Un lugar oculto
Se quedó allí unos segundos mientras esperaba, Isadora regresó momentos más tarde recuperando el aliento. Estaban en un lugar cerrado, una piscina más pequeña se abría en el espacio. Mila pudo notar diferentes ambientes a lo largo del lugar: un bar, unas mesas justo al lado, lo que parecía ser un jacuzzi inmenso, y unas extrañas ventanas oscuras que daban a algún lugar. Había también un pasillo algo oscuro que daba a unas escaleras, ella observó como a lo largo de la pared del fondo había un segundo nivel, algo parecido a una tarima con mesas y sillones colocados en sitios estratégicos para que el ambiente fuera reservado.
-Por un segundo pensé que no vendrías- le dijo Isadora con una sonrisa.
-Estoy aquí- afirmó ella sin dejar de ver el lugar.
-Lo sé, eso me gusta- la insinuación era clara en la mirada de la mujer.
-Pero, ¿dónde estamos?- Preguntó ella confundida.
-Ven- le ofreció Isadora alejándose hasta el borde de la pequeña piscina -vamos a enseñarte el lugar.
Mila la siguió con interés y salieron del agua. Isadora le ofreció una toalla de las varias que estaban colgadas en un pequeño closet cerrado cerca de la pequeña ducha de la piscina. Se envolvió en la toalla siguiendo el ejemplo de la mujer y la siguió hasta el bar, en el camino se acercaron a los extraños ventanales, ella se sorprendió bastante cuando notó que lo que veía del otro lado no era otro lugar que la recepción del hotel, se veía un poco inclinado como si estuvieran en algún lugar debajo del hotel.
-¿Ese es el lobby?- Soltó ella asombrada.
-Sí, esa es la recepción del hotel- convino Isadora con una sonrisa.
-¿Cómo llegamos aquí desde la piscina?- Siguió ella sin salir de su asombro.
Isadora no le respondió solo sonrió. Llegaron al bar y ella se sentó en una de las sillas que estaban allí, vio como la mujer se colocaba detrás de la barra para comenzar a servir dos tragos, unos segundos más tarde le entregaba uno de los vasos antes de sentarse a su lado.
-Comencemos desde el inicio- le dijo Isadora -seguimos en el hotel, como ya notaste, solo que estamos en un espacio personal. Este lugar fue construido solo para mi esposo y para mí cuando se planificó la creación de este hotel, algunos meseros conocen su existencia, pero no está permitido hablar de eso.
-¿Por qué la recepción?- Preguntó ella entonces intentando procesar la información que le estaban dando.
-Cameron no quería que estuviéramos aislados del todo estando aquí- explicó la mujer -sobre todo porque como notaste, siempre están llamándolo por algo de la empresa.
-¿Un sitio como este?- Intentó Mila moviendo sus manos en el aire -¿cuál es la razón?
Isadora sonrió por su notable asombro.
-Supongo que es un pequeño lujo que puedes permitirte cuando eres dueño de un lugar como este- le dijo -nos gustaba el ambiente público, pero también la intimidad y era una buena forma de tener ambos.
-¿Y todas estas cosas las traen los meseros?
-Mayormente- asintió la mujer -también vienen a asear, pero como te dije, es un lugar privado y no muchas personas tienen permitido venir.
-Así que soy privilegiada- comentó ella tomando de su trago por fin.
-Lo eres- convino Isadora mirándola fijamente.
-¿A qué debo el honor?- Se sintió intrigada por eso.
-Llamaste nuestra atención anoche- le explicó Isadora con ojos oscuros.
-¿Les gustó mi baile?- Preguntó ella riendo.
Isadora bebió un gran trago de su bebida antes de sonreír con picardía.
-Más bien nos gustó que te quedaras viéndonos con placer mientras mi esposo me embestía contra la pared- le dijo lentamente la mujer mirándola directamente a los ojos -te quedaste hasta el final.
Ella se ruborizó hasta lo imposible, sintió como sus mejillas se calentaban al mismo tiempo que su corazón se aceleró y su cuerpo tuvo un rayo de excitación. Al parecer no era tan sigilosa o sutil como creía, porque era la segunda vez que escuchaba una confesión como aquella. De verdad esperaba que la pareja que había visto en la playa no la hubiera notado, porque de lo contrario dejaría de espiar a la gente sabiendo que todo el mundo se daría cuenta de su presencia. Tal vez ese era su castigo por hacer algo que no estaba bien.
-Oh- fue todo lo que salió de sus labios casi como una exhalación.
-No te angusties- soltó Isadora con pausa -fue bastante sensual, sinceramente.
-Yo… no sé qué decir- musitó ella todavía sin palabras -lamento haber espiado un momento como ese, sé que es algo personal incluso aunque digas lo que digas.
-Probablemente a otras personas les molestaría- admitió Isadora con una mueca -pero no a nosotros, no te recomiendo que lo sigas haciendo sin embargo.
-Créeme que no lo haré- afirmó ella tomando el resto de su trago -con la tasa de éxito que llevo, mejor me limito un poco antes de molestar a alguien y terminar en la cárcel.
Isadora sucumbió en risas y ella no puedo evitar seguirla. Fue un momento que liberó por fin la tensión, algo que agradecía.
-¿Y qué prefieres hacer?- Preguntó la mujer luego de un rato -¿volvemos a la piscina o probamos el jacuzzi?
-Creo que necesito relajarme- admitió ella -tomaré la opción del jacuzzi, luego de que me des otro trago como este.
Isadora sonrió antes de servirles nuevos vasos. Una vez que eso estuvo cubierto, caminaron hasta el jacuzzi, el lugar tenía agua y se veía como una piscina diminuta hasta que presionando algún interruptor oculto el aparato se encendió mostrando las burbujas típicas. Se veía cálido y tranquilo, exactamente lo que necesitaba. Miró a Isadora unos segundos antes de deshacerse de la toalla que todavía llevaba y meter uno de sus pies en el agua.
-Mis cosas- recordó ella de pronto -las dejé en la mesa de la piscina.
-Puedo pedir que las traigan, tranquila- resolvió Isadora antes de dar media vuelta y alejarse.
La vio tomar un teléfono algo oculto en la barra antes de marcar un botón y hablar. Supuso que estaba haciendo la petición, pero el agua la llamó. Se sentó lentamente hasta que la presión relajó su cuerpo lentamente.
-Se te ve cómoda allí- comentó Isadora al regresar.
-Lo estoy- admitió ella con una sonrisa.
La mujer se sentó a su lado y pronto ambas se relajaban en aquel lugar. Sus ojos conectaron en ese segundo haciendo que una corriente eléctrica pasara a través de sus cuerpos.
-¿Por qué te quedaste viéndonos?- Musitó Isadora.
-Porque fue una de las cosas más sensuales que he tenido el placer de ver- explicó ella con simpleza -simplemente no pude irme.
Los pezones de Isadora se alzaron al igual que los de ella y lo siguiente fue casi una danza. Se movieron al mismo tiempo, sus labios se unieron en un beso suave que las dejó sin aliento. Sus cuerpos se tocaron cuando ambas cambiaron su posición para quedar de frente, la excitación las recorría con fuerza. En un segundo se preguntó si estar haciendo aquello con una mujer casada estaba bien, pero la idea dejó su mente cuando la ropa empezó a desprenderse. Fue tan rápido que no pudo apreciarlo, ambas quedaron desnudas en el agua cálida.
-Te deseo, Mila- le susurró Isadora -no sabes lo mucho que me gustó ver tu mirada de excitación mientras me corría. Fue tentador y ahora quiero experimentarlo contigo.
-Fue tan sensual- devolvió ella -la forma en la que se movían, en la que disfrutaban. Era tan salvaje, yo también quiero experimentarlo contigo.
Isadora sonrió y fue entonces que su cuerpo salió del agua. Sentada en el borde del jacuzzi la mujer usaba su lengua para jugar con sus pezones, Mila se retorcía con placer hasta que un fuerte apretón de dientes en su punta excitada la hizo mojarse con un gemido descomunal, fue casi un alivio que Isadora siguiera bajando por su cuerpo. Cuando llegó a su humedad la expectativa la mataba, se retorcía buscando placer. El primer toque de su lengua fue casi sutil hasta que su boca la devoró con salvajismo. Ella gritó excitada hasta más no poder, tres toques en el lugar correcto y ella se corrió en una explosión de espasmos que la hicieron vibrar hasta el centro de su mente. Nunca llegó al orgasmo tan rápido ni duró en la nube tanto tiempo.
Luego de recuperar el aliento fue su turno, jugó con los pezones de Isadora que la llamaban hasta que la mujer se estremecía, probar su esencia fue delicioso. Su humedad se abría como si quisiera recibirla al igual que sus piernas. Ella jugó, lamió y devoró hasta que estaba segura de que Isadora se correría, mantuvo un ritmo fuerte en ese punto que tanto le gustaba para obtener el placer de escucharla gritar, Isadora se corrió con fuerza dándole más de su sabor mientras los espasmos la recorrían.
Verla de ese modo solo la excitó de nuevo, estaba a punto de decirlo cuando Isadora tomó sus manos y las colocó una frente a la otra en una posición cómoda dentro del agua. Sus manos la recorrieron hasta que se hundieron en su interior, se miraron unos segundos antes de que comprendiera que Isadora deseaba lo mismo, así que siguió su ejemplo. En un movimiento natural ambas comenzaron a cabalgar los dedos de la otra, sus cuerpos agradecieron la excitación del momento. Nunca había hecho algo como eso, disfrutó de cada golpe y cada liberación de sus caderas porque aquello se sentía realmente bien. Se besaron casi con brutalidad hasta que ambas explotaron con gemidos incoherentes, sus cuerpos en la espiral de placer que las dejó sin aliento.
-Eso fue tan sensual- musitó ella unos minutos más tarde.
Isadora sonrió complacida mientras sus ojos se llenaban de placer una vez más.
-Estoy totalmente de acuerdo con eso- afirmó una voz masculina llena de autoridad.
Ella abrió los ojos asombrada viendo al hombre Mckarrigan sentado en uno de los sillones del segundo piso. Su mirada estaba tan cargada de lujuria que su corazón se aceleró y sus pezones se alzaron en una invitación. Aquella iba a ser una extraña conversación, aunque no se imaginaba cuanto lo sería en realidad.