hablar conmigo de lo que sea, de tus planes, tus sueños, en fin, de lo que sea, voy a estar allí para ti ─ ante aquellas palabras, Mauricio guardó silencio y sonrió. Colocando una mano en la mejilla de Daniela, acarició con el pulgar y ese gesto fue de lo más dulce para Daniela que cerró los ojos para disfrutar mejor el contacto. ─ Gracias, tomaré tu declaración en consideración ─ contestó aun acariciando la mejilla y eso hizo que Daniela se perdiera en los ojos de Mauricio. ─ ¿De verdad? ─ Mauricio asintió muy seriamente y Daniela lo abrazó, sintiendo su cercanía y su calor y su aroma a… hamburguesa.

Rompiendo el abrazo, sus miradas se encontraron y Daniela quiso preguntarle algo, pero se había quedado muda al estar consciente de la cercanía de Mauricio que hizo que su corazón latiera con fuerza. ─ Es ahora o nunca… pregúntale ─ Daniela tomó el valor, respiró profundamente y… las luces se encendieron mostrando una belleza inusitada de muchos colores, a muchos ritmos y formas, las guirnaldas y las flores artificiales lo hacían ver como un vivero mágico y eso hizo que en el corazón de Daniela le doliera, creando un pequeño nudo en su garganta, considerando que ella no se merecía a un hombre como Mauricio. ─ Mau ─ dijo en voz baja, casi en un susurro. ─ ¿Si? ─ Yo… yo… ─ Daniela carraspea. ─… quería… ─ suspiró temblorosa y nerviosamente y más cuando Mauricio solo tenía ojos para los labios de ella y ella no sabía que decir o como decirlo, y por cada intento, ellos se acercaban aun más… y más.

Daniela tenía mucho miedo, parecía una adolescente con su primer amor, y eso hizo que desviara la mirada. ─ Mau ─ dijo totalmente ruborizada. Mauricio, con su pulgar y su índice, instó dulcemente a Daniela a levantar la mirada, y aunque ella no quisiese, era como tener todo el poder del mundo en ese simple dulce movimiento. ─ Todo estuvo maravilloso ─ dijo tratando de distraer su mente, en cambio Mauricio sonrió y eso le paralizó, su sonrisa no era como la de siempre, socarrona o llena de picardía, no, ésta sonrisa era totalmente diferente, ternura y… y… algo más y ese algo más…

─ Gracias por todo ─ dijo Mauricio muy cerca de sus labios y Daniela cerró los ojos, tal vez por temor, tal vez por ansia, o tal vez para imaginarse sentir los labios de Mauricio sobre los de ella. ─ ¿Gracias? ─ Nunca me había sentido así en… mucho tiempo ─ Yo…─ la respuesta de Daniela fueron acalladas de una manera dulce, sospechada, pero no esperada, y todo se iluminó, todo se apagó, el tiempo se aceleró y se detuvo, no sabía si estaba volando o de pie, no sabía si su corazón se había detenido o acelerado a velocidades vertiginosas, solo podía sentir un fuego ardiendo en su pecho al sentir los labios de Mauricio sobre los de ella, y esa caricia con sus labios, tan sutiles como pétalos de rosa, tentativos, le hicieron suspirar profundamente, tal vez si había amanecido… no, no había amanecido, eran las luces de navidad que brillaban como estrellas traídas del cielo para ella y Mauricio lo había hecho, y sin siquiera pensarlo, Daniela le correspondió el beso de la misma intensidad rodeando con sus brazos el cuello de Mauricio.

Sus frentes se apoyan una de la otra cortando el beso, sus respiraciones lentas y profundas decían mucho de lo que sentían, solo sus miradas enganchadas una a la otra decían más de lo que sus labios podían expresar, y… ─ ¿Por qué me besaste? ─ susurró cerrando sus ojos, humedeciéndose los labios, porque aunque no quisiera, sus labios aun sentían el beso de Mauricio, y esa sensación era… dulce… tan viva. ─ Hablabas demasiado ─ No te di permiso ─ (media sonrisa), Me lo puedes devolver… digo, si no quieres el beso ─ hubo una pausa de un latido, de miradas encontradas y Daniela lo besó, lo besó con tanta intensidad y pasión como si su vida dependiera de ello, degustando, sintiendo, disfrutando, lento, sutil, pero ardiente, y cuando sus lenguas se encontraron, los fuegos artificiales saltaron sobre sus cabezas.

En el instante que cortaron el beso nuevamente, sus respiraciones estaban tan aceleradas como si hubiesen corrido un maratón, y tanto sus labios como sus ojos gritaban por más, aunque hayan pasado minutos o tal vez horas besándose, parecía no ser suficiente. ─ ¿Por qué me besaste? ─ preguntó Mauricio ésta vez. ─ Hablabas demasiado y no quiero pensar ─ ¿Qué no quieres pensar? ─ No importa, solo… bésame y no me dejes pensar ─ y sus labios volvieron a encontrarse, pero ésta vez Daniela sentada en su regazo, con una mano en la mejilla de Mauricio con ternura y él sujetándola por su cintura con firme gentileza y eso era para Daniela la señal perfecta de que Mauricio la reclamaba para él, y más cuando su lengua se abrió camino hacia su boca para encontrar la de ella y ¡Dios!, era como si trazara pinceladas en ella, pinceladas que la dejaban con la mente en blanco y con colores a la vez, suaves, gráciles trazos que solo un artista podía hacer, los mismos trazos y colores que había pintado Mauricio en el yeso con sus flores favoritas.