Último día

Luego de lo que había sucedido el día anterior ella se había encerrado en su habitación y no había salido. Mila había querido disfrutar de la noche, pero no encontró la fuerza para hacerlo, se quedó acostada en la cama cubierta hasta el cuello pensando en todas las cosas que habían sucedido, cada detalle era importante porque no entendía como Jack le había exigido aquello y qué señales le había dado ella para hacerle creer que sería una decisión correcta pedirle marcarla, estaba tan mal que la incomodidad y la tensión se abrían paso en su pecho cortándole la respiración lentamente. Había estado tan dispuesta, tan excitada y ahora no podía sentir nada salvo entumecimiento en su cuerpo.

Sin embargo, aquel día era su último día en el hotel por lo que aunque se sintiera de ese modo no pensaba quedarse en su habitación esa noche. Luego de levantarse se obligó a tomar su celular para confirmar que el número de Evangelina seguía guardado y poder escribirle a la mujer.

Mila: Sé que no he estado visible una vez más, pero me encantaría que nos encontráramos esta noche.

Evangelina: Pensé que ya no estabas en el hotel, pero claro que podemos hacer eso. Estaremos en la disco, Franco quiere bailar. Estará tan feliz de saber que irás.

Ella sonrió por primera vez imaginándose al hombre de sonrisa fácil.

Mila: Eso es excelente, porque no dejaré de bailar ni un segundo, es mi última noche.

Evangelina: ¡Oh no! Tenemos que despedirte por todo lo alto.

Mila: De acuerdo. Nos vemos.

Ella sonrió antes de escribirle a Cameron.

Mila: Esta es mi última noche, como ya debes saber, así que la pasaré bailando todo el tiempo que pueda. Espero que Isadora y tu puedan acompañarme en la disco del hotel.

Cameron: Por supuesto que lo haremos, cariño. Isadora estará emocionada de compartir este tiempo contigo antes de que te vayas, nos vemos más tarde.

Sonrió una vez más recuperando sus ánimos. Se levantó de la cama para darse un baño profundo que debió durar al menos una hora completa, se relajó hasta que sus pensamientos se calmaron y solo pudo sentirse mejor. Pasó la tarde disfrutando en la playa con la certeza de que no se encontraría a nadie, se tomó todos los cocteles que le provocaron hasta que con algo ligero sobre su traje de baño almorzó en el restaurante pidiendo todas las cosas deliciosas de ese día. A veces era bueno saber que era el último día porque te permitía disfrutar de ese tiempo al máximo.

Unas horas más tarde regresaba a su habitación para bañarse y quitarse la arena que se le pegaba al cuerpo. Cuando la noche asomaba en el horizonte sonrió, se vistió con uno de sus vestidos ligeros veraniegos que era todo lo que necesitaba para esa noche, se peinó con simpleza y luego de colocarse unos zapatos cómodos, bajó al restaurante. Ordenó lo que más le gustó del menú para disfrutar de la comida por última vez solo con su compañía, como había sido esa primera noche.

Al salir de allí se dirigió a la disco y se encontró con Evangelina, Franco, una de las parejas que conocía y el hombre que disfrutaba de las vacaciones junto con la primera mujer que había conocido de verdad en ese viaje. Se sintió algo triste de saber que algunas de las personas que había conocido ya no estaban hospedándose allí y ella no había estado para despedirlos, pero supuso que todo el mundo la había pasado bien, no hacía falta sentirse mal por un momento donde se presencia no había sido indispensable.

-Esta noche hay que tomar y disfrutar- decía Evangelina repartiendo tragos -Mila es la siguiente en irse, por lo que tenemos que darle una última noche memorable.

-Vamos a bailar hasta cansarnos- la retó Franco haciéndola reír.

-No lo dudes- aceptó ella con una sonrisa.

-Solo lamento que no estuvieras aquí en otras ocasiones- comentó Franco con una mueca -de verdad nadie baila tanto conmigo, como tú.

Ella no pudo evitar reír cuando las quejas se escucharon en la mesa.

-Pues tenemos esta noche- afirmó ella antes de levantarse -así que vamos por ese primer baile.

Se tomó su primer vaso de un solo trago haciendo que la mesa se riera de su audacia antes de tomar la mano que Franco le ofrecía. Estaban en el centro de la pista disfrutando de la música sin pensar en nada más cuando su mirada se desvió un segundo hacia una de las esquinas de la habitación y se encontró con la mirada de Cameron e Isadora fijas en su cuerpo, una sonrisa tentadora cubría sus labios, por lo que ella devolvió el gesto.

-Tenemos que detenernos unos segundos- le dijo ella a Franco con una sonrisa -tengo que presentarles a unas personas antes de seguir bailando.

Él asintió antes de dirigirse a la mesa, ella se acercó a la pareja quien la saludó con cariño.

-Vengan- ofreció ella -únanse al grupo.

Los llevó a la mesa en la que estaba el resto de las personas con las que disfrutaba esa noche y presentó a la pareja sin saber que causaría revuelo cuando casi todos los presentes reconocieran el apellido Mckarrigan.

-Era por eso que no te veíamos nunca- afirmó Evangelina riendo -yo tampoco estaría con los mortales si tuviera la oportunidad de pasar mis vacaciones con los dueños del hotel cinco estrellas en el que me estoy quedando.

Las risas se escucharon mientras Cameron e Isadora eran recibidos con los brazos abiertos, Michael, el hombre que no apartaba su mirada de Evangelina, se dedicó a hablar con Cameron mientras Isadora le lanzaba esa mirada que conocía muy bien a Evangelina y para su sorpresa parecía ser correspondida. Ella se quedó allí, bebió un nuevo vaso que había sido llevado para ella antes de arrastrar a Franco de vuelta a la pista de baile. No supo cuanto tiempo pasó, el sudor cubría su camisa casi completamente y los pies le dolían antes de que decidieran hacer una segunda pausa.

La mesa los esperaba tan animada como siempre y ella se apresuró a tomar el trago que había dejado allí antes de que sus ojos se encontraran con los de la persona que menos esperaba encontrarse allí. Ella se levantó y caminó hacia él.

-No pensé que te vería aquí- dijo ella.

-Cameron me dijo que estarías aquí- le explicó Sergio con una suave sonrisa -no quería que te fueras sin tener la oportunidad de despedirme.

Ella sonrió y se quedó callada unos segundos.

-Ven, te presentaré- ofreció ella tomándolo de la mano.

Caminaron hasta la mesa solo para que la presentación fuera tan llamativa como lo fue con los Mckarrigan, al parecer las personas allí estaban conscientes del negocio de hostelería. Unos minutos más tarde Sergio la miró con esa intensidad que ella conocía y su cuerpo despertó luego de la siesta que parecía estar tomando.

-¿Quieres pedir algo en la barra?- Le preguntó él en una clara invitación.

Ella asintió y caminaron hasta el lugar, ordenaron algo de tomar mientras el silencio los cubría.

-Yo… tengo curiosidad- soltó él antes de mirarla directamente.

-¿Sobre qué?- Preguntó ella algo confundida.

-Ayer, estuve allí, en el club- soltó él dejándola congelada -y aunque no todo pudo escucharse, conozco lo suficiente de Jack como para comprender lo que sucedía.

-Supongo- comentó ella con seriedad. Por alguna razón saber que él los habían estado viendo la hizo sentir molesta.

-Pensé que aceptarías- afirmó él -que aceptarías su proposición.

-¿Por qué lo haría?- Preguntó ella con una sonrisa fingida -tal vez sea nueva en este mundo en comparación con Cameron, Isadora o Jack, pero sé que lo que significa una marca. No es algo que se tome a la ligera y no podría dar una paso tan grande con una persona que no conozco del todo, apresurarse nunca es bueno. Así que a pesar de la situación, la única opción era negarme.

Sergio la miró impresionado.

-Es difícil cuando tu cuerpo te dice todo lo contrario- comentó él.

-Mayor razón para hacerlo- siguió ella -esa no es una decisión de la que puedas arrepentirte cuando todo termina, tienes que ser consciente de lo que haces y de que eso es lo que quieres, sin dudas.

Él la miró con esa sorpresa una vez más.

-Tienes razón- convino él antes de que el silencio los cubriera una vez más.

Ella miró a su alrededor con una extraña incomodidad en el pecho, era como si quisiera reclamarle a Sergio tantas cosas, pero no hubiera nada allí.

-Creo que es mejor que regrese…

-No- negó él tomándola de la mano -hay algo más.

Ella frunció el ceño mientras él los dirigía con rapidez a la zona de los baños solo para notar en el último segundo que entraban en la misma habitación en la que había visto a Cameron e Isadora por primera vez. Se cuerpo se estremeció mientras comenzaba a excitarse a una velocidad alucinante, no comprendía como aquel hombre todavía tenía ese poder sobre ella considerando que la había evitado por más de una semana.

-¿Qué es lo que quieres?- Preguntó ella con reproche.

-Te deseo- afirmó él viéndola con intensidad -es lo que quiero antes de que te vayas.

-No puedo creer que me digas esto luego de desaparecer del mapa como lo hiciste- se quejó ella -peor aún, no puedo creer que te desee de la forma en la que lo hago.

Sergio tomó su cuello con fuerza para devorar sus labios, la excitación los recorrió de inmediato haciéndolos gemir. El deseo se desbordaba en ambos con desesperación, él la alzó sujetándola de las caderas, arrancó la ropa interior de su cuerpo con un salvajismo que la humedeció casi inmediatamente, lo escuchó luchar con su ropa unos segundos hasta que lo sintió hundirse lentamente por primera vez. Ella se sujetó a él sintiendo el deseo recorrerla, el placer viajaba por sus venas como un alucinógeno mientras las embestidas golpeaban su cuerpo haciéndola gemir.

Ellos se sujetaron y se entregaron a los deseos de sus cuerpos hasta que Sergio la miró a los ojos antes de explotar, lo sintió palpitar llenándola de un profuso calor que provocó su orgasmo. Ella gritó mientras se corría, los espasmos la recorrieron en olas que la dejaron tan satisfecha y tan complacida, no sabía lo mucho que había extrañado aquello hasta que lo experimentó de nuevo. Sergio la sostuvo hasta que se recuperaron, se vistieron entre risas antes de salir de la habitación y regresar a la pista de baile.

-Es mejor que me vaya- le dijo él entonces -disfruta de tu última noche, preciosa. Espero que regreses.

-Lo haré- afirmó ella sin especificar.

Sergio sonrió, le regaló un último beso suave antes de dar media vuelta y alejarse del lugar. Lo vio desaparecer por la puerta con un rayo de anhelo en el pecho, frunció el ceño unos segundos antes de que una sonrisa cruzara sus labios lista para regresar a su mesa para beber y seguir bailando. Eso fue exactamente lo que hizo.