Grito de negación
Cuatro días habían pasado desde aquel almuerzo, Mila seguía pensando en la expresión de Sergio al verla junto a Jack y todavía no comprendía del todo lo que había sucedido. Solo sabía que después de lo que había pasado ninguno de los dos hombres le había escrito, Sergio continuó con su silencio mientras Jack despareció esa noche al dejarla en su habitación. Había regresado a su rutina luego de eso, la playa seguía siendo su primer destino y Cameron junto a Isadora la acompañaban algunas tardes solo para terminar los tres juntos desnudos en la habitación de la pareja, no hubiera imagino que querría hacer algo como eso, pero no se arrepentía.
Ahora se levantaba de la cama luego de una noche tranquila para ordenar su desayuno, el botones ya la conocía e incluso se saludaban con mucho más que cordialidad. El personal del hotel se había acostumbrado a su presencia y lamentaba que sus días estuvieran acabando, solo restaban tres días antes de que debiera regresar a su rutina, por lo que estaba decidida a ignorar todo salvo aquello que la hiciera sonreír y disfrutar de esos días contados. Claro que, era mucho más sencillo decirlo que hacerlo porque no importaba lo mucho que lo intentara, no podía olvidar esa expresión de dolor en los ojos de Sergio antes de darle la espalda.
Su pecho se apretó con algo que no se atrevió a reconocer, desayunó pensando en lo que haría ese día y solo disfrutó de la buena comida en la cama porque pronto ya no la tendría. Fue en el momento en el que se bañaba con calma en la tina que su celular sonó con una notificación, lo ignoró lo mejor que pudo hasta que la curiosidad la hizo inclinarse para poder ver el mensaje sin mojar el aparato.
Jack: Bombón, veámonos hoy en el club.
Mila: ¿Y me dices eso así luego de desaparecer cuatro días?
Su reclamo sonó demasiado personal, pero no le gustó que Jack desapareciera mientras era obvio que Sergio la evitaba.
Jack: Estuve ocupado con el trabajo, no quería molestarte con esas tonterías. Pero ya estoy libre hasta nuevo aviso, podemos vernos todo el tiempo que quieras.
Mila: No sé si estoy dispuesta.
Negó ella con una mueca hablando con sinceridad. Jack era sensual, atractivo y divertido, pero no por eso compensaría su extraña actitud.
Jack: Solo quiero repetir una excelente experiencia contigo y remediar lo que esa molestia haya causado.
Dejó el celular a un lado, sabía que terminaría aceptando, pero no contestaría de inmediato.
Jack: Supongo que eso es un no y lo entiendo. Tal vez pueda pasar por tu habitación y verte allí.
Fue entonces que contestó, su instinto le decía que no debía invitar a Jack a su espacio personal. Desde hace días había percibido pequeñas señales de advertencia sobre la proximidad y la velocidad con la que todo sucedía alrededor de él. No se trataba de rechazarlo o evitarlo, era más como una especie de seguro sobre su independencia, nunca podría hablar y confiar sin reservas antes de conocer a alguien a profundidad.
Mila: ¿A qué hora?
Jack: A las seis de la tarde, podría buscarte si eso prefieres.
Mila: Podemos encontrarnos en el lobby.
Jack: Como prefieras, bombón.
No esperó a que él respondiera, eso fue suficiente. Había aprendido en los días anteriores que Jack no era una persona de mensajes o explicaciones, así como en la vida, no esperaba a que sus respuestas contuvieran la suficiente información, solo ofrecía lo que le parecía necesario y seguía adelante. Se había llegado a acostumbrar luego de varios encuentros, pero ese día no estaba de un humor amable como para aceptarlo sin decir una palabra. Sin embargo, se quedó callada mientras organizaba su mente.
Se levantó de la cama unas horas más tarde, se bañó con tranquilidad antes de vestirse usando uno de sus vestidos formales. Se había vuelto casi un ritual usar sus tacones rojos cada vez que veía a Jack, por lo que no fue una sorpresa que luego de peinarse y colocarse un poco de labial los zapatos que terminaran en sus pies fueran exactamente esos, la hacían sentir mucho más sensual de lo que normalmente se sentía y sabía que a Jack le gustaban. Unos minutos más tarde bajaba en el ascensor hasta la recepción del hotel para encontrarse con el hombre.
Desde el segundo en el que se encontraron los ojos se Jack estuvieron llenos de deseo y anticipación, ella sonrió con satisfacción por su reacción profetizando una tarde increíble para ambos. Se subieron en el auto y ella vio como Jack conducía hasta el club de las mazmorras, la mujer de la recepción les sonrió al verlos antes de entregarle un brazalete negro a Jack y otro violeta a ella, como correspondía. Pasaron por el gran salón solo saludando superficialmente a algunas personas y él se alejó deliberadamente de Virginia cuando ambos notaron que la mujer se encontraba allí.
-Quítate la ropa y deja los zapatos, bombón- pidió Jack cuando ambos estuvieron en la mazmorra de la última vez -sabes lo que quiero.
La voz de Jack estaba llena de una oscuridad profunda que la hizo estremecer, su anticipación crecía al igual que su corazón se aceleraba y su ropa interior se humedecía. Ella hizo lo que le decía sin titubear demasiado, cuando su ropa quedó en relegada en el piso él se acercó con suavidad, nunca había dejado de observarla, para tomarla del brazo y llevarla a una esquina de la habitación sin una sola palabra.
-Supongo que estás dispuesta a jugar- anunció él entonces -pero como la vez anterior, necesito que lo digas en voz alta.
-Estoy dispuesta- aceptó ella y se estremeció con una sonrisa lobuna de Jack.
La puerta de la mazmorra fue cerrada y fue en ese segundo que una pared de vidrio apareció en su campo de visión, el lado izquierdo que había estado cubierto por cortinas no ocultaba puertas llenas de juguetes si no una ventana para todos los ojos curiosos que quisieran observarlos. Sus pezones se alzaron con excitación, Virginia estaba allí, fue el único rostro que reconoció antes de que Jack la distrajera con su voz.
-Tenemos un pequeño público, ¿eso te gusta?- Le susurró él, jugando con sus pezones.
-Sí- gimió ella sintiendo la humedad correr por su vagina. No pidió explicaciones, solo aceptó lo que él ofrecía.
-Comprobémoslo un poco- comentó Jack antes de tocar sus nalgas y recorrer el camino hasta la entrada de su cuerpo. Ella gimió con fuerza cuando él la frotó, tentándola.
Los ojos oscuros del hombre la marcaron cuando se alejó, sin decir una palabra tomó lo que parecía una polea que se conectaba a la pared antes de que correa de color negro flotara ante sus ojos, intentó darle sentido a lo que veía, pero no logró conectar los puntos. Jack se acercó para sujetar sus muñecas a la parte superior de las correas seguido de sus muslos, fue en ese segundo que comprendió que el arnés debía sujetarla como uno de esos columpios sexuales que la dejarían abierta para él.
Terminó de ajustar los nudos antes de elevar la polea dejándola en el aire, sus manos se alzaban por encima de su cabeza, sus pechos dispuestos para él. Estaba sentada en una banda suave del arnés que mantenía sus rodillas flexionadas y abiertas, no podía moverse de esa postura. La excitación creció con fuerza al sentirse expuesta, vulnerable y tan húmeda, estaba lista para que Jack jugara con ella.
Lo siguiente que sintió fue que sus ojos se cerraron con una banda de tela, él la privó de la visión. Se estremeció cuando sus sentidos se agudizaron y su piel se hizo más sensible, fue como si de pronto los segundos se convirtieran en horas. Jack no la tocó, ella gimió desesperada, con cada segundo que pasaba su cuerpo se llenaba de más expectativa y excitación, era increíble considerando que él ni siquiera la estaba tocando.
-Sigo sin poder olvidar esa deliciosa mamada, bombón- le dijo él desde atrás -pero lo que más me molesta de esa situación, fue tu seguridad cuando dijiste que no eras mía.
Su voz cambió de dirección con los pasos que daba hasta quedar frente a ella.
-No me gustó que me lo dijeras, Mila- afirmó él -no me gustó escucharlo, ni la seguridad en tus ojos.
Ella se estremeció con algo más incómodo que el deseo, su cuerpo se tensó un segundo antes de que una vibración conocida resonara en el espacio.
-Así que hoy…- siguió él -te castigaré por eso.
Sus pezones fueron torturados un segundo cuando algo se sujetó a ellos haciéndola gritar de impresión antes de que la caricia llegara a ese punto entre sus piernas haciéndola gemir con la misma fuerza. El vibrador fue colocado en sus labios, luego en sus pezones con tanta delicadeza que ella se removió ansiosa hasta que sin esperarlo llegó con fuerza a su clítoris sensible, la sensación fue demasiada para su cuerpo. Sintió como en segundos su cuerpo estaba listo para correrse, se tensó lista para liberarse cuando él se alejó justo antes de que ocurriera.
Mila casi gritó con frustración, sus manos se cerraron en puños y sus caderas se movieron buscando el placer que le había sido negado, la vibración regresó unos segundos más tarde solo para que el proceso se repitiera. La tercera vez que eso ocurrió, ella estaba lista para gritar. La irritación, la frustración y la molestia se mezclaban en su mente junto con el deseo imperativo de correrse, gemía al mismo tiempo que gruñía cuando Jack la tocaba.
-Estás batallando, bombón- reprochó Jack -esto es un castigo, no te correrás hasta que yo lo decida. En el momento en que aceptes ese hecho, la situación mejorará para ti. Te lo dije, eres mía cuando decides estar a mi lado y eso significa que yo controlo todo.
Torturó sus pezones con la misma fuerza inclemente mientras las lágrimas caían de su rostro, ella estuvo a punto de gritar, pero no lo hizo. Su cuerpo fue relajándose parte por parte mientras se entregaba completamente a la voluntad de Jack, aceptaría cada decisión que fuera tomada sin exigir ni cuestionar. Pudo calmarse y gimió cuando el vibrador regresó, su orgasmo fue negado una cuarta vez, pero en esa ocasión ella lo aceptó sin gruñir, su cuerpo solo se mantuvo relajado y a la espera mientras su mente volaba en un lugar lleno de calma.
-Tan complaciente- gimió Jack con tal deseo en la voz que ella se estremeció -eres perfecta, bombón. Lo supe desde el primer día, déjame marcarte, di que eres mía en este momento y te dejaré correrte todas las veces que quieras y de todas las formas en las que el placer sea más intenso.
Su cuerpo gritaba que sí, estaba desesperada en ese punto, le entregaría lo que fuera a Jack, pero sabía que sería un error. Aquella petición no era solo sobre su cuerpo, marcarla significaba que le entregaba su voluntad a ese hombre porque le confiaba su cuerpo, su placer, su mente y cada parte de ella. No podía hacerlo, no lo conocía lo suficiente como para dar ese paso, las reservas de su intuición, que ya le habían advertido, se alzaron entonces con alarma sabiendo que aquello no terminaría bien, las lágrimas llenaron sus ojos una vez más.
-¡Dímelo, bombón!- Exigió Jack sin gustarle su silencio y su duda.
Torturó sus pezones una vez más y ella se tensó.
-¡No!- Su grito resonó en las paredes de la mazmorra -bájame de aquí.
Tres segundos se suspendieron en el tiempo antes de que todo avanzara rápidamente, su cuerpo fue soltado y su visión volvió. Ella no miró a Jack a los ojos, ni dijo nada antes de darse media vuelta para vestirse con premura. No se escuchaba nada en la habitación más allá de sus respiraciones, fue con sus capas de ropa puestas para protegerse que pudo voltearse hacia Jack. Las cortinas habían vuelto y él la miraba como si no pudiera comprender lo que había sucedido.
-Debo irme, lo lamento…- musitó ella antes de abrir la puerta y salir corriendo de allí.
Atravesó el salón y pudo sentir algunas miradas sobre su cuerpo antes de caminar a la salida, Mila nunca notó que los ojos que siempre la seguían habían estado allí.