Cap. 30
─ Si… una sorpresa. Espera un segundo ─ instó Mauricio y comenzó a buscar y a revolver en su maleta de doctor tipo rodante, maleta que supuso Daniela que contenía solo equipos de fotografías y… ¡chocolates! Una tableta enorme de Sniker. ─ ¿Es la sorpresa? ─ preguntó tratando de disimular su entusiasmo enarcando un ceño, y eran sus favoritas, ¿Cómo habría adivinado? ─ He… no, pero es parte ─ aclaró y volvió a su registrar, y eso le intrigó aun más, ¿Qué podría ser ésta vez?; y su confusión creció cuando vio que comenzó a sacar pinturas de acuarela de muchos colores, un barniz, pinceles y un lápiz. ─ ¿Esa es la sorpresa? ─ preguntó ésta vez con el ceño un poco fruncido, no porque estuviese molesta, era intrigante saber para qué coño querría ella un montón de pinturas de acuarela. ─ Mm… es parte ─ volvió a contestar y se levantó del sofá. ─ ¿Adónde vas? ─ Dame un segundo ─ contestó, y como que se tomó en serio lo del segundo porque no había tardado nada trayendo en la mano un vaso de plástico con agua y otro con disolvente o por lo menos pensó que era eso por el olor a químico, lo colocó en la mesa y… ─ Dame tu brazo… ese no, el que tiene el yeso ─ tentativamente Daniela tendió su brazo enyesado con la curiosidad de saber lo que haría con él, era obvio que pintaría algo… pero ¿qué?.
Mauricio lo estudió con ojo clínico y… ─ ¿No tienes hambre?, mamá te dejó la cena en el microondas ─ Dame un minuto ─ la pausa que le siguió fue un tanto extraña, Mauricio estudiaba el yeso como un espécimen raro mientras destapaba frasco por frasco y vertía los colores en una especie de paleta, tomó un pincel y comenzó a pintar.
Daniela quedó absorta viendo a Mauricio trabajar en su yeso, nunca lo había visto tan concentrado, y… miró la hora y ya eran casi las diez. ─ Mau, debes estar cansado y no has comido ─ (silencio) ─ Mau… ¿Me estás oyendo? ─ Si ─ ¿Y por qué no me contestas? ─ Solo dame un momento. Disfruta del chocolate mientras hago esto ─ O sea, me traes chocolate para mantenerme con la boca cerrada ─ (media sonrisa), Mm… no ─ Jum… no te creo ─ Daniela destapa el empaque con los dientes y le da una pequeña mordida, ¡Dios!, comer chocolates era la gloria, y mientras disfrutaba volvió a posar toda su atención en lo que estaba haciendo Mauricio que le había pintado el yeso de azul cielo. ─ Mau, creo que debes comer y descansar ─ instó Daniela trayendo la atención de Mauricio con un dedo bajo su barbilla. Sus miradas se encontraron y los ojos de Mauricio brillaban y ella había quedado atrapada en ellos, ¿Por qué?, había vida en ellos, más que vida y eso le paralizó el corazón, y la sonrisa que le ofreció fue… diferente al Mauricio bromista e insoportable. ─ ¿Comiste en la tarde? ─ preguntó tratando de mantener una conversación casual ofreciéndole un pedacito de su chocolate. ─ Mm… si… si comí ─ contestó volviendo su atención en el yeso. ─ Mentiroso ─ replicó dando otra pequeña mordida a su tableta de chocolate. ─ ¿Mentiroso?, ¿Por qué? ─ ¿Dónde y qué comiste? ─ Refrigerios y tarta que repartieron en la boda ─ ¿Cómo a que hora fue eso? ─ No… lo sé, no estuve pendiente de la hora ─ ¿Tomaste? ─ Si te refieres a cerveza y esas cosas… no, no bebo cuando estoy trabajando ─ Mm…─ Listo… solo esperemos a que seque y luego prosigo ─ Y mientras se seca, ven para que comas ─.
Daniela lo instó a levantarse tomándolo de la mano y él se dejó llevar por una Daniela que cojeaba, y desde una pequeña ventana, eran observados por los padres de Daniela. ─ Creo que ya se la están llevando mejor ─ comentó Arno a nadie en particular, viendo como Daniela llevaba a Mauricio a la cocina, y Laura no pudo estar más de acuerdo. ─ Ven, vayamos a la cama, ya es tarde ─ pero Arno no quería irse, quería saber que más haría su hija con Mauricio, no es que fuera un mirón, era más que todo el síndrome de papá sobre protector y Laura tuvo que llevarlo casi a rastras para darles su espacio.
─ Espero que te guste la cena ─ ¿Cuál es la sorpresa de hoy? ─ ¿Te gusta la comida Mexicana? ─ Mm… si ─ Pues porque lo que mamá preparó fueron enchiladas ─ No tengo nada en contra de la comida Mexicana, pero… ¿Es necesario que siempre coman picante? ─ ¿No te gusta? ─ Me gusta el picante, pero…─ Llorón─ ¿Llorón? ─ Si, y si no eres un llorón, demuéstramelo ─ ¿Cómo? ─ Comerás enchiladas con… con… con jalapeños ─ ¡Eso es una locura! ─ No. Eso es delicioso ─ ¿Es en serio? ─ Llorón. buuuu… buuu… está llorando el nene ─ se burlaba Daniela con una sonrisa traviesa mientras fingía estrujarse los ojos, y para sus adentros Mauricio se divertía, adoraba seguirle el juego a Daniela, por lo tanto, dramatizó estudiar el plato de enchiladas con jalapeños, tomó aire en sus pulmones y… ─ ¡joder!, ¡esto pica! ─ (carcajadas) ─ Daniela no podía aguantar tanta risa, y más cuando vio los ojos llorosos de Mauricio y como luchaba por aguantar, lo que no esperó Daniela fue que aquel drama por los jalapeños se detuviera de golpe y darle una mirada y una sonrisa traviesa a Daniela, eso le borró todo rastro de sonrisa y… ─ ¿Estabas fingiendo? ─ (baja risa) ─ ¡Estabas fingiendo! ─ Un poco, si ─ ¡Uy!, ¡pedazo de idiota! ─ replicó Daniela con un juguetón empujón y ambos rieron como tontos.
─ Todo estuvo delicioso ─ opinó Mauricio limpiándose la boca con la servilleta. ─ ¿De verdad? ─ Mauricio asintió con su cara y su estómago satisfechos. ─ ¿No te picó un poquito? ─ Si y no te niego que estuvo algo fuerte, pero si te soy honesto… estoy acostumbrado a comer picante desde chaval ─ y una pausa se coló entre ellos mirándose mutuamente. ─ Pregúntale, idiota, pregúntale, ¿Mau…? ─ ¿Mm? ─ Hem… quiero preguntarte algo y quiero que seas sincero ─ Te escucho ─ Bueno… yo… quería… tu sabes… ¡pregúntale!, ¿De verdad la comida estuvo deliciosa?, ¡cobarde!… ¡eres una puta cobarde! ─ Si… todo estuvo delicioso. ¿Proseguimos? ─ Daniela asintió y ambos volvieron a la sala, y no es que se preocupase mucho por Mauricio, pero ¿pintar a media luz no era algo molesto para la vista? ─ ¿Quieres encender las luces? ─ No… no hace falta y tus padres están descansando ─ ¿De verdad? ─ Aja ─ ¿Puedo preguntarte algo? ─ Si ─ A parte de la fotografía… ¿No… sabes hacer otras cosas?, digo… como… no sé… ¿Algo más? ─ ¿Cómo que? ─ ¿Cómo se lo pregunto?, bueno… me preguntaba, porque como te vi una vez en las redes que apareciste con Claudine tocando guitarra y no he visto ninguna aquí ─ Si sé tocar la guitarra y tengo una guardada… (segundos pensativo), en algún lugar ─ Y… ¿Si te pido algo? ─ ¿Qué? ─ Que tocaras para mi ─ Mauricio se detuvo y le dio una mirada que Daniela no supo interpretar, lo único que pudo hacer fue tensarse y… ─ La cagué, la cagué, la cagué ─ Si la buscase y lo intentara de seguro no sonaría bien ─ ¿Por qué? ─ El tiempo que lleva guardada… lo más probable es que esté desafinada ─ Mm… ¿Otro día? ─ (media sonrisa) Otro día ─ y Mauricio volvió a su trabajo y Daniela respiró aliviada, no quería arruinar el momento entre ambos, se sentía bien verlo trabajar y hablar con él.
─ ¿Qué tienes pensado para el fin de semana? ─ preguntó Daniela sin siquiera pensar en la pregunta y eso hizo que Mauricio se detuviera y reflexionara al respecto. ─ Mm… no me he puesto a pensar en ello ─ ¿Qué tal si hacemos una reunión familiar el domingo? ─ ¿Reunión familiar? ─ Si. Tu, Carlos, Walter, mis padres, podría ser divertido. Piénsalo ─ ¿Qué haríamos? ─ Eso lo planearé mañana con mis padres, tu confía en mi ─ ¿Segura que es prudente confiar?, no quiero ofender…─ ¡Que te den! ─ replicó Daniela con una mirada plana ofreciendo el dedo del medio en un gesto grosero y eso le robó una baja risa a Mauricio, y Daniela no pudo evitarlo, había sonreído también.
Ver a Mauricio trabajar mientras ella comía de su chocolate, que no quería que se le acabara nunca, era una experiencia excitante, a su manera, verlo trazar líneas con el lápiz aquí y allá, capas y capas de pintura aplicadas con maestría, horas y horas de trabajo que Daniela ignoró por completo y que apreció al máximo, y entre los trazos vio que era su nombre lo que escribía, lo reconoció al ver las primeras letras, solo esperaba que no se le ocurriera colocar el típico “fulano y fulana” dentro de un corazón, era irritante y no le gustaba, porque era como ver promesas vacías y mentiras pintadas con ilusión, aunque… viendo a Mauricio y el tamaño de las letras y los detalles que le agregaba…
Su chocolate se había terminado y Mauricio no había acabado, pero si se veía un gran progreso en el pintado, y si tenía sueño, no lo demostraba y ella tampoco porque la curiosidad le embargaba, y su pecho, conforme a lo que veía y avanzaba el trabajo de Mauricio, iba ardiendo gradualmente, ¡era su nombre!, solo su nombre como un graffiti en colores degradados como un arco iris y una mariposa posada sobre la letra “I”, y desde la letra “D” brotaban gardenias pasando por el codo hasta llegar al antebrazo, era hermoso, simplemente hermoso y Daniela había quedado sin habla, pudo apreciarlo más cuando Mauricio aplicaba el barniz sobre el yeso para que los colores no se borraran.
─ Es bellísimo ─ dijo cuando por fin pudo encontrar las palabras apreciando el trabajo hecho por Mauricio levantando su brazo enyesado a lo alto. ─ No lo toques todavía, espera que el barniz seque o todo quedará arruinado ─ recomendó cuando vio la intención de Daniela. ─ ¿Tardará mucho? ─ ¿Tienes sueño? ─ Mm… no ─ ¿Quieres ver una película? ─ ¿Y si nos da sueño?, pregunto porque… ya es de madrugada ─ Eso tiene solución ─ que buena solución se le había ocurrido a Mauricio cuando buscó en el armario donde guardaba las películas. ─ ¡No pienso ver eso! ─ replicó al reconocer la película, era un clásico de Stephen King remasterizada, cuyo título era “IT”. ─ ¿Por qué no? ─ No, simplemente no quiero ─ refutó intentando cruzarse de brazos como poniendo punto final, pero recordó que aun tenía el barniz fresco y lo pensó mejor. ─ ¿Tienes miedo? ─ No ─ contestó elevando su barbilla, no, no caería en su trampa. ─ Demuéstralo ─ Dije que no ─ Buuu… buuuu, la nena tiene miedo ─ Claro que no tengo miedo ─ Demuéstralo ─ ofreció Mauricio entregando la carátula en manos de Daniela, en cambio ella le dio una mirada afilada, no caería en la trampa.
─ ¿En serio quieres ver esa cosa? ─ la única respuesta de Mauricio fue una mueca y un ligero encogimiento de hombros. ─ ¿No hay otra cosa mejor? ─ Acepté el reto de comer enchiladas con jalapeños ─ Y te recuerdo que hiciste trampa ─ ¿Hice trampa? ─ Fingiste ─ No fingí, de verdad picaba ─ Pero no lo demostraste ─ Claro que si ─ Fingiendo… ¡ja!, gané… busca otra cosa ─ (mohín) Tu te lo pierdes ─ ¿De qué me pierdo? ─ ¿La viste? ─ No ─ Entonces tu te lo pierdes ─ Pero ¿De qué me pierdo? ─ De nada ─ No, no, no, dime de que me voy a perder ─ No hace… ─ Si lo dijiste fue por algo, así que habla ─ No, no es por nada… es solo una película tonta y vieja que actualizaron, nada más ─ Pero si lo dijiste fue por algo, ¿No? ─ Mauricio solo hizo un gesto de lo obvio y que no era nada importante. En el instante que abrió el armario para buscar otra película… ─ ¡Ey! ─ protestó, porque Daniela le había arrebatado la película de las manos, encendió el Blue Ray y… ─ Si me estás ocultando algo te haré comer la película esa ─ Pero si no la querías ver ─ en cambio Mauricio sonrió con travesura y acomodó el sillón para ellos dos, pero antes de estar cómodos. ─ Creo que quedaría perfecto con algo para picar mientras vemos la película ─ y en ese instante a Daniela se le ilumina el rostro. ─ ¡Excelente idea! ─ y ambos se enfilaron a la cocina, Mauricio buscó las bebidas y Daniela sacó dos cajas de galletas de mantequilla que su madre había comprado en la tienda y las vació en un enorme tazón. Bien, una vez cómodos, le dieron play al Blue Ray y la película empezó.
Al principio, a Daniela no le pareció la gran cosa, solo dos hermanos hablando mientras que el hermano mayor le hacía un barquito de papel a su hermanito menor, pero su corazón se aceleró cuando llegó la escena del sótano y los dos cristales brillando como dos ojos demoníacos, y su mayor brinco del susto fue cuando el payaso le arrancó el brazo al pobre niño, de verdad eso no se lo esperó y así fue durante todo el rodaje, por cada escena Mauricio reía con picardía mientras que Daniela se acurrucaba a su lado ocultando su cara en el pecho de Mauricio para no ver las escenas feas, sobre todo en la parte donde aparece la escena de la cochera y la cámara con las diapositivas, el payaso había aparecido repentinamente gruñendo y enorme y Daniela casi manda a volar el tazón de galletas por los aires, que para cuando todo terminó, Daniela tenía una expresión en su rostro en blanco, ¿tanto le había afectado ver la película?. ─ No tenía tanto terror ─ dijo cuando sus miradas se encontraron y eso le robó una risa a Mauricio. ─ Te dije que no te perdías de mucho ─ contestó y la abrazó, no sabía por qué lo había hecho, solo le nació y Daniela se dejó abrazar cerrando los ojos, disfrutando de su calor y cercanía, y lo que su corazón se había acelerado por los brincos de la película, estos cambiaron a ser por… ─ ¿Mau? ─ ¿Si? ─ Ya son casi las cinco de la mañana y no hemos dormido nada ─ ¿Tienes sueño? ─ Solo un poco ─ contestó mirando una vez más lo que le había hecho Mauricio en su brazo enyesado. ─ Si quieres… te acompaño a la habitación ─ No quiero subir, ¿Puedo quedarme aquí? ─ Si no me vas a culpar otra vez porque te haya drogado ─ (suave bufido) Idiota ─ Solo dame un minuto ─ anunció Mauricio, y en ese minuto, desplegó el sofá volviéndolo una cama y subió corriendo en busca de una sábana adicional y par de almohadas, cuando todo estuvo preparado, ambos se acostaron mirándose mutuamente, sumergiéndose en un silencio reconfortante.
─ ¿Te dio miedo la película? ─ preguntó Mauricio en voz baja cuando por fin vio a Daniela luchar para no cerrar los ojos. ─ No… bueno si… tal vez un poquito ─ con esa respuesta fue suficiente para Mauricio atraer a Daniela y ella se dejó, acurrucándose en el pecho de Mauricio y quedándose por fin dormida y ella nunca había dormido tan bien en la vida, al punto que ni la luz del amanecer le molestaba, al contrario, la calidez del día de la mañana y el abrazo de Mauricio era todo por ahora lo que necesitaba, y debido a ello, se había olvidado por completo de su paranoia, pero no todo en la vida era perfección, la voz de su madre llamándola para desayunar era algo que no podía ignorar, y con tanta pesadez y somnolencia abre los ojos para encontrarse abrazando solo una almohada, y al recordar el como había dormido con Mauricio, hizo que todo los colores se le subieran el rostro pensando e imaginando que sus padres la habían visto dormir abrazada a Mauricio, ¡Dios!, que pena, y para no demostrar su vergüenza, disimuló muy bien levantándose tranquilamente. ─ No te han visto, calma que no te han visto ─ Veo que ya llevan las cosas mejor ─ ¡Joder!, si me vieron…bueno… no es que hayamos hecho algo malo… solo dormimos… si… solo dormimos, nada más ─ ¿Dani?, (suspiro), hay hija, veo que aun no te has despertado ─ Si… si… hem… estoy despierta ─ Pues levántate que ya es hora de desayunar ─.
Escaneando la cama, se encontró con la ausencia de Mauricio, ¿en qué momento se había levantado? ─ ¿Dónde está Mauricio? ─ ¿Ah? ─ ¿Dónde está Mauricio? ─ Hace horas que se fue a trabajar ─ ¿Carlos y Walter vinieron? ─ Si… pero aun estabas dormida y Mauricio no quiso despertarte y ya estaba listo para bajar al… ¡Dios Santo! ─ ¿Qué?, ¿Qué pasa? ─ ¿Y esa cosa tan hermosa? ─ Mm… ¿Esto? ─ Daniela sonrió con ternura al recordar a Mauricio tan esmerado pintando el yeso. ─ Lo hizo Mau ─ Está hermoso… ven, apúrate y lávate los dientes para desayunar ─ instó su madre dando de palmadas en la pierna, y mientras se alejaba su madre a la cocina dispuesta a servirle el desayuno, Daniela consideró muy seriamente en hablar con Mauricio en no haberla despertado, por lo tanto, lo dejaría pasar, hasta que él llegara.
Viendo lo que había pintado, volvió a sonreír, y ahora no quería quitarse el yeso nunca, y si lo hacía, hablaría con el doctor para que no lo destrozase para ella conservarlo, con su otra mano aferró el brazo enyesado en su pecho y… ─ ¡Dani!, ¡hija! ─ ¡Voy! ─ ¿pero en qué coño estaba pensando?, peinándose con la mano, respiró profundamente, obligándose a aterrizar, tenía que admitir que Mauricio en verdad era un buen chico y… ─ ¡Pisa tierra, Dani! ─ se obligó a despertar y a levantarse para aprovechar el día al máximo y ¿Qué mejor forma que plantearle a sus padres su idea de pasar un buen domingo en familia?
Para ser viernes, a solo una semana para el concierto, el día para Daniela voló, entre los preparativos para el domingo, las visitas de sus amigas, ponerla al día con las clases y los chimes, entre ellos se había corrido la bola que Daniela se había fugado con Mauricio a una aventura amorosa, ¡por Dios!, por lo menos dio gracias al cielo que fue eso y no un chisme escandaloso, otro oficio para mantenerse ocupada fue pasar el rato entre cotorreos con Carlos y Walter en la tienda, era la excusa perfecta para sonsacar a Mauricio y visitarle, y más cuando Laura, su madre, le enviaba con los almuerzos en un morral para evitar desparramarlos, Laura sabía que su hija se sentiría inútil si no ayudaba en algo y eso era poner a prueba la paciencia de Daniela, el no hacer nada la ponía de los nervios y más cuando quería recuperarse rápido y llegar a la tienda, quedarse hablando con ellos y ver a Mauricio, se podía decir a los ojos del mundo que era lo más normal y habitual, total, para los ojos de todos ella era su novia, y por los momentos no habían tenido visitas indeseadas, ni mucho menos inesperadas. Durante la tarde, ella aprovechaba de escribir artículos o redactar algunos que le enviaban del trabajo y se esmeraba, a veces le pedía ayuda a su mamá cuando sus dedos querían escribir rápido y no podía, en esos momentos quería tirar de sus cabellos, y sin poder insultar al yeso porque había quedado bellísimo el diseño de Mauricio, aunque no quería ocupar el tiempo de sus padres, era inevitable, en cambio su padre Arno vivía de video conferencia en video conferencia, correos y revisiones de documentos que le enviaban sus amistades de algún partido o del congreso, preguntando cuando volvería al frente de batalla, y la respuesta recibida era que por ahora no podía por la recuperación de su hija, que lo más pronto sería la próxima semana, después del concierto de Claudine, y con esa respuesta todo quedó arreglado.
A veces Daniela aprovechaba de ejercitarse un poco para ir acostumbrando a su cuerpo a la libertad de moverse sin muletas, y para ello comenzó a usar un bastón que le había conseguido Carlos, que para el sábado ya lo estaba usando, se notaba que quería recuperarse lo más pronto posible si quería hacer la entrevista exclusiva con Claudine e ir al concierto con sus padres y Mauricio, y sin siquiera pensarlo, ansiaba compartir ese día con él, pero sobre todo ansiaba recuperar su vida y volver a la universidad y a su trabajo lo más pronto posible, y siendo tan testaruda lo lograría. Lo otro en lo que nunca dio descanso fue en seguir averiguando sobre Emily Costello, de alguna forma daría con ella, aunque ya la conocía, quería saber más de ella, el como había terminado todo con Mauricio, y a veces rebuscaba en los gabinetes en busca de alguna foto o algún diario, pero solo encontraba nada, todo estaba en aquel cuarto extraño lleno de cuadros, por lo tanto no le quedó de otra que seguir removiendo entre polvo y olor a pintura, y como su madre se había ofrecido para limpiar dicho cuarto… solo en la mente revoloteaban las palabras de Claudine. ─ Hay muchos huecos ─ y debía darle crédito por su lógica, porque era cierto, algunas cosas no tenían sentido en la vida de Mauricio, y teniendo esas ideas revoloteando en la mente, no la dejaban en paz, si hubiera alguna forma de hacer que Mauricio hablase de una vez por todas.