Cap. 26
Entrando a la cocina, se encuentra con un Mauricio ausente, parecía estar desconectado del mundo mirando por la ventana sin mirar, ¿recordaba?, y si era el caso… ¿la recordaba a ella?, ¿sus momentos juntos?, ¿aun la amaba? ─ ¿Por qué me hago éstas preguntas?, ¿Por qué me preocupa lo que él sienta? ─ ni ella misma sabía. Por un momento Daniela sintió una pequeña punzada de dolor, ¿Por qué?, ¿por no haber sido correspondida con aquellos sentimientos o solo era compasión por el dolor de Mauricio? ─ ¿Mau? ─ llamó sin obtener respuesta. ─ Mauricio ─ volvió a intentar y lo único que recibía por respuesta era el silencio, Daniela quiso alcanzarlo, y aunque estaba cerca de él, lo veía lejano, ella no quería verlo así, ella quería pelear con él, insultarlo, hacerle perder los estribos, que hiciera algo, pero que no le contestara con silencio, le… dolía. ─ ¿Mau? ─ Mauricio miró sobre su hombro y Daniela quiso avanzar rápido para abrazarle cuando vio vacío y tristeza, no quería verle así, fue su impulso y quería hacerlo, a veces no pensar era bueno y éste era uno de esos momentos, lo malo es que como aun le dolía la pierna, y debido a ello, trastabilló y casi se cayó, no obstante el tropezar hizo que Mauricio reaccionara y actuó por reflejo y la atajó antes de que cayera al suelo. ─ ¿Estás bien?, deberías estar descansando ─ Lo siento… yo…─ No tienes porqué disculparte, solo te tropezaste ─ No me refiero a eso… lamento haberte preguntado, yo… no… quería ser una entrometida ─ Descuida ─ fue la respuesta de Mauricio cuando sus miradas se encontraron y el cerebro de Daniela se nubló, solo se prendió de aquella mirada y al sujetar firme y gentil de Mauricio, y sin siquiera pensarlo, lo estaba abrazando con fuerza y su corazón se aceleró. Rompiendo el abrazo, buscó su mirada nuevamente, solo fue cuestión de centímetros que su mano casi tocó la mejilla de Mauricio cuando… ─ ¿Quieres algo de comer? ─ la pregunta la hizo reaccionar haciéndola pisar tierra, ¿Qué mierdas estaba haciendo? ─ Bue… si… yo… tal vez… por favor… si… si no es mucha molestia ─.
Con mucho cuidado, Mauricio ayudó a Daniela a tomar asiento en unos banquillos que había dispuesto en la cocina al otro lado del mesón, en dado caso se presentara la oportunidad para un desayuno grupal o simplemente para cotillear un rato mientras alguien cocinaba, y cuando estuvo Daniela por fin cómoda, sus miradas se volvieron a encontrar y Mauricio sonrió, y no era la típica sonrisa juguetona o traviesa que siempre daba, ésta era autentica, era su sonrisa con un deje melancólico, tal vez fue debido a sus recuerdos o era un momento de debilidad que Daniela supo ver. ─ Espera aquí ─ ¿Por qué no mejor te hago algo delicioso? ─ ¿Cómo que?... no es por menospreciar tu… oferta, pero no creo que en tu condición sea buena idea exponerte a la cocina ─ ¿Y quién dijo que cocinaría? ─ Mauricio frunce el ceño intrigado por el extraño comentario de Daniela, si dijo que prepararía algo delicioso era porque cocinaría… ¿sin cocinar?, eso, también, quería decir que no pediría comida a domicilio. ─ ¿Cómo… piensas…? ─ ¿Se te antoja un cereal?, preparo uno riquísimo ─ aquella propuesta acompañada con una sonrisa infantil, le robó una risa a Mauricio y por primera vez a Daniela le encantó oír esa risa, y el aceptar de la propuesta de Mauricio sintió que el sol iluminaba su pecho. ─ Pero no te acostumbres…─ señaló sin dejar de sonreír para luego agregar: ─ Es… es… que te lo estoy compensando ─ Mauricio solo mostró sus manos en un gesto de estar de acuerdo.
Con mucho cuidado, Daniela se levantó y se fue desplazando de un lado a otro en la cocina buscando dos tazones, leche, azúcar y… ─ Hay cereal de chocolate, hojuelas de maíz, aritos de frutas… en lo personal adoro el de chocolate ─ El de chocolate está bien ─ Daniela tomó la caja de cereal achocolatado y poco a poco se fue acercando al mesón, en cambio Mauricio no le parecía incomodar en lo más mínimo que Daniela se tardara, ni mucho menos importarle, al contrario, quería quedarse y disfrutar de su compañía así fuera comiendo cereal, era extraño sentirse de esa manera estando alrededor de ella, y se sentía bien. ─ Espera… solo espera un poco… y tome… asiento, (gruñido de esfuerzo), listo… hem… veamos ─ Daniela comenzó a servir el cereal en ambos tazones, les vertió la leche y agregó la azúcar. ─ El preparar cereal requiere de Maestría, años de experiencia, no todo el mundo lo prepara como es debido…─ (risas) ─… y mi abuela siempre dice que el dulce siempre alegra el corazón y si es el chocolate…─ comentaba haciendo entrega del tazón. ─ ¡Mierda! ─ farfulló Daniela. ─ ¿Qué pasa? ─ Se me olvidó preguntarte si te gusta tu cereal con frutas ─ No creo que combine con el chocolate… pero está bien si…─ ¿Qué tal una banana? ─ interrumpió Daniela con una sonrisa entusiasmada, sonrisa que hizo que Mauricio rodara la mirada con una sonrisa resignada, con Daniela no había forma de ganar una discusión. Daniela quiso ponerse en pie, pero Mauricio se le adelantó instando amablemente a Daniela a quedarse en su asiento, buscó en el refrigerador dos bananas, las peló y las rebanó rápidamente, sirviendo una porción para Daniela y otra para él. ─ Gracias ─ dijo mientras Mauricio tomaba asiento.
Miradas iban y venían, al igual que una sonrisa robada de vez en cuando envueltos en un silencio reconfortante, silencio agradable para ambos y no el silencio ensordecedor lleno de tristeza que no le gustaba a Daniela recibir por parte de Mauricio. ─ Es el mejor cereal que he comido en mi vida ─ fue el comentario de Mauricio dando un bocado a su cereal rompiendo el silencio. ─ ¿Está delicioso? ─ Es lo mejor que he comido ─ eso le robó otra sonrisa a Daniela dándose otro bocado y estiró su mano para tomar la de él apretándola con generosidad, ella estuvo a punto de decir algo cuando… ─ ¡Dani!, cariño, ¿estás en la cocina? ─ ¡Joder!, era su papá, y por un momento Daniela se sintió como una niña cometiendo una travesura y soltó la mano de Mauricio rápidamente. ─ ¡Estamos aquí, papá! ─ Arno hace acto de presencia con una sonrisa amplia. ─ Wow, éste desayuno promete, bueno se podría decir que es el plato de entrada, ya casi es la hora del almuerzo… ¿No comparten? ─ Si, claro, sírvase con confianza, señor D`Jard ─ ¡Ay!, vamos, eres el novio de mi hija, solo llámame Arno o… suegro. Estamos en confianza ─ Daniela con el bocado a medio camino comparte una mirada con Mauricio, luego bajó la cuchara y… ─ Papá… no creo que…─ Dani, hija, no seas tan modesta, está más que claro que ya arreglaron las cosas entre ustedes, no se cohíban solo porque esté aquí y… ─ Papá…─ …ya no veo razón para cancelar tus tarjetas…─ ¡Papá! ─ ambos hombres espabilan asombrados por el grito de Daniela. ─ Papá, no creo que sea el momento, ¿Vale? ─ Tienes razón… hem… no me hagan caso ─ se disculpó el papá de Daniela rascándose un ceño sintiéndose totalmente apenado mientras vertía la leche en su cereal, en cambio Mauricio le dio una mirada de soslayo a Daniela con la interrogante pintada en la cara y ella solo le dio una sonrisa de disculpas, y era más que obvio que era una conversación que tendrían en otro momento, y debido a la noticia, Daniela asimiló las palabras de su padre segundos después, ¿no le habían cancelado sus tarjetas?, pero si hacía la pregunta… sin embargo se moría por hacerla.
Daniela no podía soportarlo más, tenía que preguntar, y preguntar delante de Mauricio era ponerse en evidencia, probó otro bocado para ayudarse a mantener la boca cerrada y… ─ ¡Hola familia!, ¿Dónde están todos? ─ era la madre de Daniela que por fin había llegado de la farmacia, ¡Dios es bueno! ─ ¡Aquí! ─ llamó Daniela. ─ Papá, si no mal recuerdo dijiste que querías hablar con Mauricio ─ ambos parpadean asombrados, aunque sus razones eran diferentes, por lo menos Arno se preguntaba por el cambio tan repentino de permitir la conversación inevitable entre suegro y pretendiente, y Mauricio las razones por las cuales el padre deseaba hablar con él, tal vez porque aun insistía en querer pagarle el hospedaje si no mal recordaba, sin embargo, Daniela ya se estaba poniendo en pie para buscar a su mamá, que ya se escuchaban los pasos acercándose y llenarla de preguntas, lo más probable es que ella supiera lo de sus tarjetas y las razones por las cuales no se la habían cancelado, ¡jodidas muletas!. ─ ¿No te vas a terminar tu cereal? ─ preguntó el padre de Daniela un tanto sorprendido que Daniela dejara su cereal a medio terminar. ─ Ya vengo, papá, solo será un momento, necesito hablar algo con mamá y… mis medicinas, las necesito… me está doliendo un montón el cuerpo ─ sin mediar más palabras, Daniela salió de la cocina dejando a ambos hombres mirándose a la caras totalmente perplejos, no solo por su reacción, era la primera vez que la veían moverse tan rápido usando muletas.
Ambos hombres comparten miradas interrogantes y para romper el silencio… ─ ¿Cuántos años dijiste que tenías? ─ preguntó Arno para iniciar la conversación.
─ Así que todo era…─ Todo era para que tomases escarmiento y no sigas tratando a las personas como lo haces, como si fueran simples cosas, y mucho menos si no las conoces, pero, también, debes entendernos, eso era porque no sabíamos que… tu sabes… que Mauricio era tu novio y estaban peleados. Aunque teníamos nuestras sospechas…─ Pero, mamá…─… debiste decirnos, Dani, que Mauricio es tu novio ─ No creí que era el momento… digo… porque era una reunión familiar ─ refutó jugueteando con sus dedos de la mano enyesada. ─ ¿Pero al ser Mauricio tu novio no lo hace prácticamente parte de la familia? ─ esa interrogante hizo que se le subieran los colores al rostro, ¡Dios!, era imposible que su madre… ─ ¡No!... mamá, Mauricio es mi novio no mi marido ─ la madre de Daniela no sabía como reaccionar a eso, aunque le robó una sonrisa por su reacción y sonrojo, en parte tenía algo de razón, pero a su vez no, así que solo hizo la pregunta más obvia. ─ ¿Cómo que no?, es tu novio, por lo tanto eso lo hace mi yerno ─ Si, pero…─ la madre de Daniela levanta un dedo para acallarla. ─ No hay discusión con eso, señorita, sea su marido o no, es parte de nuestro círculo social o familiar ─ Solo por la sencilla razón de ser mi novio ─ Y un buen muchacho ─ Lo mismo dijiste de, (dientes apretados), Maximiliano ─ Esa es otra cosa, tus razones por haber terminado con él son solo tuyas y no pienso tocar ese tema… pero éste muchacho… ¿Mauricio? ─ Si ─ afirmó Daniela tentativamente. ─ Él parece ser otra cosa ─.
¿Será que la madre de Daniela sabe algo de Mauricio que ella no?, Daniela suspiró, ¿ésta conversación de donde salió, si solo iban a hablar de sus tarjetas de crédito?, ¿en esto se resumiría su vida?, claro, la idea principal era recuperar sus tarjetas y su vida usando a Mauricio como excusa ya que la habían obligado a pedir disculpas, cosa que Daniela no quería, y por una parte el gran rumor fue una oportunidad excelentemente extraña que supo aprovechar para acercarse a Mauricio y hacer ver que se la llevaba bien con él sin la necesidad de pedirles disculpas, pero ahora… ─ ¿Y dónde está tu padre? ─ la pregunta le hizo pisar tierra entre parpadeos. ─ Está con Mauricio en la cocina ─ Laura se frota la frente negando con resignación. ─ No hay forma de hacerle entender a tu padre que las cosas cambian… y él aun insiste en ser enchapado a la antigua ─ eso le robó una sonrisa a Daniela, era cierto, a veces su padre era como aquellos papás del pasado que obligatoriamente los pretendientes debían entrevistarse con él para ver si pasaban la prueba y… ─ ¡Carajo! ─ ella había dejado a Mauricio con su padre y posiblemente a su papá tendría la genial idea de hablar de más. ─ ¡Mauricio! ─.
Ambos salen de la cocina y Mauricio llevaba el tazón de cereal de Daniela en mano y el señor Arno lo secundaba con cara de haber cumplido con su labor de interrogar al presunto candidato a pretendiente, eso le hizo a Daniela inquietarse formulándose otra pregunta, ¿Qué tanto habían hablado? ─ ¿Cómo sabías que era lo que te pediría? ─ preguntó con una sonrisa inocente. ─ Me lo imaginé ─ contestó un ligero encogimiento de hombros, otra pregunta sin respuesta de Daniela era la curiosa manera de vestir de Mauricio, ¿inclusive estando en casa se empeñaba en vestir camisas o playeras manga larga?, en cambio sus padres reprendieron para que no abusara de la confianza de Mauricio. ─ Es que él ya me conoce ─ fue la excusa de Daniela. ─ Mamá… papá quiere hablar contigo… ¡ah!, se me olvidaba, mis medicinas ─ ¡Ah!, aquí están… Mm… ¿Dónde están?, juro que las puse por aquí… en algún lado de mi bolso… pero debo organizar algo primero antes, ahora te las bajo ─ anunció poniéndose en pie. ─ Solo dame un minuto y ya regreso ─ ¿Compraste algo más? ─ Hem… si, las pastillas de tu abuela Margarita ─ Daniela asintió comprensivamente.
Los padres de Daniela se enfilan para la habitación, dejando a Mauricio y a Daniela a solas, Mauricio le hace entrega de su tazón de cereal tomando asiento a su lado. ─ Gracias ─ dijo sin mirar para luego dejar todo en un tenso silencio, se veía nerviosa; Mauricio se acomodó en el sofá sin despegar ojo de Daniela. ─ Así que… tus tarjetas ─ comentó Mauricio para romper el silencio, y en su tono de voz, había sarcasmo e ironía pura, Daniela solo podía mirar a todas partes con tazón en mano menos a Mauricio, éste se aclara la garganta y se rasca un ceño. ─ Es… curioso ─ ¿Qué? ─ ¿Por qué tus padres querrían cancelar tus tarjetas? ─ No lo sé… creo… creo…─ ¿No lo sabes o no me lo quieres decir? ─ Daniela da un bocado a su cereal que ya se había vuelto una pasta, ¡que asqueroso!, pero debía hacer tiempo para pensar antes de contestar, ahora su corazón se había acelerado, pero por otras razones.
─ Supongo que eso era lo que tenían pensado hacer ─ ¿Por qué? ─ Tu lo escuchaste ─ Pensaban que estábamos peleados ─ Si… algo así ─ ¿Y por qué tendrían que pensar eso? ─ No lo sé… supongo que…─ Déjame adivinar… ¿Tiene que ver con una reunión en tu casa? ─ No sé de que estás hablando ─ Daniela ─ ¡Te lo juro!, de verdad no creo que tenga algo que ver ─ Mauricio enarca un ceño lleno de incredulidad. ─ Daniela ─ Mauricio, (suspiro) yo… ─ Se nota que eres mala mintiendo ─ ¿Yo? ─ Claro, siempre y me di cuenta que para mentir nunca miras a la cara haciéndote ver ocupada, y esto es lo que pienso: tus padres iban a cancelar tus tarjetas por lo que ocurrió aquella noche y necesitabas acercarte de alguna forma para arreglar las cosas antes de que fuera demasiado tarde… ¿Me equivoco? ─ Mau… yo…─ ¿Me equivoco? ─.
Ya la habían descubierto, ¿Qué más podía hacer? ─ No puedo creer que…─ Mauricio se levantó y se marchó, dejándola con la réplica a la mitad, ¡no lo podía creer!, simplemente se levantó y la dejó sola, y eso era lo que ella más detestaba. ─ Mauricio no te vayas. Mauricio, ¡Mauricio!... ¡Mau!... ¡no me dejes hablando sola! ─ Daniela farfulla unas cuantas palabrotas por lo bajo, que metida de pata, sería demasiado pronto para que todo se derrumbara, tenía que arreglar las cosas ya, y más porque no se lo merecía, no cuando hubo una perra en su vida que le rompió el corazón con mentiras, pero… ¿Por qué se preocupaba por eso si sus padres no le habían cancelado sus tarjetas?, lo que sucediera con él ya no era su problema, pero esa batalla interna la estaba volviendo loca, por más que lo pensase, una vocecita le gritaba que hiciera lo correcto y lo correcto era hablar con Mauricio, arreglar las cosas. Sentía que debía hacerlo.
¿Dónde coño estaba su móvil?, Daniela como pudo había subido las escaleras para buscar en la habitación. Dando tumbos por todo el cuarto, se le había olvidado que la muda de ropa limpia que tenía solo era para un día, ¡joder!. Después de estar revolviendo la habitación, lo que, prácticamente, fueron horas, lo primero que hizo fue mandarle un mensaje a Lucia pidiéndole el favor para que le organizara más ropa limpia, que enviaría a alguien a buscarla… o tal vez iría ella misma a buscarla… eso lo pensaría luego, acto seguido comenzó a acosar a Mauricio con llamadas y ninguna caía, la enviaban directamente al buzón de voz, el corazón lo sentía desbocado, sentía su vida pender de un hilo, ¡Dios!, si Mauricio se arrepintiera… tenía que hacer algo y pronto.
Por otra parte, Mauricio caminaba por la cuadra, pensaba en lo infantil que había sido su actitud con ella, pero en parte se sintió… ¿usado?, ¿mentido?, no importa lo que fuera, lo único cierto era que no le había agradado lo que había hecho Daniela, ¿y qué tal si eran ciertas la sospechas de Claudine?, no… no sería posible, demasiado teatro por unas tarjetas de créditos, tal vez debería hablar primero con ella, darle la oportunidad de explicarse, pero por ahora no se sentía muy de ánimos, así que decidió dar otra vuelta y… ─ ¿Mauricio? ─.
Ella lo sorprendería, le prepararía algo inolvidable y le perdonaría por haberle mentido. Daniela revoloteaba entre cojeras apoyándose de los mesones, encimeras y cuanto pudiera, a veces usaba una de las muletas para ayudarse a caminar; viéndolo por otro punto de vista, esto le ayudaría como terapia a mejorar y curarse más rápido. Aprovechando que sus padres estaban en la habitación organizándose. Aparentemente tenían planeado salir, ¡bien!; eso le evitaría contestar preguntas, y a la mierda sus medicinas, esto era para impresionar a Mauricio y arreglar las cosas con él.
En el mesón tenía todo lo que necesitaba, o eso era lo que decía la receta que había buscado en su móvil, algo sencillo de preparar, era lo que decía, y así fue. Aparentemente. Huevos, harina de trigo, mantequilla, vainilla, azúcar… después de haber revisado todo, dos veces, aparentemente lo tenía todo, y como pudo, usando su único brazo sano, comenzó su labor. En más de una ocasión tuvo ganas de abandonar, ya que hacer todo con la mano izquierda era un auténtico calvario, pero no se rendiría, eso no evitaría poner el corazón en su cometido. Por lo tanto, la línea que se dibujaba entre sus planes y sus deseos mas lo que sentía se comenzaba a desdibujar lentamente en su corazón y en su mente, porque tanto un motivo como el otro estaban unidos sutilmente unos de otros, solo que Daniela no lo veía, en cambio Mauricio… solo parecía dejarse llevar, por un lado su mente gritaba que dejase de actuar como un niño con Daniela y siguiera con su vida, que olvidara sus tonterías, pero esa voz era solo un susurro porque la otra le sugería con guantes de seda, cálidas y hermosas, que siguiera con el juego, que tal vez las cosas serían interesantes con ella, que aquella faz que ella quería demostrar solo eran tapaderas… aunque le sacaran de quicio de vez en cuando. Eran los hilos, tal vez los hilos del destino o de la vida que por fin estaban tirando de ellos a través de sus misteriosos engranajes.
Laura bajaba las escaleras de caracol, llamaba a Daniela con la intención de entregarle los medicamentos. ─ Tal vez está en la cocina otra vez ─ pensó, y en efecto, Daniela estaba allí sumergida en… ¿humo?, ¡Dios Santo!, ¿se había incendiado la cocina? ─ ¡Daniela! ─ exclamó Laura abanicando el aire con sus manos, apartando el humo. Daniela se sobresalta, y con cara de no tener la menor idea de lo que había pasado con sus ojos enrojecidos. Laura prosiguió espantando el exceso de humo con pañitos abriendo la ventana. ─ ¿Qué estás haciendo? ─ preguntó y cuando vio de donde provenía el humo. ─ ¡Santa madre!, ¿Qué es eso? ─ señaló mientras que Daniela farfullaba improperios por su desgracia. ─ A ver, quita, quita ─ instó su madre para hacerse cargo del asunto, Daniela se dejó caer en un banquillo con mucho cuidado y dejó caer los hombros en derrota, su cara tampoco tenía buena pinta. ─ ¿En qué estabas pensando? ─ preguntó Laura tomando una de las bandejas porque la otra estaba en el piso haciendo toda una reguera, ya que queriendo sacar las bandejas lo más rápido posible, usó un pañito en vez de los guantes, eso hizo que se quemara la mano y la bandeja se cayera al suelo haciendo aun más grande el desastre. ─ Nada ─ contestó totalmente desanimada. ─ Quería sorprender a Mauricio… eso es todo ─ ¿Sorprender?, y… ¿Dónde está él? ─ No lo sé, estábamos hablando, de pronto se molestó, salió y no me dijo ─ ¿Se volvieron a pelear?, ¡virgen santa!, Dani, tienes que hacer algo con ese geniecito tuyo ─ ¡Si yo no hice nada! ─ ¿No hiciste nada y se molestó? ─ preguntaba Laura tratando de despegar fuera lo que fuera lo que estuviese pegado en la bandeja, Daniela afirma con cara de haber recibido el regaño de su vida. ─ ¿Por qué siempre tiene que ser mi culpa? ─ Nadie te está culpando y… ¿Qué estabas haciendo? ─ Nada… galletas… en la receta decía que eran fáciles de hacer, pero…─ Por todos los cielos, Dani, si tu no cocinas ─ Claro que si… es solo que… es solo que la repostería no se la lleva bien conmigo ─ Si querías impresionar a Mauricio como dices, créeme que si ve esto le dará un infarto… ¿De qué eran las galletas?, huele fatal ─ De mantequilla con frutilla ─.
Laura deja de raspar la bandeja y le quita el móvil a su hija. ─ Déjame ver… si… son sencillas por lo que puedo ver… ─ ¿Ves?, ¿Ves?, lo mismo decía yo ─ Y… ¿Qué fue lo que hiciste? ─ Seguí todo paso a paso ─ ¿Y que más? ─ En la receta decía que había que introducir las galletas en el horno a 150º F por 35 minutos, pero ese horno no tiene F por ningún lado, solo tiene una C (Centígrados y Farenhaid, son unidades de medidas de temperaturas) así que supuse… supuse que era lo mismo y como el horno es digital, puse los numeritos. Al principio no hacía nada, así que pensé y me dije: Dani, eso debe tener otro botón para que empiece a hornear, y lo encontré, y cuando le di, todo se fue a la mierda ─ (suspiro), Dani… hija… 1: la F y la C son medidas diferentes, por lo tanto si le pusiste 150º C quiere decir que le pusiste casi el doble de temperatura ─ ¿En serio? ─ 2: ¿Por qué no pediste ayuda? ─ No creí que se fuera a complicar todo ─ Pues ya ves como quedó todo ─ Mamá… una pregunta ─ A ver…─ ¿La frutilla había que agregarla a la mezcla o colocarla por encima? ─ (suspiro), Llama a tu padre, cariño, ¿Quieres?, no, no. Mejor yo voy. No toques nada ─.
Daniela solo podía ver a su madre salir de la cocina y ver su mano considerando sus palabras, era obvio que no tocaría nada ya que con la quemada que recibió en la mano no tenía ganas ni de rascarse, tampoco se había dado cuenta hasta que se tocó el cabello que tenía mezcla para galletas en el pelo y posiblemente, también, en la cara, suspiró y volvió a dejar caer los hombros, su abuelita Margarita siempre le decía que a la hora de cocinar uno siempre debía poner el corazón en todo lo que se tiene que preparar, pero si el resultado de las galletas era lo que tenía en el corazón…
Mauricio llega a su santuario, a su santo hogar con su mente llena de dudas, el encuentro con esa persona había removido demasiado en su vida, más de lo que pensaba, sobre todo su pasado, nunca había pensado en que éste encuentro le afectaría tanto, volver a chocar con parte de su pasado fue como casi recibir un knockout.
Un pequeño aroma a quemado le hizo reaccionar y escaneó con ojo clínico la sala, ¿provenía de la cocina?, su primer pensamiento fue para Daniela acercándose a zancadas a la cocina, y en efecto, se encontró a Daniela sentada en uno de los banquillos con la mano metida en un tazón con agua helada, por lo menos todo parecía estar en orden, pero el aroma aun persistía en el aire, y por lo que pudo notar, sus padres no se encontraban por ningún lado y la cara de Daniela decía que había ocurrido una tragedia, no solo debido a su expresión, su cabello y su cara abundaban los rastros de lo que había estado haciendo. ─ ¿Qué pasó? ─ preguntó preocupado, y cuando Daniela se encontró con la mirada de Mauricio, empezó a llorar desconsoladamente, obviamente todo lo que tenía pensado Daniela para impresionar a Mauricio, absolutamente todo, le salió al revés, por lo tanto, su explicación no tenía ni pies ni cabeza. ─ ¡Todo se fue a la mierda!, (llanto desconsolado), la he cagado ─ fue lo que dijo al principio y Mauricio creyó que había discutido con sus padres o algo peor, que la habían despedido. ─ Cuéntame… ¿Qué pasó? ─ instó Mauricio amablemente sentándose a su lado, frotando su brazo tratando de reconfortarla. ─ No pude hacer nada, (sollozo), empecé bien y todo se llenó de humo, (sorbe por la nariz), y seguí las instrucciones… (sollozo) ─ Espera… ¿Qué se llenó de humo? ─ La cocina, la casa, ¡todo! (sollozo)… quería… (sorbe por la nariz), quería hacerte algo, (sorber por la nariz), quería hacerte algo especial y mira, (sollozo) ─ Daniela le mostró la mano enrojecida por la quemada, sorprendido por tan fea quemada, Mauricio no dudó en tomar con sumo cuidado su mano totalmente preocupado.
Recordando donde tenía pomadas en caso de emergencias como éstas, escrutaba la mano de Daniela con delicadeza. ─ ¿Dónde están tus padres? ─ Salieron hace horas y aun no han llegado, (sorbe por la nariz) ─ ¿Y qué querías preparar? ─ Algo especial, (sorbe por la nariz) ─ ¿Cómo qué? ─ Unas galletas, (llanto desconsolado) ─ Mauricio no sabía que hacer, era como… era como tener a una niña disculpándose por una travesura o tal vez… ésta era la verdadera Daniela, solo que no logró su cometido, y al no lograrlo, se volvía una llorona sin remedio, eso le enterneció tanto que el único impulso que tuvo fue querer abrazarla, y lo hizo, y Daniela, como pudo, se aferró a su abrazo llenando su camisa de mocos y lágrimas. ─ Perdóname… (sollozos), no quería (sollozo)…─ Está bien, (siseo), todo está bien, no ha pasado nada ─ No quería arruinar tu cocina ─ Está bien, no te preocupes ─ No quería mentirte, (sorbe por la nariz) porque cuando yo…─ dijo Daniela rompiendo ligeramente el abrazo, Mauricio le sonrió tiernamente y eso hizo que los gimoteos de Daniela se detuvieran y se convirtieran en simples y vagos intentos de sollozos y sorbidas por la nariz. ─ Yo quería hacerte algo especial para que me perdonaras ─ Descuida ─ dijo Mauricio acariciando el cabello y apartando un mechón de la cara.
─ ¿Qué hora es? ─ preguntó Mauricio viendo la hora en el reloj de pared, y Daniela siguió su mirada, eran las tres. ─ ¿Por qué preguntas la hora? ─ Quería mostrarte algo, pero solo será después de las seis ─ Daniela ladea la cabeza interesada en eso lo que quería Mauricio mostrarle, pero solo Mauricio le ofreció una sonrisa secreta besando su frente. ─ Solo espera un poco ─.
Media hora después, los padres de Daniela llegaron encontrando a Daniela y a Mauricio sumergidos en una conversación, lamentablemente mantenerse en secreto o tomar a alguien por sorpresa en la casa era raro debido a que el ascensor hacía mucha bulla a la hora de abrir las rejas; en el momento en que hacen acto de presencia en la cocina, ambos desvían las miradas para saludar a los padres de Daniela, estos traían unas bolsas de mercados, cosa que le causó cierta curiosidad a Mauricio. ─ Veo que hicieron las paces otra vez ─ anunció la madre de Daniela en gesto de saludo. ─ ¿Cómo están los tórtolos? ─ saludó amenamente el padre de Daniela que, también, traía bolsas. Tanto Mauricio como Daniela solo podían seguirlos con la mirada mientras que Mauricio aun sostenía la mano de Daniela con gentileza con la palma boca arriba y una pomada sobre el mesón. ─ Por favor quiten esas caras, solo fuimos de compras ─ reprendió la madre de Daniela con travesura comenzando a organizar las cosas, en cambio Arno, destapaba dos cervezas, una para él y otra para Mauricio.