Eso fue lo que sucedió en aquellos días, cuando Gilgamesh, el primogénito del rey, había tomado el trono, Eileen no tenía ni idea de todos los eventos que desencadenaría por la explosiva aparición de su existencia, o mejor dicho la de su don.
Nada más ni nada menos que el rumor de una dorada muy peligrosa andaba suelta y que se había ocultado en el bosque oscuro, se estaba esparciendo por todo el distrito. Posaderos empezaron a echar a dotados a la calle, terratenientes comenzaron a despedir a dotados inocentes que llevaban su vida trabajando allí y no tenían nada más.
Muy pronto las calles se llenaría de dotados protestando, de personas no dotadas protestando luego, pandillas, asaltos, explosiones e incluso actos de intentos por conciliar la convivencia, el odio y el rencor de los humanos dotados y no dotados estaba a punto de estallar. Solo hacía falta unos cuantos detonantes antes de eso.....
Una afinada por aquí, una por allá y..... Sí, ya había quedado.
— ¿Terminaste? — preguntó un hombre gordo y bajo, impaciente y expectante ante ante el trabajo de su sobrino.
— Sí tío, aquí está. — respondió Ynoth y le tendió la lira al hombre.
Este se la arrebató de las manos y salió apresurado de la habitación a la que llamaban "taller".
— Aquí tiene buen hombre. — dijo Gob al momento de tenderle el instrumento al hombre parado en el mostrador. Este tomó la lira y punteó un par de acordes.
Sonrió satisfecho.
— Muchas gracias amigo, no sé cómo lo haces Gob ¡Suena perfecto en tan poco tiempo! Aquí tienes... — Dijo mientras le arrojó un par de monedas de plata.
El hombre llamado Gob rió y respondió: — Muchas gracias buen hombre, hago lo que puedo, sí.....
— Adiós Gob. — Se despidió el hombre y salió de la tienda.
Ynoth estaba en el taller aún cuando entró en la habitación su tío con expresión despectiva.
— ¿Se fue contento no? — Ynoth quería saberlo, ya que no entendía porque últimamente la actitud de su tío era tan.... Molesta y... Extraña, como si tuviera algo en contra de él.
— Sí, satisfecho... Como se debe. — Respondió Gob con voz inflexible.
Ynoth se estaba cansando de su actitud... Desde que tenía uso de razón, su tío de había hecho cargo de él puesto que su madre había muerto al nacer él. Siempre sintió una especie de rencor de parte de su tío, supuso que era por la carga que representaba mantenerlo, pero.... Últimamente, desde hace varias semanas... Veía en su tío a una persona diferente, más amargado, penitente... No sabía el por qué, y ya, no se sentía cómodo con la situación, así que sin pensarlo más, soltó finalmente:
— ¿Qué hice? ¿Acaso he hecho algo mal?
— ¿Ahora de qué estás hablando tú muchacho? — contestó en tono irritado.
— ¿De qué? ¿Es en serio? — Replicó Ynoth.
— ¿Qué quieres que te diga? — Retó Gob.
— ¿Qué he hecho yo para que me trates así? Soy tu sobrino y agradezco que te ocupadas de mí, pero no entiendo... ¿Por qué siempre me trataste como si te hubiera hecho algo? ¿Por qué siempre te llevas el crédito de las reparaciones que hago? Y sobre todo... ¿¡Por qué siempre me tratas como a un empleado en vez de como tu familia!? ¿¡Por qué!? ¿Qué fue lo que hice o no hice para que... Me... Trataras.... — No pudo terminar la frase porque sucumbió al llanto, las lágrimas se desataron en sus ojos y sintió como se formaba el nudo en su garganta, y solo pudo mirarlo, con su mirada expectante de una respuesta.
El tío Gob... Se quedó un momento impresionado... Su rostro no mostraba más expresión que sopresa de las palabras salidas de su sobrino. Tragó grueso y abrió la boca:
— Tú error... Fue nacer con ese estúpido don, por eso, los dioses se cobraron la vida de mi hermana, ¡tú, y solo tú eres el culpable de que ella no esté con nosotros!.... Si me preguntas que hiciste... Te lo diré ¡Nacer! Y... En serio me esforcé por mantenerte con vida, solo por ser su hijo, pero no me importa si te quieres ir ahora... Estoy harto de ustedes.. los.... Dotados... Todos son unos malditos... Así que mejor ¡Largo de mi casa! Me importa un bledo lo que hagas ¡Fuera de aquí! — Decretó finalmente dando un fuerte manotazo en el mesón.
Ynoth se quedó petrificado, ni siquiera sabría decir si se sentía aliviado de al fin saber la razón, o... Si el hecho de al fin saber la razón... Había desgarrado por completo su corazón. Él nunca pensó que su tío tuviera todo ese rencor ahí guardado... Y ahora, que sabía la verdad y que ya nada iba a ser igual, en ese momento respiró hondo.... Hizo lo mejor que pudo para que la voz saliera de su garganta. Dió un paso adelante y carraspeó:
— Yo... No soy el culpable de haber nacido, y creéme que hubiera preferido no nacer solo para que ella siguiera con vida, pero... ¡No puedo cambiar el pasado! ¡No puedo hacer nada para cambiarlo! Perdón... Tío... Por nacer, y... Gracias por mantenerme con vida y... Si quieres que me vaya ahora.. lo haré.
Ynoth le dió la espalda a su tío procedió a salir del taller, dónde había pasado la mayor parte de sus 18 años. Fue a su dormitorio, tomó sus pocas pertenencias, entre ellas, la más importante, su instrumento favorito, el Laúd.
Se iba de esa casa, que había sido su hogar, no sabía a dónde iría... Qué haría para sobrevivir, por primera vez en mucho tiempo, tenía miedo de lo que sería de él. Porque ahora... Estaría solo.
Él aceptaba irse, ya que era casa de su tío, pero había escuchado como muchas personas crueles y desagradecidas como su tío, estaban haciendo lo mismo con otros, solo por el motivo de "ser dotado" igual que él.
Con sus pertenencias en la mano, dió unos paso hacia la salida trasera, por donde siempre había salido y entrado a lo largo de su vida. Y en ese momento se detuvo. "¿Por qué?" Se preguntó.
"¿Por qué debo pasar por esto por ser dotado?" ¿Quien dice que yo soy así porque quise? Yo no lo elegí ¿Por qué no hacen esto?
Esto.... Esto... Es... Tan... Injusto..."
No, Ynoth sintió en ese momento que no podía irse así como así, porque no había hecho nada malo. Iba a quedar en la calle, sin trabajo ni hogar.... Por ¿Nacer con un don?
No, esto no se quedaría así...
Dió media vuelta, fue a la salida principal, pasó en frente de su tío, quien lo miró impasible. Le dió la mirada más fría y penetrante que pudo.
— Adiós, tío. — dijo simplemente.
Al cruzar la puerta de entrada, miró a todas las personas que iban y venían por la calle. Respiró hondo y exclamó:
— A todos los presentes, quiero que sepan, el taller musical de Gob, es una farsa, él no es quien reparaba esos instrumentos, yo lo hacía — se detuvo a observar a quienes salían de sus casas o trabajos para oír aquella inesperada confesión. — Yo me llamo Ynoth y soy el sobrino de Gob, para quien trabajaba, nadie lo sabía... Y hoy, me echó de su taller y su casa, solo porque soy un dotado, así como muchos de ustedes lo han hecho. Pero les digo una cosa.... — Aclaró mientras escuchaba expresiones de asombro de la gente, o veía sus caras prepotentes.
— Yo... Podía hacer esas reparaciones, tan conocidas por todos, de la manera en la que lo hacía, justamente porque nací con un don que me lo permite el trabajo... No he lastimado a nadie por eso, así que me gustaría decir y que todos escuchen... ¡Esto es injusto! ¡Ningún dotado merece ser tratado así! ¡Jódanse todos! ¡No merecen nuestra ayuda!
Mientras él hablaba divisó un par de personas que supuso eran dotados porque observaban con orgullo al chico y con expresión de quién está de acuerdo. Él se sintió satisfecho de haber soltado todas esas palabras. Lo que no le produjo satisfacción, fue cuando vio a otras personas con rostros furiosos colocarse en frente.
"¡Sí, es injusto!" "¡Jódanse!" Gritaban.
Ynoth quería expresarse, que todos supieran la verdad sobre él y su tío, pero... No quería causar un alboroto y cuando se dió cuenta... Varias personas seguramente dotados estaban arrojando cosas, molestos, gritando.
— Es, esperen... Por fav.... — Quiso hacer un intento por cambiar la situación pero... Había alborotado un panal de abejas, solo quedaba....
Correr.