Cap. 35.2

Cruzando por una esquina a varias cuadras ya lejos de aquel desastre de club, Renata se aclara la garganta a duras penas. ─ Gracias… digo, por defendernos ─ Darién levanta la mano colocando a todos detrás de él en gesto protector. ─ Si no quieres morir da la cara. No estoy de humor ─ una mujer de baja estatura, de piel blanca y lentes, de cabello castaño oscuro y ojos claros aparece torpemente delante de ellos rogando por su vida. ─ ¿Quién eres? ─ pregunta Darién mirando a aquella pequeña mujer como un insecto. ─ Me… ─ se aclara la garganta algo nerviosa. ─ Me llamo Youlin, Youlin Michelena ─ se apresura en contestar. ─ ¿Qué haces escondida entre…? ─ entornando los ojos, Darién mira el lugar de donde había salido aquella mujer, ¿un montón de cajas?, la mujer mira en dirección al mismo lugar. ─ Solo pasaba por aquí y escuché un alboroto y gente corriendo y escuché unos disparos y corrí y corrí y terminé escondida aquí ─ ¿Estabas en el club? ─ Iba para allá, unos amigos míos me esperaban allí ─ Eres latina ─ concluye José. ─ De Venezuela, y tu hablas bien el español ─ señala Youlin a José, éste asiente comprensivamente. ─ No… no me van a matar ¿Cierto?, no diré nada, lo juro, no los he visto, ni los conozco ─ ¿Qué ibas hacer en el club? ─ pregunta Renata. ─ quedé en reunirme con unos amigos de arqueología ─ ¿Eres arqueóloga? ─ pregunta Darién ladeando la cabeza mostrando algo parecido al interés. ─ Mm, si ─.

Un instante de silencio se cruza entre ellos, ¿acaso estarán de suerte? ─ ¿Y tú eres…? ─ señala Youlin en interrogante al Nephilim, Darién mira a su demacrado grupo. ─ Su guía turístico ─ Youlin mira perpleja al grupo y con incredulidad asiente. ─ Para ser un simple guía estás de un humor ─ Que pases buenas noches ─ dijo Darién pasando a un lado de la arqueóloga sin siquiera mirarla, volviendo a encabezar la marcha. ─ Chicos, chicos ─ Darién se detiene nuevamente. ─ No sé si sea buena idea pero… creo que estoy perdida… y… ─ Como todo el mundo ─ dijo Darién con sorna. ─ Y… verán, es la primera vez que vengo a Turquía y corrí sin saber y, ¿Puedo colarme con ustedes hasta encontrar o pasar por un lugar seguro? ─ Darién sopesó la propuesta. ─ ¿Dónde te hospedas? ─ Sé que el hotel se llama… se llama… ¡ay!, ¿Por qué los nombres tienen que ser tan complicados? ─ ¿Turquía Hilton? ─ pregunta Darién con expresión neutral. ─ No, no… ese es muy caro, sé que queda por la plaza central de Ankara ─ Ya sé cuál es, puedes venir, solo hasta que puedas llegar a tu hotel ─.

La joven arqueóloga se alegra, más no lo demostró ya que algo no le cuadraba con el presunto grupo turístico, aunque las buenas noticias le hicieron sentir un gran alivio, por una parte. El solo tener una presencia como la de Darién le inquietaba un poco, era lindo, sí, pero daba miedo, pensó en sus ojos azul-plata y dudó por un momento si eran lentes de contactos o no, quiso preguntarle, pero al recordar su temperamento lo dejo así, Renata le pregunta el motivo de su viaje a Turquía, Youlin le cuenta sobre una reunión con unos colegas de oficio y que estaban interesados en explorar las cavernas de la Capadocia, sitios que aseguran que aún no han sido explorados, por un lado estaba entusiasmada, pero por otro, algo le decía que no era lo correcto, ya que con solo concertar una reunión en un club como el Turquía latín club, un club donde la mafia latina se reunía muy seguido, no le entusiasmaba, y más aún era de cuestionar ya que un presunto hombre de negocios patrocinaría la expedición, pero ninguno de sus colegas tenía idea de quien era.

Segundos de silencio hubo entre ambas, Youlin le devuelve la pregunta y, desde luego, Renata le responde lo mismo que Darién, solo un paseo turístico, conociendo nada más, por supuesto, Youlin no se creyó ni media palabra, pero decidió no insistir, si han decidido mentir no era gracias a la decisión unánime al pequeño grupo, era gracias al presunto guía. ─ ¿Dónde se hospedan? ─ No es tu problema ─ contesta Darién secamente mirando de soslayo sobre su hombro. ─ Si estás en tus días ve a ver con quien la pagas ─ Dijiste que te unirías a nosotros solo hasta llegar a un buen lugar ─ Para ser un simple guía eres malísimo, te apuesto que eres la última opción del paquete de viajero y el más barato, además, sí, me uní con ustedes hasta llegar a un buen lugar, pero no soy muda ─ Youlin saca papel y lápiz, Renata le escribe el número de su celular sin que Darién se percatase, cuando llegan a una esquina, la arqueóloga se despide de Renata y sus amigos, estos buscaron la forma de despedirse alegremente, pero sus ánimos no se lo permitían, pide un permiso desdeñosamente pasando a un lado de Darién ignorándolo.

Caminando ya más tranquila entre las calles, buscando un taxi para que la llevase al hotel, a Youlin no le dejaba de dar vueltas en la cabeza aquella conversación con aquella joven en aquellas callejuelas, y recordar cómo se encontraban, eso era evidente que eran cualquier cosa menos un grupo de turistas, seguramente eran sobrevivientes o testigos de un mal momento en aquel club, o quizás secuestrados por alguna mafia extraña de Turquía, ¡mierda!, y ella estuvo allí con ellos, si era así el caso, pudieron haberla secuestrado también.

Una punzada en su pecho de culpa y pena sintió al recordar a Renata, había sido tan atenta y considerada al tratar de mantener una conversación con ella, por un instante pensó en llamar a la policía, pero si era una organización grande no podría hacer nada al respecto ya que no poseía pruebas, una sonrisa se curva en sus labios al recordar que Renata le había dejado su número de celular, otro punto, si era un secuestro, ¿no deberían haberle quitado sus celulares y estar más escoltados?, el taxi se detiene, Youlin aborda aun con los pensamientos revoloteando en su cabeza, allí había algo más y si no era un secuestro, ¿Qué era entonces?, es evidente y obvio que un guía no amenaza a nadie de muerte, ¡Dios!, pudo haberla matado, ella tenía que hacer algo, pero solo podía hacer una cosa, esperar.

Un auto se detiene frente a un gran portón aparentemente desvencijado, un guardia de seguridad se acerca hasta el auto. ─ ¿Puedo ayudarle en algo? ─ pregunta el guardia asomando su cabeza por la ventanilla. ─ Si, estamos perdidas, buscamos… buscamos un lugar seguro ─ contesta Jessica con sonrisa tímida, solo le respondió lo primero que se le ocurrió, el guardia sonríe. ─ Lo lamento señoritas, si no me dan una dirección en concreto no podré ayudarles ─ Estamos buscando a alguien, pero no sabemos cómo es, solo sabemos que vive por aquí cerca ─ agrega Ana asomando la cara por la ventanilla. ─ Pero aquí no hay nada ─ contesta el guardia mostrando el lugar con su mano, en eso Flora sale del lado del copiloto cruzando sus brazos sobre el capó, el guardia se percata que la mujer de ojos amarillos no era una simple mujer. Flora sonríe. ─ Estamos buscando a la hija de Nadia ─ Aquí no hay nadie con ese nombre, esto es un terreno baldío ─ No se necesita a un guardia bien equipado para cuidar un simple terreno desocupado, puede preguntar por su radio, esperaremos, dígale que es importante ─ el hombre informa por radio sin despegar la vista de Flora, a los pocos minutos otro auto aparece con otros guardias más, intercambian un par de palabras a parte, miran al grupo de chicas. Permitiéndoles el paso son escoltadas hasta llegar a una gran casa, las chicas quedan fascinadas al ver como la gran mansión del siglo XIX va tomando forma, como si unas grandes nubes la ocultaran, camuflándola con la naturaleza.

Flora y las chicas fueron recibidas por un grupo más de guardias, pero estos vestían de manera diferente, vestían de civil y más formal. Guiándolas hasta un gran vestíbulo circular con grandes ventanales y una enorme lámpara de pequeños cristales en el centro de aquel enorme salón, por una puerta doble sale una mujer joven, vistiendo de manera formal y elegante, alta, de cabello castaño, dándoles la bienvenida presentándose como Sofía Gilbert. ─ Estamos buscando a la hija de Nadia ─ ¿Cómo te llamas? ─ Flora Pentagast ─ ambas mujeres se miraban erguidas y solemnes, pero sus expresiones eran ilegibles, Sofía comienza a acercarse bajando un poco la mirada excusándose. ─ Supongo que han venido de muy lejos ─ Así es ─ Lamento que hayan viajado tanto por nada, aquí no tenemos a una persona con esa descripción, ¿Cómo se llama esa hija de Nadia? ─ Lenaya ─ todas se giran para ver quien había dicho tal nombre, una mujer de piel morena clara de ojos refulgentes en plata, de cabello negro y brillante como el ébano, tan señorial y hermosa, que a las chicas les intimidaba, Flora entorna los ojos en aquella mujer, le parecía tan familiar. ─ Tu debes ser Flora, te recuerdo, lamento lo de antes, no era yo misma ─ ¿Tu? ─ los recuerdos golpearon la mente de Flora, aquella mujer cobardona siendo ignorada y apartada por ella para matar a la última de los Staghorn, la misma que la apuñaló con un parquímetro. ─ Eres una Eterna, pero eres joven ─ comenta Lenaya escrutando a Flora, las muchachas quedan perplejas, una mujer que casi llega a los mil años, ¿y le dicen joven? ─ Soy una aprendiz, su majestad, pido perdón por… ─ decía Flora con una reverencia, pero Lenaya le interrumpe. ─ No hace falta que te disculpes, lo que pasó fue un momento de confusión, sin embargo, para ser una Eterna joven posees mucho poder ─ En mi están todas las enseñanzas de las Eternas y maestras antes de que fueran cazadas por los Morrel y su séquito ─ el silencio se instaló entre ambas, mirándose la una a la otra, un silencio tenso, como sopesando cada palabra y sus poderes, tanta imponencia por parte de ambas, dos universos chocando, así fue como lo vieron las presentes. Cuando Flora da un paso hacia Lenaya, una espada se interpone cortándole el paso, Flora mira de soslayo para ver quien era tal intruso cometiendo tal estupidez, para cuando se percata de que era Darlen aprieta sus puños. ─ Tenemos una pelea que terminar ─ Tendrá que esperar, tengo asuntos con tu reina ─ Nadie se acerca a ella si no pasa por nosotras primero ─ ¿Nosotras? ─ la otra voz aparece justo al frente de Flora, como volutas de cenizas y nubes negras, ésta esboza una sonrisa maliciosa, el medallón brilla con fuerza. ─ Hola, Staghorn ─ murmura Flora, y sin mediar más palabras se lanza al ataque, Darlen interfiere, pero es enviada por los aires cayendo a pocos metros deslizándose un poco más en el pulido suelo, para cuando Flora repara nuevamente en Caroline ya tenía al frente a Lenaya. ─ ¿Por qué atacas a mis consejeras? ─ ¿Sus consejeras? ─ repite Flora lentamente con el ceño fruncido, se notaba la ira en su voz. ─ Dijiste que querías verme y terminas atacando a mis consejeras, eso es un acto que no puedo pasar por alto, ¡enciérrenlas! ─ ordena Lenaya, un centenar de guardias hacen acto de presencia apuntando sus armas a Flora y a las chicas. Jessica y sus amigas levantan sus manos abriendo sus ojos de par en par, Adara se abre paso entre las chicas y la multitud de guardias clamando, pidiendo perdón y que no les hicieran daño, en ese mismo momento al cruzarse de miradas, Lenaya comprendió que la niña era la hija de una Eterna, pero había algo diferente en ella, pero no lograba dar con esa diferencia.

Las chicas fueron encerradas en una habitación con varios guardias custodiando la entrada mientras que Flora estaba siendo interrogada por la misma Lenaya en persona. ─ ¿A qué has venido? ─ Si usted es hija de Nadia, vine a buscarla a usted ─ ¿Para qué? ─ Tengo información valiosa para usted, y advertirle de algo ─ Dime la advertencia ─ Una legión de demonios acercándose a gran velocidad, quieren a la niña, se llama Adara ─ ¿Qué tiene de especial la niña? ─ Es hija de una Eterna ─ Eso ya lo sé ─ Y de un demonio, es una Nefilim ─ Si me estás mintiendo solo para que te… ─ ¿Qué ganaría con mentir, Alteza?, no es lo que se me enseñó con las maestras Eternas, ante nosotras siempre debe reinar la verdad, es un voto prácticamente sagrado ─ ¿Te molestaría si hablo con la niña en privado? ─ Puede hacerlo si lo desea ─ Sabes que no puedo dejar pasar tal acto de agresión contra mi corte ─ ¿Sabes que ella es a la última de las familias que nos condenó? ─ Lo sé y yo fui una Staghorn también, ¿Qué hay con eso? ─ ¿Cómo? ─ Es cierto, no lo sabes, estuve reencarnado en varias épocas, viviendo diferentes vidas con nombres diferentes y una de ellas fui Samara Staghorn ─ La vi en la ejecución, la recuerdo, solo tenía usted en ese entonces unos cinco años ─ Exacto, estuve consciente de aquella matanza, pero aún era una niña, no recordaba nada, pero sentí pena y tristeza por las ejecutadas, pero nunca entendí por qué, cada vez que renacía, perdía la memoria ─ Flora desvía la mirada analizando cada palabra. ─ Por eso la niña decía que… ─ ¿Qué dijo la niña? ─ (resoplido) Nada, debería hablar con ella, y con respecto a la Staghorn… ¿No piensa hacer nada? ─ Todos los Staghorn están muertos, tu venganza ya no tiene sentido, ella es la única, es fiel y sirve a mi causa ─ Se me encargó buscar a la hija de Nadia, nieta de Eva, pero no creí que una reina Evana se rebajara a tener a sus servicios a quienes nos han dado caza ─ No estás en posición de opinar Flora. Caroline ha servido muy bien y ha demostrado su lealtad, es digna de estar donde está ─ (bufido) ─ ¿Y para qué te pidieron que me buscaras? ─ Para servirle y me enseñe, pero también informarle sobre el cuerpo de su esposo ─ ¿Mi esposo?, ¿Qué sabes de Einar? ─ Pero no puedo servirle si tiene al lado a una Staghorn, no confío en ellos, ni mucho menos le diré nada al respecto de él ─ Que te quede claro, Flora, no tienes el derecho a negociar, ni mucho menos en negar información vital, cooperas o mueres, pero antes creo que iré a charlar con la niña, luego terminaremos nuestra conversación ─ Lenaya sale de aquella prisión siendo custodiada por varios guardias, deja otros cuatro cerca y se enfila para la habitación de las chicas de Flora, sin embargo, le pareció imposible de creer que su reina haya sido una Staghorn, pero las pruebas estaban en sus recuerdos.