Chapter 10: Secreto debajo del agua

Y la oportunidad se presentó cuando la mujer estaba su segunda pausa. Sin aliento se recostó sobre el borde de la piscina como lo hizo antes. Se movió unos segundos como para relajar los músculos y luego nadó con suavidad hasta el lado de la piscina donde se encontraba su mesa, el corazón se le aceleró antes de desviar la mirada, había estado siendo bastante obvia. Pensó que se saldría del agua para encontrarse de nuevo con su pareja que la miraba desde arriba, lo había comprobado, pero en su lugar se sentó en el borde de la piscina con parsimonia.

-Disculpa que te moleste- escuchó ella antes de voltearse -pero, ¿podrías pasarme esa toalla?

Ella sonrió. Ni siquiera había notado la toalla o cuando la habían dejado allí.

-Seguro- aceptó ella. Se levantó y le entregó la toalla a la mujer.

-Gracias- ofreció entonces -soy Isadora, por cierto.

-Mila- se presentó ella con una sonrisa.

La mujer era amable y sonriente, de nuevo sentía que su voz no combinaba con su mirada decidida.

-Es un placer, Mila- le dijo Isadora.

-El placer es mío- dijo ella con cordialidad.

Se miraron unos segundos antes de que Isadora dirigiera su mirada hacia la parte alta de la piscina donde se encontraba su pareja. El hombre estaba una vez más en una llamada.

-¿Te molesta si me siento contigo?- Le preguntó Isadora -sé que puede ser raro, pero mi esposo está ocupado, así que es lo mismo que esté o no en la misma mesa si está en una llamada.

-Para nada- negó ella de inmediato -siéntate donde gustes.

Isadora se levantó, se secó un poco y luego se sentó a su lado. El silencio las acompañó durante unos segundos.

-Entonces, es tu esposo- comentó ella haciendo que la mujer la mirara -estuve intentando adivinar un poco.

-Esposos, sí- aseguró Isadora con una sonrisa antes de levantar su mano -tengo el anillo que lo prueba.

-Oh, creo que no lo noté- dijo ella viendo el diamante en su dedo -gran detalle para dejar pasar.

-Lo entiendo- rechazó Isadora -escogí el anillo que tengo porque no quería llamar demasiado la atención, no es algo que me guste.

-Sin embargo, lo haces- aseguró ella -ambos llaman la atención.

Isadora le sonrió con algo de picardía.

-Supongo que lo hacemos- convino la mujer -aunque regresando a un tema que también llama la atención, ¿querías averiguar qué tipo de relación teníamos?

Señalando un segundo a su esposo, Isadora le sonrió esperando su respuesta.

-Curiosidad- se excusó ella con el rubor en sus mejillas.

-También lo entiendo- concluyó Isadora con esa misma sonrisa antes de llamar a un mesero -¿quieres algo?

Mila negó tomando de su trago y terminando lo que quedaban de sus papas. La mujer pidió un trago junto a algunos aperitivos. Otro silencio se hizo entre ellas.

-Y, ¿te gusta nadar?- Le preguntó Isadora.

-Me encanta- afirmó ella -pero no llego a tu nivel, jamás podría nadar a esa velocidad o hacer tantas repeticiones.

-Eso solo es un poco de práctica- dijo Isadora quietándole peso con un gesto -cualquiera con el deseo podría hacerlo.

-Me falta la voluntad- soltó ella haciéndolas reír.

-Aunque no te había visto aquí en la piscina- comentó Isadora.

-Me gusta nadar, pero soy una persona más del mar que de piscinas- explicó ella -si tengo la playa cerca, como es el caso aquí, nunca me quedo en la piscina. Es la primera vez que vengo, desde que llegué.

-¿Y cuál fue el cambio hoy?- Preguntó Isadora -¿por qué quedarse aquí?

-Sentí la necesidad de conocer todas las instalaciones de este hotel- dijo ella riendo -no puedo irme sin haber nadado un poco aquí.

-¿Cuándo te vas?- Siguió Isadora con interés en esa respuesta.

-Todavía me quedan algunas semanas- respondió Mila.

-Eso es excelente- afirmó la mujer -¿y qué te ha parecido el lugar hasta ahora? ¿Primera vez que vienes?

Isadora tomó de su trago antes de tomar algunos aperitivos y ofrecerle.

-¿Pregunta personal o es la dueña del lugar pidiéndome mi opinión?- Comentó ella con sinceridad.

-Así que también sabes eso- dijo la mujer con una sonrisa misteriosa -¿Has estado preguntando?

-Tal vez un poco- confesó ella.

-¿Qué tanto averiguaste?

-Son los dueños de la empresa Mckarrigan, dueños de este hotel- explicó ella -y son esposos, pero eso me lo dijiste tú.

-De acuerdo- asintió Isadora comiendo de su plato -me llevas ventaja, ¿quieres darme algo a cambio?

Ella se quedó callada unos segundos pensando en lo que diría.

-Mila Becker, es la primera vez que vengo a hotel- inició con lentitud -es la primera vez en mucho tiempo que me tomo vacaciones, amo nadar, tengo un buen empleo y eso es todo.

-¿Qué es lo que más te ha gustado del hotel?- Preguntó Isadora sin hacer comentarios.

-La cercanía de la playa, eso seguro- afirmó ella -y los balcones de las habitaciones.

Ella se sonrojó un poco al decir aquello e Isadora lo notó. Se miraron con interés unos segundos, fue entonces que la mujer elevó su mirada hacia su esposo y cuando ella hizo lo mismo, vio la mirada masculina fijamente sobre ellas. Se sintió tan intimidada como era posible, su cuerpo intentó cubrirlo, pero también sintió un rayo de excitación que no pudo negar. En el momento en que elevó sus ojos una vez más, él ya no estaba allí.

-¿Quieres nadar?- La distrajo Isadora.

-Claro- aceptó ella con una sonrisa -pero nada como lo que estabas haciendo. No podría.

-Tranquila, estaba entrenando un poco- le explicó la mujer -no haremos una rutina ni nada parecido.

Ella sonrió y ambas se dirigieron a las duchas, se demoraron unos segundos y luego se zambulleron en la piscina. Entre risas nadaron intentando distraerse hasta que se quedaron en una esquina del lugar, sus ojos se iban constantemente al cuerpo de Isadora aunque intentaba no hacerlo. Antes se había sentido atraída por una mujer, no era nada nuevo para ella, pero nunca le había sucedido con alguien casado, eso rompía por mucho las normas que siempre seguía. No estaba bien y no debería sentirse cómoda.

Y aunque luchaba, sabía que estaba perdiendo la batalla cuando en una de esas miradas disolutas Isadora la captó. Sus mejillas se llenaron de rubor al mismo tiempo que sus pezones se alzaban, se sentía ridículamente excitada y avergonzada. La mujer se acercó a ella lentamente y sus cuerpos se tocaron, el momento era demasiado íntimo para un lugar público, además cuando sus ojos se alzaron por intuición para encontrarse con la mirada depredadora del esposo, necesitó alejarse. No podía creer que estuviera coqueteando con una mujer casada o era Isadora la que coqueteaba con ella. No lo tenía claro.

-Vayamos a la cascada, ¿qué te parece?- Le ofreció la mujer interrumpiendo sus pensamientos y su huida.

-¿A dónde?- Preguntó ella confundida.

Isadora sonrió con confianza antes de comenzar a nadar. En contra de sus mejores instintos la siguió. Nadaron hasta el otro lado de la piscina dándole la vuelta a la especie de tarima donde permanecía el hombre Mckarrigan hasta que se encontraron con una especie de cascada que caía con fuerza, dándole un efecto bastante natural a todo el ambiente. Se quedaron allí unos segundos cuando de pronto Isadora comenzó a nadar hacia el lugar.

-Pensé que nadie podía acercarse- comentó ella.

-Eso es lo que decimos- la mujer reía -pero no hay nada de peligroso al estar allí. Ya lo verás.

Nadaron y sintió el peso del agua mientras cruzaban, fue entonces que una especie de banco las recibió, el lugar era una burbuja. Era relajante, íntimo e impresionante.

-Aquí nadie puede vernos- comentó Isadora sin verla -ni escucharnos.

Ella no pudo decir una sola palabra más allá de ruborizarse. Los minutos pasaron y ellas solo disfrutaron del ambiente con soltura. Mila se sentía un poco ansiosa por la cercanía de Isadora, pero intentó no darle muchas vueltas.

-¿Te muestro un secreto?- Le preguntó la mujer entonces.

-¿Algo más?- Preguntó ella con algo de burla.

-Esto te gustará, lo prometo- aseguró Isadora.

Nadaron hasta el centro del banco y la mujer se hundió unos segundos, al salir una sonrisa la acompañaba.

-Toma bastante aire- le pidió Isadora -y sigue mis indicaciones, ¿está bien?

Ella asintió con el corazón acelerado. Tomaron aire con fuerza antes de hundirse, nadaron hasta la parte del banco donde había una extraña rejilla que parecía parte de los sistemas de drenaje normales de una piscina, eso era lo que daba a entender hasta que Isadora abrió un extraño candado que les permitió abrirla. La mujer le sonrió antes de señalar que había que nadar por la oscuridad del pasillo que había abierto y fue exactamente eso lo que la vio hacer.

Mila se quedó allí unos segundos, estaba sorprendida y no sabía si nadar a través de un conducto oscuro era lo mejor para hacer, pero no iba a rechazar la aventura que le estaban ofreciendo. Con resolución atravesó el pequeño pasillo hasta que se encontró con un espacio abierto mucho más oscuro, subió hasta que emergió del agua necesitando aire y se encontró con una Isadora sonriente.

-Tengo que cerrar la rejilla y regreso- le dijo la mujer antes de hundirse una vez más.

Mila se quedó allí unos segundos sin saber que se había metido en la cueva del lobo, inocente de que todos los movimientos habían sido calculados.