Chapter 24: Última noche
Mila regresó a la mesa con una pequeña sonrisa en el rostro, Evangelina le entregó un nuevo vaso mientras se quedaba cerca del hombre que no había dejado de perseguirla en toda la noche, tenían esa vibra íntima cuando se buscaban con la mirada que le decía mucho de esa relación. Todo el mundo disfrutaba, Franco la invitó a bailar una vez más y ella aceptó encantada, había dicho que disfrutaría de esa noche sin pensar en nada, así que eso haría. Mañana podría pensar en su encuentro con Sergio, pero en ese segundo lo único que le importaba era qué tantas canciones podía bailar sin caer rendida de cansancio.
-¿Qué sucedió con Sergio?- Le preguntó Isadora en una pausa de hidratación.
-Prefirió irse luego de haberse despedido- comentó ella con simpleza.
-Así es él- afirmó la mujer -no muy bueno con las despedidas, pero al menos vino hasta aquí. Eso significa mucho viniendo de él, créeme.
-Lo hago- aceptó ella con una sonrisa -ahora vamos a seguir disfrutando. Es hora de que bailes conmigo.
-Claro que sí- afirmó Isadora riendo y levantándose con ella.
Las horas fueron transcurriendo con lentitud sin que dejara de bailar, beber y disfrutar. Cuando el reloj marcaba las tres de la madrugada incluso Franco estaba demasiado cansado para seguir manteniéndose en la pista de baile, dos de las parejas que habían estado allí ya se habían ido por lo que solo quedaban Evangelina, Michael y Franco, además de Cameron e Isadora. Ella se tomó lo que quedaba en su vaso en un solo movimiento antes de levantarse por última vez.
-Creo que es hora de irnos- ofreció ella -sé que deben estar cansados y yo no puedo seguir bailando o bebiendo a menos que quieran llevarme arrastrada a mi habitación en la última noche.
-Yo tampoco puedo- convino Franco con una sonrisa.
Se levantaron de la mesa y se dirigieron juntos a la salida del lugar, fue entonces que el grupo se separó, mientras Franco, Evangelina y Michael estaban en el mismo edificio de habitaciones, ella iba al edificio principal junto a Cameron e Isadora, ya que sus habitaciones eran más lujosas. Las despedidas fueron agradables y sentimentales, nunca imaginó que se sentiría tan triste por dejar a unas personas que había conocido ese verano, pero así era. Algunas lágrimas fueron soltadas en ese momento hasta que cada uno tomó una dirección distinta prometiendo mantenerse en contacto.
-Una de las cosas que nunca me canso de ver es eso- comentó Isadora cuando entraban en la recepción para toma el ascensor.
-¿Qué cosa?- Preguntó ella.
-Cuando trabajas en un hotel es inevitable notar las despedidas y su emotividad- explicó la mujer -siempre me ha gustado ver cómo la gente que ha tenido una buena experiencia y ha conocido a personas increíbles, se siente realmente triste al irse. Es así como sabes que guardarán el recuerdo por una larga temporada.
-Nunca imaginé que te gustaría algo tan detallado- comentó ella -pero supongo que es algo bonito de ver.
-Lo es- asintió Cameron secundando la palabra de su esposa.
Ella caminó hasta la puerta de su habitación entonces, todavía en la compañía de la pareja.
-Supongo que es momento de nuestra despedida- dijo Mila -conocerlos fue una de las mejores cosas de estar aquí, fue increíble. Gracias por todo y espero poder regresar el año que viene para verlos una vez más.
Isadora se emocionó y se lanzó hacia ella en una abrazo de oso, Cameron la imitó por lo que estuvo sin aliento aunque muy emocionada en ambos casos.
-Fue increíble conocerte, Mila- afirmó Cameron -eres una persona interesante y muy sensual. Espero de verdad que puedas volver.
Ella sonrió al hombre antes de que Isadora la abrazara una vez más.
-Tengo que decir exactamente lo mismo- fue el turno de la mujer -eres una persona maravillosa y extrañaré tenerte por aquí, no sabes cuánto. Nos divertimos juntas y me gustaría que consideraras venir de nuevo. Lamento que no todo fuera bueno, pero mis intenciones fueron las mejores.
-Todo fue excelente- la tranquilizó ella con una sonrisa.
-Presentarte a Jack no fue algo exactamente bueno- negó Isadora con una mueca -lamento que las cosas resultaran así.
El silencio y la comprensión llenaron su cuerpo.
-Estuvieron allí anoche- afirmó ella sabiendo que debía ser así.
-Sí, no puedo creer que Jack hiciera toda esa escena- siguió Isadora -se equivocó contigo y no sé cómo pudo pensar que era sensata su proposición. Lamento todo.
-No tienes que lamentarlo- ofreció Mila -no fueron tus acciones o decisiones. Y créeme que consideraré volver en mis próximas vacaciones, ahora que he venido no podré quedarme en la oficina cuando sé que podría disfrutar de una playa y comodidades. Ya no soy la misma.
Los tres rieron antes de que la pareja se retirara finalmente, ella los vio alejarse y desparecer en el ascensor antes de entrar en su habitación. Se desprendió de la ropa sudada con una sonrisa antes de meterse en la bañera con desesperación, era la última noche para disfrutar de un baño relajante así que lo hizo, al salir se secó y se vistió con una camisa simple sin nada debajo, quería estar cómoda. Se acostó en la cama con placer y sin darse cuenta ya estaba dormida, soñando con un hombre que la seducía en la playa.
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Los golpes en la puerta resonaban con fuerza, ella se levantó sobresaltada. El reloj de su celular marcaban las cinco de la madrugada, el sonido se repitió y ella se apresuró hasta la puerta de su habitación. No tenía forma de saber quién estaba del otro lado, por lo que abrió con cuidado solo unos centímetros para poder ver a su visitante. Se sorprendió cuando reconoció a Jack en el pasillo desierto de su piso, abrió la puerta con sorpresa antes de que sus miradas conectaran, la confusión la hizo dudar.
-¿Qué haces aquí?- Fue lo primero que escapó de sus labios.
-¿Puedo pasar?- Pidió Jack con una mueca en su rostro.
Abriendo la puerta se hizo a un lado para que él pudiera ingresar. Lo vio acercarse hasta el mueble central del lugar y quedarse allí sin darse la vuelta, Mila cerró la puerta para dejarlos solos en el silencio del espacio.
-No podía dejarte ir sin despedirme- musitó Jack entonces -a pesar de todas las cosas que han sucedido, no quería que te fueras con los recuerdos de la noche anterior.
-Esos recuerdos están allí- soltó ella -ya no pueden borrarse.
Él se dio la vuelta para enfrentarla.
-Lo lamento- ofreció Jack a media voz -tal vez pueda compensarlo.
-¿Cómo?
-Exactamente como quieras, bombón- afirmó él acercándose con suavidad -no hay otra forma.
Ella sonrió antes de tomar la mano masculina, esas eran las mismas palabras que habían usado en la mazmorra transformadas para un mejor mensaje.
-No puedo explicarte lo erradas que fueron tus decisiones, eso tienes que reconocerlo tú solo- comentó ella -pero sí puedo dejar que te despidas.
Tomándolo de la mano se dirigieron a su cama, ella se quitó la pobre camisa que apenas la cubría y se quedó allí dejando que él la mirara con ese deseo que siempre la había excitado.
-Esta noche no estamos en tu mazmorra- afirmó Mila con seriedad -y es más que claro que no soy tuya, así que tendrás que conformarte con disfrutar conmigo.
-No me conformo, bombón- negó él -eso es todo lo que quiero.
Ella sonrió antes de que sus labios fueran saqueados con desesperación, cayeron en la cama y Mila se ocupó de desnudar la figura de Jack con jalones que los hicieron reír. Cuando el calor de ambos era compartido piel con piel, la profundidad del deseo fue mostrada en sus ojos, ya no se trataba de nada más salvo disfrutar de los segundos que estaban juntos. Jack la besó hasta que sus labios estaban sensibles, la excitación era tal que sus muslos se mojaban cada vez más profusamente.
Él tomó sus manos entonces y las sostuvo sobre su cabeza, jugó con sus pezones haciéndola gemir con fuerza hasta que la dureza que se frotaba contra su vientre fue posicionada en la entrada de su cuerpo. Ella contuvo la respiración cuando la necesidad la golpeó con fuerza, sus piernas se abrieron permitiendo el acceso y entregándose al placer, Jack sonrió y jugó con ella unos segundos antes de hundirse en su cuerpo de una sola estocada haciéndola gritar. La plenitud de las sensaciones la hizo estremecerse con fuerza, quería que se moviera y se lo hizo saber cuándo sus caderas empujaron contra él.
Las embestidas fueron salvajes y brutales tal como era Jack, esa sensación de depredador que mostraba la hacía gemir mientras ambos disfrutaban de las sensaciones. Sus cuerpos se iban acercado cada vez más al orgasmo, fue entonces que la mirada de Jack cayó sobre ella en una forma de privarla de movimiento aunque no lo hiciera de un modo físico. Su corazón palpitaba acelerado mientras su mirada trasmitía un millón de emociones que no comprendía del todo, pero entregarse a él fue todo lo que quiso. Se corrió gritando cuando su cuerpo se estremecía con los espasmos de placer que la dejaron colgada en una nube de placer, Jack se corrió unos segundos más tarde cuando besaba su cuello, hundiéndose por última vez para llenarla de su calor.