Cap. 27
─ No debieron molestarse… yo…─ ¿Cómo que no?, es lo menos que podemos hacer, ya que es tu casa y nosotros somos tus invitados ─ Por esa razón, Señora D`Jard, son mis invitados…─ Digamos que esto es por… (segundos cavilando), lo bien que has cuidado de mi Dani ─ refutó Laura y el padre de Daniela asintió levantando su cerveza en un gesto de brindis. ─ ¿Cómo te sientes, mi niña? ─ preguntó el padre de Daniela con un ligero beso en la coronilla, en cambio ella lo miró con aquellos ojitos enrojecidos y suplicantes por lo mal que se sentía. ─ Aquí trajimos algo que te levantará un poco ese ánimo ─ anunció Laura sacando unas cajitas de comida mexicana. ─ Unos tacos ─ canturreó Laura con una amplia sonrisa mostrando los envases, eso le robó un atisbo de sonrisa.
Humedeciéndose los labios, cruzó miradas con Mauricio, luego volvió su atención a los tacos. ─ Yo sirvo las bebidas ─ anunció Arno dejando a Laura sirviendo las porciones de tacos para cada uno. ─Abre grande ─ decía Mauricio ofreciendo el taco a Daniela con una servilleta por debajo para que no derramara nada por cada mordida, por lo tanto, se encargaba de limpiar las comisuras de la boca de Daniela los excesos de salsa, aunque ella se sintiese mal y un poco tonta al ser Mauricio quien le daba de comer, no pudo evitar sonreír porque veía a Mauricio haciendo el mismo gesto que ella como si él fuera quien estuviese mordiendo el taco, todo parecía ser como una cena en familia, o tal vez era una merienda, en fin, lo importante es que era agradable, inclusive, Daniela lo estaba disfrutando a lo grande, las conversaciones de sus padres, las atenciones.
─ ¿Quieren ver una película después de comer? ─ propuso Mauricio saltando de un rostro a otro, desde luego la propuesta fue bastante tentadora que no pudieron negarse, y desde ese momento la tarde transcurrió como una reunión familiar, y desde luego a Mauricio le encantó ya que, aunque no los reemplazaban, los padres de Daniela lo trataron como un hijo más. Todos reunidos en la sala viendo una película acomodados en el sofá y Daniela acurrucada al lado de Mauricio, y en lo personal, a veces se debatía en estar con sus padres, pero ella sabía que sus padres instarían en que se quedara al lado de Mauricio, por lo tanto, tampoco se veía tan mal la idea, que eso era otro punto que tomó en consideración, porque Mauricio se había tomado muchas molestias y cuidados con ella, y como no pudo cumplir con su cometido…
La película que estaban disfrutando en familia era una de acción, “los indestructibles”, mientras que Mauricio, Arno y Laura bebían de sus cervezas, Daniela bebía jugo con pajilla, que para cuando terminó la película, Daniela se encontraba dormida en el pecho de Mauricio. ─ Siempre hace lo mismo ─ admite Arno con una sonrisa paternal e indulgente. ─ ¿Necesitas ayuda? ─ preguntó al ver que Mauricio la llevaba en brazos, la respuesta de Mauricio fue una sonrisa y una negación en silencio.
En la habitación, Mauricio se sienta al lado de la cama una vez que Daniela estuvo bien abrigada entre las sábanas, contemplando el como dormía, sus respiraciones pausadas y suaves, su rostro apacible y relajada, sumergida en lo más profundo y placentero de los sueños. Con sumo cuidado y delicadeza aparta un fino mechón de cabello de la cara, eso causó que Daniela respirara profundamente y se acomodara en la cama farfullando cosas ininteligibles, haciendo que Mauricio sonriera. Dormida no parecía la loca histérica, insoportable e irritante que suele ser cuando está despierta y se podría decir que ambas facetas de Daniela ya eran tan habituales que ya se podía decir que no le afectaban en lo más mínimo, inclusive, hacerla rabiar a veces era ya su costumbre, un pasatiempo.
Levantándose Mauricio de la cama, Daniela farfulló algo más, pero ésta vez si se pudo entender. ─ No te vayas ─ fueron las palabras y Daniela lanzó la mano lastimada como si buscara de tantear o encontrar algo, pero Mauricio lo evitó a tiempo, no fuera a ser que se lastime la mano. Se volvió a sentar y Daniela se arrimó más a él.
Durante las siguientes horas, Mauricio, acostado al lado de Daniela, hacía memoria del encuentro con aquella persona y cuantos recuerdos había removido, y después de lo acontecido ¿aun podía dirigirle la palabra?, ¿le había perdonado?, aparentemente si, pero no estaba tan seguro ya que algo como lo que había ocurrido hace más de dos años era algo que no se podía olvidar así a la ligera, por lo menos él no había podido y deseaba con todas sus fuerzas, que sus caminos no volvieran a cruzarse… ¿a quién quería engañar?, era imposible no pensar en volver a verla, ella era parte de su pasado o una buena conexión a ella, pero viéndolo por otro punto, eso sería injusto para Daniela, por un lado sentía que no era lo correcto, pero la vocecita que no lo dejaba en paz le echaba en cara que lo que tenía con Daniela era solo un juego o algo parecido a un juego. ─ Juego que para ella se lo está tomando muy seriamente ─ pensó.
Con mucho cuidado, hurgó en su bolsillo y encontró anotado en un papel su número de móvil, y otra vez las voces en su cabeza le gritaban. ─ Rómpelo antes de que Daniela lo encuentre… ya ella no tiene nada que ver contigo ─ Guárdalo… podrías necesitarlo más adelante ─ aun debatiéndose entre sus pensamientos dobló el papel y lo devolvió al bolsillo, luego pensaría que hacer con él. Volviéndose a sumergir en pensamientos se quedó dormido, que para cuando despertó, ya eran casi las doce y Daniela aun dormía profundamente acurrucada a su lado, posiblemente era debido a los medicamentos que se había tomado antes de ver la película.
Con mucho cuidado, sin mover demasiado la cama, se fue levantando, tomó un par de almohadas y las colocó al lado, una vez estando delante de ella, la contempló dormir y un pequeño y fugaz pensamiento se le cruzó, en querer besarla mientras dormía, un suave y tierno beso de las buenas noches, solo un ligero roce en sus suaves labios, frunciendo ligeramente el ceño parpadeó un par de veces apartando toda clase de pensamientos que inmediatamente fueron opacados por los recuerdos de Emily, respiró profundamente, y sin hacer el menor ruido, salió de la habitación, cerrando la puerta lentamente con un clic reprendiéndose mentalmente por tan absurda locura.
Daniela se despierta tanteando con el dorso de su mano en la cama, y por lo que pudo percatarse, escaneando entre la oscuridad, y gracias a la poca luz que se colaba en la habitación a través de las ventanas, pudo apreciar que era la habitación de Mauricio, y sin siquiera darse cuenta lo llamó entre pensamientos, porque lo primero que sintió al despertar fue su aroma, y cuando se giró, encontró unas almohadas haciendo bulto a su lado, se acomodó un mechón de su cabello, y con mucho cuidado se fue levantando de la cama, ¡hostia!, se le habían quedado las muletas en la parte de abajo. Poco a poco se fue levantando y probando si podía afincar la pierna y… si, por lo menos ya se hacía más soportable el caminar, aunque con algo de cojera. Renqueando se arrastró hasta la puerta maldiciendo el día en que se terminaría de curar sus golpes o por lo menos lo suficiente para no depender de bastones o muletas, deseando con todas sus fuerzas que su pierna no le fallara cuando bajara las escaleras. Una vez afuera de la habitación se asoma por la baranda y observa un bulto sobre el sofá, ¿Mauricio?, con mucho cuidado, tomándose su tiempo, comenzó a bajar las escaleras, Dios, si la vieran sus padres un regaño seguro se ganaría, exponerse a caerse por las escaleras por no tener o contar con la ayuda necesaria, pero como ellos estaban dormidos y sus muletas estaban abajo no tenía otra cosa que hacer y, tampoco, llamaría a sus padres para que la ayudasen a bajar, y si el bulto en el sofá era Mauricio, menos llamaría, ¿Por qué?, ¿para no seguir dependiendo de él?, ¿no quería molestarlo?, ¿no le interesaba su ayuda?, la última pregunta era tan lejanamente convincente como admitir que ella amaba comer helado con picante, ¡Puaj!.
Pues si, el bulto en el sofá era Mauricio durmiendo, pero… ¿Qué hora era?, buscando con la mirada vio la hora en el equipo de sonido, 3:56 A.M., Daniela se sienta sobre la mesita a contemplar el como dormía Mauricio placenteramente, y no podía creer que ese era el tonto insoportable que a veces la sacaba de sus casillas con sus tontas bromas y sus ridículos chistes, pero viéndolo dormir… era como ver a un Mauricio diferente, sin las cantidades de capas que el colocaba, tal vez… tal vez aun porque le dolía todo aquello, tal vez era resiente su ruptura con ella. ¿Qué era esa luz?, algo le llamaba la atención a Daniela en un rincón cerca de la cocina, era una habitación que ella no había visto, con mucho cuidado se levanta y toma la muleta que reposaba al lado de un sillón.
Tratando de no hacer ruido, se llega a dicha habitación, y al abrir, queda totalmente impactada, cuantos cuadros hermosos, algunos tan reales que parecían ser fotografías, otros abstractos o contemporáneos, algunos a medio terminar y… ¿era ella?... ¿un retrato de ella?, ¿Por qué Mauricio pintaba un cuadro de esa mujer? ─ Es obvio, estúpida, que aun siente algo por ella ─ y por un segundo aquella sensación de verse ajena o sentir que había alguien más en la vida de Mauricio no le gustó para nada, era como si el pasado quisiera arrebatárselo y no lo permitiría. ─ Mauricio es mío ─ pensamiento que se le cruzó inesperadamente y que inmediatamente se dio de bofetadas mentales, pero era una verdad que no podía negar, mientras que ella estuviese con Mauricio llevando a cabo el plan, él era de ella. ─ Y tu de él… recuerda que están juntos en esto ─ cada vez sus pensamientos eran más afilados que la dejaban sin palabras para refutarse ella misma, así que… ─ Ve y quédate con él, ayúdalo a superar su pasado… es lo menos que puedes hacer ya que él te está ayudando con éste loco plan tuyo ─ si… en cierto modo tenía su lógica, pero… ¿Por qué mierdas lo haría si su fin era arreglar todo para recuperar sus tarjetas de crédito y su vida?, ¿pero sin él?, aunque fuera poco tiempo, Daniela ya sentía toda una vida vivida con él, tanto que ya se había acostumbrado a pelear con él, así fuera solo por amargarle la existencia, era como… como… algo habitual, no podía vivir sin discutir con él, pelear con Mauricio le daba cierto sentido a su vida, porque sus peleas era tan diferentes que no los podía describir.
Volviendo a la realidad, Daniela siguió escrutando los cuadros, uno de ellos era la catedral de Sevilla, tan exacta que parecía una foto, ésta mujer era prodigiosa, y en la base del cuadro decía: Emily Costello, era la firma que tenía la base. Volviendo su atención al retrato, se acercó y… ─ Así que tu eres Emily…─ musitó al retrato sin terminar, que veía más allá, hacia un horizonte inexistente. ─ …eres la puta que le rompió el corazón ─ y cada palabra hacía que cada vez una rabia bullera en su pecho, sin decir nada más, se dio media vuelta y salió de la habitación, aunque quería agarrar un buril y rasgar los cuadros donde ella aparecía, pero mejor así, no fuera ser que Mauricio se cabreara con ella por hacer algo así, tal vez en un futuro, ¿y si se cruzaban por el camino estando con Mauricio?, se lo imaginó y lo primero que se le vino a la mente fue darle una buena cachetada que la cabeza de la perra esa rebotaría hasta la china si se le ocurría dirigirle la palabra, ¡joder!, ¿Por qué estaba tan furiosa?, tal vez estaba, también, molesta con Mauricio por no tener los cojones en superarlo, o tal vez de verdad era muy, pero muy reciente su ruptura con ella, pero la culpa era de Mauricio en fijarse en una perra como ella. ─ ¿Del mismo modo que eres culpable por haberte fijado en Max? ─ ¡auch!, golpe bajo.
Volviendo al sofá-cama donde dormía Mauricio, Daniela, poco a poco, con mucho cuidado se fue deslizando, tratando de no despertarlo, quedando cara a cara con él. ─ ¿Tanto la amaste? ─ se preguntó, y por un segundo sintió una punzada de envidia en muchos aspectos, ella era solo una estudiante de periodismo que hacía unas terribles galletas mientras que la tal Emily era toda una artista prodigiosa y una posible excelente cocinera, y Mauricio la amaba como nadie, ¿aun? ─ ¡Pues claro, culo de sombrero! ─.
¿Cuánto tiempo llevaba estudiando el rostro dormido de Mauricio?, ni idea, pero se moría de, aunque sea, pasar un dedo por su mejilla, saber que pensaba, saber lo que había en su corazón, lo que veía en sus sueños. ─ ¿Por qué eres tan idiota?, no soporto a la gente como tu, me haces perder la paciencia, y yo me comporté como una perra contigo y tu no te lo merecías, y por tu culpa estoy enredada contigo… ¿Por qué me haces sentir así?, tan confundida, volteas mi mundo de una manera tan… que no lo puedo describir ─ y entre sus meditaciones se quedó nuevamente dormida.
Mauricio trata de acomodarse ya que la luz de la mañana comenzaba a incomodarle pero… ¿Por qué no podía moverse?, trató de moverse con un poco más de fuerza, y sea lo que fuere, afianzó aun más su agarre, ¿pero qué coño?, con mucha dificulta y somnolencia abre los ojos para encontrarse a una Daniela profundamente dormida sobre su pecho y una pierna enredada con la de él. ─ No puede ser ─ protestó Mauricio en pensamientos dejando caer la cabeza nuevamente sobre la almohada, con una mano se frotó la cara y se la paso por el cabello. ─ Tiene que ser un chiste, ¿Dani?, Daniela… Daniela, despierta ─ Cinco minutos más ─ farfulló y Mauricio pudo jurar por un momento que vio como Daniela le babeaba el pecho, ¡que asco! ─ Dani ─ instó con un poco más de firmeza y funcionó, Daniela logra despertarse a duras penas, y cuando sus miradas se encontraron el sueño que embargaba a Daniela desapareció en un pispas.
Como pudo, trató de arrastrarse lejos de Mauricio llenándolo de insultos. ─ ¿Qué me hiciste, Gilipollas?, ¿Qué hago aquí? ─ ¿Cómo que, que te hice?, ¿Qué haces tu aquí? ─ No te hagas el inocente, capullo, de seguro le echaste algo a mis medicinas ─ la perplejidad de tales acusaciones no cabían en la cara de Mauricio, de pronto Daniela abre la boca y los ojos de par en par, como si hubiera tenido una epifanía, una revelación. ─ Me drogaste ─ ¿Qué yo qué? ─ ¡Me drogaste y lo más seguro es que abusaste de mi! ─ Daniela…─ ¡Aléjate de mi! ─ Dani─ No te me acerques, ¡sádico! ─.
Inesperadamente los padres salen de sus habitaciones alterados por el berrinche de Daniela, era increíble, no había horario para los arranques de locura de Daniela. ─ ¿Cuál es el escándalo allá abajo? ─ ¿Se están peleando otra vez? ─ ¡Papá. Mamá! ─ ¡Daniela cuidado! ─ ¡Ay! ─ lamentablemente Daniela no escuchó la advertencia de Mauricio a tiempo e inevitablemente Daniela se cae del sofá-cama al no darse cuenta la proximidad de la orilla. ─ ¡Santo cielo, hija! ─ exclamaba la madre. ─ Ya uno no puede dormir tranquilamente ─ agregó Arno mientras que ambos padres bajaban las escaleras a pasos apresurados, no obstante Daniela solo podía quejarse por el duro golpe y gracias a Dios que la distancia que había del sofá-cama al suelo no era mucha, no más de treinta y cinco centímetros.
Mauricio se levanta y trata de ayudarle, pero Daniela se niega en recibir tal gesto de su parte, estaba hecha una furia; el hecho curioso es que Mauricio no aguanta las ganas de reírse, no sabía por qué, pero cada día, cada momento con Daniela era algo nuevo y le divertía. ─ ¿Te burlas de mi? ─ No ─ admitió Mauricio aun riéndose, mostrando sus manos en un gesto de rendición. ─ ¿Te hiciste daño, Dani? ─ preguntó su madre tratando de ponerla en pie. ─ Solo mi orgullo, ¡au!, creo que mi reposo se va a prolongar, y el estúpido de Mauricio en vez de ayudarme se ríe, ¿Puedes creer eso? ─ (risas) Traté de ayudarte, pero no quisiste… ¿y por qué carajo me culpas de que te drogué? ─ ¿Dijiste eso, Dani? ─ Pues… pues… verás mamá… yo… pues… bueno… yo estaba…─ Daniela no sabía como argumentar en su defensa, ¿Qué podía decir?, si ella misma fue la que se había colado en la cama donde dormía Mauricio. ─ No sé lo que hiciste, pero lo hiciste ─ Dani. Hija, ya deberías ponerle fin a tus berrinches sin sentido, ya esto es demasiado ─ ¡Pero, papá!, si la culpa es de Mauricio ─ Ven Arno, dejemos que ellos resuelvan su problema… prepararé algo de café ─.
─ Creo que deberías tomar asiento ─ recomendó Mauricio una vez ya estando solos, en cambio Daniela no quería oírle, solo le lanzaba miradas furibundas mientras tamborileaba con sus dedos sobre el yeso de su brazo derecho. ─ Daniela, ¿Podemos llevarnos bien por un momento? ─ Hasta que no lo admitas ─ (risas), ¿Qué tengo que admitir? ─ Que… que… que te estás burlando de mi… si, eso, que te estás burlando de mi y yo no soy payasa de nadie ─ Para empezar, no tengo la culpa de tus disparates ─ ¿Me estás llamando loca? ─ protestó sintiéndose totalmente indignada. ─ No…─ (gruñido/chillido), ¡Te odio! ─ (risas) ─ No te rías ─ No puedo evitarlo, (risas), Daniela, de verdad, debo admitir que eres única… de eso no tengo duda ─ ¿eso era un elogio?, wow, las protestas de Daniela se detienen cambiando totalmente por una expresión de aprensión escaneando a Mauricio de hito en hito. ─ Segura como el infierno que a esa perra de Emily, también, le dijo lo mismo… ¿Única en que sentido? ─ preguntó elevando su barbilla, esperando una respuesta que sonara convincente, en cambio Mauricio suspira frotando su cara con ambas manos y se sienta en la cama rascándose un ceño, ¡santísima!, vaya forma de empezar el día. ─ Solo puedo decir que… solamente tu… eres… porque cuando… (suspiro), de verdad no tengo palabras para describirte, solo que eres única ─ Si claro… ¿Y por qué no pides disculpas entonces? ─ ¿Disculparme?, si fuiste tu quien amaneció sobre mi ─ al recordar aquel instante y raro despertar, los colores a Daniela se le subieron al rostro. ─ Por… por… por no ser un caballero y ayudarme a levantar, recuerda que estoy recuperándome de un accidente, y en vez de eso lo que hiciste fue reírte ─ Que conste, quise, pero tu no quisiste ─ señaló Mauricio volviendo a sonreír, pero fue por lo linda que se veía Daniela sonrojarse.
Y sin pensarlo, se levantó tomando a Daniela desprevenida, la abraza, y por un instante, Daniela se mostró renuente tratando de forcejear con Mauricio, pero… ─ Si sigues así tus padres van a sospechar ─ Sabes que si haces algo raro te castro ─ refutó entre dientes dejándose abrazar, pero no podía negarlo, el contacto y la cercanía con Mauricio, aunque no lo quisiera admitir, le calmó, sobre todo sentir su calor por la mañana. ─ Deberíamos ir a desayunar, dentro de poco vendrán Carlos y Walter a buscarme para abrir la tienda y tengo trabajo pendiente ─ Daniela asintió y se dejó llevar por Mauricio ayudándole, sirviéndole de apoyo como muleta, ahora ella no sabía si renqueaba por la caída de la cama o por lo del accidente.
Los padres ya no sabían como interpretar la extraña relación de Daniela con Mauricio, solo que era algo… extraña, solo podían dejar que ellos vivieran su romance a su manera, a lo mejor pelearse les daba algún sentido y sazón a sus día a día, en cambio para Carlos y Walter discutían o, mejor dicho, se debatían sobre el tema de que Carlos quería llegar temprano para hacer el desayuno tanto para su esposo como para Mauricio, pero Walter justificaba que no era necesario porque Mauricio tenía a Daniela y a su familia allí, además, Mauricio era un experto cocinero, y a decir verdad era Mauricio quien los recibía la mayoría de veces con el desayuno listo, lo lamentable es que Carlos debía admitirlo, Walter tenía razón, y tener ese cambio tan drástico en sus vidas era como saltarse lavarse los dientes por la mañana, ya era algo tan habitual… así que solo tenían a Lucho como acompañante en el coche, ese era otro punto, ya se habían acostumbrado a la compañía del perro, por lo tanto, no pudieron evitar sentir nostalgia ya que debían entregarlo.
─ ¿Y esos dos platos? ─ preguntó la madre de Daniela, era extraño ver dos platos demás servidos sobre la mesa, en cambio la explicación que dio Mauricio fue que tanto Carlos como Walter y él tenían la costumbre de desayunar juntos antes de bajar y abrir el foto estudio. ─ ¿Qué platos son estos, muchacho?, están demasiado buenos ─ preguntó Arno curiosamente devorando su desayuno con avidez. ─ Es un plato típico de Venezuela, creo que les llaman… cachapas, las recomiendan con queso y jamón y algo de margarina ─ Están ricas ─ admitió Laura, Arno no pudo estar más de acuerdo, en cambio Daniela, su expresión hablaba por ella misma, tenía la boca atiborrada en cachapas. ─ Es la primera vez que las como ─ agregó Daniela cuando por fin pudo hablar. ─ Y veo que te gustan ─ Están… (sorbo de jugo), bien ─ Para ser la sexta que te comes ─ Daniela le dio una mirada afilada a Mauricio ante su indirecta tan mordaz.