Había llegado el día, el momento, se iría, por más que le doliera, por más que tuviera miedo. No le fallaría, él cumpliría su promesa y lo haría.
Había pasado mucho tiempo desde que hizo la promesa, pero cuando su madre enfermó, decidió que se iría cuando ella ya no lo necesitara. Ahora su madre había muerto, le dolía en el alma que no pudo hacer nada para curarla, para ayudarla, todo lo que pudo hacer fue acompañarla en todo el tiempo que pudo, y ver como poco a poco la vida en su mirada se iba apagando día con día. Pero como ella ya no estaba, no tenía nada que hacer en ese pueblo. Saldría, emprendería el viaje y pondría todo lo que tenía, hasta su último aliento de vida si fuera necesario para cumplir la promesa que había hecho. Era hora.
Cerró la puerta de la que había sido su casa hasta ese momento. Miró a su alrededor, las calles, las casas de sus vecinos, de personas con las que había crecido. Una brisa suave y fría acarició su rostro. Extrañaría ese pueblo. Pero la decisión ya estaba tomada. Dio un paso al frente, luego otro y otro y no se detuvo.
Mientras caminaba sin saber exactamente adonde se dirigía, oyó un trueno, como una advertencia. Siguió caminando. La brisa seguía golpeando su rostro cada vez más fuerte.
"He llegado hasta aquí caminando, tal vez, deba buscar donde refugiarme si... llega a llover... ¡Rayos! Ni siquiera sé dónde buscar... "
Al caminar veía las calles del desconocido pueblo, buscando algún indicio de alguna posada... Vio una anciana que iba caminando por la misma vía, parecía de escasos recursos. Se acercó a ella lentamente...
— Disculpe... ¿Sabe usted donde puedo encontrar una posada por aquí cerca? — Observó a la anciana que ni siquiera pareció escucharlo. — ¿Señora...?
La anciana giró su cabeza, viéndolo a la cara dijo: — ¿Tienes comida? Dame algo de comer por favor. —Suplicó.
— Yo... Creo que sí... — Respondió mientras empezó a hurgar en la bolsa que traía en su costado. — ¡Sí! — Sacó un trozo de pan de cebada envuelto en un pañuelo. — Aquí tiene... — Extendió el pan hacia la señora.
Esta lo tomó sin decir una palabra y se lo llevo a la boca y salió corriendo, o al menos lo más rápido que le permitían su envejecido cuerpo.
"Genial... Se lleva lo que pudo haber sido mi almuerzo y no me dijo nada de nada... ¿Ahora qué?
Escuchó otro trueno aún más fuerte. Se preguntó si en ese pueblo todos sabían cuando iba a llover, porque esa era la única explicación para que un pueblo se viera tan desierto.
Siguiócaminando, esperando encontrar algún signo de vida.
Caminó y caminó, no encontró nada de lo que buscaba. Sólo un camino de piedra, pasto y animales por aquí y por allá, casas sencillas... Adelante de él, solo quedaba un bosque, no quería entrar allí, pero en vista de la soledad del asunto... Caminó en dirección a este.
El viento era cada vez más fuerte. Miró hacia arriba y se encontró con un cielo oscuro de nubes tormentosas.
Aún no había llegado a este, cuando sintió la primera gota de agua caer en la punta de su nariz. Fue como si toda el agua hubiera estado contenida y al caer esa sola gota, el resto cayó como un torrente.
Empezó a correr hacia el bosque intentando no resbalar con el lodo que se estaba formando con el agua abundante que caía. Truenos sonaban, viento agitando árboles a todas las direcciones. Entró al bosque buscando un árbol lo suficientemente grande para cubrirse.
Corrió. Buscó. Mirando a todas partes. Finalmente encontró un árbol grande y hueco para esconderse. Al entrar se arrastró y acurrucó. Esperando y rogando que la tormenta acabara pronto.
Pero, como siempre, su dicho y lema de vida; "Los dioses intentaron matarme."
Mientras estaba ahí, acurrucado, el árbol en el que estaba pareció esperar su presencia para echarse a morir literalmente.
Al oír el crujido de la madera quebrándose, hizo esfuerzos para salir y escapar, pero como los dioses lo quieren muerto, no podía por más que intentaba, sus pies resbalaban y no podía dar un paso sin caer, finalmente decidió que prefería estar vivo que limpio, y optó por arrastrarse fuera del árbol, lo estaba logrando, faltaban sus piernas por quedar fuera, y en eso... Su tiempo se acabó. El árbol colapsó sobre él.
Gritó. Pero eso no serviría para detener el miedo y el enorme árbol que se le venía encima.
No supo exactamente como, pero algo golpeó su cabeza y todos sus sentidos se apagaron.
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— Hermano ¿Podemos jugar sin lastimarnos? Eres muy fuerte y me duele tus golpes....
— Está bien.... Que llorón eres enano...
El eco de sus risas se desvanecía poco a poco mientras recuperaba la conciencia.
Al abrir sus ojos, vio algo nada parecido al episodio que recordaba.
Estaba en el suelo, del bosque... Pero, ya no llovía, no estaba lleno de lodo por todas partes como había sentido y lo más importante, no tenía un árbol encima de él.
Miró a su alrededor, sin comprender qué había pasado.
En eso, distinguió una figura que estaba próxima a él. Una persona.
Intentó incorporarse, pero cuando hizo el primer esfuerzo una dolorosa punzada le atravesó la espalda.
Dejó escapar un grito de dolor.
La persona que estaba ahí, que se había mantenido sentada de espaldas a él, giró repentinamente al escucharlo.
Lo miró sorprendido, se acercó a él con rostro preocupado.
— No te muevas... Seguramente te golpeaste la columna al caer o te golpeó una rama grande...
— ¿Quien eres? — Preguntó. Esto no tenía sentido, seguramente estaba soñando.
— No importa quien soy, solo importa que estás herido, y que no te puedes mover... Necesitas... Ayuda... — Respondió con voz pensativa.
Al oír la voz, se dió cuenta de que esa persona, era una chica.
— Tú... ¿Me encontraste? — Insistió él.
— Yo... Te ví... Cuando el árbol cayó, yo... Estaba pasando, porque iba de regreso a mi casa, cuando oí los gritos de una persona... Sonaba asustada... Entonces... Corrí en esa dirección, y te ví.
— Y.... ¿Decidiste ayudarme? ¿Por qué?
— Escucha, no soy un alma benevolente que ayuda a personas en peligro como dicen los cuentos, simplemente, sentí lástima por tí... Sin embargo... — Balbuceó la chica mirando el suelo.
— ¿Sin embargo? — Insistió él.
La chica lo miró a los ojos seria y abrió la boca para responderle:
— Yo... Te podría ayudar... Con tus heridas... Pero... No lo haré gratis... Si me das algo a cambio... Puedo sanarte.
— Sa- sanarme.... ¿Dices que puedes sanarme? O sea... Tú... Eres un dotado ¿No es así? — Estaba sorprendido y fascinado, quizás la providencia estaba a su favor.
— Sí, soy un dotado, una sanadora... Pero... Trabajo discretamente... Así que... Cómo estamos solos, en el bosque, puedo hacerlo libremente... Ahora... Quiero saber ¿Qué tienes que me puedas dar a cambio?
Se quedó pensando... Él tenía algo de dinero para pagar una posada unos cuantos días... Pero un servicio de sanación no valía lo mismo, era bastante costoso... Y lo sabía perfectamente. Pero, si no le pagaba y quedaba postrado en el suelo, podría morir... Y si moría... No podría cumplir su promesa, y eso, no podía suceder, no permitiría que eso pasara.
Debía vivir, para cumplir su promesa.
Entonces recordó, su pequeño tesoro, lo que había guardado, para una ocasión urgente o de un apuro irremediable.
No había Sido suficiente para ayudar a su madre, pero... Quizás en este momento podría serle útil.
— Sí... Tengo algo... En mi bolsa, un tesoro, no es mucho pero sé que es valioso, puede servirte.
Ella pareció pensarlo, era confiar en su palabra o dejarlo morir. Si mentía... Le daría una golpiza peor de la que le había dado el árbol, pero si esa verdad... Tendría algo para sobrevivir por unos días más.
— Está bien... Espero que estés diciendo la verdad, por tu propio bien ...
En eso se acercó más a él, se inclinó y examinó su cuerpo, buscando el lugar de las heridas.
El chico no pudo sentir su corazón acelerarse debido a la proximidad de la extraña y como está tocaba y rozaba su cuerpo con las manos.
Posó su mano en un costado del muslo derecho, ahí donde estaba manchado de sangre, incluso la tela estaba rota allí.
— Aquí. — Dijo. En eso sacó un trozo de tela de su bolsa, limpió el área manchada de sangre y luego, inclinó su rostro cada vez más abajo. Le dió un beso ahí justo en la herida.
Él se sobresaltó. Y comenzó a sentir un hormigueo en su pierna que comenzó intenso y se fue haciendo cada vez más leve.
Después de esa acción, la chica siguió buscando en su cuerpo.
— Aquí. — Dijo posando su mano su hombro izquierdo.
Repitió la acción y él sintió de nuevo esa sensación de hormigueo en su hombro.
— Ahora... — Explicó la chica. — Necesito que resistas lo más que puedas, te voy a girar...
— ¡¿Girar?!
La chica lo sujetó de un hombro y de un costado y empujó fuerte pero cuidadosamente.
Tuvo que reprimir los gritos de quejas por el dolor.
Al estar boca abajo, sintió como la chica rasgaba su vestidura justo en la espalda.
Sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
"Cálmate, cálmate, es una sanadora, es su trabajo, no importa que sea la primera vez que una chica me toqué, cálmate por favor"
Pero eso no funcionó cuando sintió los labios de la chica rozar la piel de su espalda desnuda.
Agradeció que estuviera boca abajo y que no viera lo roja que se había tornado su cara en ese momento.
— Bueno, el trabajo está hecho... Debes mantenerte así por unos minutos para que tu cuerpo descanse, además que debes alimentarte para que tu cuerpo recupere energías. — Terminó la chica retornando a dónde estaba sentada anteriormente.
— Ah.... Gracias.... Te lo.... Agradezco mucho.... — Respondió él mientras sentía un sueño tan abrumador que se quedó profundamente dormido en cuestión de segundos.
Despertó abruptamente. Miró a los lados.
"¿Cuánto tiempo había pasado?" "¿Dónde estaba la chica?" "¿Se habría ido?" "No... No podía irse sin su paga"
Estaba tan preocupado con esos pensamientos que no se había percatado de que se había levantado sin dolor alguno.
Entonces la vió, dormida. Recostada a un árbol que no se veía hueco. Usaba una capa que le cubría gran parte de su rostro y torso. Se abrigaba con ella.
Pensó en buscar el pago y dejarlo junto a ella e irse.
"Pero.... Qué tal... Si ella es la persona indicada para ayudarme, no tengo idea de dónde buscar, quizás ella sea quien pueda indicarme... "
Entonces se dispuso a buscar en su bolsa algún rastro de comida. Moría de hambre. Consiguió unos rastros de pan y patata cosida.
Mientras terminaba su comida vio a la chica moverse.
"Oh, está despertando... Bien, actúa natural..."
— Buen día... Mi amiga sanadora... — Saludó amigable pero torpemente.
Ella se giró a verlo, luego alzó una ceja: — No sabía que éramos amigos.
— Bueno... Usted me salvó la vida...
— Es mi trabajo como sanadora.
— Sí, cla- claro..... Emm.... — Se levantó rápidamente y buscó en su bolsa, el objeto más preciado que había poseído en los últimos años de su vida. Lo tomó con fuerza.
"Es tiempo de desprenderme de él... "
— Aquí está su pago... — Dijo mientras le tendía la piedra preciosa y brillante.
Ella la observó con una curiosa fascinación. Lo tomó y agachó la cabeza.
"Vamos, es hora, dile ahora antes de que se marché... Si no lo haces, perderás una oportunidad única para encontrar tu camino."
— Oye... ¿Puedo hacerte una pregunta... Acerca de... Los dotados?