Cap. 28

Una mañana como cualquier otra, un desayuno en familia, visitas agradables, y cuando de visitas agradables se refería quería decir Carlos y Walter, no es que tuviera algo en contra de los homosexuales, pero éste par era en verdad agradables, y descubrió que ambos eran como una especie de familiares para Mauricio, o algo similar, siempre respetuosos, educados y atentos, más estando delante de los padres de Daniela, por otra parte, los padres de Daniela se arreglaron para salir, posiblemente eran asuntos de trabajo, ¿trabajo?, ¡hostia!, debía llamar a las chicas para pedirle los apuntes, ponerse al día cuanto antes y llamar al trabajo, pero lo haría después de lavar, aun Lucía no le había dado respuesta o aviso sobre la ropa. ─ Posiblemente debe estar probando el termómetro del doctor ─ pensó con una sonrisa llena de travesura.

Si tenía pensado en lavar la ropa debía buscar algo que ponerse si quería lavar Toda la ropa, incluyendo la que tenía puesta, así que, sin pensarlo dos veces, asaltó el armario de Mauricio, ya que si no usaba esas playeras tan lindas, sería un desperdicio dejarlas allí colgadas llevando polvo y polillas, así que sacó una camiseta azul oscura con un estampado de la estatua de la libertad en ella y se la puso, wow, no sabía que Mauricio fuera hasta tres tallas más que ella, la camiseta le quedaba algo larga, le cubría hasta la mitad de los muslos, como veía que le quedaba muy holgada buscó un cinturón y se lo puso, se miró en el espejo y… falta algo… siguió hurgando y encontró un short playero, se lo midió frente al espejo y vio que le quedaba bien, así que se los puso atando los cordones como pudo.

Recogió toda la ropa y la lanzó en un cesto, ¿y ahora?, tenía que buscar la forma de bajar el cesto de ropa sucia, considerando sus opciones, buscó en varias direcciones, no había nada que pudiera ayudarle, ¡Dios que silencio!, a Daniela no le gustaba hacer los deberes sin música, así que tampoco perdió el tiempo en asaltar la adquisición musical de Mauricio, y… debía admitir que tenía buen gusto… ¡no puede ser!, ¿también escuchaba Billie Eilish?, a ella le encantaba Billie Eilish, Ed Sheeran, Birdy, entre otros y Mauricio los tenía, incluyendo los de Claudine. Sosteniendo el CD como una reliquia, lo insertó en el equipo de sonido y lo puso a reproducir, ahora si, satisfecha con la música podía pensar mejor. ─ Recuerda agradecerle a Mauricio por la música ─ haciendo nota mental comenzó a arrastrar el cesto de ropa sucia.

¿Por qué no mejor hacerle una visita sorpresa a Mauricio?, si no mal recordaba ésta era la dirección donde vivía, solo esperaba no agobiarlo con su presencia, debido al encuentro de ayer se había conmocionado mucho, hasta pudo jurar que casi le había dado un shock, ¿y a quién no le afectaría un encuentro como éste?, a ella también le había sorprendido y más al darse cuenta que Mauricio no había cambiado mucho desde la última vez, pero… ─ ¿Él no tenía una tienda por aquí cerca? ─ se preguntó considerando las opciones en la Avenida Méndez Pidal. ─ Buenos días… disculpe… ¿Podría indicarme donde queda MX studios?, es un foto estudio ─ preguntó, y una vez orientada se enfiló con una enorme sonrisa interna, si, lo sorprendería, solo esperaba que estuviera preparado para ello. ─ ¿Y si está ocupado?, bueno… no creo que sea un problema, ya que solo pasaré a saludarlo ─.

─ ¿Estás seguro que puedes con el encargo? ─ preguntó Carlos aun preocupado por si Mauricio necesitaba ayuda, no es que realmente lo necesitara, pero los imprevistos se hicieron para joder, ¿No? ─ Tranquilo… solo es un bautizo, pero estén atentos por cualquier llamada…─ ¿Y si sale otro encargo? ─ Ustedes saben como cubrir eso, tanto tu como Walter han aprendido demasiado el oficio, confío en ustedes ─ dijo Mauricio tomando su equipo.

Abriendo la puerta le dio una mirada a sus compañeros y se despidió dejando la tienda nuevamente en sus manos y lo que quería decir en realidad es que si salía otra sesión de fotografías caseros, ellos podían perfectamente cubrir ese trabajo, confiaba plenamente en ellos para tal responsabilidad, Mauricio ya los había visto en acción y les había enseñado muy bien, por lo tanto no tenía preocupaciones por ello.

La campanilla suena dando la bienvenida a un nuevo cliente minutos después de haberse ido Mauricio, tanto Walter como Carlos se encontraban sumergidos en sus quehaceres cuando la puerta se abrió, no obstante, el sonido los había llamado indicando la entrada de alguien más esperando a ser atendido o tal vez atendida. ─ Buenos días, bien… ¿Tu? ─ Walter quedó en shock cuando vio quien era la nueva persona que había hecho sonar las campanillas. ─ Walter… ¿Dónde dejaste las…? ¡Ay Madre! ─ fueron las palabras de Carlos antes de desmayarse. Ella nunca se había esperado tal reacción, por lo menos el guapo se vio afectado, pero no al extremo de desmayarse como el otro, y lo único que se le ocurrió fue dar una sonrisa… tal vez algo nerviosa, o apenada.

─ Carlos… Carlos reacciona ─ llamaba Walter entre cacheteaditas y un vaso de agua en la mano. ─ ¿Se encuentra bien? ─ pregunto la joven, en cambio Carlos gime luchando por despertar tratando de abanicarse con la mano, Dios, vaya susto que se había llevado. ─ Soñé… ay soñé que tuve una pesadilla, que cosa tan fea ¡Ay! ─ dijo Carlos dando un gritillo cuando se dio cuenta que no había sido un sueño, y como era de esperarse, terminó por hacerse la señal de la cruz. ─ ¿Qué haces tu aquí? ─ la joven parpadea frunciendo el ceño por tan extraña pregunta y forma de recibirla. ─ Disculpen, pero ando buscando a Mauricio Montenegro, pero creo que me…─ No, él no se encuentra en estos momentos ─ contestó Walter casi de forma tajante y seca, no es porque quisiera ser descortés, o tal vez aun su presencia le había afectado tanto que no sabía como expresarse. ─ Tal vez he llegado en un momento poco oportuno, o a lo mejor tenían una difícil mañana ─ pensó la joven saltando de un rostro a otro. ─ Mm… bueno… disculpen si… ¿Podrían decirle que…?, no importa, pasaré otro día… gracias ─ dijo la joven saltando la mirada de un rostro a otro nuevamente sintiéndose algo tonta.

─ ¡Que estúpida!, era obvio que fue una mala, muy mala idea ir directamente a su trabajo ─ se reprendió mentalmente caminando por la avenida, desde luego querer sorprender a Mauricio en su trabajo era mala idea, posiblemente estaba en su casa o… ─ ¿Y si está en otro lugar? ─ consideró por un momento, total, ella recordaba que Mauricio hacía de veces de fotógrafo en eventos sociales, o algo parecido, y si… se detuvo media cuadra y hurgó en su bolso encontrando un juego de llaves un tanto maltratadas y quemadas. Tal vez si lo esperase en su casa sería una mejor sorpresa, total, ellos fueron una vez tan cercanos que no había problemas en esas circunstancias, ¿pero qué tal si eso cambió?, mordiéndose el labio inferior lo meditó por un buen y extenso minuto, tal vez podría molestarse si ella apareciese en su casa sin previa invitación, ya que nunca le había escrito ni hecho una llamada, y era lo menos que podía esperar después de tanto tiempo, a menos que llegase a su casa con alguna excusa ingeniosa… bien… eso lo decide todo, ya se le ocurriría algo.

Daniela arrastraba el cesto de regreso después de haber hecho la colada, por lo menos ya no renqueaba tanto, y estar caminando de aquí para allá le fue ayudando a mejorar un poco, aunque el cuerpo le dolía, aquel dolor era soportable. ─ Tal vez debería tomar mis medicinas después de hacer mis quehaceres ─ musitó una vez estando a los pies de las escaleras, pensando en como diablos haría para subir el cesto, sabía que después de hacer ese esfuerzo físico, el cuerpo le dolería un infierno cuando se enfriara, pero por ahora disfrutaría de poder moverse “casi” libremente.

El sonido del ascensor activándose hizo que su corazón se acelerara, tal vez era Mauricio trayéndole alguna sorpresa, se imaginó Daniela, ya que como en el hospital le había complacido con un delicioso desayuno acompañado con un hermoso ramo de rosas, ¿y qué tal si fueran sus padres?, consideró por un momento, pero su corazón acelerado y su mente le decían que era Mauricio, pero sus ideas y sus expectativas cayeron en pedazos cuando las rejas del ascensor se abrieron, dando paso a… ¿ella?, pero… pero cómo… ¿pero cómo coño se le ocurre aparecer a éstas alturas de la vida?. ─ Hola, buenos días ─ saludó con una sonrisa un tanto nerviosa, por lo visto no se esperaba que Mauricio tuviera a… ¿otra mujer? ─ ¿Qué tienen de buenos? ─ la sonrisa de aquella mujer desaparece ante la reacción de Daniela que la miraba como un insecto que merecía ser machacado por una aplanadora, su mentón tenso y su delineada ceja enarcada decía que hacía de tripas corazón para no sacarla a patadas de allí, así que ella trató por otra perspectiva. ─ Disculpa… ¿Por casualidad tu no eres…? ─ (sonrisa venenosa), Si… soy su novia y tu no eres bienvenida en ésta casa, así que puedes volver por donde viniste, gracias, si eres tan amable ─ dijo Daniela señalando el camino de regreso al ascensor, la invitada no invitada espabila entre parpadeos, ¿acaso el mundo se había vuelto loco o el día se había puesto de acuerdo en ponerse en su contra?, según su horóscopo decía que hoy sería un día maravilloso. ─ Perdona… pero no nos han presentado así que…─ Y no me interesa quien seas, aunque ya tengo la idea, y si estás buscando a Mauricio, él no está ─ Escucha… solo quiero hablar con él, solo saludarlo, ¿Vale? ─ (bufido), ¿Saludarlo?, ¿No te cansas de torturarlo?, ¿No te es suficiente con haberle destrozado?, ¿Qué más quieres de él?, mira… (suspiro profundo), será mejor que te vayas antes de que se me olvide que soy civilizada. No sé quien mierdas te dio permiso de entrar aquí, pero aquí no te quiero ver ─ la invitada no invitada, ante las duras palabras de Daniela se queda helada, ¿torturarlo?, destrozado?, ¿de qué carajo hablaba?

─ Oye… no sé que tanto han hablado Mauricio y tu, pero creo que…─ ¡Fuera!... ¡largo!, ¿Cómo quieres que te lo diga? ─ Okay… será en otra ocasión ─ Ni en otra ocasión, ni nunca. Te quiero lejos de Mauricio ─ replicaba Daniela hecha una furia, se podría decir que Daniela se sentía como una leona y más cuando se trataba del pasado de Mauricio queriendo regresar. Tratando de no empeorar la situación, la invitada no invitada se fue, dejando a Daniela echando humos por los oídos lanzando dagas con los ojos en dirección por donde se había ido la mujer. ─ Creo que debería comprarse un bozal ─ pensó mientras la mujer salía de la casa de Mauricio sintiéndose no solo la mujer más idiota del mundo, si no, también, la más humillada, aunque no quería aprovecharse de la situación de la mujer que la había llenado de insultos, ya que se había percatado que llevaba un yeso en el brazo y tenía algunos moretones, pero ella tenía tanto derecho a ese lugar como Mauricio mismo por un vínculo mutuo… ¡un momento!, se detuvo la mujer en seco. Pensándolo de otra forma, la mujer se encontraba toda golpeada y maltrecha, ¿acaso Mauricio…?, no… eso era imposible, Mauricio no podía ser esa clase de hombre y si… no, no, definitivamente era imposible, porque cuando se encontraron él se veía igual que el Mauricio de hace más de dos años, o era eso o Mauricio estaba haciendo un trabajo social para algún manicomio. ─ Creo que debí quedarme en Italia ─ masculló volviendo tomar su camino de regreso al hotel, y si se topaba con Mauricio o él le llamaba, tendría una buena conversación con él, porque no veía justo que apenas tener un par de días de haber llegado de Italia, después de tanto tiempo, la tratasen de ésta forma tan denigrante.

Walter trataba de calmar los nervios de Carlos, aun se hallaba afectado por el encuentro tan raro e impactante, ¿pero cómo es posible?, ¿acaso ella…?, eso era imposible, más que imposible. ─ ¿Te sientes mejor? ─ preguntó Walter escrutando el rostro de su amado, en cambio Carlos asiente tomando otro sorbo del vaso de agua con azúcar que le había traído Walter. ─ ¿Pero como es posible que ella…? ─ Carlos no tenía palabras, y por lo visto, Walter estaba totalmente de acuerdo con las interrogantes de Carlos, aun se veían tanto afectados como sorprendidos. ─ Solo espero que nunca se logre topar con Mauricio ─ comentó Walter lanzando miradas hacia la entrada de la tienda, esperanzado de que sus deseos se cumplan y que aquella mujer nunca, pero nunca se encuentre con Mauricio, porque si eso ocurría, derrumbaría lo poco que Mauricio había logrado superar por tanto tiempo. ─ Será mejor que volvamos al trabajo, a lo mejor con eso…─ ¿Cómo crees que se me va a pasar con lo que acabamos de ver? ─ reclamó Carlos casi alterado, sin embargo, estaba haciendo caso a las palabras de Walter y había tomado un manojo de papeles que había que archivar, en ese instante las puertas se vuelven abrir y… ─ Buenos días. ¿Cómo estamos? ─ Carlos volvió a dar un gritillo agudo lanzando por los aires todo el manojo de papeles. ─ ¡Niña!, no vuelvas a hacer eso ─ ¿Hacer qué? ─ Darme esos sustos, casi me vuelve a dar un soponcio ─ reclamó abanicándose con la mano mientras se apoyaba del mostrador resollando. ─ Hola, Lucía, creo que llegaste en un momento…─ ¿Mal momento? ─ Si, mal momento ─ ¿Qué pasó? ─ No, no es nada en particular… solo un mal rato ─ Un cliente de los cojones ─ Walter asintió. ─ Que digo cliente de los cojones, era el diablo en persona ─ agregó Carlos horrorizado.

Por otra parte, en casa de Mauricio, Daniela mantenía una conversación intensa con Claudine, había decidió llamarla con la intención de saber quien coño era esa mujer y por qué a éstas alturas de la vida se le había ocurrido aparecer, y si alguien conocía a Mauricio bien, esa era Claudine, porque posiblemente podría preguntarle a Carlos o a Walter, pero estaba tan segura como el infierno que no soltarían ni media palabra, por lo tanto Claudine era su única opción. ─ Y… ¿Qué tanto conoces a Mauricio? ─ ¿Por qué tu pregunta? ─ Hoy se apareció una mujer aquí en su casa, ¿Puedes creerlo? ─ ¿Qué mujer? ─ Su ex ─ ¿Su ex?,(bufido), eso es imposible ─ ¿Por qué imposible? ─ Porque el tiempo que llevo conociéndolo nunca le he conocido novia alguna ─ ¿Y antes? ─ Mm… no… no lo sé… posiblemente… ¿Te dijo como se llamaba? ─ Emily Costello, es lo único que sé de ella ─ Mm… no… no me suena para nada… ¿Y le has preguntado a sus amigos? ─ No. Tengo la corazonada que en vez de tener respuestas tendré evasivas. Pero es que ni te imaginas las ganas que tenía de partirle la cara a la muy guarra, que descaro haber venido para acá ─ No es para menos, y si es como me has contado que el pobre de Mauricio le ha costado superarlo… pero… ¿Estás segura que no es un mal entendido? ─ Es la misma, ¿Por qué la pregunta?, he visto sus fotos, aunque en las fotos se ve un poquito más morena ─ Algo no congenia… no sabría como explicarlo… hay muchos… huecos… y ahora entiendo los motivos de Mauricio ─ ¿Cuáles motivos? ─ No me hagas caso… por cierto, les envié un paquete con sorpresas para ti y tus padres, ¿No te ha llegado? ─ Mm… no… seguro deben haberlo recibido Walter o Carlos, ¿Qué son? ─ Lo sabrás cuando llegue ─ ¡No es justo!, no me dejes con la intriga ─ (baja risa), Ten paciencia ─ ¿Alguna novedad con los rumores? ─ No, desde aquel día las cosas están más tranquilas, creo que tu plan funcionó ─ (sonrisa triunfal), Eso quiere decir…─ Está bien, está bien, tu ganas, te debo una entrevista exclusiva ─ ¡Yes! ─ Pero es muy pronto para fijarla ─ Y tampoco tengo la imagen apropiada para una entrevista… hem… ¿Qué tal a un par de horas antes del concierto? ─ Me parece perfecto ─ Nos vemos entonces… adiós ─ Adiós ─.

Cortando la llamada, Daniela se queda pensando sus opciones, subir el cesto o llamar a la tienda para saber del paquete, definitivamente saber del paquete ganó, por lo tanto, no dudó en tomar el teléfono que había instalado recientemente Mauricio que reposaba en la pared al lado del elevador y llamar a línea directa al negocio, posiblemente había aprovechado de instalarlo en la mañana cuando tanto ella y sus padres aun dormían o tal vez ya había estado allí desde hace tiempo, pero no se había percatado sino hasta después de haber explorado la casa con detenimiento. ─ ¿Hola?, ¿Carlos?, si, si… soy Daniela, ¿Quién más?, je, je… huy… ¿Qué pasa?, ¿Por qué esa voz tan de funeraria?, espera, espera… aun no me cuentes, espera y bajo… ¿Lucy está ahí?, con más razón bajo… otra cosa… ¿No ha llegado un paquete de…?, si, si… ¿Llegó?, excelente… dame un par de minutos y bajo ─ colgando la llamada, consideró más opciones, como por ejemplo: ponerse la ropa recién lavada… aunque olería a limpio estaría toda arrugada, tardaría mucho planchando. ─ Lo tengo ─ farfulló chasqueando los dedos, apartó la cesta un poco, subió las escaleras hasta la habitación, bebió de sus medicinas y…

─ Hola, hola ─ saludaba Daniela con una sonrisa radiante entrando al local ayudada por una muleta, y desde luego, ninguno de los presentes se esperaba a una Daniela… ¿usando la ropa de Mauricio? ─ Lamento las fachas, pero estaba haciendo la colada… hola, Lucy ─ bueno… a decir verdad usaba una de sus playeras con capucha, un cinturón, short playero y zapatillas a juego, si, definitivamente era su ropa haciéndose ver como una especie de conjunto, y aunque robó algunas risas le dieron crédito por la creatividad, inclusive, le recomendaron que esperase a que llegara Mauricio para que la viera con su ropa. ─ No hay nada que vuelva loco a un hombre que ver a su novia usando sus camisas, dicen que se ven sexys, pueda ser que se vuelva un ogro y te quiera devorar en la cama ─ opinó Lucía haciendo que los colores se le subieran al rostro, en cambio la respuesta de Daniela fue: ─ Yo no lo hice con esa intención… bueno… el plan, idiota, aférrate al plan… tal vez un poquito ─ lo que si no pudo hacer algo al respecto fue con su cabello, solo pudo peinarse sin poder hacerse una cola decente, y desde ese momento, los cuatro se enfrascaron en una conversación sin parar, haciendo que todo aquel amargo momento se les olvidara tanto a Carlos como a Walter, y desde luego, a Daniela.

Durante toda aquella buena hora de cotorreo, Lucía le hace entrega de otra muda de ropa. ─ ¿Podrás con eso? ─ Mm… lo intentaré… hem… Carlos, me dijiste que había llegado un paquete de Claudine ─ Sip… llego hace más o menos media hora como te dije ─ afirmó haciendo entrega.

Daniela abrió el paquete con la ayuda de Lucía, en realidad no era un paquete, era un enorme sobre, y en él, se encontraban dos pases especiales, uno para Mauricio como parte del equipo técnico y fotografía, y uno para Daniela como periodista invitada, ¡Dios!, ¡no lo podía creer!, y los agasajos y felicitaciones no se hicieron esperar por parte de todos, también habían entradas VIP para los padres de Daniela, y desde luego, tanto Carlos, Walter y Lucía vieron ésta oportunidad para Daniela y Mauricio como una especie de cita, sin embargo, Daniela refutó que solo era cuestión de trabajo. ─ Pero eso no quita que puedan disfrutar del concierto ─ replicó Walter con picardía. ─ Que envidia ─ AY, venga, Lucy, si ni siquiera te gusta Claudine ─ No es que me mole mucho Claudine, ¿Pero no puedo sentir envidia? ─ ¿Envidia por qué? ─ preguntó Carlos. ─ Mm… veamos… entradas gratis, una cita, ¿Qué más se puede pedir? ─ mientras que Lucía seguía dando sus puntos, Daniela siguió hurgando en el sobre y encontró dos pases más, uno para Walter y otro para Carlos como asistentes de Mauricio, y desde luego, no se pudo evitar que Carlos soltara un gritillo de emoción. ─ No eres la única con suerte ─ canturreó hondeando el pase en el aire.

─ Oigan… ¿Les puedo confesar algo? ─ anunció Daniela para cambiar el tema y todos se quedaron esperando con expectante emoción por su comentario. ─ Yo sé que no es mi problema, y… también, sé que no debo inmiscuirme… pero… ¿Sabían que la ex de Mauricio vino? ─ todo se volvió un silencio sepulcral, excepto por Lucía que soltó un “no te lo puedo creer” mientras que Carlos y Walter comparten una mirada llena de secretos. ─ Imagínense que tenía llaves y todo de la casa y entró con su cara muy fresca ella, y me vino con excusas que solo quería saludarle ─ ¿Y tu que hiciste? ─ ¿Qué más podía hacer…? ─ (sonrisa traviesa) Defendiste tu territorio, zorra. Y… ¿Ustedes no piensan decir nada? ─ He… no… en realidad no sabríamos que decir, solo que… wow… que pasada, me imagino que todo fue una discusión de puta madre ─ contestó Carlos fingiendo asombro. ─ ¿Ustedes conocen a la ex? ─ preguntó Lucía entornando la mirada sobre Carlos y Walter señalando entre ambos, en cambio Carlos con su mejor cara de póker contestó… ─ He… no, no la conocemos ─ No. Ustedes no me vengan con esa mierda… ustedes debieron conocer a la tal Emily… digo, conocen a Mau desde hace mucho tiempo ─ replicó Daniela y nuevamente esas miradas llenas de secretos se volvieron a encontrar, pero ésta vez no engañaron a Daniela. ─ ¡Lo sabía!, si la conocen, ¡joder! ─ Dani, querida, te sugerimos, que dejes las cosas tal como están ─ ¿Estás de coña?, Carlos, estamos hablando de Mi novio ─ Daniela… creo que Carlos tiene razón. No digo que tu no la tengas, pero… eso es algo que el mismo Mauricio debe resolver, y si te soy honesto… creo que algo raro está sucediendo aquí ─ Si, yo sé que es, y es que la perra esa quiere echarle de nuevo los tejos a mi Mauricio, ¿Mi Mauricio? ─ ¡Así se habla! ─ apoyó Lucía chocando palmas con Daniela.

─ Chicos, chicos… admiro de verdad la lealtad y el aprecio que le tienen a mi novio, pero de verdad, si saben algo que yo merezca saber, por favor… pueden decirme con confianza, prometo no abrir la boca, soy su novia, ¿No merezco algo de crédito por ello? ─ mierda, ahora si Daniela los puso en una situación difícil y Lucía solo podía estar de espectadora y darle la razón, porque es lo menos que podía hacer, en cambio Carlos solo tomó la mano de Daniela en un gesto de apoyo. ─ Daniela, eres una gran amiga, de verdad Walter y yo te apreciamos mucho, pero en esto no podemos, aunque quisiéramos, no podemos, esto es un asunto de Mauricio, (suspiro), lo que si podemos decirte es que él ha pasado por un verdadero infierno después de… lo de Emily ─ Es por eso que él siempre ve el calendario… fue la fecha cuando terminaron o tal vez su cumpleaños ─ murmuró reflexivamente desviando la mirada. ─ Es mucho más que eso. ¿Te puedo recomendar algo? ─ agrego Walter con la misma cara de póker y fue cuando el corazón de Carlos se desbocó, no fuera ser que abriera la boca de más. ─ Si claro ─ Solo dale tiempo y tenle paciencia ─ ¿Hace cuanto tiempo ocurrió? ─ ambos respiraron profundamente y desviaron miradas. ─ Entiendo, que sea él quien me lo diga… cuando sea el momento ─ Perdónanos, mi hermosa Dani, pero nos dejaste en una situación difícil ─ Lo sé, Carlos, y… pido perdón por ello. Lucy… ¿Me ayudas con el bolso? ─ Desde luego. Adiós chicos ─ Adiós ─ Hasta pronto ─ una vez estando solos… ─ Creo que debimos decirle ─ No, Walter, ni se te ocurra… eso es problema de Mauricio ─ Pero ella debería saberlo, no es justo ─ Si Mauricio no le ha contado es porque aun no es el momento ─ ¿Y cuándo será el momento?, ¿Cuándo la pierda?, ¿Cuándo todo se derrumbe por un mal entendido?, hasta donde he podido ver, Daniela ha sido la única que le ha hecho volver un poco lo que una vez fue Mauricio ─ Yo no he dicho lo contrario ─ Entonces…─ Es que no lo entiendes… aun Mauricio no ha dejado que su herida cicatrice, se tortura con el pasado, se culpa por lo que pasó ─ Pero no ha sido su culpa ─ Tu y yo lo sabemos, pero él no lo ve así, a Daniela le toca un trabajo duro, si no actúa con cautela… ─ Es por eso que debemos decirle, si no… hay mucha posibilidad de que la cague ─ Ya le dijimos una parte, ya sabe que aun sufre por Emily… ahora está en ella en como hacer las cosas ─ la respuesta de Walter fue un mohín, no estaba del todo convencido.