Cap. 36.1
A la mañana siguiente, Sebas y José se levantan pesadamente de sus camas después de no haber podido conciliar el sueño en toda la noche, no fue fácil asimilar que fueron víctimas a punto de casi ser ejecutados, y asimilar lo otro, tampoco lograban hacerlo, el tener que presenciar una masacre dentro de una discoteca no es algo que se ve todos los días.
Darién entra a la habitación encontrándose a Renata y a Rosa acurrucadas en la cama, Sebas y José desayunando en silencio. ─ Veo que no están listos para salir ─ José y Sebas fulminan con la mirada a Darién, de pronto comienzan a discutir sobre lo ocurrido de anoche. Las chicas se sientan en la cama sobresaltadas al ver iniciar la discusión, ¡mierda!, Darién los matará si siguen reclamando, las chicas se levantan apresuradamente, José y Sebas mantenían una diatriba ellos solos mientras que Darién guardaba silencio parado delante de ambos de brazos cruzados con mirada inescrutable. Cuando se cansaron de hablar, gritar e insultar… ─ ¿Terminaron? ─ No ─ contesta Renata desde el umbral del baño. ─ ¿Qué fue lo que pasó en la discoteca?, ¿Qué fue lo que hiciste?, te vi morir, todos te vimos en el suelo ─ No me viste morir, creíste verme morir ─ Pero… ─ Cariño, soy inmortal, las armas humanas no pueden hacerme daño ─ Así que solo… ¿Solo fingiste? ─ Darién meditó la conclusión de Renata unos segundos cavilando con una mueca. ─ Si, mentí ─ ¡Eres un maldito cabrón! ─ Renata se abalanza sobre Darién golpeándole en el pecho, Sebas trata de sujetarle con cuidado para calmarla, si antes ellas pensaban que Darién mataría a sus amigos por discutir e insultarlos, ahora eran Sebas y José los que pensaban que ahora los mataría porque a Renata le dio el ataque de formar el mayor escándalo de su vida golpeando al Nefilim, sin embargo, ésta lucha entre patadas y golpes para que la suelten y seguir descargando toda su frustración y toda su rabia en algo o en alguien no parecía nunca acabar y para Darién no se veía afectado en lo más mínimo.
A cada intento de apartarla de Darién eran en vano, Darién la toma por los hombros y la tira sobre un sofá, Renata no paraba de sollozar echándole la culpa de que casi mueren anoche. ─ Escúchame dulzura, iban a morir esa misma noche de igual forma, si no era en manos de un demonio era a manos de un narcotraficante, y sin contar la estupidez de haber salido sin mi ─ ¿Y quién coño eres tú? ─ exige José, pero ya Darién estaba perdiendo los estribos. ─ ¡Soy su maldito seguro de vida!, no tienen oportunidad con un demonio o un ángel, ellos no le hablan a sus oídos, no le hablan a ustedes, le hablan a sus almas, a sus mentes y a sus corazones, para cuando se den cuenta estarán lamiendo el piso por donde pasan ─ ¿Nos crees tan débiles?, he sido pandillero antes… ─ No están preparados para enfrentarse a una guerra como esta pequeño idiota, esto no es de quien tiene el arma más grande o quien mata más, esto está más allá de su entendimiento ─ cuando ya todo estuvo más calmado, pero con el ambiente aun tenso… ─ Si querían salir me hubieran dicho, me hubieran esperado y dicho, no soy tan aburrido, si me cayó bien el pequeño idiota por la hierba que me dio, me iban a caer bien por dar esa idea, hay que divertirse, eso lo sé y a mí me gusta divertirme ─ Tu sentido de la diversión es un poco retorcido ─ opina Rosa. ─ Mm, pero me divierto, si no quieren salir hoy, está bien, pero recuerden que su reina espera su cuerpo de regreso y cuenta con ustedes y conmigo para protegerlos, terminen de comer y tomen sus cosas, partimos en una hora ─ Y… ¿Cómo vamos a…? ─ Ya alquilé un… ¿Cómo lo dicen los mexicanos?, ¿Coche?, alquilé un coche y la pasaremos de pelos ─ contestó Darién con una gran sonrisa que prometía diversión sin límites, como en los comerciales, Rosa sonríe con desdén. ─ ¿Lo alquilaste o lo robaste? ─ Mm, lo importante es que lo tengo ─ No habrás matado al dueño ─ comenta José algo preocupado con una mirada inquisitiva sobre el Nefilim. ─ No ─ contesta Darién con una media sonrisa.
Tratando de animar al grupo, termina con una extraña sensación de que lo estaban mirando como un idiota y… ─ No te hagas el nice, que no te queda ─ critica Rosa con mueca desdeñosa, haciendo que la sonrisa de Darién desapareciera. ─ Solo muevan el culo ¿Okay? ─ Darién sale de aquel cuarto amplio cerrando de un portazo, los amigos de Lenaya se sientan en la mesa a desayunar en silencio, Sebas se encarga de servirles el jugo mientras que Renata recibe un mensaje.
Salen del hotel rumbo a su destino, Troya. Ninguno quería subir al auto, después de contemplar tanto a Darién como al auto inquisitivamente, éste muestra sus manos explicando y dando entender con una mueca que era legal. Satisfechos, pero no convencidos por la respuesta, abordan. ─ ¿Cuánto tardaremos en llegar? ─ pregunta Rosa, se notaba lo inquieta por llegar rápido, Darién aborda indicando abrochar los cinturones de seguridad. ─ ¿Sabes manejar? ─ pregunta Sebas desde el puesto de atrás, Darién lo mira de soslayo, prácticamente fulminándolo con la mirada, enciende el motor y lo pone en marcha, dieron crédito al buen gusto, o era debido al gran tamaño del Nefilim, una Dodge Ram doble cabina cuatro por cuatro de último modelo.
Desde una esquina, la arqueóloga observaba detenidamente como se marchaban con dirección al oeste, hacia el estrecho de los Dardanelos, a partir de allí iniciarían su búsqueda, y fue en ese mismo instante, donde decide Youlin seguirles la huella con un pequeño auto de alquiler bastante modesto para no llamar la atención. Recordando al guía y su temperamento quiso dejarlo así, sin embargo, al tener cuatro personas a su lado casi a voluntad propia eral algo que no podía ignorar, o eran ellos que trabajaban para él o era él trabajando para ellos, pero la segunda opción sonaba remotamente imposible. Sacude su cabeza sacando de su mente aquellas ideas, respira profundamente para armarse de valor y poniendo en marcha el auto comienza su persecución.
Rosa, Renata, Sebas y José estaban fascinados por los hermosos paisajes de Turquía, praderas, y desiertos áridos muy pintorescos, montañas y ruinas de pequeñas ciudades que aparentemente fueron una civilización siglos atrás. Darién siempre se guardó silencio, los únicos que mantuvieron conversación y con sonrisa en rostro fueron los amigos de Lenaya, Renata no se cansaba de tomar fotos junto a su hermana, sacaban la cabeza por la ventana cerrando los ojos para sentir el aire puro y fresco del camino, una sensación casi de libertad. En la distancia, Youlin presenciaba todo aquello; para ser unos posibles secuestrados no parecían tener problemas. A lo mejor eran ideas de ella sobre un secuestro ficticio, o quizás eran narcotraficantes novatos. Youlin reduce la velocidad viendo como el auto se alejaba más y más, pero recordó un mensaje de Renata. ─ <3 <3 <3 Estamos buscando un lugar muy importante para alguien… es cuestión de vida o muerte… no puedo darte detalles… perdón ─ ¿Qué era eso tan importante?, intrigada por saber, acelera un poco más, acercándose al auto lo suficiente para no perderlo de vista, por un instante consideró nuevamente en llamar a las autoridades, pero tenía dos cosas en su contra, uno: no hablaba el idioma, dos: no tenía pruebas contundentes de nada, todo era circunstancial, solo seguirlos era una opción y contando con una buena cámara en su teléfono.
Flora es llevada al salón del trono y así como fue escoltada, los guardias la dejaron aparentemente sola en aquel lugar, pudo ver a lo alto de un pedestal dos tronos, pero no había nadie. ─ Hablé con la niña ─ dijo una voz desde algún lado de aquel enorme lugar. ─ Me alegro, ¿Y mis chicas? ─ Están bien, te son fieles, les has enseñado bien, pero aún les faltan para ser Eternas ─ Si, miles de años que no se pueden dar así no más ─ Es cierto ─ Lenaya aparece detrás de una columna de entre las sombras con un vestido sencillo blanco marfil, ajustándose donde debe ajustarse, delineando su delicado cuerpo, con su cabello suelto, pero sus ojos siempre brillando en plata, Lenaya suspira con pesar. ─ El cuerpo humano es un recipiente que el tiempo se le acorta, enseñarles se hace complicado hoy en día ─ Hago lo mejor que puedo, pero… ¿Qué has descubierto con Adara? ─ Es una dulzura, ¿Quieres algo de tomar? ─ Lenaya se sirve una copa. ─ (segundos pensativa) No gracias, estoy esperando mi veredicto ─ De antemano supo quién era yo, aunque no encontró las palabras apropiadas, sabe por el problema que estoy pasando en estos momentos ─ Es una niña lista ─ Digna hija de Yara ─ ¿La conociste? ─ Si, se fue a vivir a Latinoamérica, quería impartir nuestros conocimientos, pero la gente de aquel lugar no estaba preparada. Aun no lo están. Es una pena su pérdida, también me contó que perdiste a una de tus discípulas durante el viaje ─ Así es, y ¿Qué te han dicho mis chicas? ─ El cómo las reclutaste. Muy admirable de tu parte, y esa tal Jessica… tiene pasión, espíritu. Me agrada ─ Flora muestra una media sonrisa. ─ Pero háblame de ti ─ ¿Qué quieres saber? ─ Eras humana, ¿Cómo llegaste a convertirte en una Eterna? ─ Mis mentoras me dieron su conocimiento antes de ser cazadas ─ Eso ya me lo habías dicho, pero es mucho para una sola persona… ─ A mí también me quemaron… viva, pero me negué a morir, no como ellos esperaban, y reconstruí mi cuerpo gracias al conocimiento de las Eternas y la vitalidad de los cazadores ─ Lenaya enarca las cejas, asombrada en reconocimiento de tal proeza. ─ ¿Reconstruiste tu cuerpo con restos de otros?, impresionante ─ Viví meses encerrada en una casucha abandonada, todo incauto que se acercaba con la intención de expulsarme no vivía para contarlo, también tuve que tomar vidas humanas para poder afinar éste cuerpo y darle el poder que tiene ahora, aunque hay algunas habilidades que no he podido pulir, por eso vine para servirte y que me enseñes, tengo el conocimiento, más no la práctica, éste cuerpo aún le falta adaptarse ─.
Lenaya escuchó palabra a palabra el relato de Flora, siempre en silencio, pero una pregunta de Flora le hizo esbozar una sonrisa. ─ ¿Cómo llegaste a estar atrapada en otros cuerpos? ─ Es una larga historia ─ Nuestras vidas poseen el tiempo del mundo, pero el mundo no nos da la opción ─ Lo resumo, fue la única salida para evitar que destruyeran nuestro reino, a ellos no les sirve un cuerpo vacío cuando el poder se va a otro lugar, el tener que usar una prisión como salida y saltar de cuerpo en cuerpo no es nada cómodo, pero he logrado sobrevivir, es como encerrarte en una caja, tirar la caja al río y tirar la única llave al drenaje, el río te arrastra, pero no sabes a donde caerás, Einar, mi esposo me otorgó parte de su poder, fue encerrado en otro lugar, debo encontrarlo y para hacerlo debo recuperar mi cuerpo, en mi tumba muestra el lugar donde fue sellado, solo hay una forma de liberarlo y espero que aun siga el cuerpo intacto. Solo los humanos no corruptos pueden tocar y llevar mi tumba ─ ¿Quieres que vaya por él? ─ No hace falta, ya eso está solucionado ─ ¿Entonces? ─ Te daré una opción, sírveme para redimirte, y si lo haces bien, y me demuestras que eres digna, te enseñaré ─ ¿Al lado de una Staghorn?, no… ─ Atacaste a una de mis consejeras, eso es pena de muerte ─ ¿Me amenazas? ─ No, solo te sugiero. Debiste pensar mejor las cosas, para ser Eterna te dejaste llevar por una emoción humana, eso demuestra que aun te falta por aprender. Sírveme y te enseñaré. Creo que es una oferta justa y es precisamente a lo que viniste, el problema fue que no iniciaste con buen pie, tendrás que mostrar tu valía para enseñarte, tú decides, y estás consciente de que no podemos darnos el lujo de pensar cuando tenemos legiones casi encima de nosotras, tu misma me lo has dicho ─.
Flora mantuvo su expresión inescrutable, pero en su mente sabía que Lenaya tenía razón, no había opciones, meditó aquella propuesta por un largo minuto, ¿servir al lado de una Staghorn?, ¿Qué le hacía pensar que en algún momento no la traicionará?, no había garantías; el servirle a Lenaya no era el problema, era Caroline, la última Staghorn. ─ ¿Y bien? ─ Flora suspira profundamente por la nariz, cierra los ojos, y cuando los abre. ─ ¿Qué tengo que hacer? ─ Lenaya esboza una sonrisa. ─ Simple, solo ponte de acuerdo con Darlen, ella te dará detalles, ella sabe lo que hay que hacer, y luego habla con Caroline ─ ¡Ni en…! ─ Ni se te ocurra negarte, habla con Caroline para que les de algo que hacer a tus chicas, en las condiciones en las que se encuentran no están aptas para luchar directamente, quizás puedan ayudar asistiendo a los heridos, servirán como sanadoras ─ Así se hará ─ con los dientes apretados, Flora acepta, sin hacer reverencias se retira del recinto, ¿demostrar su valía?, eso podía hacerlo, pero hablar con una Staghorn le hacía sentir enferma, era eso o morir, aunque no podía negar que Lenaya tiene razón, aún conserva emociones humanas, el odio, el odio le ayudó a sobrevivir, sin embargo, seguía siendo una emoción que debía desaparecer si quería ser una Eterna completa.
Darién se detiene en un campo abierto para dejar que todos estiren las piernas y comieran algo. Youlin no tuvo más remedio que seguir adelante, se veían tan relajados. Como se concentró tanto en el grupo que descansaba bajo el abrigo de un enorme árbol, no vio la curva, ni el poste al que se dirigía, y tratando de maniobrar casi pierde el control. Darién y los demás prestan atención al auto que casi choca, pero sigue adelante, y desde luego todos prosiguen con sus asuntos. Youlin se detiene un par de kilómetros más adelante para tratar de calmarse. ─ ¡Dios, por poco muero! ─ pensó Youlin con la respiración acelerada y su corazón galopando a mil, se reprendió por haber tenido esas estúpidas ideas de conspiraciones y secuestros locos. Solo eran personas normales que iban de viaje, ¿pero en busca de qué?, esa era su pregunta del millón; vuelve a sacudir la cabeza. ─ Será mejor regresar al hotel y seguir con mi vida ─ farfulla Youlin por lo bajo tratando de encender el automóvil, cuando busca de ponerse en marcha se sorprende al ver a Darién delante de brazos cruzados con una sonrisa irónica.
A pasos lentos se acerca al lado del conductor haciendo que el corazón de Youlin se acelerara como un colibrí, se inclina y da unos golpecitos en la ventanilla, sentía que su corazón iba a salir de su pecho, ¿en qué momento se había movido?, miró a todos lados para ver si lograba dar con el resto del grupo, ¿solo era el guía?, en la mente de Youlin le gritaba una voz que no abriera la ventanilla, que pisara a fondo y se largara, pero su cuerpo no respondía. Traga saliva con dificultad, Darién vuelve a golpear la ventanilla, ésta baja el cristal con la mirada puesta en el volante. Darién con sonrisa en labios, una sonrisa casual, apoya ambos brazos en la ventanilla. ─ Con que arqueóloga, ¿He? ─ Yo… he bueno… he, pasaba por aquí y… ─ ¿Sí?, que casualidad, ¿Adónde ibas? ─ He… yo… me perdí ─ contestó con una sonrisa apenada y nerviosa. Darién extiende la mano pidiendo las llaves del auto, Youlin sin más remedio, aun con la mirada fija en el volante, arrepentida de tomar la decisión de seguirlos, le entrega la llave. ─ Gracias ─ Darién, con llaves en mano, mira a varias direcciones sopesando algo en su mente, y repentinamente las lanza con todas sus fuerzas al campo abierto las llaves del auto. Youlin, con la boca abierta jadea asombrada e indignada, con algo de miedo y desconcierto se pregunta: ¿Cómo coño ahora haría para regresar?, ¿Qué le diría a quién le rentó el auto?, con la misma sonrisa, Darién vuelve asomarse por la ventanilla. ─ Te recomiendo que busques una buena grúa y te inventes una buena excusa ─ Darién se levanta dando un par de palmadas en la portezuela y camina de regreso.