De camino a Asiria, decidió cortar camino por el bosque oscuro, mientras más rápido estuviera delante del rey, mejor.
El bosque oscuro, un terreno que abarcaba gran parte de Akkar, interponiéndose entre Asiria y Súmer, evitado por los transeúntes, abarrotado de árboles de distintos tamaños y colores, plantas diminutas que parecían inofensivas, pero que si te atrevías a tocar, no sobrevivirías y otras que teniendo un tamaño enorme, te podrían asfixiar en un abrir y cerrar de ojos. Tan silencioso como un cementerio, lo que era lo más escalofriante del lugar. Ninguna persona en su sano juicio se atrevía siquiera a acercarse.
Estaba observando el aspecto tan singular del dichoso y misterioso bosque, no iban tan profundo, pues... Por más valiente que fuera, sus hombres eran unos papanatas. Mientras pensaba en la incompetencia de los tales, escuchó un ruido en la lejanía, proveniente de la profundidad del bosque.
Llantos.
"¿Pero quién diantres puede estar aquí llorando?"
Su curiosidad pudo más que sus apuros por llegar a Asiria.
Ordenó que pararan la carreta.
Bajó y caminó lentamente hacia la dirección de donde provenían los llantos.
"Es una niña...." "Una niña... ¿En el bosque oscuro? ¿Estará perdida?"
Aceleró el paso. Al observar se quedó helado ante el panorama.
Una niña, rubia, en bata, parecía de unos catorce o quince años. De su cuerpo irradiaban rayos, como los que caen en una tormenta eléctrica. Salían de ella sin parar, parecía... que le dolía...
"Entonces... es una niña dotada, que no controla su don... Vaya... Es un don impresionante... "
Quiso acercarse más... Pero... En ese momento ella se percató de su presencia y un rayo se vio dirigido hacia donde él estaba.
Se alejó rápidamente, mientras oía el llanto que no paró.
"Pobre niña, lamento no poder ayudarte"
— Vámonos de aquí. — Ordenó.
El hombre asintió inmediatamente y tiró de las riendas.
Al segundo de ponerse en marcha, se vieron espantados por otro ruido, pero este no se parecía en lo absoluto al anterior. Pues este ruido provenía... de una bestia.
No habían visto bestias en todo el camino, debido a que se suponía que estos animales estaban adentrados en la profundidad del bosque.
Más de dos hombres salieron despavoridos del horror.
El hombre no sabía que hacer. Podría enfrentarse a hombres sin ningún problema, pero... ese animal feroz y gigantesco... Podría matarlo.
Cuando se dispuso a correr al igual que sus soldados, oyó una voz tranquilizadora que le hablaba a la bestia.
Al voltear en la dirección del suceso, un hombre joven acariciaba la cabeza del enorme animal, un animal que nadie observaba en la ciudad, ni siquiera conocía el nombre de tal bestia, su cabeza era enorme, sus colmillos sobresalían de su mandíbula y sus garras eran tan afiladas como largas.
La bestia se vio apaciguada por el joven que continuaba hablándole y acariciándole.
El general se vio aún más sorprendido por tal hazaña. Dio unos pasos hacia el joven con la bestia
— Eh, te lo agradezco joven...
El chico volteó y sonriendo dijo: — No hay de qué señor, fue mi culpa, la dejé escapar.
El hombre abrió los ojos exageradamente y sin decir nada más, dio media vuelta y se encaminó a su carreta.
— ¡Vámonos ya! — Exclamó.
Al sonido de su voz los hombres que se habían agazapado entre los árboles y arbustos que encontraron, retornaron de inmediato a sus posiciones.
"Nunca más tomaré atajos por este asqueroso bosque"
Pensó el general Ajax, de camino a Asiria, dispuesto a presentarse ante el recién coronado rey. Sin embargo, la avaricia, la astucia, la inteligencia y un atisbo de oportunidad, son los ingredientes requeridos para un golpe de traición.
"Estos dotados... Pueden ser más útiles de lo que piensa mi rey...."
Una malévola sonrisa se tornó en su rostro como del que siente la oportunidad de finalmente saciar su sed de poder.
Como de la torre, que quiere volverse rey...
Al llegar finalmente a Asiria, decide ir a un lugar de baja calaña, nadie de su estatus se acercaría a ese tipo de lugares, pero sabía por sus averiguaciones que allí podría contactar a alguien que podría ayudarlo.
Bajó en la plaza principal, se quitó su manto de general y así pasar desapercibido. Caminó y caminó, hasta llegar al desolado lugar, ocupado por niños indigentes, mujeres desvergonzadas y hombres que se dedicaban a cosas ilícitas. Entró al callejón indicado, a la puerta indicada.
Tocó fuerte. Una señora voluptuosa le abrió, mirándolo de arriba a abajo le preguntó:
— ¿Por quién vienes?
— Por un viejo amigo. — Respondió inflexible.
La mujer le echó un segundo vistazo, hizo una mueca y abrió la puerta por completo para que pudiera entrar.
— Ya le aviso, siéntese por ahí.
"Pero que falta de cortesía... Por los dioses..."
El lugar era pequeño, poca iluminación, habían troncos como asiento en cada esquina de la habitación y un mesón lleno de estatuas de Assur y Mushdamma.
A los minutos, un hombre a un paso de la obesidad apareció en la habitación.
— Pero miren nada más quien decide pisar mi humilde morada, el orgulloso y prestigioso ¡General Ajax! — exclamó sarcásticamente mientras movía los brazos hacia arriba.
— Tiempo sin verte amigo mío... — Saludó Ajax
— ¡JA! Amigo... ¿Amigo dices? ¡JA!
— Yo... Era tu amigo, pero te fuiste, qué podía hacer.
— Dime qué quieres General asqueroso. — Cortó el hombre con tono molesto.
— Escucha, yo nunca quise que te echaran, siempre te apoyé, pero no iba a perder mi puesto que tanto me había costado obtener...
— Que me digas qué quieres, ¿qué viniste a hacer aquí? porque nadie de la guardia real ha pisado este lugar desde el reinado del maldito rey que gracias a Assur, murió. — Dijo con una sonrisa amarga en el rostro.
— Vengo a proponerte una oportunidad. — Soltó sin más dilación.
— ¿Oportunidad? ¡JA! ¿Oportunidad de qué?
— Creo que encontré la manera de poder echar abajo el reinado de este bastardo que apenas se está levantando.
El hombre se quedó callado por un momento, pareció analizar las palabras de Ajax repetidas veces. Hasta que finalmente habló:
— Habla, te escucho.