Quería evitar encontrarse con algún hombre o mujer embravecida por el revuelo que había causado, así que corrió por las callejuelas escurriéndose del gentío. Cuando finalmente creyó que estaba lo suficientemente solo, se detuvo a respirar. Inhalar. Exhalar.
Cuando, en eso..... Oye un zumbido.... Algo... Que se cercaba, que se aproximaba. Iba veloz, muy veloz, iba tan rápido que apenas lo oyó a la distancia, no le dió tiempo de reaccionar cuando ya lo tenía al lado. Aunque para ser exactos, no era al lado, era... Si te él.
Ambos cayeron al suelo por el impacto de los dos cuerpos.
"¿Qué rayos fue esa cosa? No hay un animal tan rápido...." Pensó Ynoth.
El polvo se aplacó y... Finalmente vio lo que ocasionó el repentino choque...
Era un muchacho.
Blanco y delgado, con un color de cabello nada habitual.
El muchacho observa a Ynoth, mira a los lados y... Pareció calmarse.
Luego miró de nuevo a Ynoth, que aún no se movía y lo miraba expectante.
Rió y rió un largo rato. Hasta que finalmente habló:
— Vaya chico, que tropezón.... Estaba tan apurado que no te vi... Disculpa...
— Tú.... ¿Estabas corriendo? ¿Así de rápido? — Ynoth respondió asombrado, casi no tenía habla, por el asombro y el dolor.
— Yo... Sí, yo estaba corriendo... — Respondió el muchacho ya poniéndose en pie.
— Eso es.... Asombroso... Es un don impresiona...
Su comentario se vio interrumpido por los gritos de unos hombres que parecían ser las autoridades.
— Oh... No.... Creo que vienen por mí. — Soltó el chico .
— Ehh.... Yo diría que en realidad vienen por mí... — Atajó Ynoth. Luego lo miró y dijo: — Ayúdame por favor, creo que me lastimé la rodilla al caer.
El chico se vio pensativo por un momento, luego al ver que los hombres estaban en sus narices, tomó a Ynoth por el brazo:
— Sujétate. — Dijo.
Al otro segundo, Ynoth estaba pasando de calle en calle, al otro segundo, estaban en las afueras de la ciudad.
— Quien lo diría.... Es primera vez que huyo sin que el perseguido sea yo — Dijo el chico riendo. Al parecer no se notaba cansado ni fastidiado de alguna forma.
— ¿Siempre andas huyendo? — Ynoth tenía mucha curiosidad por aquel muchacho que había aparecido de repente, pero que fue fortuna haberlo tenido cerca, quien sabe lo que le estarían haciendo las autoridades en ese momento.
— Yo.... Sí, soy un prófugo de la justicia — Contestó con un tono de orgullo.
— ¿En serio? Vaya....
— Sí.... Creo que el don me delata.... — Se encogió de hombros.
— Te comprendo..... Ah, por cierto — Comenzó Ynoth. — Gracias por... Lo de antes, yo... No hubiera podido correr mucho con esta rodilla así....
— Ah, no fue nada, creo que era lo mínimo que podía hacer.... — Entonces el muchacho abrió mucho los ojos como cayendo en cuenta de algo repentinamente. — ¿También eres prófugo de la justicia? ¿Eres un dotado no es así? ¿Que hiciste?
— Yo..... No creo ser un prófugo, pero.... Entiendo si todos están molestos conmigo en estos momentos, y.... Sí, soy un dotado. — Respondió Ynoth, nada orgulloso a diferencia del otro chico.
Este rió, luego le dió una palmada en el hombro, parecía un poco mayor que Ynoth.
— Debo adivinar que.... Tampoco tienes casa ¿Verdad? — Preguntó Ynoth, su actitud y apariencia tan desaliñada le sugería eso.
— Buena intuición amigo mío... — Respondió asintiendo con la cabeza.
— Entonces..... ¿Donde vives?
— Emm — Mientras pensaba comenzó a caminar en dirección a las afueras de la ciudad. Debido al alboroto que se estaba desatando en el centro, no habían tantos guardias en la entrada. — Digamos que.... Vivo en todas partes, dónde me caiga la noche....
— ¡¿La noche?! Entonces no tienes un techo donde dormir ¿Como puedes vivir así? — Ynoth estaba tan sorprendido como espantado.
El chico rió un largo rato, mientras iban llegando a la muralla interior. — Por ejemplo.... Este es un buen lugar para pasar la noche — Determinó.
— La... ¿¡La muralla!? — Exclamó Ynoth, definitivamente ese chico no tiene respeto por nada.
— Sí, por supuesto, tiene su techo, aprueba de vientos, de frío, de lluvia.... Es perfecto.
— Pero.... ¿Qué hay de los guardias?
— Nah... Ellos están tan pendientes de los de afuera que no notan que estén ahí en sus narices.
— ¿Hablas en serio? — Ynoth estaba asustado, no quería ir preso, ni nada por el estilo... Pero no quería morir congelado del frío de la noche.
— Sí por supuesto, es más... ¿Quieres ir a echar un vistazo? — Sugirió el chico en tono divertido.
Ynoth creyó que no habla e serio hasta que lo vio correr hacia el edificio.
"No puede ser, no puede ser" "En serio no tiene miedo por nada" "¿Qué hago?"
— Espera..... Ay, ya voy.... — Ynoth comenzó a correr en dirección al edificio por dónde se había ido aquel muchacho.
— Sí que eres lento amigo mío — Dijo el chico cuando Ynoth finalmente llegó a dónde estaba él, esperándolo desde hacía tanto rato.
— Perdón, te recuerdo que tengo mi rodilla lastimada — Atajó Ynoth, jadeante del cansancio.
El chico rió y asintió.
A
— Bien, veamos si podemos pasar la noche aquí. — Soltó mientras se introducía por la puertecilla del edificio.
Ynoth dudoso, lo siguió.
Al entrar, observaron el angosto pasillo que llevaba hasta arriba. Mientras más subían observaban distintas puertas.
— Alguna de estas puertas debe tener un cuarto vacío. — comentó el chico. Luego agregó — Hey... ¿Tu don... En qué consiste?
— Yo.... — Comenzó Ynoth— Tengo un oído increíblemente agudo, puedo oír a largas distancias, puedo oír... Hasta el más mínimo ruido en 15 metros a la redonda....
— Eso está muy bien..... Pero ¿Que son metros a la redonda?
Ynoth miró al chico que preguntó, tenía expresión expectante, significaba que no era broma.
— Es... Todo mi alrededor, bastante lejos.
—Oh.... Entiendo.... Que increíble don.... ¿Sabes? — Inquirió. — Creo que puede servirnos ahora.
— ¿Quieres encontrar la habitación vacía?
— Sí
Ynoth se quedó callado, cerró sus ojos y..... Escuchaba.
— Bajemos un poco — Dijo.
Bajaron un par de metros, caminaban lentamente.
— Aquí. — Dictó Ynoth.
— Esperemos que tengas razón, porque no soy muy bueno con los puños en caso de encontrarnos con un guardia furioso...
El chico abrió la puerta de madera rápidamente.
No había nadie, sólo un par de sábanas de tela blanca cubriendo un mueble.
— Te lo dije. — Ynoth sonrió y entró tras el otro chico.
— Muy bien..... — Decía el chico mirando el pequeño cuarto.— Dime ¿Qué era lo que escuchabas en las habitaciones para saber que esta estaba vacía? — Preguntó intrigado.
— Respiraciones y corazones latiendo. — Contestó Ynoth encogiéndose de hombros.
El otro chico abrió la boca y se le quedó mirando como si fuera alguien de otro mundo. — Eres asombroso, sé mi compañero por favor. — Suplicó.
— Está bien...
Ambos se sentaron al frente del ventanal, observando la ciudad. Cuando ya se había puesto el sol y ambos se acurrucaban en el suelo para dormir, Ynoth habló:
— Oye.... Me llamo Ynoth por cierto... ¿Cual es tu nombre?
— Liam.