Lo que no hay que decir

Basta decir que aquella noche, luego de que Sergio la viera salir de la mazmorra del brazo de Jack su expresión siempre fue la misma: no decía absolutamente nada. Mila intentó recuperar esa sonrisa y ambiente agradable, pero él nunca respondió. Estuvieron con Cameron e Isadora la mayor parte del tiempo que estuvieron juntos y ella habló mucho más con la pareja de lo que lo hizo con Sergio, todo el ambiente era extraño sin comprender lo que sucedía. Jack ya no apareció por ningún lado y ella pasó el resto de la noche incómoda sin saber lo que sucedía con su acompañante.

Cuando regresaron al hotel él la dejó en su habitación sin decirle una sola palabra antes de irse, fue un desplante con el que se sintió bastante mal aunque el enojo lo superó. Al día siguiente se levantó esperando un mensaje de Sergio en su celular solo para encontrarse con uno de Jack, fue una sorpresa un poco decepcionante. Al parecer el hombre había recibido su contacto de Isadora y la había invitado a almorzar, luego a cenar y así sucesivamente por el resto de los días. El mensaje de Sergio nunca llegó y ella nunca lo volvió a ver en los caminos de hotel, había pensado en pasar por el muelle, pero se sintió desesperado.

Ahora había pasado más de una semana desde que había comenzado a verse con Jack, el hombre era muy diferente de Sergio. No le daba tiempo o espacio, todo lo que podía invadir, lo hacía activamente y aunque a veces podía ser divertido, en otras ocasiones era demasiado. No había encontrado la forma de decírselo sin que eso afectara la dinámica que llevaban, pero sabía que debía hacerlo. Había tardes en las que extrañaba las risas y las caricias suaves de Sergio hasta que Jack la azotaba antes de hundirse en su cuerpo con fuerza.

Jack: Esta tarde quiero que me acompañes a un lugar especial.

Mila: ¿Qué lugar sería ese?

Jack: Es una cena formal, Cameron e Isadora estarán allí y me gustaría que fueras mi acompañante.

Mila: Supongo que sería divertido y me hará olvidar los pocos días que me quedan en el hotel.

Jack: Excelente, pasaré por tu habitación en unas horas. Podrías usar esos tacones rojos que me vuelven loco.

Mila: Lo haré.

Con una sonrisa buscó sus zapatos y el vestido que usaría esa noche. Era extraña la forma en la que Jack evitaba hablar del tema de su partida mucho más de lo que ella lo hacía, se sentía bien saber que él no quería que se fuera, pero al mismo tiempo resultaba extraño. Nunca nadie se había encariñado tanto o tan fuerte de ella como para que la separación fuera algo que pudiera afectarlo a profundidad. Otra vez el tema de la intensidad que Jack representaba se extendió por su mente hasta que la preocupación se volvió algo real, tal vez tendría que hablar con él de lo que estaba sucediendo. Luego de organizar su ropa se quedó tumbada en la cama revisando los mensajes que llegaban a su celular.

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En ese momento se encontraba atravesando un inmenso salón del brazo de Jack, llevaba un vestido largo de color negro que se había comprado unos días antes para cualquier ocasión que surgiera, algo común con Jack a su lado, llevaba sus tacones rojos y el pelo recogido en un moño elaborado. Algunos ojos se volteaban para verlos, había descubierto bastante tiempo atrás que a la gente le gustaba llamar la atención de su acompañante, especialmente a las mujeres.

-Jack, estás aquí- saludó otra mujer despampanante -pensé que este año no te veríamos luego de lo que sucedió…

-Pues aquí me tienes- interrumpió él y su curiosidad se despertó -sonriendo y con una nueva acompañante que me tiene un poco obsesionado.

-¿Y quién es esta acompañante?- Preguntó la mujer viéndola con una sonrisa.

-Soy Mila- ofreció ella con una sonrisa.

-Virginia- se presentó la aludida con una sonrisa depredadora que le llamó la atención -es una lástima que ya estés ocupada, lindura. Me gustaría tanto jugar contigo.

-No siempre lo estoy- soltó ella con una suave risa.

Vio como Virginia abría los ojos con sorpresa y placer antes de que la mirara como si quisiera devorarla en ese momento.

-Cuando estés dispuesta a intentarlo, puedes buscarme- le ofreció Virginia -te estaré esperando en el club.

Ella sonrió cuando la mujer le guiñó el ojo antes de dar media vuelta e irse con su acompañante que lucía algo celosa. Fue entonces que la mirada de Jack cayó sobre ella, era intensa y un poco enojada, ella frunció el ceño mientras él los llevaba al lado contrario del salón con suavidad, su mano la sujetaba con sutilidad, pero con firmeza. Se detuvieron cerca de uno de los ventanales en medio del lugar antes de que él comenzara a hablar.

-Cuando estás conmigo, eres mía bombón- afirmó Jack mirándola fijamente -no aprecio el hecho de que estés coqueteando con una mujer en mi rostro y mucho menos cuando se trata de una dominante. Eso solo me dice que no estoy haciendo las cosas bien.

-Eso no es cierto- negó ella -solo soy curiosa y me gusta coquetear. Es la forma en la que soy, no pensé que tendrías problemas con eso.

-Virginia te invitó a su mazmorra, bombón- dijo él -tengo que tomármelo muy en serio.

-¿Por qué?- Insistió ella.

-Ya te lo dije, cuando estás conmigo eres mía- siguió Jack como si aquello fuera de sentido común.

-Yo… no llevo tu marca- reprochó ella con algo de molestia -incluso aunque estemos juntos, no soy tuya.

La expresión de Jack cambió con ese reto, ella sintió como su cuerpo se tensaba sin saber lo que sucedería y la excitación se hizo presente.

-No llevas mi marca, eso es cierto- admitió él acariciando su mejilla con dulzura -tal vez sea un buen momento para darte un recordatorio de mis palabras. Algo real, físico, algo que puedas sentir en un salón lleno de gente, que te marque como mía.

Ella se estremeció con fuerza mientras se miraban a los ojos. Estaba tan mojada en ese segundo que no pudo hacer nada salvo intentar controlar su respiración, esperaba ansiosa las siguientes palabras de Jack.

-De rodillas- ordenó él comenzando abrir su pantalón.

Su corazón se aceleró mientras sus mejillas se llenaban de rubor, no se atrevía a mirar a nadie más porque no podría cumplir aquella orden. Bajó su cuerpo lentamente con la atenta mirada de Jack sobre ella, sonrió cuando ella estuvo de rodillas frente a él, solo esperando. Fue entonces que su miembro apareció mostrando una impresionante erección, se bamboleaba con suavidad y ella lo siguió deseosa de probarlo. Una de las cosas magníficas de estar con Jack era que su excitación era casi constante, solo hacía falta una orden y ella ya estaba lista para jugar.

-Abre la boca bombón- siguió él con una sonrisa al mismo tiempo que sostenía su mejilla y acariciaba sus labios -sé que quieres probarme, esos pezones sensibles están alzándose para mí.

Ella gimió mientras sus labios se abrían y su lengua salía intentando saborearlo. En otras circunstancias Jack se lo impediría, pero en ese momento solo la dejó lamerlo, no le permitía nada más, solo esa pequeña probada que la dejó necesitada. Mila lo miró rogando por chuparlo, su ropa interior tan húmeda como era posible, quería llevarlo profundamente en su garganta para poder disfrutarlo.

-Si lo quieres tienes que pedirlo, bombón- ofreció él con esa sonrisa lobuna que la hizo estremecer.

-Déjame chuparte- rogó ella para satisfacción de Jack.

En ese segundo él se hundió en su boca y ella gimió a su alrededor, se sostuvo de los muslos masculinos. Pensó ingenuamente que podría moverse con libertad, pero Jack tenía otras ideas, en lugar de soltarla sostuvo se pelo en sus puños para comenzar a embestir en su boca. Mila no podía hacer nada salvo gemir mientras él se hundía en su garganta cada vez con más rapidez, se sentía como estar atada y a su merced. Ese pensamiento la excitó como un rayo y sin tocarse se sintió cerca del orgasmo, sabía que las gotas de su excitación caían en el piso a través de sus muslos, pero no podía importarle menos.

Jack gemía hundiéndose en sus labios sin dejar de controlarla, la usaba como deseaba y ella estaba contenta de darle todo el placer posible. Lo sintió palpitar en su boca provocando que Mila gimiera con fuerza.

-Tócate, bombón- le dijo él entre gruñidos -usa tus dedos y córrete conmigo.

Sus dedos de inmediato levantaron el vestido para frotar su clítoris sensible, se movió con la desesperación que sentía, su excitación era tal que estaba en el borde solo con ese toque, pero fue solo cuando Jack gimió corriéndose en su boca que ella explotó. El placer la recorrió en olas que la hicieron estremecerse, los espasmos la instaban a mover sus dedos más rápido mientras Jack palpitaba en su boca llenándola con su calidez al mismo tiempo que ella lo tragaba. Fue inevitable que algunas gotas se escaparan para caer por su barbilla.

Cuando todo acabó, Jack sonreía complacido y ella se sentía maravillosa, hermosa y sensual. Fue entonces que una ovación de aplausos se escuchó, él limpió las gotas de semen de su rostro antes de voltearlos hacia la multitud que los observaba. Mila no había notado a nadie hasta ese momento, se encontró con el rostro excitado de Cameron, la sonrisa entusiasmada de Isadora, pero no había contado con ver a Sergio allí. Él la miraba con esa intensidad que ya conocía y lo observó cerrar sus manos en puños antes de dar media vuelta para alejarse, no comprendía por qué sus ojos estaban llenos de algo parecido al dolor.